Crítica «Sinónimos» (2019)

Sinónimos de Nadav Lapid

El rechazo de la identidad nacional y personal centra este arriesgado filme donde el respaldo de un gran premio como el Oso de Oro de Berlín es primordial para abrirse un hueco en las carteleras.

Este largometraje del director israelí Nadav Lapid, su tercero tras “La profesora de parvulario” (2014) y “Policía en Israel” (2011), es un filme controvertido. En su país natal ha despertado multitud de reprobaciones por su crítica hacia la sociedad israelí y, por las salas de proyección por donde ha pasado, ha generado ardidos defensores y férreos detractores. “Sinónimos” es una película arriesgada, apremiante, con momentos de gran envergadura simbólica pero también con secuencias que pueden causar incomprensión y dejar al espectador preguntándose cuál es el sentido de la escena. A pesar de su apariencia costumbrista, “Sinónimos” debe ser vista priorizando alegoría sobre historia, ya que la película no se articula mediante un arco narrativo realista convencional sino con el simbolismo de sus escenas, donde se da más prominencia al plano figurado sobre el plano real, y teniéndose que leer los elementos representados como complejas alegorías simbólicas más que como simples metáforas.

En el centro de “Sinónimos” se encuentra el actor principal, Tom Mercier, en su primer papel. Su interpretación es una espectacular demostración de energía y visceralidad emocional. Mercier encarna de manera sorprendente a Yoav, un joven israelí que llega a París sin medios y con la firme intención de dejar atrás a la persona que fue e integrarse plenamente en la capital francesa. Al aterrizar y en una imagen que recuerda al cuadro de “La muerte de Marat” de Jacques-Louis David, Yoav pasa su primera noche parisina congelado y desnudo dentro de una bañera, hasta que es rescatado por una pareja francesa. A partir de esta representación de su muerte como israelí y su renacimiento como francés, Yoav inicia un proceso de deconstrucción de su identidad: abandona su idioma materno, su familia, sus costumbres, el concepto de fronteras tanto nacionales como corporales e incluso regala sus historias personales a su amigo escritor, deshaciéndose por completo del bagaje israelí de su identidad. Por las calles, Yoav no levanta la vista del asfalto y camina recitando sinónimos en francés.

En la exposición de este proceso sobre la posibilidad de destrucción de la identidad y las complejidades en la adopción de otra cultura, Nadav Lapid logra denunciar el militarismo de la sociedad israelí y las falsedades del proceso de acogida francés, aunque no son acusaciones verbalmente articuladas sino visualmente figuradas. El servicio militar en Israel es obligatorio y de una extensa duración de dos años y ocho meses para los hombres y de dos años para las mujeres. El resultado que presenta el filme es de unos ciudadanos adoctrinados militarmente, donde unos como Yoav buscan quitarse el peso adquirido y otros, como una parte de los israelíes emigrados con los que entra en contacto, contienen en su interior una beligerancia que cerca y necesita el conflicto. Esta ansia cristaliza en una vibrante escena donde un hombre canta el himno de Israel entre dientes a la cara de varios pasajeros del metro, esperando una reacción. Por otro lado, para la sociedad burguesa francesa representada en la pareja con la que Yoav comparte sus días, Yoav termina siendo un mero divertimento y finalmente le dejan golpeando la puerta de su apartamento, a pesar de que Yoav se lanza con todo el peso de su cuerpo una y otra vez. La película está llena de escenas impactantes que quedan grabadas en la memoria del espectador y requieren un tiempo de digestión y de análisis posterior.

Sinónimos de Nadav Lapid“Sinónimos” es una película de festival y un testimonio de la necesidad de estos eventos. Tras su paso por numerosos certámenes, esta nueva película de Nadav Lapid ha conseguido cosechar el premio a la mejor dirección en el festival de Sevilla, al mejor guion en el de Estocolmo y, además, el reconocimiento de uno de los tres grandes festivales europeos, ganando el Oso de Oro en la reciente Berlinale. Para una película de presupuesto limitado cuya financiación supuso una apuesta, los premios resultan críticos para lograr acuerdos de distribución en los diferentes mercados nacionales y, con toda probabilidad, ésta sería una película que nunca hubiera llegado a ninguna sala cercana sin el respaldo del jurado berlinés de 2019 presidido por Juliette Binoche.

Cada uno de los tres grandes festivales europeos —Berlín, Cannes y Venecia— funciona en un plano diferente, donde Berlín y Cannes se mantienen como alternativas al comercialismo del cine y Venecia apuesta por tender puentes con Hollywood. Por su parte, Cannes ha sido instrumental en el éxito de “Parásitos” en los Óscars al otorgarle la Palma de Oro al filme coreano el mayo pasado, siendo este filme coreano la primera producción no estadounidense en la historia en ganar la estatuilla dorada a la mejor película. Recientemente, Venecia parece sufrir una transformación identitaria y al premiar a “Joker” en su última edición enfatiza su reciente tendencia de otorgar el León de Oro a películas cercanas a la industria norteamericana, tras dar su máximo galardón a la producción de Netflix “Roma” de Alfonso Cuarón en 2018 (10 nominaciones a los Óscars y 3 estatuillas) y “La forma del agua” de Guillermo del Toro en 2017 (13 nominaciones a los Óscars y 4 estatuillas). Es relevante que, con “Sinónimos”, la Berlinale[1] se mantuviese fiel a su apuesta por Osos de Oro de cierto riesgo, filmes minoritarios que fuerzan los límites de la visión cinematográfica convencional y, habitualmente, cargados de involucración política y social.

Como muestra el protagonista de “Sinónimos”, los orígenes y la búsqueda de la identidad pueden resultar psicológicamente complejos y traumáticos. En cierto aspecto, el militarismo de la sociedad israelí es único pero, en una escena de la película, un grupo de candidatos a la nacionalidad francesa cantan el himno de sus diferentes países, demostrando que la violencia, la xenofobia y la exaltación nacionalista se encuentran escondidos en la identidad de todos los países. Yoav quiere deshacerse del bagaje acumulado dentro de un filme que transita como un caballo desbocado, a veces precipitado, otras lleno de salvaje belleza. Por suerte, la Berlinale no tiene miedo en polarizar opiniones con sus galardones, y así premia una película como Sinónimos de Nadav Lapid que fascina y descoloca a partes iguales. Siempre es bueno recordar que la búsqueda en una obra artística debe ser lo contrario a una apuesta sobre seguro.

 

Ficha técnica:Sinónimos de Nadav Lapid

Director: Nadav Lapid.

Intérpretes: Tom Mercier, Quentin Dolmaire y Louise Chevillotte.

Año: 2019.

Duración: 123 min.

Idioma original: Francés y hebreo.

Tráiler: 

[1] Recientemente, el festival de Berlín se ha visto envuelto en una gran controversia a raíz de su director fundador, Alfred Bauer, de quien se ha sabido públicamente que fue un alto oficial del partido nazi. El festival respondió aceptando las informaciones y prometiendo una labor de investigación histórica sobre su pasado. Queda por ver una respuesta en más profundidad una vez el impacto mediático se haya rebajado.

 

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