Crítica «Locke» (2013)

Locke

En la escasa hora y media que muestra “Locke” en tiempo real, la vida de su homónimo protagonista sufre giros radicales mientras éste se halla encerrado en su coche sin tener otro contacto con el mundo exterior más que el telefónico. Ivan Locke desconoce qué vida le aguarda al término de su viaje, pero ha decido llegar hasta el final en un acto de coherencia consigo mismo a pesar del coste personal.

El momento vital del protagonista cristaliza en un fascinante ejercicio de construcción, minimalismo y posibilidades narrativas sin salir físicamente de un espacio altamente limitado. Éste es un filme dramático pero también es un thriller humano de alguien sentado en un asiento, cuya vida y las personas vinculadas a ella adquieren una extraordinaria corporeidad siendo simplemente referidas o, como mucho, manifestándose como voces en llamadas telefónicas. En este aspecto, “Locke” es una demostración de la realidad que la virtualidad es capaz de adquirir, de la conexión que es posible generar con otras personas en una situación de corpórea soledad, del profundo peso vital que pueden cobrar momentos sin acción física.

Aunque cierto es que “Locke” se centra en una confluencia vital para su protagonista, resumir la trama de la película puede resultar en un ejercicio tan mundano como describir una vida ordinaria. Pero, como la vida misma, a menudo es cómo uno vive estos momentos lo que resulta crucial.

Ivan Locke es el jefe de obra de un rascacielos en construcción y un querido padre de familia cuyas facetas más primordiales en su vida, personal y profesional, alcanzan un punto crítico de forma simultánea. La noche previa al vertido de hormigón para los cimientos de un emblemático edificio, Locke recibe la llamada de la mujer con la que tuvo una relación de una noche comunicándole que está en el hospital a punto de dar a luz dos meses antes de lo previsto. Locke, en vez de volver a su casa y ultimar los preparativos para el crítico día siguiente, decide finalmente asumir la responsabilidad de su error y conducir desde Birmingham al hospital ubicado en Londres. Durante el trayecto nocturno, Locke comunica a su empresa su ausencia en el momento clave de la edificación y confiesa a su mujer su infidelidad, intentando contener el desmoronamiento de ambos mundos.

Otras películas han apostado por el complejo ejercicio que supone contar con un solo actor en pantalla mientras la acción se desarrolla en tiempo real, convirtiendo sus restricciones formales en las virtudes sobre la que se fundamenta la narración. “Phone Booth” (2002) de Joel Schumacher con Colin Farrell y “Buried (Enterrado)” de Rodrigo Cortés con Ryan Reynolds son dos ejemplos contemporáneos destacados pero ambas películas apuestan por un dramatismo de vida o muerte para tensionar su trama, acuciado por el viejo recurso del cine de suspense de una hora límite. En “Locke” sigue presente la presión temporal pero construye su palpable tensión a través de elementos ordinarios donde lo que está en juego no es por culpa de fuerzas externas, como es un francotirador en Nueva York o insurgentes en Irak, pero el resultado de las acciones de un hombre normal, con sus virtudes y defectos, que arriesga lo preciado que existe dentro de una cotidianidad con la que es fácil identificarse, como es su trabajo, su matrimonio, su día a día.

El pasado, presente y futuro de Locke están al descubierto en cada segundo de su viaje en coche, una proeza de un guion perfectamente pulido y el cual logra materializar la presencia del legado familiar, la educación, la responsabilidad como padre, marido y persona, el resultado de construir una vida para él y los suyos, los sueños profesionales y mucho más sin que la cámara se separe de este hombre corriente sentado al volante. Si un momento es el resultado de un cúmulo de acciones previas, “Locke” logra cristalizar el momento clave de la faceta personal y profesional de su protagonista haciendo palpable el eco de una vida y el resultado venidero a raíz de las decisiones tomadas.

Locke

Para lograr este cautivante resultado, no solo es necesario un guion y un trabajo de dirección perfectamente medidos como aquí resulta la labor de Steven Knight (responsable de la serie “Peaky Blinders” y guionista de “Negocios ocultos” y “Promesas del Este”) pero un trabajo actoral capaz de llevar el peso y contener dentro del personaje todos los elementos presentes. Tom Hardy realiza en “Locke” una de las mejores interpretaciones de su carrera, demostrando que es capaz de no necesitar la fisicalidad que emplea en otros filmes (como en “Bronson” o “Mad Max”) para construir un profundo estudio del personaje que interpreta y para llenar de acción humana y de tensión noventa minutos de metraje. Igual de sorprendente resulta la presencia que adquieren personajes únicamente introducidos a través de su voz, todos ellos clave en la película e interpretados por un reparto de primer nivel.

“Locke” es una pieza actoral y un pequeño filme de gran envergadura pero en retrospectiva, dentro de un mundo que siete años después de su estreno parece destinado hacia la comunicación virtual y la separación física, recuerda las enormes posibilidades y resonancias que se puede encontrar en ambas. Locke viaja desde la certitud del mundo ordinario hacia la incertidumbre de la nueva realidad, con sus errores e ilusiones, humano al fin y al cabo, pero se tiene a sí mismo y su consciencia para decidir sobre qué ideario quiere basar su nuevo mundo.

 

Locke” (2013) se puede ver en Amazon Prime Video, alquilar en iTunes, entre otras plataformas digitales.

 

Ficha técnica:Locke

Director: Steven Knight.

Intérpretes: Tom Hardy, Olivia Colman, Ruth Wilson y Andrew Scott.

Año: 2013.

Duración: 85 min.

Idioma original: Inglés.

 

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