Moción de censura de doble filo

Moción censura Rajoy

La experiencia histórica ha demostrado que, en nuestro sistema político, las mociones de censura son un arma de doble filo. La primera, presentada por Felipe González en 1980 contra un acorralado Adolfo Suárez, fue un éxito político pues sirvió para visualizar que existía una alternativa de gobierno y constituyó un factor relevante para abrirle las puertas de La Moncloa. La segunda, presentada en 1987 por el flamante y efímero líder de AP, Antonio Hernández Mancha, operó en sentido contrario; no sólo selló su suerte, sino que sirvió para reforzar al PSOE al comprobarse que la derecha carecía de alternativa de gobierno. Una debacle sin paliativos que propició el ascenso de José María Aznar y la refundación del partido. En ambos casos, ni González ni Hernández Mancha, disponían de la mayoría necesaria para hacer efectiva la moción de censura. Al igual que la anunciada ahora por Pablo Iglesias.

La iniciativa de Unidos Podemos se presenta en un contexto determinado por el escándalo de corrupción del PP de Madrid, pero también por las maniobras de la Fiscalía Anticorrupción para obstaculizar la labor de los fiscales y proteger al PP, lo cual reviste una extrema gravedad al señalar el avanzado estado de descomposición de las instituciones del Estado.

La moción de censura se anuncia con un PSOE inmerso en un proceso de primarias que prácticamente le convierte en una fuerza política inoperante y que, desde la caída de Pedro Sánchez, se comporta como el socio preferente de Mariano Rajoy en una suerte de gobierno de coalición encubierto que las primarias han obligado a poner temporalmente entre paréntesis. De manera que el movimiento de Unidos Podemos incide directamente sobre las primarias socialistas al recordar que si el PP está en el poder es gracias a la abstención del PSOE, mediante el golpe palaciego que derrocó a Sánchez, lo cual le brinda grandes bazas para verificar el ansiado sorpasso tantas veces anunciado pero nunca verificado. Esto explica la furibunda reacción de la gestora del PSOE, pero también de los tres candidatos socialistas que aspiran a la secretaría general. Todos ellos no sólo han descalificado la iniciativa de Iglesias, sino que han repetido el mantra que justamente el líder de Unidos Podemos y no ellos son los responsables que Rajoy esté en el poder al votar en contra de la investidura de Sánchez. Ahora bien, se trata de un argumento capcioso, ya que entonces el PSOE prefirió a Ciudadanos como socio de gobierno y cuando Sánchez intentó pactar con Podemos fue rápidamente defenestrado. En realidad, si el entonces secretario general socialista hubiera elegido como socio a la formación morada, ahora sería presidente de gobierno.

Se trata de una orientación estratégica de la socialdemocracia europea que en Grecia prefirió aliarse con la derecha antes que apoyar a Syriza, en Alemania donde el SPD podía haber pactado un gobierno de progresistas con Los Verdes y Die Linke pero se decantó por la gran coalición con Ángela Merkel o ahora en Francia donde el aparato del partido optó por Emmanuel Macron negando su apoyo al candidato de la izquierda socialista, Benoît Hamon, vencedor en las primarias. La excepción son los socialistas portugueses que se inclinaron por un pacto con las izquierdas para desbancar a la derecha, lo cual a diferencia de sus correligionarios franceses y griegos puede ser premiada por el electorado.

La moción de censura también incomoda a Ciudadanos cuya capacidad para condicionar la acción de gobierno del PP ha defraudado todas las expectativas ya de por sí muy escasas. La crisis en la Región de Murcia mostró su escasa capacidad de influencia, pues si bien es cierto que tras grandes apuros logró apear al presidente murciano, la región continúa en estricta continuidad con un gobierno corrupto.

Tampoco la iniciativa de Iglesias ha sentado nada bien en el PNV que está negociando su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado, devolviendo el favor del apoyo del PP a sus presupuestos. Ello, más allá de la retórica nacionalista, le hace aparecer como uno de los principales sostenes del PP cuando Podemos, al menos en las elecciones legislativas, se impuso por un estrecho margen de votos a los nacionalistas conservadores vascos.

Así, pues, en primera lectura, la moción de censura persigue señalar a estas formaciones como cómplices del mantenimiento del PP en el poder y a Unidos Podemos como la única alternativa de regeneración democrática del sistema político y con una propuesta de política económica a favor de las clases asalariadas. Esto explica la furibunda reacción de estas formaciones y la de los medios de comunicación afines contra una iniciativa que tiene todos los visos de mostrar sus vergüenzas si finalmente, como han anunciado, votan negativamente a la moción de censura. Esto sería interpretado por amplios sectores de la ciudadanía como apoyo a la continuidad de Rajoy.

 

Estancamiento y relanzamiento

No seamos ingenuos. También la moción de censura debe interpretarse en clave partidista. La dura batalla política entre Iglesias e Íñigo Errejón, así como la negativa del líder catalán de Podemos, Albano Dante Fachín, a seguir las directrices del partido y diluirse en la operación de Ada Colau, han supuesto un elevado coste político para Podemos. Ello, unido a cierta inoperancia opositora frente al bloque formado por PP, C’s, PSOE y PNV, le habían conducido a una situación de estancamiento que ya pudo apreciarse en las segundas elecciones generales.

La moción de censura se plantea, en este registro, como una oportunidad para un relanzamiento del partido. En este sentido, se han escuchado críticas con algún fundamento respecto a que la moción de censura antes de ser anunciada hubiera debido estar precedida por una ronda de conversaciones con los partidos susceptibles de apoyarla. Aunque, en descargo de Iglesias, difícilmente PSOE y Ciudadanos hubieran sido receptivos a esta opción.

Este movimiento contiene no pocos riesgos con prácticamente todos los grandes medios de comunicación que no le ahorrarán las más duras descalificaciones. No obstante, la moción de censura obligará a realizar un solemne debate parlamentario que escenificará un duelo entre Rajoy e Iglesias, donde éste tendrá la oportunidad de presentar un programa de gobierno alternativo.

Ello le permitirá gozar de una enorme caja de resonancia mediática y política. En este envite Iglesias se juega gran parte de su futuro. Si es capaz de estar a la altura de las circunstancias se convertirá de facto en el líder de la oposición y alternativa de gobierno no sólo frente a Rajoy, sino a PSOE y Ciudadanos que aparecerán como los sostenedores del gobierno del PP. Por el contrario, si fracasa en este empeño comprometerá seriamente no sólo su futuro político, sino el de su partido aun en fase de consolidación. Pero, no es menos cierto que quien desea alcanzar grandes objetivos, debe asumir grandes riesgos.

En cualquier caso, la moción de censura servirá para remover las estancadas y emponzoñadas aguas de la política española, en una legislatura que repentinamente se ha complicado para Rajoy. Hasta el estallido del caso Lezo disponía, a partir de mayo, de la capacidad de emplear a su favor la amenaza de la disolución de las cámaras, esperando reforzar su mayoría en unas hipotéticas elecciones anticipadas. Ahora, no puede hacerlo sin arriesgarse a sufrir un severo varapalo electoral.

Ilustración de portada de @_elultimomono

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