Movilizaciones sin perspectiva estratégica

Movilizaciones en Catalunya
El movimiento independentista ha emprendido un calendario de movilizaciones para recordar los sucesos del desenlace del proceso soberanista. Ello tras el telón de fondo de ausencia de perspectivas estratégicas y profundas divisiones internas.

El pasado jueves, 20 de septiembre, efeméride del sitio a la Conselleria de Economia de la Generalitat, se inició el calendario de movilizaciones de los partidos políticos y entidades cívicas independentistas con motivo del primer aniversario de los acontecimientos que jalonaron el desenlace del proceso soberanista.

Este calendario, invocado genéricamente por el president del Generalitat Quim Torra, fue concretado por Elsa Artadi, portavoz del ejecutivo autonómico. Después de la Diada y del 20S, las movilizaciones proseguirán con la conmemoración del 27 de octubre, fecha de la fallida declaración de independencia y de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, y tendrán su culminación el 1 de octubre, fecha del denominado referéndum de autodeterminación. Todo ello a la espera de los juicios a los líderes independentistas encarcelados y en el extranjero y con la vista puesta en las municipales del 26 de mayo del año que viene.

No obstante, ahora concurren tres circunstancias que diferencian sustancialmente la situación actual del movimiento independentista de hace un año. En primer lugar, más allá de la opinión que nos merezca, entonces los partidos y entidades soberanistas poseían una de hoja de ruta clara: aprobación de las leyes de referéndum y desconexión (6 y 7 de septiembre), celebración del referéndum de autodeterminación (1 de octubre) y proclamación de la independencia (27 de octubre), a la espera de abrir una negociación con el gobierno español y del reconocimiento internacional. Actualmente, como pudo apreciarse en el discurso del president Torra en el Teatre Nacional de Catalunya, el movimiento independentista carece de una hoja de ruta estratégica para alcanzar la independencia.

Tanto es así que, según informó el Periódico de Catalunya, en la ANC se está planteando un duro debate interno sobre la conveniencia de plantear un ultimátum a Torra en los siguientes términos: o hoja de ruta clara para implantar la República o disolución de la cámara catalana y convocatoria de elecciones anticipadas. Está claro que resulta muy complicado apelar a la movilización permanente de las bases sociales del movimiento independentistas sin ofrecerles una alternativa estratégica para conseguir sus objetivos.

En segundo lugar, hace un año, a pesar de discrepancias puntuales y soterradas, el movimiento independentista exhibía una imagen de unidad en torno a su hoja de ruta que actualmente ha desaparecido. Por un lado existe la vía posibilista de ERC, un sector del PDeCat y Ómnium Cultural; por otro, el sector legitimista del PDeCat, liderado por Carles Puigdemont, y la CUP, con el apoyo de la ANC. Estas profundas diferencias se manifestaron este verano con el cierre de Parlament a causa de las divergencias entre ERC y Junts per Catalunya (la marca de Puigdemont y del PDeCat) sobre la actitud a adoptar ante la suspensión de funciones de los cinco diputados, entre ellos Puigdemont, acusados de rebelión por el juez Pablo Llarena, que modificaría la mayoría parlamentaria si no son sustituidos. Por otro lado, estas discrepancias volvieron a manifestarse crudamente con la fallida moción de Carles Campuzano, portavoz del PDeCat en el Congreso de los Diputados, a fin de entablar un diálogo con el gobierno español, dentro del marco de la legalidad vigente, que hubo de ser retirada ante las presiones conjuntas de Puigdemont por razones de principio y de ERC por motivaciones partidistas.

En tercer lugar, ahora Mariano Rajoy no gobierna en Madrid, sino Pedro Sánchez, quien ofrece una vía de diálogo y negociación que contribuye a dividir a las formaciones independentistas entre los partidarios de mantener una postura maximalista y quienes propugnan aprovechar las ofertas de Sánchez para ampliar el techo del autogobierno y aparcar, sin renunciar a él, el objetivo de la independencia para tiempos mejores.

La argamasa del movimiento independentista

En este complejo panorama lo que realmente está funcionando como la argamasa del movimiento independentista y mantiene viva su capacidad movilizadora es la cuestión de sus líderes presos y en el extranjero. De hecho, en las últimas movilizaciones del movimiento independentista se observa que, a diferencia de hace un año, el acento ya no se pone tanto en la reivindicación de la independencia, sino en la reclamación de “libertad de los presos políticos y retorno de los exiliados”. Sin duda, una actitud coherente con el tradicional victimismo del nacionalismo catalán, pero que indica un cambio en el eje de dominancia de su discurso político. Por ello, será trascendental la sentencia del Tribunal Supremo, que probablemente no se dictará hasta después de las elecciones municipales.

Esta extraña combinación entre movilizaciones sin perspectiva estratégica, división interna de las fuerzas independentistas y victimismo de las bases sociales, complican extraordinariamente realizar previsiones mínimamente fiables sobre los eventuales desarrollos del movimiento secesionista. En cualquier caso, todo parece apuntar a que quizás más que a un “otoño caliente” asistamos a un “otoño tibio”, en expresión de Marius Carol, director de La Vanguardia.

Por otro lado, todo parece apuntar a que el movimiento independentista no está ampliando sus bases sociales, sino que éstas pueden estar lentamente reduciéndose a su núcleo duro, pues como hemos señalado, resulta muy complicado apelar a la movilización permanente sin una alternativa estratégica clara.

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Imagen de Alejandro Garcia

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