La internacionalización de la cuestión catalana

Gobierno catalán en Bruselas
El sociólogo José Luís Álvarez publicó en El País, el 21 de agosto de 2012, cuando CiU había situado en el centro de su agenda política la reclamación del Pacto Fiscal, un artículo profético titulado La lucha final de la burguesía catalana  donde se explicaban los complejos procesos que han conducido a la hegemonía ideológica y política del catalanismo y su tránsito del autonomismo al independentismo.

En su opinión, la independencia de Catalunya supondría no solo la consolidación de la “élite tradicional” catalana, sino de los “miles de consultores, empresarios y proveedores que viven directa o indirectamente de la administración autonómica”. El pasaje al independentismo ha sido posible por la pasividad y la ausencia de un modelo de país alternativo de las izquierdas catalanas y por la escasa resistencia de los partidos e instituciones estatales a las estrategias de construcción nacional del catalanismo. Una vez aposentada esta hegemonía ideológica y política en el interior del país, a la burguesía catalana solo le queda por superar un obstáculo para alcanzar la plena soberanía: “el plácet de Europa”, de modo que “la lucha final de la burguesía catalana será internacional”. Cinco años después, la situación generada por los acontecimientos tras el referéndum del 1-O y la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), han dado la razón a este lúcido análisis.

Por otro lado, el ex conseller de Economia de la Generalitat, Andreu Mas Colell, publicó el pasado 1 de octubre, en el diario independentista Ara, el artículo titulado El primer dia del que ve després (El primer día de lo que viene luego) donde auguraba un “final patètic” del procés independentista si se proclamaba la DUI, ya que el gobierno de la proclamada República no tendría la fuerza necesaria para hacer cumplir sus leyes en el interior del país y se perdería día a día el apoyo internacional conseguido. Así proponía dejar en suspenso la DUI durante un periodo de dos años para abrir un proceso de diálogo con el Estado español y cargarse de razón en Europa, pues Europa –concluía­ es el factor determinante del futuro de Catalunya.

Segundo asalto

Finalmente, el ejecutivo catalán no escuchó los sabios consejos de Mas Collell, garganta profunda de los intereses de la burguesía catalana. No solo no ha obtenido el reconocimiento internacional de ningún Estado –a pesar de los grandes esfuerzos y medios económicos invertidos por el conseller Raül Romeva y la agencia de la Generalitat Diplocat– sino que la DUI y la escapada de Carles Puigdemont a Bruselas han empeorado sensiblemente la percepción de la imagen internacional del independentismo catalán.

De este modo se han revertido gran parte de las simpatías internacionales que las escenas de la violencia policial el 1-O proporcionaron a la causa del secesionismo al conferir verosimilitud a la propaganda nacionalista sobre la heroica resistencia del pueblo catalán contra un gobierno español autoritario y neofranquista. Unas imágenes que comportaron la advertencia de las instituciones comunitarias a Mariano Rajoy respecto a que la violencia no es instrumento de la política, indicando implícitamente que estas imágenes son inaceptables para la opinión pública europea y no deben repetirse jamás.

No obstante, en el debate en el Parlamento Europeo que siguió al 1-O, las fuerzas mayoritarias de la Eurocámara negaron validez al referéndum, rechazaron mediar en lo que consideran un asunto interno español que ha de resolverse en el marco de la Constitución española. Además, el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans se mostró sumamente crítico con el movimiento independentista catalán, que calificó de “nacionalpopulismo”. Una toma de posición que podría alimentar planteamientos antieuropeos en sectores, más allá de la CUP, del movimiento independentista catalán.

Una discusión que mostró cómo los apoyos a la causa independentista proceden de las polaridades del espectro político de la Eurocámara, del ámbito de la extrema derecha eurófoba –silenciados por los medios de comunicación secesionistas– pero también de la izquierda alternativa y Los Verdes –estos sí difundidos por estos medios– amparados en la defensa del derecho a la autodeterminación.

Ciertamente, el movimiento secesionista ha conseguido situar la cuestión catalana en la agenda internacional, cosa impensable hace unos años. Una victoria que ahora puede considerarse pírrica, a la luz de la falta de reconocimiento internacional y las consecuencias del errático comportamiento de Puigdemont en Bruselas, que puede provocar un conflicto político en el interior del frágil gobierno belga, y diplomático entre los ejecutivos español y belga. Sin embargo, se ha sentado un precedente si pasado un tiempo, actualmente imposible de determinar, el movimiento independentista plantea un segundo asalto para conseguir un estado propio, cuando las condiciones internas y externas lo permitiesen, pues el tema catalán ya estaría en la agenda europea.

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  • Julio Loras Zaera

    Las cosas me parecen un poquito más complicadas. ¿Qué burguesía catalana? ¿La de la Caixa y el Sabadell? ¿La de Agbar? ¿La del Foment del Treball?

  • Julio Loras Zaera

    En cuanto a la escapada de Puigdemont a Bruselas, mucho me temo que, por lo menos, hay algo de “salvar el propio culo”. Al parecer, los consellers, fuera de los que fueron con él, nada sabían de ningún plan de internacionalización de la causa a través del exilio.