Reflexiones sobre los negros

Olympe de Gouges sobre los negros
1788. Fragmentos

“Siempre me ha interesado la deplorable suerte de los negros. Apenas comenzaban a desarrollarse mis conocimientos, en una edad en la que los niños apenas piensan, cuando el aspecto de una mujer negra a la que vi por primera vez me llevó a reflexionar y a preguntarme sobre su color.

A los que pude dirigirme entonces no dieron satisfacción ni a mi curiosidad ni a mi entendimiento. Trataban a esa gente como animales, gente a la que Dios hubiese maldecido. Pero al hacerme mayor he visto claramente que eran la fuerza y el prejuicio los que los habían condenado a esta horrible esclavitud, que la naturaleza no había intervenido y que era el poderoso e injusto interés de los blancos el que llevaba aparejado este tipo de actuación.

Volvamos sobre la espantosa suerte de los negros: ¿cuándo cambiará o al menos se suavizará? No sé nada de políticas gubernamentales, pero si son justas, jamás la ley natural se ha hecho más patente que en este asunto. Nos ofrece un punto de vista privilegiado acerca del comienzo de los abusos. El hombre es igual en todas partes. Los reyes justos no quieren esclavos; saben que son seres sumisos, que sufren mil y una muertes, desde que el interés y la ambición se enseñorean de las islas más desconocidas.

Los europeos, ávidos de sangre y de este metal que la avaricia ha llamado oro, han hecho cambiar la naturaleza de esos climas afortunados. El padre ha despreciado al hijo, el hijo ha sacrificado al padre, los hermanos han luchado entre sí y los vencidos han sido vendidos como reses en el mercado.

¿Qué digo? Se han convertido en un negocio en las cuatro partes del mundo. Un comercio de seres humanos. ¡Dios! ¿Y la naturaleza no se estremece? Si son animales, ¿no lo somos nosotros? ¿En qué se diferencian los blancos de ellos? En el color. ¿Por qué entonces no habría de ser preferible la rubia palidez a la piel morena que se asemeja a la de los mulatos. Esta posibilidad es tan turbadora como la diferencia que hay entre negros y mulatos. El color de la piel tiene matices, como el de todos los animales que existen en la naturaleza, lo mismo que sucede en las plantas y los minerales. ¿Por qué no se enfrentan el sol y la luna, el día y la noche o las estrellas al firmamento? En la variedad está la belleza de la naturaleza, ¿por qué destruir su obra? ¿Acaso no es el ser humano su obra maestra? El turco hace con los blancos lo que nosotros hacemos con los negros. Lo consideramos por ello bárbaro e inhumano y nosotros hacemos lo mismo con hombres que no muestran otra resistencia que su sumisión. Pero cuando esta sumisión se agota, ¿qué produce el bárbaro despotismo ejercido sobre los habitantes de las Islas y de las Indias? Revueltas de todo tipo, carnicerías que el poder de los ejércitos no hace más que aumentar, envenenamientos y todo aquello de lo que el hombre es capaz cuando se rebela. ¿No es atroz que los europeos que han conseguido por medio del trabajo posesiones considerables golpeen de la mañana a la noche a esos infortunados que cultivarían igual sus fértiles campos si fuesen tratados con más dulzura y libertad? ¿Acaso no es su suerte bastante cruel y sus trabajos bastante penosos para que se ejerza sobre ellos, a la más pequeña falta, los más horribles castigos? Estamos hablando de cambiar su suerte, de proponer los medios de mejorarla, sin temer que éstos hagan un mal uso de una libertad total aunque subordinada”.

 

Fuente: Texto de Olympe de Gouges publicado en el libro de Laura Manzanera Olympe de Gouges. La cronista maldita de la revolución francesa.

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