La crisis de la eurozona y el coronavirus

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El próximo jueves 23 de abril se celebrará una reunión por videoconferencia de los líderes de la UE para discutir una vez más qué hacer con la pandemia de coronavirus y el consiguiente bloqueo de la producción en toda la zona.  En particular, se trata de la controvertida cuestión de cómo ayudar a Italia y a España que han sido los países más afectados por la pandemia.  (Aquí están las últimas cifras recopiladas por John Ross).

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Muertes acumuladas hasta el 16/04/2020. Muertes acumuladas en proporción de la población del interior de China. Muertes acumuladas por millón de personas.

La semana pasada, durante tres días y dos noches de teleconferencia, los ministros de finanzas de la zona euro se abrieron paso a tientas para dar una respuesta de emergencia a la pandemia de COVID-19. Los PIGS (Portugal, Italia, Grecia, España) exigieron que los estados de la eurozona deberían compartir la carga de la crisis con un instrumento de deuda emitido conjuntamente conocido como “coronabonos”. Los FANG (Finlandia, Austria, Países Bajos, Alemania) o » los cuatro austeros» golpearon bajo, proponiendo que cada miembro de la unión monetaria cargara con sus deudas en solitario.

El ministro de finanzas holandés Wopka Hoekstra jugó al policía malo. Rechazó un «bono mutuo» garantizado por todos los estados, argumentando que Italia era culpable por tener una deuda pública tan alta que no le permitía solventar por si sola la pandemia.  El holandés dijo que no confiaba en el «despilfarro» de un país como Italia. Esta declaración recordó inmediatamente la insensible postura del Eurogrupo contra Grecia durante la llamada «crisis de la deuda del euro» de 2012-2015.

Los estados del sur, apoyados por Francia, protestaron por la posición del ministro holandés porqué “se oponía a la idea del proyecto europeo”, alianza supuestamente diseñada para unir a las naciones europeas en un todo integrado y armonioso.

«No dejamos a nadie atrás», proclamó la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, en su discurso inaugural ante el Parlamento de la UE a principios de 2020. «Tenemos que redescubrir el poder de la cooperación basada en la equidad y el respeto mutuo. Esto es lo que yo llamo geopolítica de intereses mutuos. Esto es lo que Europa representa» declaró en el Foro Económico Mundial de Davos hace tres meses.

Estas bellas palabras se convirtieron en polvo en la reunión de ministros de finanzas. Al final, los débiles estados del sur capitularon ante los «cuatro austeros», ya que no tenían alternativa. Mario Centeno, el ministro de finanzas portugués negoció un compromiso a última hora de la noche. «Al final del día, o debería decir, al final del tercer día lo que más importa es que aceptamos el desafío”, dijo escuetamente.

Pero el «compromiso» está muy lejos de ayudar al capitalismo italiano a salir de su laberinto.  Los ministros de finanzas acordaron un paquete de 500 mil millones de euros para aliviar la crisis. Se establecerá una línea de crédito ESM (hasta 240.000 millones de euros), que, aunque sujeta a una condicionalidad menor, se limitará a cubrir los costes sanitarios «directos e indirectos». Pero, es probable que esta línea de crédito no sea utilizada por Italia, que ya está agobiada por una altísima deuda de su sector público (sólo superada por Grecia).

Habrá un programa de la UE para conceder a los Estados miembros préstamos baratos para apoyar el trabajo a corto plazo, que se llama SURE (Apoyo para Mitigar los Riesgos de Desempleo en una Emergencia). Esto permitirá a la UE pedir prestado en los mercados y pasar estos fondos a los estados miembros. Esta línea de crédito es sólo una medida a corto plazo. Además el Banco Europeo de Inversiones ofrecerá garantías a los préstamo para las empresas.

Por su parte el BCE está comprando bonos de los gobiernos a gran escala bajo el PEPP («Programa de Compras de Emergencia en caso de Pandemia»). Así, el PEPP está asegurando que el gobierno italiano pueda continuar refinanciándose a bajo costo durante la crisis del CONVID-19.

Pero todas estas son medidas a corto plazo y dejarán a Italia cargada con una deuda aún mayor.  Grecia recibió el mismo tratamiento en la crisis del euro y ahora tiene tanta deuda que nunca podrá pagarla en este siglo. Mientras tanto los intereses de esa deuda se comen los ingresos fiscales disponibles necesarios para proporcionar los servicios públicos y realizar inversiones mínimas.

Macron lamentó la decisión de los ministros de finanzas del euro. 

El Presidente francés ha advertido que la UE estaba en peligro de disolverse a menos que aplique una política de ‘solidaridad financiera’.  Su solución es un fondo conjunto de recuperación que «podría emitir una deuda común con una garantía común» para financiar a los estados miembros de acuerdo con sus necesidades en lugar de “con el tamaño de sus economías”.  «No se puede tener un mercado único en el que se sacrifican algunos», añadió.

«Ya no es posible… tener una financiación que no esté mutualizada para el gasto que estamos llevando a cabo en la batalla contra el COVID-19 y que necesitaremos para la recuperación económica. Debemos ir contra todos los dogmas,  así esta la situación».  Con estas declaraciones Macron se refiere a las principales medidas de austeridad neoclásicas.

Macron recordó el «colosal y fatal error» de Francia al exigir reparaciones a Alemania después de la primera guerra mundial, decisión que desencadenó “ la reacción populista alemana y el desastre que le siguió”.  «Es el error que no cometimos al final de la segunda guerra mundial», dijo. » La gente todavía habla hoy en día del Plan Marshall … No debemos olvidar las enseñanzas del pasado, necesitamos un nuevo comienzo y mirar hacia el futuro’.»

Con esto Macron se hace eco de la famosa crítica de John Maynard Keynes a la imposición de reparaciones impuestas por Francia, Gran Bretaña y los EEUU a Alemania después de la Primera Guerra Mundial.  Keynes pidió un Plan para la Rehabilitación del Crédito Europeo en el que Alemania emitiera bonos y las antiguas naciones enemigas garantizaran los bonos alemanes conjuntamente, en ciertas proporciones especificadas. Esta solución keynesiana es en esencia lo que se propone ahora con los coronabonos de la UE, que serían financiados y garantizados por todos los estados miembros.

Ahora , si se introdujera los coronabonos, ¿serían suficientes o serían la «solución correcta” a la intensa caída que está golpeando a Italia, a España  y a los estados más débiles de la UE?

Ante esta disyuntiva el ‘populista’ italiano de derecha Matteo Salvini  ha comentado: «No confío en los préstamos que vienen de la UE. No quiero pedir dinero a los usureros de Berlín o Bruselas… Italia ha dado y sigue dando miles de millones de euros cada año a la UE y merece todo el apoyo necesario, pero no a través de mecanismos perversos que hipotecarían el futuro del país».

La verdad es que Italia tiene una enorme deuda en el sector público, no porque el gobierno haya despilfarrado dinero.  Al contrario, el gobierno ha adoptado una austeridad permanente, ¡ Pagando la deuda con los excedentes anuales de ingresos fiscales durante 24 de los últimos 25 años!

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Esta austeridad ha llevado al desmantelamiento de los servicios públicos, la degradación del sistema de salud (que no podido hacer frente a la pandemia) y un pobre crecimiento de la productividad y de la inversión durante más de dos décadas.  Como resultado, el gobierno italiano se ha visto limitado estructuralmente para enfrentar la pandemia.

Italia ha podido destinar el 09 % de su presupuesto a la pandemia. En comparación Alemania para combatir el COVID-19 ha gastado alrededor del 7% de su producción económica (gastos gubernamentales adicionales en equipos médicos, trabajo a jornada reducida, subvenciones para pequeñas y medianas empresas, etc.).

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Medidas fiscales discrecionales para 2020 adoptadas en respuesta al coronavirus, % del PIB de 2019.

La economía italiana ha estado en crisis permanente este último tiempo; los efectos económicos negativos de la pandemia sólo la han empeorado.  Por sí sola, Italia no podrá volver a encarrilar su economía después del cierre provocado por el COVID-19. Según las últimas estimaciones del FMI, nadie en Europa tendrá mayores necesidades de financiación bruta que Italia (deuda y déficit presupuestario).

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Necesidades brutas de financiación (% del PIB) 2020

Todo lo que los coronabonos harán es poner en marcha las finanzas de Italia para el período de la caída, pero estos bonos no ofrecen ninguna posibilidad de restaurar la economía, el empleo y la inversión.

Después del shock, la deuda pública de Italia será más alta que el 130% de su PIB que es ahora.  El FMI espera que el superávit primario anual de las finanzas del gobierno se convierta en un déficit del 5% mientras que la deuda al PIB se elevará al 155%.  Por eso,  los que están dispuestos a comprar los bonos del gobierno italiano ha ido aumentando, especialmente en relación con Alemania, donde el interés es en realidad negativo.

Rendimiento de los bonos del gobierno italiano a 10 años (%)

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La realidad es que el capitalismo italiano (como el de Grecia) es demasiado débil para cambiar las cosas.

¿Pero por qué el capitalismo italiano es tan débil?  Y más aún, ¿por qué la pertenencia de Italia a la zona euro no ha producido una economía más fuerte?

La respuesta está en la naturaleza de la acumulación capitalista. La unificación de varios estados nacionales en una unidad fiscal y monetaria plantea enormes problemas para el capitalismo.  Históricamente, sólo se ha logrado mediante la conquista militar o la guerra civil (la unión federal de los Estados Unidos se logró de esa manera; mediante la derrota militar de los estados del sur).

El capitalismo es un sistema económico que combina trabajo y capital, pero de manera desigual. Las fuerzas centrípetas de la acumulación y el comercio de manera combinadas suelen ser contrarrestadas con creces por las fuerzas centrífugas del desarrollo y los flujos desiguales del valor.

En el capitalismo no existe el equilibrio en los ciclos de comercio y producción. Por lo tanto, los ajustes fiscales, salariales o de precios provocan desajustes tan grandes en la sociedad que para superarlos será necesario romper con la unión monetaria.

Cuando se concibió el euro, el objetivo era lograr una convergencia e integración de los Estados de la UE mediante la unión monetaria.  Pero la UE estableció criterios de convergencia -para unirse al euro- que sólo fueron de carácter  monetario (tipos de interés e inflación) y fiscal (déficit presupuestario y deuda).

No hubo convergencia en la productividad, el crecimiento del PIB, la inversión o el empleo.  ¿Por qué? Porque estas áreas están en el ámbito de la libre circulación de capitales y de la mano de obra y en los que la producción capitalista debía mantenerse libre de interferencias y sin dirección por parte del Estado.  Después de todo, el proyecto de la UE es un proyecto capitalista.

Como he explicado en artículos anteriores, la teoría marxista del comercio internacional se basa en la ley del valor. En la zona euro, Alemania tiene una composición orgánica de capital (OCC) más alta que Italia, porque está tecnológicamente más avanzada.

Por lo tanto, en cualquiera actividad comercial entre los dos países, el valor se transferirá de Italia a Alemania.  Italia podría compensar esto aumentando la escala de su producción/exportación a Alemania para obtener un excedente comercial.  Esto es lo que hace China. Pero Italia no es lo suficientemente grande para hacer esto.  Así que transfiere valor a Alemania y mantiene permanentemente un déficit en el comercio total con ese país. En esta situación, Alemania gana dentro de la Eurozona a expensas de Italia.

En efecto, todos los demás estados miembros no superan la capacidad productiva de Alemania, por lo tanto el intercambio desigual se agrava cada día más en la Unión Monetaria Europea (UME).  Además, Alemania tiene un superávit comercial con otros estados fuera de la UME, que puede utilizar para invertir más capital en el extranjero que los países deficitarios de la zona euro.

Esto explica por qué los países centrales de la unión monetaria han divergido en su desarrollo con la periferia desde la formación de la Eurozona.  Con una moneda única, las diferencias de valor entre los Estados más débiles (con una OCC más baja) y los más fuertes (con una OCC más alta) quedaron al descubierto, sin posibilidad de compensarlas con la devaluación de una moneda nacional o con el aumento de la producción. Así pues, las economías capitalistas más débiles (en el sur de Europa) de la zona del euro perdieron terreno frente a las más fuertes (del norte europeo).

El capital franco-alemán se expandió hacia el sur y el este para aprovechar la mano de obra barata que había allí, mientras que exportaba fuera de la zona del euro con una moneda relativamente competitiva.  Los estados más débiles de la UME acumularon déficits comerciales con los estados del norte y se vieron inundados de capital del norte que crearon booms inmobiliarios y financieros debilitando o destruyendo el crecimiento de los sectores productivos del sur.  De esta manera, la rentabilidad de Alemania ha aumentado con el euro mientras que la de Francia y la periferia ha disminuido.

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Variación de la tasa de beneficios desde que se formó la UEM hasta 2007.

Un documento europeo reciente confirma esta explicación de la creciente divergencia de las economías dentro de la zona euro.

«La aparición de un crecimiento impulsado por las exportaciones de los países centrales y un crecimiento impulsado por la deuda en la periferia de la zona del euro debe atribuirse a las diferencias en las capacidades tecnológicas y los resultados de las empresas… la divergencia macroeconómica entre los países centrales y los periféricos está impulsada por la coexistencia de dos trayectorias de crecimiento diferentes (modelos impulsados por las exportaciones frente a modelos impulsados por la demanda), que a su vez pueden atribuirse a una ‘polarización estructural’ en términos de capacidades tecnológicas».

Los autores concluyen que «considerando el papel central de las capacidades tecnológicas para la evaluación de los desarrollos económicos (futuros), los resultados sugieren que no se puede esperar que se materialice un proceso de convergencia natural en la zona euro».

Esto significa que la consolidación fiscal aplicada a los países periféricos en crisis, a partir de 2010, estaba destinado a fracasar de manera espectacular…  “La austeridad fiscal es adversa al restablecimiento de sectores productivos fuertes en la zona euro. Dado que la polarización estructural alimenta la divergencia macroeconómica, es de esperar que la zona euro se desintegre con el tiempo, si el «bloqueo» de la especialización industrial entre los países centrales y periféricos no se rompe mediante intervenciones políticas específicas».

La economía italiana tiene un sector bancario enfermo, que es demasiado grande, tiene muchos préstamos dudosos y esto ha costado a los contribuyentes muchos miles de millones de  euros como resultado de repetidos rescates del Estado a la Banca privada.

El crecimiento de la productividad en Italia es débil y la polarización entre el norte y el sur del país es cada vez peor. La zona euro lejos de ofrecer nuevas oportunidades de expansión al capital italiano, ha mantenido a la economía en una crisis casi permanente.  Mientras que la economía alemana creció una media del 2,0% en términos reales y la zona euro un 1,4% anual (durante el período 2010-2019) el crecimiento real del PIB en Italia fue sólo del 0,2% en el mismo período.

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Mientras que el PIB per cápita (en paridades de poder adquisitivo) en Italia en 1999 estaba alrededor de 1,000 euros por encima de la media de la zona euro, 20 años más tarde (justo antes de que comenzara la crisis del COVID-19) ha caído casi a 4,000 euros por debajo de la media de la zona euro.

Por otra parte, cuando se implantó el euro Alemania tenía una renta per cápita era ligeramente superior al de Italia. Pero con el euro como moneda única los alemanes siguieron aumentando su PIB lo que dio lugar a un crecimiento de la brecha del PIB con el país del Dante. Italia ya ha perdido dos décadas de desarrollo económico antes de la actual crisis

De hecho, los coronabonos mutualizados, tan queridos por los keynesianos y post-keynesianos, es una respuesta patética a esta crisis.  Lo que la UE necesita es un aumento masivo de su presupuesto. Hoy tiene la ridícula cifra del 1% del PIB de la UE cuando en realidad necesita una 20%. Si se estableciera un aumento de este nivel debería ir aparejado con medidas fiscales armonizadas para poner fin a la «carrera hacia abajo» de los impuestos a las empresas, que Irlanda lidera, casi como un paraíso fiscal.

Con dicho presupuesto la UE podría comenzar a planificar la inversión, el empleo y los servicios públicos a gran escala para beneficiar a todos los países.  Estos presupuestos estarían destinados a financiar un plan Marshall para Europa del que habla Macron. Con este presupuesto se debería devolver al sector público los grandes bancos junto con los grandes sectores de la industria productiva.  Sólo entonces se podrían sentar las bases de unos verdaderos Estados Unidos de Europa, en los que la periferia crezca con la ayuda solidaria del núcleo central.

Sin esto, la pandemia de coronavirus tiene el potencial de causar una ruptura irrevocable de la unión monetaria existente. Los países del núcleo central de la zona del euro no están preparados ni para una unión fiscal plena ni para la redistribución de los recursos con el fin aumentar la productividad y el empleo en la periferia.

De todos modos, un desarrollo pleno y armonioso que conduzca a la convergencia no es posible bajo el modo de producción capitalista. Por el contrario, la experiencia de la UME demuestra que las divergencias crecen entre el centro y la periferia.

Tal como están las cosas los pueblos del sur de Europa deberán soportar aún más años de austeridad por el pago de la deuda al norte. Y probablemente el futuro del euro lo decidirán los estrategas del capital de las economías más fuertes y no los populistas de los Estados más débiles.

Los gobiernos del norte de Europa pueden decidir eventualmente deshacerse de países como Italia, España, Grecia, Portugal, etc. y formar una fuerte «Europa del Norte » alrededor de Alemania, Austria, Benelux y Polonia. No es de extrañar que Macron esté seriamente preocupado.

 

Publicado originalmente en el blog de Michael RobertsTraducido por Observatorio de la crisis.

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