Tras la resaca

hostelería Madrid
©DAVID F. SABADELL

 

En el 18 Brumario de Luis Bonaparte, Marx se pregunta cuáles son las condiciones que permiten que un personaje mediocre y grotesco como Luis Napoleón Bonaparte pase a representar el papel de héroe. Aplicado a nuestra experiencia reciente, equivale a preguntarse qué hace que un personaje mediocre y grosero como Isabel Diaz Ayuso arrase en las elecciones en Madrid.

Para responder a esta pregunta, Marx desarrolla un análisis minucioso de la historia de Francia entre 1848, año de las revoluciones de febrero y junio, y 1852 cuando Bonaparte da su famoso golpe de estado que le convierte en emperador, el famoso 18 Brumario (2 de diciembre).

No os preocupéis, no pretendo emular su hazaña y contar lo ocurrido en los últimos años. Su lectura solo me sirve de inspiración para identificar algunos procesos parecidos o análogos. Desde el momento de su acceso al poder como vencedor en las elecciones de diciembre de 1848, una vez ahogada la revolución, Bonaparte se dedica a laminar el Parlamento, a hacerlo inoperante. En nuestro caso, Ayuso, que no venció en las últimas elecciones, pero consiguió la Presidencia con la ayuda de Ciudadanos y Vox, no se ha centrado en la Asamblea de Madrid, que ha dejado a su inercia, sino que se ha dedicado a golpear al gobierno central con ataques sistemáticos y deslealtades continuas. La CAM ha votado constantemente contra las medidas aprobadas por el Gobierno de la nación y contra todas las decisiones del Comité interministerial de Sanidad. Ha hecho de su capa un sayo, tomando decisiones como los cierres por zonas básicas de salud que nadie se encargaba de verificar. En cuanto al cierre perimetral, le daba igual no imponerlo, las Comunidades limítrofes le hacían el trabajo puesto que si bien se podía salir de Madrid no se podía entrar en ninguna de ellas. De este modo se podía defender el que no se estaban imponiendo restricciones a la movilidad que, sin embargo, actuaban de facto.

Pero vayamos a la medida estrella: el mantenimiento de los bares. ¿A quién ha beneficiado esta medida? Sin duda, a sus propietarios y solo secundariamente a sus trabajadores/as. Además de a los consumidores/as. Y me pregunto: ¿es un sector tan esencial para protegerlo cueste lo que cueste? Sin duda que los afectados estarán profundamente agradecidos, pero ¿su peso en la economía de la región es tan descomunal que contrarreste el peligro que ha supuesto mantenerlos abiertos?

En Madrid, la hostelería supone el 7% del PIB. Se cuenta con unos 31.000 bares que dan trabajo a unas 208.000 personas. ¿Quiénes son los propietarios? Solo por citar un caso mencionaremos a Beer&Food, que cuenta con más de 400 locales en todo el país, entre ellos Gambrinus y Tony Roma’s. Aparte de sus locales, este grupo se ha especializado en comida a domicilio, siendo sus gestores grandes defensores de las cocinas industriales instaladas en los barrios, las famosas cocinas fantasma que el Ayuntamiento está protegiendo. Curiosamente, estos gestores, si bien no ponen problemas para recibir subvenciones y ayudas, se quejan de los altos alquileres de sus locales. Hay un extraño acuerdo entre su deseo de hacer caja y su renuencia a pagar los alquileres, incluso poniendo en marcha acciones judiciales. Otros de sus dardos los dirigen contra Deliveroo o Glovo por los precios abusivos de los servicios que les prestan. En Madrid, además del ya citado, existen otros grupos potentes como McDonalds, Burger King y Telepizza, Restalia, Comess Group, Eat Out Group, etc. El sector de la restauración no tiene pues ya nada que ver con el bar Manolo sino que es un sector capitalista en el máximo sentido de la palabra, con un fuerte crecimiento y con conflictos internos dignos de los viejos enfrentamientos entre la burguesía industrial y la terrateniente.
También es un sector con una alta concentración. Según publicaba Cinco Días en 2017, “una decena de grupos controlan más de 4.400 restaurantes”; en ellos están muy presentes los fondos de capital riesgo. Los informes del sector dan datos según los cuales la facturación logra doblar la inversión. Además, es un sector muy internacionalizado: solo dos de las once empresas más importantes tienen un accionariado 100% español. O sea que la “vida a la madrileña” resulta ser un eslabón importante en la cadena del capital internacional. ¡Quién lo iba a decir! Me pregunto si es creíble que un sector tan boyante no pudiera soportar las pérdidas ocasionadas por la covid-19 hasta el punto de que estaban a punto de arruinarse y había que salvarles, como a los bancos, esta vez con un punto de singularidad madrileña.

Y bien, ahora que ha ganado ¿a quién va a defender la Presidenta de la Comunidad: a los dueños de los locales, a los dueños de las cadenas de restauración, a los nacionales o a los internacionales, a los trabajadores y trabajadoras de los mismos, a los consumidores dado el aumento de los precios, a los viandantes que pierden las calles llenas de terrazas, a las grandes plataformas de distribución o solo a las de los restauradores, a las cocinas fantasma o a los niños de los colegios afectados por ellas? Preguntas sin respuesta. La libertad de “hago lo que me da la gana” no aclara nada, aunque tenga la virtud de que cada quien piense que es a él o a ella a quien está defendiendo.

Otra cuestión que me asalta en esta pantomima en que se han convertido las elecciones autonómicas es el contraste entre la responsabilidad del voto y el déficit de información con el que este se ejerce. La prensa no ha hecho ningún esfuerzo en analizar las propuestas ni en favorecer los debates. Todo se ha reducido a espectáculo, cuánto más bronco mejor.

Como los campesinos franceses en la época de Luis Bonaparte, nos hemos convertido en una masa de individuos/as poco informadas y apelotonadas como “las patatas en un saco de patatas”. ¿Sabemos quién ha pagado la campaña?, ¿habrán sido los restauradores?, ¿es solo cuestión de imagen y publicidad o hay otro Correa asomando la oreja? Por ejemplo, nadie ha reparado que en los mismos días de campaña se está viendo todavía el juicio de Bárcenas, ¿todo ese ruido habrá servido para taparlo?, ¿los millones que van a llegar a Génova 13 podrán tapar el agujero de la sede y hacer olvidar la contabilidad B con la que se construyó? Cuando lo sepamos ya será demasiado tarde.
No conozco mejor ejercicio de desinformación que esta campaña. Y no critico a los curritos/as. Hay quien ha defendido su curro, algunos su negocio y otros muchos su diversión. Y otros que se han tragado el pack entero y sin masticar. Pero Ayuso no está sola; detrás está, entre otros, todo ese mundo de la restauración y sus inversiones millonarias. Y está Miguel Ángel Rodríguez. Y la FAES y Aznar. Menos mal que a Trump lograron echarle que, de no ser así, levantaría cabeza una reedición del trío de las Azores. Demasiado lío para una ciudadanía cansada.

Texto publicado originalmente en El Salto.

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