Solidaridad neoliberal

Tranquilos, nos salvará el fútbol. Ha comenzado la liga. Ya tenemos de nuevo tema de conversación en el bar, en la cola del paro o en la tertulia. Pronto, las imágenes impactantes del Open Arms con su carga de desgracias quedarán ocultas tras los fichajes del último “crak”

Nos quedaremos con un impacto en la retina, uno más que durará hasta la siguiente tragedia. Nadie aclarará el porqué del drama humanitario. Nadie ahondará en las razones de la pobreza. Ningún medio se preguntará por qué huyen y cuáles son los responsables. Ningún diario se preguntará por qué esos emigrantes, que proceden en su mayoría de las zonas francófonas de África, han de huir buscando un futuro mejor. Francia es aún la potencia colonial de 16 países africanos, que utilizan el franco como moneda y cuyo valor se regula desde París. ¿Por qué no se les desembarca en Marsella? ¿Porque nadie pide cuentas a los presidentes franceses? No son refugiados, que tendrían otra categoría legal, son emigrantes, tan dignos de consideración como los anteriores, aunque responden a otra realidad.

Causan indignación las imágenes repetidas a las puertas de Europa. Igual que causaron indignación las fotos de Aylan (aquel niño ahogado en las playas turcas hará ahora cuatro años). La reacción emocional fue un gran negocio para el gobierno turco, se aseguró una inversión de 6.000 millones de euros/año para controlar los flujos migratorios. Las mafias que operaban en la costa turca, y que cobraban auténticas fortunas a los emigrantes (el gobierno de Erdogan también se lucraba) por embarcarse rumbo a Grecia, cambiaron de ruta. Escogieron la ruta libia hacia Malta o Italia. En dura pugna, esos traficantes están siendo sustituidos por los terroristas del ISIS.

Tanto en un caso como en otro, la responsabilidad de los países europeos es inmensa. Participaron en la destrucción de Libia para que las grandes empresas del petróleo se adueñaran de las reservas de hidrocarburos. Otras, como Coca-Cola, esperan impacientes la “pacificación” del país para explotar el mayor acuífero de África, que se encuentra bajo la arena del desierto libio. Muchos gobiernos quisieron participar en el saqueo del tesoro de Gadafi (100.000 millones de dólares desaparecieron de la noche a la mañana de Trípoli) y algún ex –presidente, como Sarkozy, pensó que con la muerte de Gadafi no tendría que pagar sus deudas electorales y que el asunto de la financiación irregular se olvidaría. Muchas ONGs, especialmente las más importantes desde Amnistía Internacional hasta Reporteros o Médicos sin fronteras apoyaron los “bombardeos humanitarios” de la OTAN. Esta última organización, por ejemplo, solo ayudaba humanitariamente en las zonas controladas por los grupos yihadistas financiados por occidente. Las consecuencias las estamos viendo.

Si el primer foco de emigración fue Libia, el segundo fue Siria. Occidente, con la ayuda inestimable de Erdogan, provocó la guerra que arrasa el país desde hace 8 años. Las ONGs nuevamente funcionaron como corifeos de la propaganda occidental contra el presidente Al-Assad. Amnistía, cuya presidenta de la sección norteamericana era colaboradora de Hillary Clinton, fue una de las más agresivas. RSF también estuvo activa, al igual que Médicos sin Fronteras, que solo mantiene su estructura de apoyo en las zonas controladas por los grupos terroristas, ahora mismo en la zona de Idle. Todas estas organizaciones ayudaron a crear la imagen, potenciada por la ultraderecha y los medios, de una ola que invade Europa.

Es una situación de la que son corresponsables por acción u omisión. Una advertencia: una cosa son las organizaciones y su estructura, así como sus objetivos ocultos, y otra –evidentemente– la gente que de buena voluntad cree en lo que está haciendo. No debemos confundir una cosa con otra.

El flujo migratorio fue redirigido hacia la UE. Uno de los mayores filantrocapitalistas del mundo, y un auténtico criminal financiero llamado Georges Soros, financió con 100 millones de dólares el “corredor humanitario”, desde Grecia hacia Alemania. La patronal alemana estaba encantada; el flujo masivo (más de 800.000 personas en un año) abarató aún más los salarios. Merkel abrió sus fronteras sin contar con los países que deberían soportar el tránsito, lo cual acentuó la xenofobia en Hungría, Grecia, Italia, Bulgaria… Son países que están consolidando gobiernos en extremo racistas y derechistas, todo en un contexto de recortes. Alemania, la gran beneficiada del flujo migratorio, no aumentó los presupuestos para su acogida, sino al contrario: menos fue repartido entre más. También las fuerzas neo-fascistas avanzan en este país; han sabido crear un enemigo y un relato ficticio, el emigrante, el diferente, como nuestro enemigo.

George Soros, ese canalla filantrópico, está detrás de gran parte de estos movimientos. El personaje, al igual que apostó por hundir la libra inglesa o la lira italiana en 1992 y 1997 y provocó la crisis asiática de 1997-98, ha decidido que la UE debe fragmentarse en países enfrentados entre sí. El 11 abril de 2016, en la reunión del Center for Imperfect Knowledge Economics (recogida por el diario Financial Times) George Soros pronosticó como inevitable la desintegración de la Unión Europea. Sobre esa premisa, su objetivo es perpetuar el predominio de EEUU como potencia dominante durante este siglo. El reto migratorio es una de sus armas, sabe que los gobiernos europeos están profundamente divididos y enfrentados sobre este tema. Se hace necesario ahondar en la fractura. La emigración desde Libia u otro punto no se detendrá. Veremos muchos más Open Arms.

George Soros está actuando a todos los niveles. Controla o influye sobre un tercio de los europarlamentarios que se sientan en Bruselas. Los propios documentos de la organización hechos públicos, los denominados “Papeles de Soros”, lo demuestran. En 2014 controlaba o influía directamente sobre 226 diputados de un total de 751 (esto no quiere decir que esos diputados estén a sueldo de Soros, sino que su organización, la “Open Society Foundation”, los “toca”, los declara “confiables”, en algunos casos les puede ofrecer ayudas para la reelección cuando sus intereses coinciden con los del filantrocapitalista. En esta lista están europarlamentarios de todas las tendencias, de derecha y de izquierda. Algunos especialmente conocidos. Por otra parte se sabe que el personaje ha financiado “grupos humanitarios (ONGs)” que apoyaron la intervención armada de la OTAN en Libia y en la guerra siria.

Soros apoya la emigración hacia la UE porque eso implica forzar el enfrentamiento entre países, como estamos viendo en el caso del Open Arms. Para lograrlo, está financiando una auténtica flotilla humanitaria que actúa en el Mediterráneo: están implicadas siete organizaciones: SOS Mediterranée, Sea-Watch, Médicos sin Fronteras en Alemania, Save The Children Germany, Jugen Rettet (Berlín), Mission Lifeline (Dresde) y Sea-Eye (Regensburg) algunas acusadas según las leyes alemanas de tráfico de seres humanos con fines de lucro. Las relaciones entre las organizaciones “humanitarias” que actúan en el Mediterráneo, el filantrocapitalista y los EEUU son estrechas. Así por ejemplo, una de las organizaciones más activas, la Migrant Offshore Aid Station (MOAS), fundada en 2014 por los empresarios Christopher y Regina Catrambone, opera los buques Topaz Responder y Phoenix. El Sr. Catrambone fue un importante donante de Hillary Clinton (416.000 dólares a su campaña presidencial en 2016). Otro importante colaborador de MOAS es Avaaz.org (donó 500.000 euros a las operaciones de búsqueda y rescate de MOAS). Avaaz.org actúa como la sucursal europea de Moveon.org, una organización estadounidense propiedad de George Soros. Save the Children opera el barco Astral. Esta ONG también está financiada por la Open Society Foundation y está siendo investigada por la Fiscalía italiana, que la relaciona con las mafias de tráfico de inmigrantes. Médicos sin fronteras (MSF) tripula varios de estos barcos, como el Aquarius o el Dignidad 1, que pertenecen también a la Open Society Foundation.

En torno a la crisis humanitaria que envuelve al Open Arms (el más mediático este verano), hay, como no, intereses económicos enormes. Para contener la emigración desde las costas turcas la UE creó un fondo dotado con 6.000 millones de euros de los cuales se han desembolsado 2.200 millones hasta el 2019. Otros estados han visto el negocio y exigen su parte: en octubre del año pasado (2018) la UE acordó pagar a Marruecos 150 millones de euros a razón de 50 anuales para contener la emigración a Ceuta o Melilla. Igualmente se pagó a los grupos yihadistas libios, que controlan la costa mediterránea, otros 237 millones anuales. Turquía está dispuesta a utilizar la emigración como arma política para imponer sus deseos. Su Ministro del Interior Süleyman Soylu dijo: “Es obvio que Europa nos ha dejado solos en este asunto [la migración]. No vale con dar palmaditas en la espalda. Si Turquía no tomara medidas tan decididas, ningún Gobierno de Europa aguantaría ni seis meses. Si queréis, probamos». La UE había cortado en ese momento las ayudas porque Turquía quería hacer prospecciones petrolíferas en las costas chipriotas. Ankara sabe que la emigración representa un enorme problema para la UE y actúa utilizando la presión y el chantaje.

Como podemos observar los intereses geopolíticos y económicos son importantes. Así como los mediáticos. El diario.es reconoce públicamente sus relaciones con la “Open Society Foundation” y otras fundaciones “filantrópicas” de las que recibe financiación, al igual que canales televisivos como La Sexta o el diario The Guardian.

En el mar Mediterráneo y a costa de los emigrantes recogidos, se libra una batalla mediática entre las ONGs y los gobiernos. Estas organizaciones quieren imponer, usando los medios de comunicación a su alcance y aprovechando la falta de noticias en agosto, un relato que, evidentemente, solo muestra una parte del drama humanitario.

Ni a las ONGs ni a los medios afines les interesa responder a preguntas clave. ¿Quién financia esa flota de barcos que tripulan las ONGs? ¿Quién paga los sueldos de ese personal, los aviones de reconocimiento, los teléfonos satelitales, los drones, con los que realizan las convocatorias y canalizan a los emigrantes hasta Libia o Argelia para ser recogidos en sus costas por la mencionada flota? Los emigrantes no se encuentran en alta mar (eso queda para las pateras en la costa andaluza), esta gente paga su viaje (auténticas fortunas para esas pobres gentes). Las ONGs tienen ante sí un auténtico filón. No solo por la parte de ingresos directos que puedan percibir, sino porque la exposición mediática ayuda, y no poco, a financiar otros “proyectos humanitarios”. Estamos frente a un caso claro de tráfico de inmigrantes revestido de humanitarismo. Repetimos, no se trata de refugiados, que en esa condición tienen derecho a que se les aplique el Estatuto de Refugiado y se les conceda asilo.

El 15 de noviembre de 2016, una fuente independiente de noticias europeas, GEFIRA.org, reveló que varias ONG habían estado haciendo contrabando de inmigrantes desde la costa septentrional de África a través del Mediterráneo hasta la Unión Europea, utilizando una flota de buques. GEFIRA utilizó las señales de AIS Marine Traffic (software de seguimiento de buques), Twitter y los informes en directo de un periodista holandés a bordo del buque Golfo Azzurro, para documentar la supuesta colaboración entre las ONGs, y los contrabandistas. Algunos de los puntos de recogida señalados por el radar los situaban dentro de las 12 millas de aguas territoriales libias. Nada de esto se podría producir si no se contara con el beneplácito de los traficantes.

El diario Financial Times recogía informes confidenciales de la UE donde el FRONTEX alertaba sobre las relaciones entre algunas ONGs y las mafias del tráfico de personas. Los navíos de las ONGs recibían información detallada del punto de recogida. Por otra parte el fiscal jefe de Catania, Carmelo Zuccaro, hizo declaraciones a Reuters donde afirmaba ““El pasado verano vimos algo que jamás habíamos visto antes: 13 navíos dirigidos por ONGs trabajando a la vez”, “¿Tienen todas estas ONGs las mismas motivaciones? ¿Quién las financia?” El fiscal insistía en la excelente financiación y con algunos testimonios de los propios inmigrantes, que relataban cómo los propios traficantes les proporcionaban las coordenadas exactas de donde se encontraban los barcos de rescate.

Las noticias se acumulan; hace pocas semanas se ha sabido que es el ISIS quien comienza a controlar las redes del tráfico de seres humanos. Es una fuente de financiación más, y no pequeña, además de ser campo abonado para el proselitismo. La desesperación y las ayudas económicas que ofrece la organización permiten reclutar adeptos que pudieran funcionar posteriormente como agentes en Europa. En 2014 el gobierno sirio habría advertido a los servicios de inteligencia occidentales del robo de 1.400 pasaportes legales y el peligro que encerraba esa documentación en manos de los grupos terroristas que podrían, como así fue, introducirse en Europa. Ahora Trump amenaza: si Europa no se encarga de los 2.500 miembros del ISIS prisioneros, les dejará marchar libremente.

El problema de los refugiados se ha convertido en un argumento más de mercadeo y de lucha política. La “izquierda” se ha dejado arrastrar por un “buenismo humanitario” mal entendido. Parte de ella también tiene una gran responsabilidad. Sus análisis han coincidido con las posturas de las cancillerías occidentales que habían apostado por llevar la guerra a esos países. Aún se recuerda a Bernard Kouchner (fundador de Médicos sin Fronteras) pedir la “intervención humanitaria” en Libia, a Santiago Alba Rico defender a los “luchadores por la libertad” libios y sirios. A Ada Colau defender a los “revolucionarios sirios” y las primaveras árabes en la presentación de su nuevo movimiento en las cocheras de Sants.

Aquellos vientos trajeron estos lodos.

 

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