Serenidad y paciencia

Nada hay que no pueda alcanzarse con paciencia y serenidad.

Esta es una experiencia que podemos tener a diario.

¿Qué es la paciencia?

Oigamos lo que dice Shankaracharya*: «Siéntate a la orilla del mar y vete sacando de él gotas de agua con el tallo de una hierba. Si tienes suficiente paciencia y hay cerca de allí un lugar en el que puedas almacenar las gotas, con el tiempo conseguirás vaciar el mar». Ésta es la imagen de una paciencia casi perfecta.

Si le has dicho algo a alguien miles de veces, y él no ha hecho ni caso, tienes que repetírselo una y mil veces más. Eso es la paciencia.

«Las personas apresuradas son nerviosas y hacen mucho ruido; los personas lentas y constantes manifiestan serenidad y sosiego». Este es un hecho observable en cualquier momento.

El exceso de actividad y la impaciencia son dos enfermedades que acortan la vida.

La serenidad de una persona sólo puede ponerse a prueba en el mundo de los seres humanos, no en las solitarias alturas del Himalaya.

¿Por qué tiene que inquietarse una persona cuando no está en condiciones de realizar su trabajo?

¿Qué hay que hacer cuando hay mucho trabajo que realizar y poco tiempo para realizarlo? Tener paciencia, hacer lo que se considere más útil y dejar el resto en manos de Dios. Si Dios concede la vida, se puede dejar para otro día lo que no se ha podido concluir hoy.

Cuando se comete una equivocación, me pongo furioso, lloro, río, siento pesar…

¿No debería, en lugar de ello, conservar la tranquilidad e intentar corregir el error?

La paz exterior no sirve de nada sin paz interior.

Quien no conserva la calma en cualesquiera circunstancias, ciertamente no vive en paz, por mucho que lo aparente externamente.

No hay percepción sensorial sin constancia de espíritu. Si no renunciamos a nuestro ideal, el ideal jamás renunciará a nosotros.

Cuando falta ánimo para soportarlo todo dócilmente, la docilidad se convierte en una virtud vacía.

Quien carece de paz y de firmeza no puede conocer a Dios.

El mar no pierde su calma por muy violenta que sea la tempestad.

Destruir algo es fácil. Construir algo requiere gran habilidad y esmero.

Muchas cosas se consiguen con paciencia y se pierden por causa de la impaciencia.

Las obras, como los granos de trigo, necesitan su tiempo para dar fruto.

Dulces son los frutos de la paciencia.

 

* Shankara: importante filósofo del Vedanta, que vivió hacia el año 800 d.C.
Fuente: Gandhi. Quien sigue el camino de la verdad no tropieza. Palabras a un amigo
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