Los embrollos de EE.UU. en Oriente Medio

Hans Blix es un personaje bien conocido en la política internacional. El diplomático sueco acumula en su carrera varios éxitos profesionales, aunque alcanzó la mayor popularidad cuando estuvo al frente de la misión de inspección de las armas de destrucción masiva que se atribuían a Sadam Husein. A principios de 2003 informó al Consejo de Seguridad de que, no habiéndolas encontrado, era necesario proseguir las inspecciones antes que recurrir a la guerra.

No fue así y, tras la vergonzosa reunión del llamado “trío de las Azores” (en realidad, un cuarteto: Bush, Blair, Aznar y el anfitrión Barroso), se inició la invasión de Irak en marzo de 2003, que tampoco sirvió para confirmar la existencia de tales armas. En vista de eso, y para encubrir las mentiras forjadas en Washington para justificar la guerra, EE.UU. desencadenó una campaña para desacreditar a Blix.

En realidad, como se supo después, tras los atentados contra EE.UU. del 11-S, el combinado Casa Blanca-Pentágono había descubierto que la destrucción de las Torres Gemelas les había dado la soñada oportunidad de “ir a por Irak” y apoderarse de sus valiosos recursos naturales. En declaraciones posteriores, Blix insistió en que la invasión de Irak era un error garrafal que favorecería a Al Qaeda y a otros grupos terroristas, como así fue.

Pues el mismo Hans Blix ha publicado el pasado 8 de julio un documento que también deja en muy mal lugar a la administración de Trump en su tortuosa política respecto a Irán y al llamado Plan Conjunto de Acción (JCPOA) acordado para controlar el acceso de Teherán a la energía nuclear.

Del mismo modo que EE.UU. engañó en 2003 a la opinión pública mundial para invadir Irak, Blix considera que ahora también está mintiendo al sostener la idea de que Washington “se ha retirado” del citado acuerdo, alcanzado en 2015 entre Alemania, China, EE.UU., Francia, Irán, Reino Unido, Rusia y UE.

Argumenta que EE.UU. pudo abandonar, por ejemplo, los Acuerdos de París sobre el cambio climático, porque éstos incluían una cláusula específica que permitía hacerlo. Pero no hay tal cosa en el JCPOA, adoptado por el Consejo de Seguridad y que obliga a todos los países miembros de la ONU. El citado Plan preveía el levantamiento de las sanciones a Irán en tanto que este país siguiera aceptando las inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), como ha venido haciendo regularmente.

En resumen: EE.UU. no se ha retirado legalmente de ningún acuerdo sino que ha violado una decisión del Consejo de Seguridad y, aún más gravemente, ha apremiado a hacerlo a otros miembros de la ONU para que incumplan el artículo 25 de la Carta de Naciones Unidas, que impone la obediencia a las citadas decisiones.

EE.UU., tras esa flagrante violación de un acuerdo internacional, ha recurrido además a su incontestable poder financiero para castigar a las empresas que negocien con Irán. Se pregunta Hans Blix si es que Washington ha decidido sustituir al Consejo de Seguridad para imponer a su gusto el orden internacional.

Como ocurrió con Irak, Washington alega que Irán está en vías de desarrollar armas nucleares y que el plan JCPOA no es suficiente para frenarle. Sin embargo, hasta ahora no existe prueba alguna de ello tras los controles de la AIEA.

Concluye Blix suponiendo que probablemente Trump no desea una guerra, al contrario que algunos de sus asesores. Y tampoco Arabia Saudí, Emiratos Árabes o Israel, a pesar de su reforzamiento militar, estarían por esa solución, de impredecible resultado. Cree que les preocupa más el creciente poder económico y la influencia política iraní en la región, y que probablemente su objetivo sería frenar el auge económico de Irán, lo que se lograría mejor manteniendo la presión.

A pesar de todo, rodeado por países fuertemente armados, con bases estadounidenses en Baréin y Catar, dos grupos de portaaviones en el Golfo y tropas en territorio iraquí, Irán tiene más riesgo de ser atacado desde el aire por EE.UU. o sus vecinos, que éstos ser agredidos por las armas de Teherán.

Trump insiste en que es Irán el que tiene que desactivar la tensión, resolver el contencioso y dejarle a él que organice un futuro brillante para la vieja Persia. Para Blix, sería como el benevolente emperador de América que se ofrece al reyezuelo de un país lejano para escuchar sus problemas y ayudarle a solucionarlos desde su todopoderosa presencia. Veremos en qué queda el asunto.

Artículo publicado originalmente en el blog del autor El viejo cañón
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