El chotis (II)

En esta España de permanente campaña electoral circense y arrabalera, es de extrema necesidad que la izquierda se resista a ser raptada por la vorágine de noticias, mensajes, urgencias nada urgentes y superficialidades que conforman el espectáculo pseudopolítico. Alguien tiene que pararse a meditar, distinguir las voces de los ecos y comunicar el resultado de la reflexión a la ciudadanía.

La izquierda es hija de la Ilustración y el pensamiento libre. Y aunque históricamente también haya caído en errores e incluso horrores, su acervo político, intelectual, cultural, social y de ejecutoria es globalmente positivo. En las mentes de las gentes explotadas del siglo XIX y parte del XX, los luchadores que propugnaban la emancipación plena eran conocidos como “los hombres de la idea”, es decir, los portadores de un mensaje de liberación que convocaba a organizarse para pensarlo y aplicarlo. Las nuevas tecnologías de la comunicación o el marketing no pueden ocultar que en lo fundamental y básico las cosas no solamente no han cambiado sino que han empeorado para la mayoría de la población: paro, precariedad, desahucios, corrupción, carencia de futuro para la juventud, ausencia de proyecto político para la economía, la educación, la sanidad o para la instalación del Estado social y democrático de Derecho que propugna la Constitución de 1978. Y el corolario de esta degradación se expresa con tres palabras que diagnostican los males de la sociedad: indiferencia, insolidaridad y anomia.

Nada puede ser más urgente que concitar energías, trabajos, tiempos y prioridades para reinvertir el proceso de dilución en todos los órdenes de la vida social. Comprendo que las fuerzas políticas en general, pero las de la izquierda especialmente, están abducidas por la exclusiva institucionalización de la actividad política. Todo lo que no sea imagen, glamour o demoscopia no merece la atención prioritaria. Los políticos del estatus saben que su fuerza electoral reside en la desmovilización y el desencanto de los sectores sociológicamente más proclives a los imaginarios colectivos de la izquierda. Pero la izquierda debe saber que si ella alcanza la mayoría institucional, no podrá hacer nada de lo que figura en su programa si sus votantes se consideran licenciados de la actividad política un instante después de haber votado. Conseguir la transformación de los votantes en contrapoder organizado es una tarea inexcusable de la izquierda. Si de verdad se propone que cambien las cosas, claro está.

Llevamos interminables meses de facundia huera y vacía de enfoques estratégicos sobre el país, su situación en el marco de la UE y en el de la política internacional, sobre el futuro tejido productivo español o sobre los recursos naturales con que contamos o podemos contar sin continuar la degradación medioambiental o sobre el esquilme de los acuíferos. Hasta mayo seguirá el carnaval y continuará hasta el hartazgo.

En la primera entrega de este artículo comparé con el chotis la tendencia de la izquierda española a bailar en torno al PSOE. Pero hay todavía otra variante del chotis. La tenemos delante. Alguien marca el compás de esta feria de las frivolidades y la política gira, gira y gira perdiendo entidad, seriedad, serenidad y respeto por ella misma. Es urgente parar y cambiar de danza.

Artículo publicado en El Economista.es 

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