Y llegó septiembre

(REFLEXIONES SOBRE LA SUPUESTA REFORMA EDUCATIVA)

 

Mientras alumnado y profesorado se han entregado a las cada vez más necesarias y deseadas vacaciones, la maquinaria de la “reforma “ educativa a escala planetaria no ha tenido descanso. Nos hemos, más bien nos han, acostumbrado tanto a ese término que no nos sorprende encontrarlo intacto de vuelta a las aulas.

En realidad la “reforma” de la educación es solo un capítulo más de un cambio profundo en curso que afecta incluso a las formas y modelos de gobierno en todo el mundo y que obstinadamente se camufla bajo el comodín de la “reforma”. La palabra reforma se viene utilizando sin medida para todo –reforma de las pensiones, lo que equivale a la liquidación de las mismas; reforma del sistema bancario, y los bancos aumentan sus comisiones y su capacidad de maniobra, etc. El abuso del término procede del deseo de tranquilizar a la opinión pública asegurándole que nada va a cambiar mucho, pero que por el contrario se realizan los adecuados procesos para adaptarnos al futuro y al progreso, lo que es estrictamente necesario en nombre de la modernidad y el desarrollo.

En una sociedad marcada por la lógica implantada de la continua necesidad de crecimiento económico y la sumisión a la dictadura de un futuro ya inventado, quienes se oponen a esta mecánica son tachados de antiprogreso, antidesarrollo, antimodernos y otros adjetivos convenientemente señalados como catastróficos. Esto viene siendo así desde el siglo XVIII, cuando el capitalismo industrial generó este vocablo para alcanzar sus fines y cubrir sus necesidades de una manera discreta.

Esta ubicua palabra goza del mismo éxito en Tanzania y en Polonia, en Indonesia y en España y por supuesto en el Reino Unido y Australia. La reforma parece la palabra clave del planeta. En el caso de la educación ha dado lugar a lo que en los ámbitos académicos se conoce como el GERM por sus siglas en inglés (Global Education Reform Movement). En realidad, el supuesto movimiento reformista no es más que una onda expansiva para camuflar la privatización de la educación en todo el mundo, y la transferencia de la autoridad pública a manos privadas. Con la manida justificación de la eficiencia, en cada lugar se emplea un argumento adecuado a la situación, malos resultados en el PISA, crisis económica, fracaso escolar, incorporación tecnológica, etc., etc. Los mecanismos en cambio son los mismos en todo el mundo, y en todas partes se extiende la promesa de un mundo feliz donde el empleo en el campo de las tecnologías aumentará sin límites, y todos los jóvenes de los sistemas reformados alcanzaran el éxito profesional y el social quizás en redes como facebook. Es el dorado de nuestros días.

A lo largo del tiempo este proceso de reforma hacia la privatización ha ido tomando diferentes ritmos y formas según las circunstancias; allí donde se abrazaron las reformas liberales de los setenta la privatización ha sido más extensa y más profunda, es el caso del Reino Unido y Estados Unidos; donde por el contrario se produjo el salto del comunismo al capitalismo en los 90, la privatización ha ido a gran velocidad acompañada del lema de llegar al mundo moderno, es el caso de Polonia o Lituania; también donde se ha producido una catástrofe se ha encontrado la excusa para llegar a la privatización como en el caso de Haití.

Por lo que respecta a España, aunque el proceso ya estaba iniciado desde mucho antes (incluido el chasco capitaneado por Pilar del Castillo), la crisis de 2008 resultó el marco perfecto, los recortes y la reducción de costes abrieron la puerta de par en par a la “reforma”, justificándola por la falaz identificación del desempleo provocado por la crisis con los problemas en el ámbito de la educación; tanto esfuerzo y dinero se invirtió en asentar esta creencia, que aún hoy este argumento es un recurso permanente.

Simultáneamente a estas intervenciones en las políticas educativas nacionales y al amparo de la creciente digitalización del mundo, se ha ido tejiendo una densa red de empresas internacionales proveedoras de servicios públicos, fórums, acuerdos, medios de comunicación, fundaciones, etc., alumbrando el edubusiness –el negocio de la educación, tan prometedor y rentable que disfruta de nombre propio, a veces denominado también para suavizar el impacto como la industria de la educación. El negocio ha alcanzado tales dimensiones que supera ya en beneficios en USA a la siempre floreciente industria del armamento.

Este salto en el vacío ha llevado a la educación a dejar de constituir un bien público destinado a la felicidad, el conocimiento, la realización personal y social de los ciudadanos, a convertirse por el contrario en un negocio más, marcado por la lógica empresarial del beneficio económico a toda costa. De estar dirigido por pedagogos y docentes a caer completamente en manos de los economistas del Banco Mundial, la OCDE y el FMI, y aún peor si cabe, a estar diseñado y dirigido por empresarios como Bill Gates y auditoras como Pearson, la discutible MCkinsey Company o Standard and Poor´s .

El escándalo es de una magnitud tan enorme que sobrevive solo por la capacidad que ha tenido el consorcio mundial del negocio educativo para ocultar sus objetivos e intereses, disfrazándolos de las mas diversas formas de actuación y buenas intenciones. Por un lado los actores de la privatización han acudido a blindar su actuación camuflándola bajo la máscara amable del “filantrocapitalismo” y su densa red de fundaciones, actores públicos y privados, ONGS, etc. A la vez que el control de los grandes medios de comunicación a su servicio les permite mantener a la opinión pública en un desconocimiento absoluto de lo que sucede, de tal modo que por cada foto de un niño sonriente (preferentemente pobre o de color) hay una caja registradora sonando, pero se induce a creer a la sociedad que se ha realizado altruistamente. A este desconocimiento absoluto contribuye que la maraña de relaciones entre los actores de la privatización-edubusiness, resulta tan difícil de conocer como cambiante y lucrativa.

Por otra parte las voces críticas provenientes del mundo académico, fundamentalmente de la sociología y la pedagogía, han incrementado sus investigaciones tanto en número como en calidad; a los trabajos de Henry Giroux, Antoni Verger, Susan Robertson, Christopher Lubiesnki, etc., etc., se han venido sumando voces de todos los continentes. Todos ellos realizan una ímproba labor para poner en conocimiento de la sociedad los diferentes mecanismos y las consecuencias nefastas de la reforma-privatización educativa en todo el globo. Desgraciadamente la falta de comunicación entre el mundo académico y la sociedad (cuando las investigaciones no se sitúan del lado del beneficio económico) ha dificultado que estos trabajos lleguen a la ciudadanía o al menos a los sectores implicados en este drama.

Es obvio que se trata de una lucha desigual entre quienes poseen el dinero y controlan los medios de comunicación y quienes resisten desde espacios cada vez más sitiados. En primer lugar la envergadura del negocio que proporciona beneficios millonarios hace que los beneficiarios no duden en invertir en los medios de comunicación social, redes, etc., etc. para promover el estado de opinión necesario.

En segundo lugar y quizás con mayor importancia, la privatización de la educación, tanto como la de otros servicios, no constituye un fin sino un instrumento más para la liquidación de los estados como tales y como los hemos conocido y también de las organizaciones internacionales como la UNESCO etc. Estas intervenciones privatizadoras abren la puerta a que las políticas estatales sean controladas por manos privadas, a través de un proceso denominado en inglés PPP (Public-private-parternship) que ha encontrado en castellano la traducción de partenariado; esto es en definitiva la actuación de empresas privadas en ámbitos públicos con la bendición del estado, que transfiere capital y campo de actuación público y poder directamente. No es otra cosa que la progresiva injerencia de las empresas privadas en el gobierno, permitiendo no solo el saqueo de los bienes públicos tanto económicos como morales, sino garantizando que en futuro serán ellas quienes en realidad controlen los gobiernos.

El fórum mundial por la educación que se viene celebrando desde 2013 con la participación de ministerios de educación y las empresas involucradas en el negocio de la educación y que actúa como plataforma efectiva de negocio con la intervención mayoritaria de economistas y ejecutivos por fin tendrá una réplica: la primera conferencia internacional contra la privatización y la reforma educativa, a celebrar en Grecia en julio del 2020. Esta habrá de reunir a quienes desde una clara posición de desventaja, pero también desde una férrea voluntad, han decidido resistir. Según consta en la convocatoria de la conferencia “Es en este contexto donde la Universidad del Peloponeso y el Instituto Cooperativo de Estudios Transnacionales (CITS) están organizando la Primera Conferencia Internacional de Solidaridad de Maestros para reunir a educadores y trabajadores de todo el espectro de la educación en todo el mundo. Los maestros de educación primaria y secundaria y sus sindicatos, profesores de educación superior y adjuntos, personal y profesionales no docentes, y los sindicatos de padres están invitados a intercambiar experiencias de sus países para consolidar la solidaridad en su lucha por defender la educación pública en todo el mundo.”

Así pues está bien que concluyamos que las vacaciones han terminado y es hora de empezar a actuar, al menos este curso ha comenzado con la discreta pero firme esperanza de la celebración de esta conferencia, y la posibilidad de una respuesta adecuadamente global al entramado espectacular del asalto a la educación y al poder por parte del capitalismo más salvaje; quizás a partir de aquí encontremos el camino para construir una resistencia más fuerte y más visible.

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