Hacia una Internacional de Movimientos por la Justicia Global

Nota de edición. En este tiempo de COVID-19 existe el peligro de un repliegue al “nosotros primero” en el conjunto de países de la Unión Europea. Frente a esta posición, debemos impulsar la revitalización de un internacionalismo bien organizado. Para abrir e impulsar un debate sobre políticas de justicia global en los tiempos que se avecinan y sobre el tipo de red mundial de movimientos que necesitamos, retomamos un texto de Rafael Díaz-Salazar publicado en Le Monde Diplomatique de diciembre de 2002.

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Desde la celebración en enero de 2001 del primer Foro Social Mundial en la ciudad de Porto Alegre (Brasil) son numerosas las propuestas para construir una globalización alternativa. La mayor parte de éstas se elaboran en ámbitos nacionales e internacionales muy diversos. El Foro Social Mundial ha puesto las condiciones para que surja una red internacional de movimientos que articule todas las propuestas alternativas y marque el siglo XXI como el tiempo de transición a un postcapitalismo ecológico e internacionalista.

Una de las señas de identidad de esta red de movimientos es su pretensión de conectar unidad y diversidad. Se trata de una apuesta innovadora que tendrá que salvar grandes dificultades para que sea llevada a cabo. La diversidad de movimientos es enorme y muy enriquecedora por la complementariedad que otorga. Los problemas pueden surgir por las inevitables divergencias a la hora de adoptar propuestas muy concretas, pasar de los objetivos generales a las estrategias de consecución de los mismos, establecer modalidades de acción y coordinación, marcar un tipo u otro de prioridades, etc; a parte de los problemas de talante personal y psicológico que existen en todas las organizaciones.

La cuestión que inevitablemente conviene plantear es si el movimiento de movimientos debe reducirse a la celebración anual del Foro Mundial y los Foros continentales o tiene que ir más allá. Tomar una u otra opción tiene ventajas e inconvenientes, pero hay que afrontar la cuestión de si verdaderamente se desea crear algo más que un punto de encuentro y debate; es decir, si se quiere ir más allá de una confluencia y superposición de las múltiples alternativas, campañas y movilizaciones promovidas en los cinco continentes. Como analista de este proceso, me atrevo a plantear un conjunto de modestas sugerencias que ni siquiera llegan a ser propuestas, pues no dispongo de elementos suficientes de juicio sobre los debates internos en el Consejo Internacional  del FSM y, es más, sobre las repercusiones últimas que tendría adoptar una de las dos opciones planteadas. Recordemos las reflexiones de Max Weber sobre “las consecuencias no queridas de la acción”

Me parece que el FSM debe seguir siendo fiel a sus señas de identidad primigenias. Tiene que ser nada más y nada menos que un “espacio” mundial donde se encuentran, piensan y proponen alternativas todos los movimientos sociales, ONGD, sindicatos, centros de investigación y acción que asumen su Carta de Principios. Cuanto más plurales sean los movimientos que participen en él, dentro de la identidad marcada por la Carta, mejor. Debe mantenerse un estricto apartidismo y no hay que forzar consensos, unanimidades y declaraciones vinculantes para todos y cada uno de sus miembros. Si se camina a una uniformización, el FSM se terminará rompiendo. Si se suprime la diversidad mediante la obligación de asumir un programa de acción muy concreto, no será posible  mantener la unidad necesaria para crear una nueva opinión pública sobre la globalización. Dicho claramente, el FSM de Porto Alegre no debe convertirse en la V Internacional.

Ahora bien, creo que necesitamos una nueva Internacional radicalmente distinta a los cuatro anteriormente existentes. Esto es obvio porque sugiero una Internacional de movimientos, no de partidos políticos; es más, habría que ser totalmente intransigente ante la posible utilización de esta Internacional por partidos comunistas o socialdemócratas para reflotar sus proyectos. Los partidos de las izquierdas que se dediquen a refundar sus Internacionales, que buena falta les hace y nos hace.

La sugerencia de  crear un Internacional de movimientos no la formulo para sustituir al FSM,  y mucho menos  para suprimirlo. Ambos serían compatibles, pues tendrían objetivos y finalidades diversas, pero complementarias. Esta nueva Internacional de Movimientos por la Justicia Global puede construirse con muchos sectores del FSM y, si se constituyera, ha de estar presente en él sin vocación de dominarlo y teledirigirlo, demostrando una nueva cultura política sobre las relaciones de poder dentro de las organizaciones y la conexión entre unidad y diversidad. Es más, creo que esta Internacional es inviable sin el fundamento de una cultura moral y política distinta a las de las Internacionales históricas.

¿Por qué creo que la dinámica abierta por el Foro Social Mundial ha de desembocar en una Internacional de nuevo tipo?. Fundamentalmente porque el poder articulado al que se enfrentan las redes internacionales de movimientos y el objetivo básico por el que luchan requiere una concentración organizada y sistemática de esfuerzos. Naomi Klein ha caracterizado a estas redes como una “nube de mosquitos”. Me parece acertado el diagnóstico y hasta positivo que esas nubes se produzcan y crezcan. Sin embargo, no se puede crear una globalización alternativa solamente con “mosquitos”, contracumbres, manifestaciones callejeras, luchas nacionales, campañas en paralelo, y equipos de presión política desconectados entre sí. Como mucho, se lograrán algunos objetivos que paliarán problemas puntuales, pero que mantendrán intactas las fábricas de producción de pobreza y sufrimiento humano.

¿Sobre qué bases sociales y organizativas construir esta Internacional?. La dificultad del tema y el reducido espacio disponible me obligan a ser breve y esquemático. Las bases sociales son muy amplias y ya están dentro del FSM. Creo que hay gran consenso sobre los problemas a abordar y las medidas más urgentes a tomar, sobre todo, para resolver las necesidades básicas de los empobrecidos del Sur. Un decálogo de los problemas mundiales prioritarios y de las acciones urgentes a emprender sería relativamente fácil de elaborar y ser asumido por muchísimos integrantes del actual FSM, siempre que se concentre en temas muy básicos: alimentación, agua, educación, salud, etc. Este sería el programa de mínimos para crear alianzas ciudadanas muy amplias, que son absolutamente imprescindibles.

Respecto a la organización interna habría que establecer sistemas de trabajo que permitieran la reproducción de la identidad de movimientos diversos con la disposición para desplazar las iniciativas particulares, cuando fuera necesario, y vincularalas con programas comunes. No se trata de decretar la abolición de todos los movimientos  para crear una única organización mundial centralizada, pero tampoco se puede seguir con la multiplicidad de propuestas, campañas, proyectos, movilizaciones, etc. que se superponen unas a otras, son paralelas o tienen una confluencia muy débil y puntual. La Internacional que sugiero sólo podrá existir si se logra afrontar con éxito esta dificilísima tarea de preservación de la identidad y relegación de iniciativas autónomas en aras de un trabajo común. Para abordar este objetivo se requieren, al menos, cuatro instrumentos de trabajo:

a) Un ámbito permanente de debate sobre los problemas de fondo: diagnóstico, objetivos, propuestas, estrategias, etc. François Houtart, que preside junto a Samir Amin el Foro Mundial de las Alternativas,  considera que existen dos corrientes que convergen y divergen en el Foro Social Mundial: neokeynesianos y poscapitalistas. Aunque hay más corrientes, las posiciones de estas dos familias ideológicas, que sin duda son las más fuertes, inciden a la hora de realizar un tipo u otro de propuestas, objetivos y estrategias. Es necesario un debate con tiempo suficiente y una nueva cultura del diálogo, el consenso y el disenso internos.

b) Una red de centros de investigación y acción conectados entre sí y con los movimientos de base para elaborar un sólido programa internacional de políticas de justicia global. Creo que ha llegado la hora de aunar los esfuerzos de muchos grupos de elaboración de propuestas y alternativas con el fin de ofrecer a la comunidad internacional un programa consensuado de políticas para otro tipo de globalización. Algo parecido, aunque distinto, a las propuestas programáticas contenidas en el Nuevo Orden Económico Internacional” y la “Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados” formuladas en el primer lustro de los setenta por el Movimiento de Países No Alineados, la primera red política antiimperialista nacidas después de la II Guerra Mundial. En mi libro Justicia global (Icaria) he presentado un conjunto de políticas alternativas realizadas por las principales redes internacionales de movimientos sociales.

c) Un ámbito de planificación y coordinación de campañas y movilizaciones de presión política de alcance mundial, aunque adaptadas a las especificidades de áreas continentales, regionales y nacionales.

d) Una red articulada de medios de comunicación dedicada a tareas de información interna y externa, creación de opinión pública mundial en todo tipo de ciudadanos, e incidencia en los grandes medios de comunicación de masas. Su objetivo final sería generar una nueva mentalidad y sensibilidad colectiva sobre la justicia global. Dada la importancia de los medios de comunicación en la creación de opinión pública, los periodistas son aliados fundamentales para los movimientos.

e) Un grupo internacional de evaluación y seguimiento de los objetivos propuestos, de los medios adoptados y de los tiempos establecidos para alcanzarlos.

f) Un Consejo Internacional estable y permanente, dedicado exclusivamente a la tarea de impulsar estos trabajos.

Estos son sólo algunos de los medios que convendría tener en cuenta, si se estimara que la sugerencia formulada merece ser tenida en consideración.

  

Fuente : Le Monde Diplomatique, diciembre de 2002.

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