El origen del hombre

Pruebas de que el hombre desciende de una forma inferior

Para afirmar que el hombre es el descendiente modificado de alguna forma preexistente, es menester averiguar antes si varía en sí mismo, por poco que sea, en su conformación corporal y facultades mentales, y, caso de ser así, si las variaciones se transmiten á su prole siguiendo las leyes que rigen para los animales inferiores, tales como la de la transmisión de los caracteres á la misma edad ó sexo. Por lo que podemos juzgar, dada nuestra ignorancia, ¿son dichas variaciones debidas á las mismas causas, ó dependen de idénticas leyes que los demás organismos, por ejemplo, las de correlación, efectos hereditarios del uso y de la falta de uso, etc? ¿Está sujeto el hombre á las mismas deformaciones, debidas á cesación de desarrollo, duplicación de partes, etc; y presenta en sus anomalías alguna reversión á un tipo de conformación anterior y antiguo? Natural también es preguntar, si, como tantos otros animales, el hombre ha dado lugar á variedades y razas tan distintas entre sí, que deben clasificarse como especies dudosas. ¿De qué modo estas razas están distribuidas sobre la tierra, y cómo influyen unas sobre otras, tanto en la primera como en las demás generaciones, cuando hay entre ellas cruzamientos?

La investigación debería después tratar de dilucidar la importante cuestión de si el hombre tiende á multiplicarse con bastante rapidez para que nazcan rigurosas luchas por la vida, cuyo resultado ha de ser la conservación en la especie de las variaciones ventajosas del cuerpo y del espíritu, y la consiguiente eliminación de las que son perjudiciales, Las razas ó especies humanas, llámeselas como se quiera, ¿se sobreponen mutuamente y se reemplazan unas á otras hasta el punto de llegar á extinguirse algunas? La respuesta á todas ó á la mayor parte de estas preguntas, veremos que, como para los animales inferiores, debe para la mayoría de esas especies ser evidentemente afirmativa. Haciendo, por ahora, caso omiso de las consideraciones que preceden, pasemos á ver hasta qué punto la conformación corporal del hombre presenta vestigios, más ó menos claros, de su descendencia de alguna forma inferior. En los dos capítulos siguientes examinaremos las facultades mentales del hombre, comparadas con las de los animales que le son inferiores en la escala zoológica.

 

Conformación corporal del hombre.

Sabido es de todos que el hombre está constituido sobre el mismo tipo general ó modelo que los demás mamíferos. Todos los huesos de su esqueleto son comparables á los huesos correspondientes de un mono, de un murciélago, ó de una foca. Lo mismo se puede afirmar de sus músculos, nervios, vasos sanguíneos y vísceras internas. El cerebro, el más importante de todos los órganos, sigue la misma ley, como lo han probado Huxley y otros anatomistas. Bischoff admite también que cada hendidura principal y cada repliegue del cerebro humano tiene su análogo en el del orangután; pero añade que los dos cerebros no concuerdan completamente en ningún período de su evolución; concordancia que, por otra parte, no puede esperarse, ya que de verificarse serían iguales las facultades mentales de ambos. Vulpian hace la observación siguiente: «Las diferencias reales que existen entre el encéfalo del hombre y el de los monos superiores, son excesivamente tenues. Sobre este particular no podemos hacernos ilusiones. Por los caracteres anatómicos de su cerebro, el hombre se aproxima más á los monos antropomorfos, que éstos no sólo á ciertos mamíferos, sino aun á ciertos cuadrumanos, como los macacos.» Pero aquí sería superfluo dar más detalles sobre la correspondencia entre el hombre y los mamíferos superiores, en lo tocante á la estructura del cerebro y de todas las demás partes del cuerpo.

Tal vez será útil especificar algunos puntos, que aunque ni directa ni aparentemente se relacionan con la conformación, atestiguan claramente esta correspondencia ó parentesco.

El hombre puede tomar de animales inferiores, ó comunicarles á su vez, enfermedades tales como la rabia, las viruelas, etc., hecho que prueba la gran similitud de sus tejidos, tanto en su composición como en su estructura elemental con mucha más evidencia que la comparación hecha con la ayuda del microscopio, ó del más minucioso análisis químico. Los monos están sujetos á muchas de nuestras enfermedades no contagiosas; Kengger, que ha observado durante mucho tiempo el Cebus Azarae en su país natal, le ha visto padecer catarros, con sus ordinarios síntomas, y terminando, cuando con demasiada frecuencia se repetían, por la tisis. Estos monos sufren también apoplegías, inflamaciones y cataratas. Los remedios producen en ellos los mismos efectos que en el hombre. Muchas especies de monos tienen un pronunciado gusto por el té, el café y las bebidas espirituosas; fuman también el tabaco con placer, como he tenido ocasión de observar yo mismo. Brehm asegura que los habitantes del África Norte oriental cazan los mandriles, poniendo en los lugares que frecuentan, vasos conteniendo una cerveza fuerte, con la que se embriagan. Ha observado algunos de estos animales cautivos, en estado de embriaguez, y da un relato curioso de las extrañas gesticulaciones á que se entregan. Al día siguiente parecen encontrarse sombríos y de mal humor, cogiéndose la cabeza entre las manos y presentando una expresión lastimera; se apartan con disgusto cuando se les ofrece cerveza ó vino, y sólo apetecen el jugo del limón. Estos hechos, poco importantes, prueban cuán semejantes son los nervios del gusto en el hombre y los monos, y cuán parecidamente puede ser afectado el sistema nervioso de ambos. Infestan el cuerpo del hombre parásitos internos, que á veces producen funestos efectos, y le atormentan parásitos externos; todos pertenecen á los mismos géneros ó familias que los que se encuentran en los demás mamíferos. Los mismos procedimientos curativos cicatrizan sus heridas.

En todos los mamíferos, la marcha en conjunto de la importante función de la reproducción, presenta las mayores similitudes, desde las primeras asiduidades del macho hasta el nacimiento y la cría de la prole. Los monos nacen en un estado tan débil como nuestros propios hijos. El hombre difiere de la mujer por su talla, su fuerza muscular, su vellosidad, etc., como también por su inteligencia, como sucede entre los dos sexos de muchos mamíferos. En una palabra, no es posible negar la estrecha correspondencia que existe entre el hombre y los animales superiores, principalmente los monos antropomorfos, tanto en la conformación general y la estructura elemental de los tejidos, como en la composición química y la constitución.

Fuente: Primeras páginas del Capítulo Primero del libro de Charles Darwin El origen del hombre, escrito en 1871.
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