Perseverar en el estilo de vida sencilla y lucha dura y mantener estrecha ligazón con las masas

Mao Tse Tung

I

Ahora nuestro Partido se prepara para abrir una campaña de rectificación. La rectificación es un método para resolver las contradicciones dentro del Partido a través de la crítica y autocrítica y es, asimismo, un método para resolver las contradicciones entre el Partido y el pueblo. La campaña que vamos a realizar se dirigirá contra tres lacras: el burocratismo, el sectarismo y el subjetivismo.

Por medio de la rectificación debemos poner en pleno juego la tradición de vida sencilla y lucha dura de nuestro Partido. Con el triunfo de la revolución, la voluntad revolucionaria de una parte de nuestros camaradas se ha aflojado, su ardor revolucionario se ha entibiado, ha decaído su disposición de servir al pueblo de todo corazón y ha flaqueado el espíritu de reto a la muerte mostrado durante la guerra contra el enemigo. En cambio, van en aumento cosas como la búsqueda de posiciones y fama, la excesiva preocupación por el comer y el vestir, la confrontación de la categoría salarial propia con la de otros y la disputa por honores y beneficios.

He oído decir que el año pasado, cuando se procedió a la recategorización, algunas personas no tuvieron inconveniente en armar un gran jaleo, llorando a moco tendido. El hombre tiene dos ojos, ¿verdad? En los ojos hay un agua que se llama lágrimas. Cuando esa gente vio que la recategorización no colmaba sus deseos, dos corrientes de lágrimas rodaron por sus mejillas. No les salió una sola lágrima en la guerra contra Chiang Kai-shek, ni en la Guerra de Resistencia a la Agresión Norteamericana y en Ayuda a Corea, ni en la reforma agraria, ni en el movimiento de represión a los contrarrevolucionarios, ni cuando emprendimos la construcción del socialismo. No obstante, una vez que vieron afectados sus intereses personales, se desataron en llanto.

Me he enterado de que alguien incluso se negó a comer durante tres días. Pienso que a uno no le pasa nada si deja de comer tres días, pero sería un poco peligroso si esto se dilatara por una semana. En fin de cuentas, se ha presentado una tendencia, la de procurar fama y posiciones y disputar por sueldos más altos, mejor comida, mejor ropa y mayores comodidades. Declararse en huelga de hambre y derramar lágrimas por intereses personales podría contarse como una contradicción en el seno del pueblo.

Hay una pieza de ópera titulada Lin Chung huye en la noche[1], en que se  canta: «Los varones no vierten lágrimas por naderías, y sólo lo hacen cuando la tristeza les traspasa el corazón.» Varones son también estos camaradas nuestros (quizá haya damas), que, sin haber nunca vertido lágrimas por naderías, sólo vinieron a hacerlo en el momento de la recategorización. ¿No es acaso necesario rectificar esta tendencia? Está bien que uno no vierta lágrimas por naderías. Pero, ¿cuándo es que la tristeza traspasa el corazón? Cuando la clase obrera y las amplias masas trabajadoras se hallan en una situación peligrosa, una situación de vida o muerte. Entonces sí se justifica derramar unas cuantas lágrimas.

Suponiendo que contigo se haya cometido una injusticia en la recategorización, debes tragarte esa injusticia y, en vez de dejar que las lágrimas salgan al exterior, retenerlas en su fuente. En el mundo hay muchas cosas que son injustas. Puede ser que a ti se te haya fijado incorrectamente la categoría salarial; pero, aun así, no hay razón para que armes alborotos, pues eso no traerá graves consecuencias. Basta con que tengas qué comer. Somos revolucionarios y, por tanto, lo único que necesitamos es tener lo suficiente para no morir de hambre. Mientras uno no muera de hambre, debe proseguir el trabajo revolucionario y la lucha esforzada. Luchar esforzadamente seguirá siendo imprescindible incluso al cabo de diez mil años. Un comunista debe luchar duro y servir al pueblo de todo corazón, y no con la mitad o dos tercios del corazón. Aquellos cuya voluntad revolucionaria haya decaído, deben rehacerse a través de la campaña de rectificación.

II

Debemos mantener aquel ímpetu, aquel ardor revolucionario y aquel espíritu de reto a la muerte que nos animaron en los años de las guerras revolucionarias, y llevar hasta el fin el trabajo revolucionario. ¿Qué significa el reto a la muerte? En la novela A la orilla del agua, hay un personaje que se llama Shi Siu, el Retador de la Muerte. Un espíritu como el suyo es el que tenemos en mientes. Fue con ese espíritu con el que hicimos la revolución en el pasado. Cada uno tiene una vida, que puede durar sesenta, setenta, ochenta o noventa años. Mientras tenga capacidad para trabajar, debe hacer todo el trabajo que le sea posible. Y en el trabajo, mantener el ardor revolucionario y el espíritu de reto a la muerte de que hemos hablado. Algunos camaradas han perdido ese ardor y ese espíritu y se hallan estancados. Eso no es bueno; hay que impartirles educación.

Todo el Partido debe fortalecer el trabajo político e ideológico. Muchos de los camaradas presentes en la reunión de hoy son del Ejército. ¿Cómo andan las cosas en el Ejército? ¿Se diferencia en algo el trabajo político en tiempos de paz del trabajo político en tiempos de guerra? En los tiempos de guerra, era preciso mantener una estrecha ligazón con las masas, era necesario que los oficiales se fundieran con los soldados y el ejército con el pueblo. Por ese entonces, el pueblo se mostraba comprensivo ante tal o cual defecto nuestro. Ahora, cuando nos encontramos en tiempos de paz, cuando no hay batallas y nos dedicamos al entrenamiento, será difícil, lógicamente, que las masas perdonen nuestros defectos si no persistimos en mantener una estrecha ligazón con ellas.

Aunque ahora rigen en el Ejército el sistema de grados militares[2] y algunos otros sistemas, los oficiales de rango superior deben seguir fundiéndose con los de rango inferior y los oficiales con los soldados. Al igual que antes, se debe permitir que los de rango inferior critiquen a sus superiores y los soldados, a los oficiales. Hacerlo, por ejemplo, celebrando conferencias de representantes del Partido para brindar a los camaradas esa oportunidad.

En el curso de la campaña contra los «tres males», el camarada Chen Yi dijo, con toda razón: «Si estuvo bien que dictáramos órdenes durante tantos años, ¿será justo o no dejar ahora que los subordinados nos critiquen por un tiempo, digamos por una semana?» Con estas palabras él quería decir que era justo. Yo comparto su idea, es decir, estoy de acuerdo con que los subordinados nos critiquen durante esa semana. Antes de que comience la crítica masiva, hay que hacer ciertos preparativos y dar un informe en que se examine los defectos propios, que seguramente no pasarán de uno, dos, tres o cuatro. Luego, que hablen los camaradas para señalar algunos más y hacer críticas. Las masas son justas y no olvidarán nuestra trayectoria.

Los jefes de compañía y de pelotón también deben ofrecer a los soldados la oportunidad de criticarlos, celebrando reuniones con ese propósito, preferentemente una vez al año y cada vez durante varios días. Esta forma de democracia ya la practicamos antes en el ejército, y resultó provechosa. No debemos permitir que el sistema de grados militares y algunos otros sistemas perjudiquen la estrecha ligazón entre superiores y subordinados, oficiales y soldados, ejército y pueblo, así como entre las tropas y las autoridades civiles locales. No cabe ninguna duda de que las relaciones entre superiores y subordinados deben ser estrechas y de camaradería. Los oficiales deben estrechar sus relaciones con los soldados y hacerse uno con ellos. Asimismo, deben ser estrechos los vínculos del ejército con el pueblo y con los organismos locales del Partido y el gobierno.

Nuestros camaradas deben tener presente que no es bueno vivir a costa de su calidad de funcionarios, de su jerarquía oficial, de la antigüedad de sus hojas de servicios. En cuanto a la antigüedad, los largos años que hemos dedicado a la revolución son, ciertamente, algo que inspira confianza, pero no está bien que vivamos a costa de ella. Tú tienes, es verdad, una hoja de servicios de varios decenios. No obstante, el pueblo no te perdonará si alguna vez haces tonterías o profieres absurdos. Por muchos que sean los servicios que prestaste y muy alta tu posición, el pueblo no te perdonará si en el presente perjudicas sus intereses al no trabajar bien o tratar desacertadamente los problemas.

Por eso, nuestros camaradas no deben vivir a expensas de la antigüedad de sus hojas de servicios, sino, más bien, preocuparse de resolver correctamente los problemas. En lo que uno debe sustentarse es en la solución correcta de los problemas y no en la antigüedad. Siendo imposible vivir a costa de la antigüedad, es mejor que te desprendas lisa y llanamente de ella, como si nunca hubieras sido funcionario; en otras palabras, que dejes de darte aires de señor, de burócrata, que te guardes todos esos aires y vayas a verte con el pueblo y con tus subordinados. Este punto merece la atención de nuestros cuadros y, en especial, de los veteranos. Los cuadros nuevos generalmente no cargan con tales lastres y por eso se comportan con más libertad. Es preciso que los cuadros veteranos traten en pie de igualdad a los nuevos cuadros. En muchos aspectos, los primeros no pueden equipararse con los últimos, razón por la cual deben aprender de ellos.

 

Notas
[1] Escena de Historia de una espada, pieza de la ópera kunqu, compuesta en tiempos de la dinastía Ming.
[2] El sistema de grados militares fue instituido en septiembre de 1955 y suprimido en mayo de 1965.

* La primera parte de este trabajo es un fragmento del discurso pronunciado por Mao Tsetung el 18 de marzo de 1957 en una reunión de cuadros del Partido en Chinán; la segunda parte, un fragmento de otro discurso, que pronunció el 19 de marzo de 1957 en una reunión de cuadros del Partido en Nankín.

Fuente: Obras Escogidas de Mao Tse-tung.

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