Dime cómo escribes y te diré lo que escribes

César Vallejo

La técnica no se presta mucho, como a la simple vista podría creerse, a falsificaciones ni a simulaciones. La técnica, en política como en arte, denuncia mejor que todos los programas y manifiestos la verdadera sensibilidad de un hombre. No hay documento más fehaciente ni dato más auténtico de nuestra sensibilidad, como nuestra propia técnica. El cisma original de la social-democracia rusa en bolcheviques y mencheviques se produjo nada menos que por una discrepancia de técnica revolucionaria. “Si no discrepamos sino en la técnica”, le argumentaban los mencheviques a Lenin, en 1903, y este les respondía: “Sí. Pero, justamente, la técnica es todo”.

Hay artistas que se inscriben como superrealistas y quisieran practicar la estética de Breton, pero su escultura, su dibujo o su literatura denuncia, por su clase de técnica -complejo concurso de profundos factores personales y sociales- una sensibilidad, pongamos por caso, impresionista o cubista o simplemete “pompier”.

Creen muchos que la técnica es un refugio para el truco o para la simulación de una personalidad. A mí me parece que, al contrario, ella pone siempre al desnudo lo que, en realidad, somos y adónde vamos, aun contradiciéndose los propósitos postizos y las externa y advenedizas cerebraciones con que quisiéramos vestirnos y aparecer.

 

Fuente: Blog Interiores de Zen, del libro de César Vallejo El arte y la revolución

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