Debates necesarios para cambiar el mundo de base. Sobre el nuevo Instituto Sobiranies.

cambiar el mundo de base

La crisis de 2008 generó más pobreza, precariedad y exclusión de la que ya existía. Supuso también una mayor desigualdad y el aumento de riqueza. Somos una sociedad que se ha empobrecido y enriquecido a la vez. Somos capaces de generar mucha riqueza y pobreza, de acabar con la vida en el planeta o de avanzar hacia su sostenibilidad ¿Cómo se resolverán las crisis que ahora vivimos en tiempos de pandemia? Dependerá de las decisiones que tomemos, de la política que se haga. Sabemos ya qué se hizo en las crisis anteriores, qué funcionó y qué no. Es tiempo, y vamos tarde, de actuar ante los grandes desafíos actuales. La pandemia agudiza las crisis existentes. La crisis ecológica, civilizatoria, ya nos reclamaba antes enfrentarla decididamente.

La próxima primavera hará diez años de una de las movilizaciones sociales que ha marcado la historia reciente de este país. El 15M, emergido en las manifestaciones que tuvieron lugar en diferentes ciudades españolas, desembocó en acampadas en espacios públicos y multitud de actividades, reivindicaciones, nuevos proyectos… La indignación, el malestar, acumulado, no solo por la crisis económica iniciada en 2008, se estaba manifestando. La exigencia de una democracia real, de no ser mercancía en manos de banqueros, empresarios o políticos, se hacía escuchar y generaba amplios apoyos. Se buscaba hacer política de otra manera, rompiendo con una representatividad que no representaba, poniendo en el centro de las prioridades todo aquello que tiene que ver con las condiciones materiales de vida de las personas y con la vida del planeta.

De ahí surgieron muchas cosas. En 2015 proyectos políticos nacidos de esa energía llegaron a gobernar diferentes ciudades, hoy algunos continúan haciéndolo. También han llegado al gobierno estatal. Antes, en 2012, un proyecto político también alimentado de ese malestar y esa voluntad de transformar de base nuestras sociedades había llegado al Parlament de Catalunya, la CUP. Gentes que venían de la movilización social llegaban a la política institucional. Desde ese 2012 hasta hoy hemos vivido un continuo de procesos electorales que si bien al principio pudieron ayudar a estos nuevos proyectos a llegar a las instituciones después lo que seguramente han provocado son grandes rompecabezas para las organizaciones en construcción.

Las limitaciones de la movilización social llevaron a muchas personas que de ahí provenían a querer entrar en las instituciones para poder hacer las transformaciones por las que llevaban años luchando. Una vez dentro constataron también las limitaciones de las instituciones. Se podía hacer, pero una cosa es gobernar y otra tener el poder. Estos nuevos proyectos políticos también sufrieron sus propias limitaciones. Había que hacer de la necesidad virtud, pero la necesidad siempre hace sufrir. ¿Cómo gobernar o apoyar gobiernos para construir democracia real y a la vez crear organizaciones con democracia real y mantener movimientos sociales con el potencial democratizador que habían mostrado entre 2009 y 2014?

La vorágine movimentista y político-institucional de la última década en Catalunya está teniendo enormes consecuencias. ¿Habrá existido algún otro momento histórico en Catalunya con más personas que se declaran a favor del ecologismo, el feminismo, el derecho a la vivienda, la renta básica, el derecho de autodeterminación, la desobediencia civil…? No ha existido. Esta década ha generado grandes cambios. Pero por mucho que una década de importantes movilizaciones haya conseguido llevar diferentes reivindicaciones desde los márgenes a las instituciones, eso no significa que se hayan logrado o se esté cerca de conseguirlas. Podemos estar en una nueva fase en la que se han asumido propuestas que hace poco tiempo no parecía posible que fueran citadas desde un gobierno. En esta nueva fase no debe ser suficiente una hegemonía discursiva, habrá que ver cómo se pasa a una hegemonía efectiva que nos permita actuar poniendo en el centro la vida de las personas y el planeta. No se hizo en la crisis de 2008 y no debería volver a ocurrir ahora cuando la situación todavía es de una mayor gravedad.

Josep Fontana, historiador cercano a estas movilizaciones y a tantas otras anteriores, cuando Barcelona en Comú en 2014 anunciaba su voluntad de presentarse a las elecciones municipales, recordaba que el electoral no es el territorio de estas causas y movilizaciones. Ese territorio lo dominan otros poderes y lo quieren solo para ellos. En estos años hemos visto muchas de las dificultades (externas e internas) que estas causas y proyectos han tenido que sufrir.

Las limitaciones de la movilización social y las limitaciones de la política institucional no implican su abandono, todo lo contrario. La constatación de estas limitaciones debe ser el ánimo para recorrer caminos tal vez no transitados en esta última década. Una de estas limitaciones constatadas es la falta de debates y este es el objetivo y la causa del nacimiento del Institut Sobiranies. La vorágine de esta década ha afectado también negativamente a espacios políticos para los que el debate es esencial; seguramente han vivido en diferentes ocasiones el triunfo de lo urgente por encima de lo importante.

Nuestra sociedad no parece saber debatir, tampoco parece querer hacerlo. Cuesta encontrar algún debate que no sea en la práctica un ejercicio de imposición. Se busca ganar por encima del diálogo. Vivimos tiempos en lo que se intenta, incluso, acabar con la verdad de los hechos. Lo importante es el relato, que las propuestas propias sean las aceptadas y si para ello hay que ir contra la verdad, se va. No hay inconveniente en negar los hechos, forzarlos. Hay momentos en los que más importante que la propia posición que una persona, o un proyecto, pueda tener es necesario defender las condiciones para hacer posible el debate honesto.

Las dos caras más visibles del proyecto hasta ahora son las de Xavier Domènech y Quim Arrufat, pero muchas otras personas están implicadas. Domènech llegó con Barcelona en Comú al Ayuntamiento de Barcelona para gobernarlo en 2015. Después estuvo en el Congreso de los Diputados y en el Parlament de Catalunya. Acabó saliendo del proyecto. Arrufat llegó con la CUP al Parlament de Catalunya en 2012, ha estado implicado en los órganos del proyecto político hasta su reciente salida. No todas las personas implicadas tienen las mismas trayectorias, pero sí podemos ver ciertos territorios compartidos. No todas son de la misma generación y conviene señalar la incorporación de jóvenes que no podían estar movilizándose cuando emergían estos malestares en 2010, 2011, 2012…, pero que han crecido con ellos.

Un espacio como Sobiranies puede contribuir a generar debates (críticos, autocríticos, públicos, privados…), a la divulgación, a la formación. Proyecto que nace con humildad, pero también con determinación. Veremos cómo se desarrolla. Toda persona que esté interesada ya puede consultar su primera publicación dedicada al mundo afectado por las crisis asociadas a la pandemia, los tres debates que ya empiezan y los dos cursos a desarrollar entre finales de junio y julio. Aquí su espacio web https://sobiranies.cat/es/.

Las propuestas de Sobiranies surgen de lugares concretos, de abajo a la izquierda, desde el catalanismo. Pero no salen de un partido concreto, y sería muy deseable que uno de sus objetivos también fuera el trabajar contra otro de nuestros males: el partidismo. En una sociedad donde vivimos enfrentamientos y divisiones que se han agudizado en los últimos años, también sería deseable que fuera capaz de generar un espacio que permitiera que gentes diferentes en sus orígenes, ideas y propuestas, incluso contrapuestas, puedan encontrarse. Necesitamos el trabajo conjunto de gente que puede pensar de manera diferente, pero que también es capaz de acordar los desencuentros que nos permitan construir los proyectos compartidos.

 

Publicado originalmente en Sin Permiso.

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