Carta de Villa a Zapata

Hacienda San Gerónimo, Chihuahua, Enero 8 de 1916.

Sr. Gral. D. Emilíano Zapata,

Su campamento.

Donde se encuentre.

 

Muy estimado compañero y fino amigo:

Supongo que ha de estar bien informado acerca de la situación general de nuestro país; pero si por cualquier circunstancia no estuviese al corriente de los acontecimientos que últimamente se han desarrollado en la parte norte de la República, me voy a permitir hacérselos saber a continuación.

Como anuncié a Ud. en varias cartas que tuve el gusto de dirigirle de Aguascalientes, Torreón y otros puntos, el nuevo plan de campaña que en aquella época decidimos desarrollar los Generales del Ejército del Norte, consistía en reconcentrar todas las fuerzas de mi mando al Estado de Chihuahua para invadir inmediatamente el de Sonora, terminar allí la campaña que en contra del enemigo tenían iniciadas las fuerzas convencionistas que operan en dicha entidad y llevármelas juntamente con mi columna por Sinaloa, Tepic, Jalisco y Michoacán, hasta tener el placer de llegar a donde Ud. se encontrara.

Naturalmente que este movimiento me ofrecía facilidades y (ilegible) en virtud de encontrarse en (ilegible) principal núcleo de carrancistas al mando de Obregón, entre San Luis Potosí, Zacatecas, Saltillo y Monterrey, en donde había logrado dejarlos embotellados por medio de intrépidos y atrevidos movimientos de mis tropas que destruyeron las vías de comunicación, impidiendo al enemigo todo movimiento rápido de avance de retroceso.

Desgraciadamente mis proyectos se vieron frustrados, porque el enemigo contó con el apoyo indebido y descarado del gobierno Americano. Excuso decir a Ud. las innumerables fatigas y penalidades que sufrieron mis fuerzas en una jornada de 25 días a través de la árida y abrupta Sierra Madre, transportando 42 cañones de grueso calibre por lugares donde no hay caminos carreteros y hasta se dificulta el paso de los jinetes; pero todas estas vicisitudes fueron vencidas por mis tropas con el estoicismo propio del soldado que lucha por sus convicciones, y encontrándonos a inmediaciones de Agua Prieta y en vísperas de atacarla, llegó el enemigo por territorio americano y en trenes, un refuerzo de cinco mil carrancistas que el Gobierno de los Estados Unidos permitió pasar.

¿Puede registrarse mayor acto de ofensa para el pueblo mexicano y ataque a su Soberanía Nacional?

Por un rasgo excesivo de delicadeza y dignidad por parte mía y deseando evitar un conflicto armado con los Estados Unidos, impedí a mis fuerzas se lanzaran desde luego sobre territorio americano como querían hacerlo con toda justificación, para castigar a los que impunemente se burlaban de nuestros sacrificios, sin más derecho que el de la fuerza.

A medida que continué mi avance hacia las plazas situadas a lo largo de la frontera en el Estado de Sonora, los carrancistas se movilizaban en trenes, por territorio americano, con objeto de atacarme y ocuparlas antes que yo. En Nogales, con un cinismo y descaro que avergüenza y hace estallar en cólera el decoro y dignidad de mi raza, los soldados americanos, al acercarse los carrancistas y aprovechándose de la confusión que reinaba en esos momentos, hicieron fuego sobre nuestras tropas.

Encontrándome ya frente a Hermosillo, supe que el enemigo, contando con la ayuda de los americanos, pensaba movilizarse en trenes, por los Estados Unidos, para tomar Ciudad Juárez. Como al lograrlo me privaba de mi base de aprovisionamiento y me perjudicaba con ello grandemente, traté de impedirlo dirigiéndome violentamente al Estado de Chihuahua a través de la Sierra Madre. Por muchos motivos no pude llegar a tiempo, y mis presentimientos desgraciadamente se habían realizado, encontrándome Ciudad Juárez en poder del enemigo.

Aunque contaba con fuerzas aguerridas y en buen número para emprender una enérgica batida en contra del enemigo y arrojarle fuera del Estado que ha sabido ser heroico cuantas y cada vez que le reclama el bienestar del país, quise tratar éste asunto en junta de Generales y Jefes del Ejército que es a mi mando, quedamos convencidos plenamente de que el enemigo común para México es actualmente los Estados Unidos y de que la Integridad e Independencia de nuestro país está a punto de perderse si antes todos los mexicanos honrados no nos unimos y con las armas en la mano impedimos que la venta de la Patria sea un hecho, porque ya ha de conocer Ud. los tratados que Carranza celebró con el Gobierno de Washington.

En ellos se compromete a ceder a los Estados Unidos la bahía Magdalena por el término de 99 años, así como los ferrocarriles del Istmo de Tehuantepec y Nacionales y las concesiones solicitadas en la zona petrolífera. Además, los Ministros de Hacienda, Gobernación y Relaciones Exteriores del Gobierno mexicano, deben ser nombrados a gusto de la Casa Blanca. En cambio se le hará un préstamo a Carranza de quinientos millones de dólares, que cubrirá con los impuestos que se recauden en las aduanas terrestres y marítimas y con las fuentes de ingresos públicos, para la cual deberán ser nombrados interventores por el Gobierno de Washington.

Por lo anterior verá Ud. que la venta de la Patria es un hecho, y en tales circunstancias y por las razones expuestas anteriormente, decidimos no quemar un cartucho más con los mexicanos nuestros hermanos y prepararnos y organizarnos debidamente para atacar a los americanos en sus propias madrigueras y hacerles saber que México es tierra de libres y tumba de tronos, coronas y traidores.

Con objeto de poner al pueblo al tanto de la situación y para organizar y reclutar el mayor número posible de gente con el fin indicado, he dividido mi Ejército en guerrillas y cada Jefe recorrerá las distintas regiones del país que estime convenientes, mientras se cumple el término de seis meses, que es el señalado para reunirnos todos en el Estado de Chihuahua con la fuerzas que se haya logrado reclutar y hacer el movimiento que habrá de acarrear la unión de todos los mexicanos.

Como Ud. es mexicano honrado y patriota, ejemplo y orgullo de nuestro suelo, y corre por sus venas sangre india como la nuestra, estoy seguro que jamás permitirá que nuestro suelo sea vendido y también se aprestará a la defensa de la Patria.

Como el movimiento que nosotros tenemos que hacer a los Estados Unidos, solo se puede llevar a cabo por el Norte, en vista de no tener barcos, le suplico que me diga si está de acuerdo en venirse para acá con todas sus tropas y en qué fecha, para tener el gusto de ir personalmente a encontrarlo y juntos emprender la obra de reconstrucción y engrandecimiento de México, desafiando y castigando a nuestro eterno enemigo, al que siempre ha de estar fomentando los odios y provocando dificultades y rencillas entre nuestra raza.

El Sr. Gral. D. Eduardo Ocaranza, persona de mi aprecio y estimación, es el comisionado para hacer llegar esta carta a sus manos y por el mismo conducto ruégole contestarme.

Deseando tener el placer de darle pronto un estrecho abrazo, me repito de Ud. Afmo. Compañero, atto. amigo y S. S.

Francisco Villa

Nota de edición: Esta carta de Francisco Villa a Emiliano Zapata nunca fue recibida por este. La llevaba un combatiente de las fuerzas de Pancho Villa en la incursión a Columbus, Nuevo México, junto con varios documentos suscritos por el Gral. Villa. Los soldados norteamericanos se apoderaron de los documentos y estos permanecieron archivados y perdidos en Washington durante cincuenta y nueve años, a pesar de los esfuerzos de varios historiadores por rescatarlos. Los documentos fueron encontrados en 1975. La carta de Pancho Villa fue publicada por primera vez en los Estados Unidos en ese mismo año. El estudio, análisis y divulgación de los documentos encontrados se debe al esfuerzo de tres historiadores norteamericanos, E. Bruce White, Charles Harris III, y Louis R. Sadler, y al eminente historiador y antropólogo austriaco, estudioso de la Revolución Mexicana, Friedrich Katz (1927-2010), autor de la magnífica biografía Pancho Villa (1998).
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