Triunfo del peronismo y progreso de América Latina

Jorge Ceriani y Carlos R. Rosetti

 

Una avalancha de votos populares en la elección de las primarias ha derrotado de modo contundente, con 20 puntos de diferencia, al gobierno de Macri. Aun tratándose de una consulta prevista para decidir candidatos alternativos dentro de cada una de las listas, el pueblo peronista y de izquierda ha participado masivamente, con toda su rabia y protesta acumuladas, contra un gobierno de empresarios y oligarcas entregado completamente al imperialismo. Ha sido una reacción masiva en apoyo a la fórmula Frente de Todos1 de Alberto y Cristina Fernández.

Formalmente este proceso no era necesario, ya que todas las listas habían elegido sus respectivas fórmulas, en cambio se han convertido en una anticipación del panorama político que surgirá de las elecciones de octubre: una derrota completa del gobierno vigente y una diferencia inalcanzable en una eventual segunda vuelta. La pareja peronista se acerca al 49% y Macri se queda en el 32%, perdiendo además en la provincia de Buenos Aires que pasaría a manos de Axel Kiciloff, ex ministro de economía de Cristina Kirchner y representante de la izquierda peronista, venciendo con cerca de 52,5% contra 34,5% de la actual gobernadora macrista, Vidal. Vencer en la provincia de Buenos Aires, que comporta 39% de la población del país, tiene una importancia decisiva. Además, Frente de Todos venció en 22 provincias, con excepción de Córdoba.

Este triunfo es producto del movimiento obrero, de la pequeña burguesía pobre, con los jóvenes y las mujeres en primera fila. En los cordones industriales de las principales provincias como Buenos Aires (Matanza, Avellaneda, Lanús), Córdoba o Santa Fe (Rosario, Villa Constitución, San Nicolás) se registran porcentajes del 70-80%. Ese es el cuadro social y político que representa este resultado en todo el país, que ha aislado a la derecha, también a la derecha peronista que participó por su cuenta y con poco éxito.

“Cambiemos-Pro”, la formación de Macri2, ha pagado caro el balance desastroso de sus cinco años de gobierno. Alrededor de cinco millones de pobres de los cuales muchos de ellos tuvieron que abandonar sus hogares por no poder pagar el precio de los alquileres, créditos hipotecarios o servicios “dolarizados”, decenas de miles de despedidos de un sistema productivo exhausto y un estado ausente, con la pérdida de centenares de pequeñas y medianas empresas industriales y agrarias. Los únicos beneficiados en medio de este desastre es la oligarquía exportadora, las multinacionales y los bancos que se han repartido todo el caudal de dinero distribuido a raudales por el FMI (60 mil millones de dólares de “ayuda”). El gobierno aseguró ganancias inmensas a corporaciones y a grandes propietarios de tierras, con lo que ha quedado fuertemente comprometido el futuro de las condiciones de vida de millones de argentinos y las reservas del Banco Central.

El “Frente de Todos” tiene como columna vertebral a la Unión Ciudadana de Cristina Kirchner, a la que se sumaron otros grupos y dirigentes peronistas más moderados, como Sergio Massa (Frente Renovador), que abarca sectores de las pequeñas y medianas empresas, llamadas PYMES. No se ha tratado de un acercamiento de líderes sino que esos no tenían otra alternativa frente a la creciente presión de las masas por transformar este pasaje electoral en una derrota sin atenuantes del gobierno neoliberal. La cohesión del pueblo argentino fue construida en la lucha de todos estos años, fue resultado de centenares de huelgas parciales y generales de trabajadores de todas las categorías, del fuerte movimiento de defensa de los derechos humanos con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que han resistido duramente a los intentos de cerrar el capítulo de la dictadura pasada con descuentos a los responsables; también han contribuido las mujeres del movimiento Ni Una Menos y las jóvenes de los pañuelos verdes de gran prestigio nacional e internacional en su lucha de liberación del dominio y el maltrato machista exacerbado en los últimos años, y por el aborto legal, seguro y gratuito. Toda esta riqueza social entró con fuerza dentro de las urnas de estas primarias, toda la rabia y la protesta por la liberación de la dirigente social Milagro Sala, presa apenas iniciado el gobierno Macri, y que pretende justicia y verdad de todos los crímenes cometidos, como el de Santiago Maldonado y Nahuel.

 

LA DERECHA NO ABANDONARÁ SIN RESISTENCIA SUS POSICIONES DE PODER

Las primeras reacciones de Macri y los suyos fueron furibundas. Culpan de la crisis al gobierno anterior y al que vendrá y atacan al electorado por su derrota y al kirchnerismo, sin asumir que ellos son los responsables del derrumbe del país en los casi cuatro años de Cambiemos-PRO. La devaluación del peso (el dólar subió un 30 %), el aumento de la prima de riesgo a 1.800 puntos, la caída de las acciones de Argentina en Wall Street, que se desplomaron un 57 %, y el hecho de que el Banco Central tenga que vender parte de sus reservas en dólares no es simplemente consecuencia de la respuesta que dan los mercados al riesgo que representa la victoria de Frente de Todos. Martín Redrado, ex director del Banco Central y crítico del gobierno anterior, denunció que fue Macri quien dio la orden al Banco Central de no intervenir el lunes, después de las elecciones, para que el dólar subiera y de ese modo castigar a los votantes. Se ha iniciado una apelación judicial contra Macri por el caos económico que se ha producido en el país.

A los ojos de la población quedó más claro todavía, después de las elecciones, que son las políticas neoliberales de Macri las que han llevado a la economía argentina al desastre y al agotamiento del mercado interno. Hay una perspectiva de inflación del 30 % y no hay aprovisionamiento de algunos productos. Los despidos y cierres de empresa se multiplican y, por ejemplo, Honda dejará de producir en Argentina. Las consecuencias de la brutal desvalorización del peso argentino, frente a una economía donde los alimentos, los insumos industriales, los combustibles y energía son dolarizados, y los salarios están basados en pesos que no acompañan la inflación, llevó a una parálisis total de la economía.

La pobreza aumentó, en el país, del 27 al 32 %, y el dólar que, cuando subió el gobierno de Cambiemos estaba en 9,50 pesos, ha llegado a 60 pesos. El sueldo mínimo, que fue de 525 dólares, el más alto de América Latina en 2015, ahora no llega a 215 dólares. Macri no tiene otra que proponer medidas electorales hasta octubre: congelamiento de tarifas de energía y extinción del IVA de alimentos, sin resolver problemas de fondo a ese sector productivo que es el consumo, creando reacción de gobernadores, y sin poder engañar, ni evitar que los supermercados estén vacíos y la gente con más hambre. El director actual del Banco Central acaba de confirmar que la inflación es incontenible en agosto y septiembre. Los dos discursos de Macri, el del chantaje (de lunes) y el de disculpas (de miércoles) son las dos caras de una misma moneda, la de una burguesía y una oligarquía argentinas sin personalidad y perspectivas y sometidas totalmente a la política de Trump y al Fondo Monetario Internacional.

Las medidas de alivio que propone el gobierno: bonos para los empleados públicos, aumento del salario mínimo, rebaja de los impuestos y congelación, por tres meses, del precio de la gasolina, llegan tarde y con un presupuesto totalmente desequilibrado, que ya ha tenido respuesta por parte de las empresas petroleras, los sindicatos y los trabajadores de la explotación Vaca Muerta. Los sindicatos, la CGT, las CTAs están reuniéndose y debatiendo cómo enfrentar esta crisis inflacionaria para que la población sobreviva hasta octubre/diciembre, frente a la irresponsabilidad y provocación del gobierno que puede llevar a una reacción explosiva y violenta como pasó en 2001 con De La Rúa.

En síntesis, como no podrán ser satisfechas las aspiraciones de reelección del actual mandatario, de alguna manera tienen que resolver y superar este obstáculo inesperado que son las urnas, ya que de ellas no podrá salir nada positivo para Cambiemos.

En el campo internacional, el FMI, los gobiernos de Estados Unidos y de los principales países de Occidente e Israel saben bien que un nuevo gobierno peronista hará saltar por los aires el plan de recuperación del control del “patio trasero” de Estados Unidos. Plan imperialista que tiene su atención concentrada en la agresión permanente y las sanciones a Venezuela y Cuba, así como la colaboración cómplice con el gobierno colombiano.

Una victoria y un gobierno peronista en primavera abrirán, sin duda, una nueva perspectiva de integración latinoamericana, de reactivación de UNASUR, del BRICs, del Mercosur, favorecida hoy con la adhesión del México de López Obrador y de Bolivia, donde la reelección de Evo Morales parece segura. El gobierno de Bolsonaro vive en una inestabilidad permanente. La publicación de las comunicaciones entre el juez Moro, quien condenó a la cárcel a Lula, y la cúpula de la multinacional en las que tramaban cómo impedir la candidatura del líder del PT, vierte el mayor descrédito sobre el ejecutivo brasileño. Los gritos fascistas de Bolsonaro contra la posible victoria de Alberto y Cristina son una muestra de debilidad de los sectores proimperialistas que sienten que el triunfo del peronismo abre una nueva etapa que va a impulsar las luchas del pueblo brasileño.

La izquierda, los comunistas y los revolucionarios latinoamericanos sienten ya los efectos de este resultado en Argentina, ven que de ahí surgen nuevos estímulos para avanzar. La derrota electoral de Macri ha recogido el beneplácito y el entusiasmo de Maduro a Lula, de Evo a Correa, de Zelaya a Ortega y el Frente Amplio. ¡Retomar el proceso de transformaciones es posible! Será una bocanada de oxígeno para la revolución bolivariana, precipitará la crisis del gobierno brasileño y el aislamiento de la derecha ecuatoriana con los retornos de Lula, Correa y Zelaya.

La banda de Trump no aceptará con agrado tal situación y prepara una campaña de criminalización del nuevo gobierno de Alberto Fernández. Ya habían dado una señal, en plena campaña electoral, con un juez americano de provincia que convocaba a juicio al pasado gobierno Kirchner denunciando irregularidades cometidas durante la expropiación y renacionalización de YPF y pidiendo indemnizaciones millonarias a favor de Repsol. Desde hace dos años la prensa mundial destaca que la economía argentina tambalea y que el FMI ha tenido que intervenir en varias oportunidades en su socorro; ahora, que la situación se precipita, las culpas vienen atribuidas al futuro gobierno peronista.

Diversos componentes del Frente de Todos, sus principales dirigentes, llaman a la tranquilidad y a mantener la vigilancia y el control popular para blindar el camino a recorrer de aquí a octubre. Alberto Fernández tranquiliza a los mercados, declarando que respetará los compromisos internacionales.

Extraña situación la creada después del resultado de las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obigatorias), que señala una supremacía que aunque no haya producido posiciones de poder ha generado un entusiasmo popular, unas ganas inmensas de recuperación y de protagonismo, muy contagiosas y muy por encima de los planes que trazan sus propias direcciones. El termómetro del golpe de las elecciones primarias al gobierno y la oligarquía financiera es la reacción de los grandes medios de comunicación que en coro con la prensa internacional, admitieron en primera página la gran derrota de Macri. Los mismos que combatieron y persiguieron los medios independientes, cómplices de la farsa judicial-mediática contra Cristina Kirchner, saltan interesadamente del barco que se hunde. Las masas argentinas no se han paralizado durante el gobierno de Macri, han mantenido un incesante nivel de lucha y un nivel de vida político muy alto. Durante todo este tiempo han seguido los acontecimientos del mundo y han rechazado la idea de “el agotamiento y la derrota del período del progresismo latinoamericano”. Con el voto masivo, coordinado y compacto del domingo, el pueblo peronista y la izquierda argentina han hecho saltar los planes imperialistas.

La izquierda peronista, los comunistas, socialistas, los nacionalistas antimperialistas, deben disponerse a recoger toda la potencia que libera este progreso de Argentina. Hay que intervenir en este proceso reactivando el debate programático que será útil para hacer un balance de toda la última etapa y recuperar las experiencias más elevadas del movimiento obrero peronista. Entre ellas los programas de Huerta Grande y La Falda que tienen como eje la recuperación de las riquezas y el patrimonio nacional para ponerlo al servicio de los trabajadores y de los sectores explotados.

 

Notas
1. Frente de todos: Formado por el Partido Justicialista, el Kirchnerismo liderado por Cristina Fernández, el Frente Renovador de Sergio Massa (peronista moderado), el Movimiento Nacional Alfonsinista (Radical), Nuevo Encuentro, de origen comunista, etc. Es apoyado por la Central General de Trabajadores y las CTAs (Central de trabajadores argentinos) minoritarias.
2. Cambiemos-Pro: Integrado por Propuesta Republicana, partido del presidente Macri, y Unión Cívica Radical.
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