La Odisea de Podemos

la odisea de Podemos

Cuando me disponía a iniciar este libro, un mes antes de los primeros rumores sobre el coronavirus chino, las noticias que nos llegaban de casi todas las partes del Mundo no podían ser más alarmantes. Guerras locales, tensiones sociales en áreas de largos conflictos, enfrentamientos diplomáticos que no auguran relaciones pacíficas, incertidumbres sobre el futuro político de múltiples países, crisis económicas, hambrunas, tráfico de armas, drogas y personas, emigraciones masivas con abundantes víctimas, millones de niños sometidos a las más duras pruebas y traumas inolvidables. Al existir una coherencia, ya comprobada desde la Antigüedad, entre los fenómenos físicos y los avatares humanos, se multiplican, de forma espaciada pero intermitente, los terremotos, las inundaciones, los tornados y tifones, que asolan regiones enteras, destruyen miles de hogares y acaban con multitud de vidas humanas. El llamado cambio climático”, tan evidente, parece avisarnos, a través de las catástrofes naturales, de lo que nos aguarda si no reaccionamos con la mayor urgencia. ¿Estamos ante el fin del Mundo? ¿Veremos acabar en poco tiempo este nuevo siglo y milenio recién estrenado? Ese terror ya se dio en épocas pasadas y hoy nos parece ridículo por infundado, pero el de ahora no admite desdén alguno, pues las estadísticas cantan el peligro mientras los especialistas en ciencias humanas y sociales se preguntan con incertidumbre cómo resolver tantos problemas vitales de la Humanidad actual. Para mayor inri, sabemos ya que están terriblemente involucrados entre si y parece que ninguno tenga solución si antes no se solucionan todos los demás.

¿Por dónde empezar? ¿Cómo podremos evitar un daño mundial y personal inevitable? Este libro parte de un dato enormemente positivo. Los seres humanos llevan siglos sufriendo de los mismos males que hoy padecemos. Con mayor o menor acierto, tras continuos fracasos cuando parecía que triunfaban, han combatido por un mundo mejor que el que sufrían, pues tenían fe en que “otro mundo es posible” y que “sí se puede” lograr, o al menos, intentar.

El motivo profundo de escribir este libro es situar en el contexto mundial que he descrito más arriba el esfuerzo de ámbito español que, a partir de la protesta indignada de 15 de mayo de 2011 en la Puerta del Sol madrileña, culminó en la creación de un partido político (“por imperativo legal”) que se denominaba, significativamente, Podemos. Esta palabra habla directamente de un poder del que cada uno puede empoderarse, que no es apoderarse de él porque no es una cosa que pertenezca, indisoluble y perpetuamente, a nadie, sino una posibilidad de toda persona indignada, es decir, que no quiera perder la dignidad que le corresponde como persona que es, igual a las demás, y, en consecuencia, pretende e intenta combatir las indignidades que cometen los que monopolizan el Poder: los causantes directos o indirectos de que el Mundo de hoy sea el dramático escenario de un genocidio continuado, cínicamente oculto por un sistema informativo mendaz y falaz.

Para escribir con objetividad sobre algo indignante hay que estar personalmente indignado.

Mi indignación ante las injusticias, las opresiones, las desigualdades del mundo actual es el arma intelectual más eficaz de mostrar la verdadera verdad de un sistema de hechos que producen en mí tal estado de ánimo y me anima a estudiar con el mayor rigor esa facticidad para refutar uno por uno todos los embustes, falacias y manipulaciones que el sistema utiliza como técnica más útil y efectiva de su cruel y cínica dominación mundial.

Hay que desenmascarar unos conceptos falsos, interpretados arteramente desde un largo pretérito, que se expresan a través del lenguaje. Un proverbio chino afirma que “se empieza por confundir las palabras y se acaba confundiendo a los pueblos”. Se ha puesto de moda hablar de las fake news, de las noticias falsas, transmitidas por cualquier medio de comunicación, y de la posverdad, eufemismo que oculta la mentira pura y simple o algo peor: la media verdad, que no solo miente, sino que confunde a quien la recibe.

Se entiende bien el descrédito de la verdad, el relativismo general que impera en nuestras sociedades y el escepticismo sobre tantas promesas publicadas por irresponsables responsables de que las situaciones del Estado de Malestar no sigan maltratando a los ciudadanos hasta la exasperación.

En ese sentido es encomiable el esfuerzo de algunos periodistas, independientes de los amos de la información, por su investigación rigurosa y su denuncia de ciertas noticias confusas y comportamientos corruptos de los poderosos habituales. Por lo que afecta a la política española es harto significativo que el movimiento de Podemos haya puesto de relieve, como base de su estrategia denunciadora de lo que él llama la casta, la necesidad de oponer el verdadero conocimiento de la verdad llamando a las cosas por su nombre. No por el nombre que los poderosos les dan para confundirnos, sino por el que tienen en realidad. Esa realidad que la casta sigue empeñada en negar, pues la obligaría a rectificar y a un cambio social contrario a sus intereses.

He de confesar que no es la indignación lo único que me anima a describir la injusta realidad que nos circunda. También lo es mi identificación con el proyecto político de Podemos, si exceptuamos algunas diferencias de criterio que, como es lógico, pueden variar según las vicisitudes del mismo. Con todo, mi libro no será partidista ni, menos, sectario. Admiro tanto su acción sobre la sociedad española que no me expondré a perjudicarla por un exceso de entusiasmo. Lo que no puedo ocultar, a mis ochenta y tres años de vida y sesenta de preocupación política, son las semejanzas que encuentro entre el movimiento de Podemos y el que ayudé a fundar en 1958 contra el franquismo imperante: el Frente de Liberación Popular (F.L.P.), más conocido popularmente como el Felipe.

Un grupo de estudiantes universitarios constituimos un proyecto revolucionario socialista algo original, pues nos distanciábamos de las fuerzas de izquierdas del exilio: tanto los comunistas del PCE como los socialdemócratas del PSOE. Pensábamos en marxista (incluidos los que éramos cristianos). Creíamos en la pluralidad nacional de una España organizada en forma de un Estado federal. En Catalunya creamos el Front Obrer Catalá (F.O.C.) y en el País Vasco, el ESBA (Euzkadiko Socialisten Batasuna). Y, en fin, mostramos antes que nadie nuestra solidaridad anticapitalista con los países del entonces llamado Tercer Mundo.

Duró nuestra acción clandestina unos nueve años. Tuvimos dos o tres caídas y juicios penales en consejos de guerra, múltiples detenciones y torturas policiales, pero conseguimos movilizar a un sector estudiantil numeroso en las principales ciudades; influimos en la toma de conciencia proletaria en industrias importantes; fundamos con futuros dirigentes sindicales comunistas los Comités de Lucha Obrera en Asturias, a los que Santiago Carrillo cambió tácticamente el nombre y se llamaron para siempre Comisiones Obreras. En resumen, fue la primera organización política de nuevo cuño que se enfrentó con la dictadura del general Franco.

Nos auto-disolvimos ante nuestra incapacidad de impedir el fraccionalismo ideológico y estratégico producido en nuestras filas por la influencia del mayo francés de 1968, origen de diversos grupos revolucionarios de extrema izquierda. Con el advenimiento de la democracia, éstos fueron desapareciendo, pero el F.L.P. aportó un plantel de dirigentes políticos, sindicales y culturales de la más diversa gama, cuyas diferencias personales nunca rompieron la fraternidad juvenil de su resistencia clandestina. No en vano nuestro frente de liberación popular fue definido por el dirigente vasco José Ramón Recalde como una fratria.

No cabe duda que nuestro Felipe no puede equipararse a Podemos en cuanto a su circunstancia histórica, estrategia y avatares, pero coincide en sus fines más auténticos: enfrentarse al capitalismo como explotación humana, combatir la injusticia de la desigualdad social, luchar en pro de los derechos humanos en su totalidad, implantar una sociedad sin clases hasta ser democráticamente verdadera. Y todo ello mediante el empoderamiento de todos los ciudadanos, con la conquista del poder económico, social, cultural y político que las elites han monopolizado hasta ahora. Se trata de toda una revolución pacífica, llevada a cabo por gente políticamente consciente y activa.

Son estos fines los que comparto con Podemos, así como confío en que, pronto o tarde, los alcancen.

Este libro hablará únicamente de su intento, que ya es mucho e importante. Yo no veré su triunfo porque este será mundial o no será. Con todo, si su existencia, tras cuarenta años de una dictadura y otros cuarenta de falsa democracia, me ha permitido evocar la lucha revolucionaria de mi juventud, les digo a mis amigos de Podemos lo que yo mismo me dije cuando me inicié en el combate: “Lo que se debe hacer debe hacerse porque hay que hacerlo y no pensando en su triunfo o en su fracaso”.

A tí, juventud más joven, te digo ahora que, si cae en tus manos este libro y lo lees con detenimiento y progresivo interés, estarás en condición de sumarte con tu juventud a un combate por un mundo más justo y más humano. Combate de hace siglos y que tal vez se prolongue alguno más. Pero lo que hoy parece utópico acabará no siéndolo. Al igual que el horizonte del mar, siempre inalcanzable, la utopía nos incita a surcar el océano más embravecido. Y surcarlo ¡sí se puede!

Introducción del libro de J. A. González Casanova La Odisea de Podemos.

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