Estrechos, pasos y canales en la reconfiguración del poder mundial
Cómo Ormuz, Bab el-Mandeb, Malaca, el Ártico y Tierra del Fuego tensionan la geopolítica actual.
¿De qué manera la competencia por los corredores comerciales y energéticos está reconfigurando la geopolítica mundial de la circulación en el contexto de la transición sistémica?
Teniendo en mente esta trilogía: corredores comerciales, puntos de estrangulamiento y provisión energética, puede comprenderse la articulación de diversos conflictos y tensiones geopolíticas contemporáneas. El artículo analiza esa interacción a partir de algunos de los principales puntos de estrangulamiento marítimos vinculados con los flujos comerciales y energéticos.
En este 2026, se configura un escenario en el tablero mundial que expresa la disputa y el intento de controlar las rutas comerciales junto la producción y transporte de la energía. Venezuela e Irán suman casi 30% de las reservas petrolíferas mundiales. Venezuela va primero a nivel mundial con 17,17% de ellas (303.008.000.000 barriles) e Irán, tercero con 11,82% de la cuota mundial (208.600.000.000). En medio está Arabia Saudita con 15,14%. Entre los tres poseen 44% mundial. Los procesos ocurridos este año podrían interpretarse como parte de una estrategia estadounidense orientada controlar eso y también a limitar los flujos energéticos hacia China.
La navegación a través de los puntos de estrangulamiento marítimos (estrechos de Ormuz, Malaca, Bab el-Mandeb, Gibraltar, Taiwán, Magallanes; canales de Suez, Panamá) acumula cada vez más tensiones. Esto no es nuevo, dado que históricamente ya China, Portugal, Holanda e Inglaterra habían tenido influencia sobre los pasos de Ormuz y Bab el-Mandeb. Y también más acá en el tiempo. Sin embargo, el bloqueo de Ormuz por Irán puso la cuestión sobre la mesa. En la actualidad, este proceso genera la búsqueda de nuevas o complementarias rutas, por un lado, a través del Ártico, y por otro, suplementario con los desarrollos de conexiones terrestres de infraestructura (ferrocarriles –como por ejemplo entre China e Irán-, oleoductos y gasoductos –como entre China y Rusia-, puentes).
Se establece así una geopolítica de la circulación en la que las rutas comerciales y energéticas, los nodos de infraestructura y los puntos de estrangulamiento incrementan su trascendencia en la reconfiguración del poder global, esto es en una época de transición sistémica caracterizada por la pérdida relativa de centralidad de una potencia hegemónica y la emergencia de nuevos centros de acumulación, producción, infraestructura y capacidad estratégica.
Estamos en un momento de gran tensión mundial que podría distenderse o podría escalar. Incluso si la guerra entre Rusia y Ucrania, o Irán-Estados Unidos entraran en una fase de distensión, las tensiones geopolíticas podrían adquirir otras formas y desplazarse hacia otros espacios estratégicos, entre ellos el Mar de China Meridional. Esto es a través de la competición u hostilidad económica, tecnológica y a través de las presiones militares directas e indirectas. Diferentes formas toman las tensiones en otras latitudes como en el Sahel, Latinoamérica, Asia Occidental, Europa del Este, Cuerno de África y el mar de China.
Por eso es que el sabotaje de los gasoductos Nord Stream (Alemania-Rusia) constituye un episodio central para analizar la dimensión estratégica de las infraestructuras energéticas. Del mismo modo, implica la reorientación de Rusia hacia el este mediante nuevos proyectos de construcción de gasoductos hacia China, como el “Power of Siberia” I y II. Desde una perspectiva geopolítica, es clave para interpretar: se obstruye un gasoducto ruso a Alemania, y eso cambia de dirección a China o India.
Los acontecimientos, así como las sanciones, conflictos e incremento de bases militares o asociaciones en sus zonas de influencia, al contrario de evitar esa confluencia, indujeron o contribuyeron a gestar esas aproximaciones. Antes se las veía como incompatibles; sin embargo, la proximidad geográfica y sus planes geoestratégicos, dado su carácter de potencias regionales o mundiales, los indujo a tejer y fortalecer cada vez más esas alianzas.
Los conflictos bélicos en Eurasia se conectan por una serie de factores interrelacionados. Una hipótesis posible es la intención de frenar el desarrollo de la Iniciativa de la Franja y la Ruta que lanzó China hace una década y media, no solo por el desarrollo comercial y de infraestructura (vías marítimas, terrestres y aéreas), sino porque eso gesta un conglomerado geopolítico y mundial de carácter sistémico que dejaría fuera de la ecuación a Estados Unidos, Reino Unido y Japón, por ejemplo.
Si bien no existe una confrontación directa BRICS vs. G7, las guerras actuales los involucran de diferentes maneras. La belicosidad se incrementa una vez que el BRICS se amplía a Irán, Emiratos Árabes, Etiopía y Egipto (Arabia Saudita aun no responde). A eso se agregan el control de otras rutas secundarias, como el Corredor de Infraestructura Norte-Sur, entre Rusia, Irán y la India; el IMEC India-Medio Oriente-Europa y la nueva ruta del Ártico. Esos corredores atraviesan o evitan diferentes puntos de estrangulamiento, relacionados en simultáneo con la provisión y producción energética.
Estrechos de Ormuz, Bab el-Mandeb y el Canal de Suez
La energía convierte al Golfo Pérsico en un nodo crítico, por eso las interrupciones marítimas alteran esos corredores comerciales con gran impacto. El Estrecho de Ormuz lidera en tráfico de petroleros (en número de buques y tonelaje).Se estima que alrededor de 45% de las reservas de petróleo probadas a nivel mundial se concentran principalmente en la región del Golfo Pérsico. Buena parte de los conflictos actuales tienen ese trasfondo –entre los más preponderantes–, incluido lo que está pasando ahora. China es el principal importador mundial de petróleo y gas. En 2025 concentró 18% de las importaciones mundiales de petróleo[i]. Al mismo tiempo, una serie de aliados de Estados Unidos como Europa, Japón, Corea e India –con una postura más ambivalente– dependen de las exportaciones de petróleo principalmente de dicha región.
Esto le da una renovada relevancia. Ansarallá (y diferentes grupos yemeníes) en Yemen ejercen capacidad para amenazar y afectar la navegación en esa zona, lo que ha provocado el desvío de una parte significativa del tráfico comercial. Eso desvía a los buques a circunvalar África para llegar a Europa.
En el caso de Irán, posee la tercera mayor reserva de petróleo del mundo, después de Venezuela y Arabia Saudita, y la segunda mayor reserva de gas a nivel global. Exporta un 2,1 millones de barriles por día en 2025, un cuarto de Arabia Saudita. Irán, además, ocupa una posición singular porque reúne tres dimensiones estratégicas: grandes reservas energéticas, ubicación geográfica entre distintos espacios de circulación y participación potencial en corredores alternativos. Aunque tener grandes reservas no equivale a tener esa posición proporcional como exportador.
El Golfo Pérsico y esa región resultan centrales dado que entre Irán y Arabia Saudita tienen 27% de las reservas mundiales, si suman a Iraq, Kuwait, Emiratos Árabes y Libia llegan a la mitad mundial. En el caso de Arabia Saudita, aparece el oleoducto Este-Oeste que evita el estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb, al ir directamente al Mar Rojo. Ese oleoducto transporta hasta 7 millones de barriles diarios desde los yacimientos orientales del país hasta la terminal occidental de Yanbu.
El nivel de conflictividad se ramifica porque, además de la alianza que se formó entre Turquía, Pakistán y Arabia Saudita, los yemeníes en este momento advierten que, si intervienen para defender a Arabia Saudita, los arrastrarán al conflicto. Sumado a esto, aparecen otros temas, asuntos y disputas, como las tensiones y diferencias que existen entre Turquía e Israel. Y los enfrentamientos, como los relacionados con Irán, pero ocurren en Sudán, en Etiopía, en Somalilandia, en Yemen, es decir en el Cuerno de África, donde las potencias tienen asentadas bases militares (como en Djibouti).
Se observa una contraposición entre el apuntalamiento de Estados Unidos a las guerras que involucran a Rusia e Irán, que tienen apoyo chino en diversos niveles. El mandatario de China, Xi Jinping, declaró en mayo de este año, en su encuentro con Donald Trump en Beijing, que la competencia con la potencia estadounidense no debe llegar a la confrontación, para evitar la llamada “Trampa de Tucídides” (que enfrenta a la potencia emergente contra la potencia en declive). De hecho, el Partido Comunista Chino (PCCh) destaca el “desarrollo pacífico” y un “nuevo tipo de relación de gran potencia” con Estados Unidos.
El “dilema de Malaca”
Malaca es una arteria vital del transporte marítimo global, ya que según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), por ese estrecho del sudeste asiático circula más de la mitad del comercio marítimo mundial y 80% petróleo que consume Asia.
En este maritime choke point o “punto de estrangulamiento”, es latente la posibilidad de que Estados Unidos pueda, en un escenario de confrontación, utilizar su fuerza naval para interrumpir o condicionar los flujos energéticos hacia China, o entre el sudeste asiático, Europa y Medio Oriente. Un estrecho que es trascendental para la economía china, dado que por ahí transitan las cuatro quintas partes del crudo y el gas que importa.
China intenta reducir esa potencial vulnerabilidad, al mismo tiempo que desarrolla numerosas vías posibles de manera terrestre. La vía terrestre reduce, en algunos casos, a un tercio lo que se precisa por mar, como para recorrer en doce días el trayecto entre Shanghái o el río de la Perla y Europa por vía ferroviaria. Transforma la geografía de Asia Central y sudoccidental, (luego de las invasiones estadounidenses, mientras el ejército estadounidense se retira de Iraq ahora).
Pakistán, asimismo, alcanza relevancia por ser uno de los corredores económicos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Se conecta a la zona de China, la región autónoma y menos poblada de Xinjiang, en la estrategia del gigante asiático de expandirse sobre todo su territorio. Desde esa zona del oeste, China llega hasta el puerto de Gwadar, en Pakistán, permite diversificar las rutas de acceso chino al océano Índico y ya no por el Pacífico.
Nuevos caminos, la ruta del Ártico
El deshielo permite que esta nueva ruta sea cada vez más posible, lo que podría alterar la geopolítica del intercambio a nivel euroasiático y por ende mundial. La posibilidad de abrir una nueva ruta polar podría modificar el eje de la red de carreteras que pasa por el Océano Índico, atraviesa el Canal de Suez hacia el Mediterráneo para conectar Europa con China, y a través de Rusia en un recorrido que incluye a más actores.
Esto puede contribuir a explicar el renovado interés estratégico estadounidense por controlar Groenlandia (y el Canal de Panamá). China está usando servicios estacionales de transporte de contenedores desde el este del país hacia Europa a través del Ártico, la cual atraviesa el estrecho de Bering y recorre la costa ártica de Rusia. Los trayectos desde China hasta el Reino Unido por allí se reducirían a 20 días, frente a los más de 40 días que requiere la ruta de Suez.
Esta ruta ártica acorta las distancias y conexiones del sudeste asiático con Europa. La reducción de distancia podría traducirse en menores costos de transporte, aunque depende de las condiciones de navegación. La distancia es un tercio más corta, siendo unos 21.800 km en la ruta tradicional, mientras que en esta ruta es de 14.800 km, es decir, 7.000 km menos. De la misma manera, cambian los posibles estrechos a cruzar, se evitan el estrecho de Malaca o el de Yakarta, que está un poco al sur, así como pagar peaje por el canal de Suez y cruzar Bab el-Mandeb, y Gibraltar (o inclusive circunvalar África si eso estuviese interrumpido).
Esto podría llevar a un reequilibrio, porque las mercancías de China pasarán por Rusia. Un punto clave de ese trayecto es el estrecho de Bering, donde Estados Unidos podría intervenir. Posiblemente, los países de Eurasia, cada vez van a ir más hacia lo que les conviene geográfica y económicamente, aunque tengan lazos fuertes con Estados Unidos.
Por ejemplo, Corea del Sur o India, que muestran cierta autonomía estratégica, están considerando seguir ese itinerario. Eso se entrecruza con el sistema de las alianzas directamente vinculadas con Estados Unidos; ya sea militares como AUKUS (Australia, Reino Unido, Estados Unidos) y QUAD (Cuadrilátero entre Estados Unidos, Japón, India, Australia), o el corredor económico IMEC. India, más allá de su posicionamiento, es un gigante asiático, uno de los cinco principales según la riqueza medida por la paridad del poder adquisitivo; y el país más poblado del mundo, con más de mil quinientos millones de habitantes.
Conclusiones preliminares
Los países de Eurasia están cada vez más asociados a través de instituciones multilaterales, sobre todo BRICS y Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Estas funcionan como espacios multilaterales de articulación económica y política, pero no implican necesariamente posiciones homogéneas entre sus miembros y no son militares (como la OTAN). India, sobre todo, pero también Arabia Saudita, Turquía, Irán, Rusia y otros actores no necesariamente funcionan como piezas subordinadas de un bloque estático. Las dinámicas de las poblaciones que habitan en las zonas de los estrechos protagonizan un rol cada vez más considerable.
Como ha planteado en Tektónikos Pedro Wasiejko, las arterias de conexión y los estrechos alcanzan cada vez mayor relevancia. Ormuz, Malaca, Bab el-Mandeb, Suez y el Ártico, e incluso Gibraltar y Panamá o hasta el sur sudamericanose posicionan con un status de una importancia en auge. Los puntos de estrangulamiento no son solo espacios donde puede interrumpirse el intercambio; son lugares donde se materializa la relación geopolítica entre: infraestructura, energía y poder. La construcción de rutas alternativas –terrestres, marítimas y árticas– sumada a la competencia por los corredores existentes, están reconfigurando la distribución del poder mundial.
Fuente: Tektónikos









