
A unos meses de cerrarse los ochos años de la presidencia de Obama, puede decirse que su etapa no ha sido peor que la de Bush, pero tampoco la ha mejorado. Llegó con la esperanza de que un presidente negro acabaría con las viejas heridas de la segregación y la discriminación racial: no ha sido así, y muchas organizaciones civiles norteamericanas creen incluso que los problemas se han agravado.

















