Los únicos derrotados son los que bajan los brazos

José Mujica
Eso del poder es complicado. Ser presidente es en todo caso sentarse en un esquinita del poder. Ningún presidente del mundo actual puede considerarse dueño del poder. El poder es una cosa mucho más vasta, que nos trasciende en sociedades donde la riqueza está muy concentrada, donde hay una globalización creciente que hace que decisiones tomadas a miles de kilómetros repercutan en el país. Entonces, lo primero es ser un poquito más humilde.

Lo segundo: Sí me he sentido un poco la oveja negra y soy la oveja negra. Porque estoy con las transformaciones que se han dado en la República. Creo que las repúblicas vinieron a la historia de la humanidad para suscribir que nadie es más que nadie. Un papel central de la república es que sus gobernantes vivan como vive la mayoría de su pueblo, no como lo hace la minoría privilegiada.

Pero hay una cultura en la que el hombre tiene que estar rodeado de un soporte material gigantesco y discrepo rotundamente con eso; pero sé que mi sociedad y en cualquier sociedad discrepan conmigo. ¿Verdad? Los presidentes tienen que tener cara de estatua, tienen que tener una gestualidad de señores inmaculados, deben de estar rodeados de un boato, deben de ser misteriosos, como en la lejanía, etcétera. No es culpa de los presidentes, es culpa de ese cortesanismo que tiende a rodear cualquier cosa que tenga poder. Hay como una especie de incitación a la adulación en las sociedades, hacia el poder. Y eso es un rezago de las sociedades monárquicas y feudales, que se nos cuelan adentro de la república: alfombras rojas y en fin…

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pepe-mujica2Toda aquella maqueta de los señores feudales que cruzaban el puente, se iban de cacería, con todos sus vasallos alrededor, nos quedan como rezagos culturales metidos dentro de la República y yo estoy peleado con todo eso. Yo odio el protocolo y sé que choco. Tengo un choque cultural con la gente. Pero yo estoy al final de mi tranco, tengo ochenta años y no puedo cambiar, porque estas cosas no son improvisadas. Hay muchos años de soledad en el calabozo, rumiando estas cuestiones. Yo también fui un joven presuntuoso: usé traje, corbata de moñita y zapatos finos. Tuve todo eso y respeto la chifladura de cualquiera. Jamás se me ocurriría reglamentar la ropa que se tiene que poner la gente, si tienen que tener corbata o no, o si es larga, o corta. Me parece que es increíble que esas cosas se estén discutiendo hoy. Pero parece que en este mundo te tienes que poner una etiqueta. Todavía te ponen en este mundo: ceremonia a las que hay que ir vestido formal.

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Ante la cultura de la guerra a esta altura de la civilización yo considero que el hombre, mientras necesite la guerra sigue viviendo en la prehistoria y que la explosión tecnológica de este tiempo transforma el recurso “guerra” en una condena sin misericordia a los más débiles que directa o indirectamente terminan pagando el costo peor.

Hay que empezar a desterrar de nuestra conciencia el uso de la guerra, que no significa transformarse en corderos o en beatos. Quiero decir que los estados, en las sociedades modernas pueden luchar, y hay que luchar por el progreso. Ojo: no es decirle no a la rebeldía cuando la rebeldía es una zancada histórica, una necesidad del hombre; sino que hay que expresarlo de otra manera, no a través del recurso “guerra”. Porque el recurso guerra se transformó en un recurso manejado por la alta tecnología, por la concentración de capital. En gran medida también depende de la concentración de las riquezas.

Hay que luchar por otros caminos ¡y vaya que existen!… y aparecen. Eso requiere una renovación. Pero además, hay que insistir con esto, con este dato. La humanidad está gastando dos millones de dólares por minuto en presupuesto militar. Semejante despilfarro es el precio que pagamos para no enfrentar problemas lacerantes que el hombre tiene. Tal semejanza masa de recursos nos está diciendo que nunca el hombre tuvo tanto y que nosotros necesitamos una vuelta de tuerca en nuestra conciencia colectiva, pensar un poco más como interés de especie. Estamos atolondrados.

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El problema central de nuestro tiempo es la impotencia política de administrar el tamaño de los recursos que el hombre tiene hoy. Es una civilización sin dirección. Yo sé que ha habido imperios en el mundo en pila, pero por lo menos siempre tuvieron una dirección.

Hoy vivimos una civilización que no tiene dirección. Tiene intereses de mercado por delante que la guía, y más nada. Entonces, hay que tomar medidas de carácter planetario con el cambio climático. Por ahí andamos balbuceando y no podemos. Tenemos una concentración de la riqueza de carácter escandaloso pero no les podemos poner impuesto a los ricos, no saben cómo hacer con la plata que tienen.

Y es una vergüenza humana que haya sesenta y pico de tipos que tengan la mitad de lo que tiene la humanidad. ¡Es una vergüenza humana! Pero tenemos paraísos fiscales, tenemos debilidad impositiva fiscal… una impotencia política. Y la globalización está presente, en todo lo negativo está presente.

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1395660898_932004_1395662513_sumario_grandeLes cuento una anécdota… esto es para matarse de la risa. Nosotros nos privamos en Uruguay de hacer una planta eléctrica de carbón, que era lo más barato en su tiempo. Dijimos “no, porque agredimos al Medio Ambiente”. Pero en Chile inauguran una todos los meses. Entonces da risa. O nos dicen: “Hay que aumentar la competitividad. La competitividad… ¡La competitividad con qué! ¿Con Bangladesh? Donde trabajan12 horas y nadie se preocupa en el mundo si vamos a tener un régimen de horario para trabajar en el mundo entero. ¡Me vas a pedir competitividad con condiciones distintas! O me miden la economía con un metro de goma que es magia: el dólar se achica o se agranda y su poder adquisitivo… pero es cuestión de unos banqueros medio raros, abstractos, que tienen mucha plata que me miden la economía. ¿Qué le pasaría a un ciudadano común si va a comprar un paño y tiene un tendero con un metro de goma que se lo estiró y se lo achica? ¿Verdad? Bueno, esa es la economía mundial. Si políticamente no podemos resolver esos problemas para la humanidad entera, ahí están los verdaderos problemas.

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En Uruguay en tiempo de vacaciones se van a los balnearios y yo me paso regando los arbolitos y jodiendo con el tractor, revolcando tierra. Dirán “¡este viejo loco!”. La libertad humana es eso, es intentar en el tiempo libre hacer las cosas que a uno le motivan o le gustan, que no necesariamente son las más redituales, son las que dan más goce interior en nuestras naturales inclinaciones. Eso es la libertad, esa palabra grandilocuente hay que definirla desde un punto de vista personal ¿Cuándo sos libre? Soy libre cuando, no esclavo de mis necesidades, gasto el tiempo de mi vida en cosas que me gustan. Mientras tengo que trabajar para hacer frente a las necesidades materiales, muy frecuentemente no soy libre, estoy cumpliendo con una obligación y si no cumplo con ella es porque estoy viviendo a costilla de otro que se está jodiendo. Porque vivir significa imposición de materiales y cada ser humano tiene que trabajar y aportar, pero la vida nos es solo trabajar. Ese tiempo en el que hago con mi vida lo que quiero, eso es la libertad.

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He pasado muchas amarguras, por lo tanto soy un hombre feliz porque las amarguras me ayudaron a construirme. El hombre aprende mucho más de la adversidad que de la bonanza. La bonanza lo único que logra es crear gente orgullosa o que se cree la película. Los tropezones si no te destruyen, te enseñan. Por eso he tenido una suerte bárbara. Estoy vivo por suerte y tal vez por genética. No la pasé cómoda y llegué a los ochenta años. Realmente la vida ha sido muy generosa y mi pueblo es fantástico.

 

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