Lecciones de EEUU

Estados Unidos ha dado al mundo una lección definitiva, grabada en la roca de la historia, irrevocable.

En el valiente nuevo mundo que ellos mismos han hecho nacer, sólo existirán dos tipos de súbditos: los siervos y los poseedores de artefactos nucleares.

Si una nación quiere ser un Estado soberano e independiente, no sólo tendrá que tener un ejército, que en sí mismo puede ser en gran medida decorativo: tendrá que presentarse como una amenaza nuclear creíble.

A partir de ahora, adiós a los tratados de no proliferación nuclear, se aplicará el «todos contra todos», y las décadas venideras serán décadas de una renovada carrera armamentística terminal (sobre todo clandestina, porque si te sometes al escrutinio internacional, basta un Raphael Grossi cualquiera para que te bombardeen).

El fallo evidente de Irán no es que fuera una amenaza excesiva, sino que no era lo bastante amenazadora.

Su culpa no fue ser inmoral, sino exceder –según los estándares internacionales actuales– los escrúpulos morales.

Por cierto, esto también es cierto a nivel nacional. Si Irán hubiera sido el espantoso y llamativo estado policial que se presenta, no habría tenido docenas de científicos y líderes militares durmiendo en casa, con sus familias, con direcciones públicamente disponibles. En los países del antiguo bloque comunista no se habría podido producir una infiltración de inteligencia de este nivel, precisamente porque eran Estados policiales. La paranoia de la que a menudo se burlan las películas de Hollywood sobre el antiguo Pacto de Varsovia era en realidad realismo, en una guerra que se sabía se jugaba con adversarios totalmente despreocupados.

Es muy desagradable decirlo, pero el problema de Irán fue que confió demasiado, que confió en las negociaciones, que confió en el honor de sus adversarios, o al menos en su sentido de la conservación, en su apego a la vida.

Una vez más, Estados Unidos ha demostrado ser el deseducador planetario por excelencia. (Y, permítaseme la nota amarga: la americanización de la cultura europea, incluso académica, es desde hace tiempo una brillante prueba de esta barbarización).

Fuente: Ariannaeditrice

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