Intervención del 26 de enero de 2016 de José Miguel Vipond García
El 23 de enero se publicó en esta web el texto de Eduardo Luque “Siria y la manipulación mediática”. Vipond García está en desacuerdo con su fondo, aún aceptando el hecho de la manipulación.
Este artículo, en sí mismo, es una muestra palmaria de la manipulación que denuncia… pero en el sentido contrario: manipulación desde algunos de los autodenominados “medios alternativos”, que no por el hecho de pretenderse antiimperialistas, han de quedar libres de sospecha de sesgo.
El autor desconfía –con motivo– de los medios informativos del lado occidental, pero acude a otras fuentes tan sesgadas (y conspiranoides) como la red Voltaire, o se basa en lo que se supone que demostrarían ciertos cables de Wikileaks si salieran a la luz… e incluso llega a mencionar como fuente de autoridad a los “servicios secretos rusos y sirios”. El artículo se extiende en detallar cómo algunas de las fotos publicadas por medios occidentales son burdas manipulaciones pro-domo-sua –y, en efecto, lo son, pero eso no significa que la versión veraz de los acontecimientos referidos sea la que se desprende de la propaganda de los medios al servicio de Assad.
El caso singular que se alude en el texto (la desaparición de una chica de Homs que luego –afortunadamente– no fue tal) no invalida el hecho de que el régimen baazista sirio carga a sus espaldas con decenas de miles de presos de conciencia, torturados, muertos y desaparecidos, tal como acreditan entidades locales independientes pro-derechos humanos y organizaciones internacionales como Amnistía Internacional o Human Right Watch. Naturalmente, el autor del texto se empeña en poner en tela de juicio la credibilidad de estas organizaciones, y ese empeño lo hace en la misma medida en que pretende salvarle la cara al dictador de Damasco.
Leemos que es el régimen sirio el que busca un acuerdo que pare el conflicto, pero sus esfuerzos se topan siempre con la perfidia de las fuerzas complotadas en su contra que inventan incidentes para torpedear las mesas de negociación. Las tropas de Assad son presentadas en este artículo como un ejército (a diferencia del otro bando que no es más que un hatajo de bandas armadas) respetuoso con la población civil (a diferencia de los terroristas que tiene enfrente, que son quienes provocan las muertes de civiles al sembrar de minas las salidas de las ciudades que controlan).
Si los medios pro-occidentales manipulan y desinforman –por supuesto que lo hacen–, este artículo no les va a la zaga. Lo que el autor intenta aquí no es otra cosa que imponer una versión de parte (y de brocha gorda) en el intrincado conflicto sirio, que, negando de entrada el carácter genuino del levantamiento pacífico del pueblo sirio contra Assad en 2011, enmarca esos acontecimientos y su deriva posterior en un esquema simplista (y falso) de guerra de agresión imperialista contra un gobierno anti-imperialista querido por su pueblo: la oposición es un invento, no ha habido manifestantes masacrados por el ejército (en realidad, ni siquiera ha habido manifestaciones contra Assad), y los soldados y oficiales desertores son cuatro gatos, todos ellos musulmanes reaccionarios a sueldo de Washington.
Siria –nos alecciona el autor– está siendo invadida por parte de ejércitos mercenarios de 80 nacionalidades distintas, mayormente islamistas, financiados desde la Casa Blanca o desde alguno de sus satélites. Sobre el papel que juegan en el conflicto otras potencias internacionales y regionales como Rusia, Irán, las milicias de Hezbolá u otras milicias chiíes favorables al régimen no se dice gran cosa en el texto, pero cabe suponer que para el autor del mismo estos agentes han de ser considerados como abnegados luchadores por la justicia social y la revolución.
En efecto, la primera víctima de la guerra es la verdad, y este texto no es excepción, sino confirmación de esa regla.







