¿Duros a cuatro pesetas?

Cuentan que un político español de provincias, de finales del XIX, se presentaba a las elecciones provinciales. Para garantizarse el voto en el medio rural, decidió comprar su voto dándoles 4 pesetas a cada persona. Otro candidato, que ya era diputado, se enteró de la maniobra y, no queriendo perder su acta, decidió tomar cartas en el asunto. Se dirigió a quienes habían recibido el dinero del otro candidato y les dijo que a quienes le entregaran el dinero recibido y le votaran, les daría un duro… y así lo hicieron, quedando agradecidos por la generosidad del diputado.

Una anécdota para reflexionar sobre cómo nos engañan con algunas operaciones de marketing humanitario destinadas a lavar la imagen de empresas transnacionales.

Imaginen por un momento un empresario incluido en la lista de los más ricos del mundo. Esa en la que están los 8 hombres que acaparan la misma riqueza que 3.500 millones de personas -la mitad de la población del planeta. Imaginen que ese gran patrimonio se ha acumulado con alguna denuncia sobre explotación de trabajadores y trabajadoras de empresas subcontratadas en lejanos países; imaginen también que aparecen acusaciones de que mantiene la mayor parte de su patrimonio en paraísos fiscales, o que sus empresas dejan de cotizar 600 millones anuales en nuestro país.

Entonces, a alguno de sus asesores se le ocurre recomendarle que siga los pasos de otros empresarios filántropos y que haga alguna donación para salir en los medios. Y decide dedicar, por ejemplo, 320 millones de euros a unos necesarios equipamientos sanitarios de los que carecen los hospitales públicos.

Quizás si año a año hubiera tributado a la Hacienda estatal, su contribución a la sanidad -y a otras políticas públicas- habría ascendido a 600 millones, y no a los 230 que ahora ofrece en medio de un aura de gentileza.

Pues eso, nadie da duros a 4 pesetas.

Artículo publicado originalmente en Pobreza cero

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