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	<title>Literatura online | Textos literarios especializados | TopoExpress</title>
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	<description>Desde la izquierda</description>
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		<title>Ya a la venta la revista de enero</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/ya-a-la-venta-la-revista-de-enero/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jan 2024 07:00:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Españas]]></category>
		<category><![CDATA[Literaturas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nuevo año, y seguimos en la brecha. Y lo inauguramos con este texto incluido en el número que acaba de salir en el que se rescata a otro García Lorca, escrito por este importante recuperador de la memoria que es Félix Población</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h6><span style="color: #800000;"><strong>Mucho se ha escrito de la vida y obra de Federico García Lorca, pero poco se sabe de su hermano, quien también fue poeta. Nos proponemos descubrir a Francisco, un autor exigente y esmerado.</strong></span></h6>
<hr />
<p><span style="font-weight: 400;">Quizá muchos desconozcan que en la familia formada por Federico García Rodríguez y Vicenta Lorca hubo más de un poeta que Federico García Lorca, salvajemente asesinado en Granada, su Granada, durante el verano sangriento de 1936 por las tropas sublevadas contra el gobierno del Frente Popular, sin que hasta la fecha sepamos del lugar en donde reposan sus restos mortales. El otro poeta se llamaba Francisco y era el hermano menor de Federico, nacido en 1902 en la misma localidad granadina de Fuente Vaqueros.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Si uno trata de localizar en Google la única edición que se hizo del único libro de versos escrito por quien fue, además de escritor, profesor de literatura y diplomático, difícilmente encontrará el que se titula “Poesía” y recogió en 1972 los poemas escritos por el autor durante la década de los años cuarenta del pasado siglo. Para llegar a saber de Francisco, lo más adecuado es empezar leyendo uno de sus primeros libros, escrito por encargo de una editorial norteamericana entre 1959 y 1965. Se trata de “Federico y su mundo”, en el que se recogen algunos apuntes biográficos de la vida de su hermano, cuando ambos compartieron los años de niñez y primera mocedad en su pueblo natal y en Granada, hasta que uno y otro se trasladaron a Madrid a la Residencia de Estudiantes.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De esos años granadinos hay que recordar lo buen estudiante que en todo momento fue Francisco, a diferencia de Federico. El primero se licenció en Derecho en 1922, después de cursar la carrera en Granada con profesores como Fernando de los Ríos y Agustín Viñuales, que después serían ministros republicanos. Los dos hermanos sintieron desde jóvenes inclinaciones artísticas y literarias, colaborando en la revista </span><i><span style="font-weight: 400;">Gallo</span></i><span style="font-weight: 400;"> y asistiendo a la tertulia El Rinconcillo. Ya en Madrid, Francisco se doctora en la Universidad Central y viaja por dos veces a París, primero como alumno de la École de Sciences Politiques, en 1924, y un año después becado por la Junta de Ampliación de Estudios. Una vez ganadas las oposiciones al cuerpo diplomático, en 1931, ejerce como vicecónsul en Túnez y como cónsul general en El Cairo, ciudad en la que le sorprende tanto la sublevación militar en España como el ignominioso asesinato de su hermano por los golpistas en agosto de 1936, así como el de su cuñado, el alcalde de Granada Manuel Fernández Montesinos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Al término de la guerra, en 1940, inicia el camino del exilio en Nueva York junto a toda su familia, salvo su hermana Isabel que ya estaba allí. Dos años después se casa con Laura de los Ríos, hija de su profesor en la Universidad de Granada, con la que tiene tres hijas: Gloria, Isabel y Laura. Su actividad docente en Estados Unidos como profesor y crítico literario tiene por escenario el Queens College y la Universidad de Columbia. Fue director de la Escuela Española de Middlebury, en Vermont, y doctor Honoris Causa por esta universidad, poco antes de retornar a España en 1968.</span></p>
<p><a href="https://tienda.elviejotopo.com/suscripciones/1264-suscripcion.html" target="_blank" rel="noopener"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter wp-image-25702 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/12/SIN-ASPAVIENTOS-PAPEL.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/12/SIN-ASPAVIENTOS-PAPEL.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/12/SIN-ASPAVIENTOS-PAPEL-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/12/SIN-ASPAVIENTOS-PAPEL-768x136.jpg 768w" sizes="(max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En una edición a cargo de Mario Hernández de </span><i><span style="font-weight: 400;">Federico y su mundo</span></i><span style="font-weight: 400;">, publicada por la editorial Alianza en 1980, y no en la que acabo de leer y publicó la editorial Comares y la Fundación Federico García Lorca, además de la biografía juvenil del autor de Yerma se incluye una serie de ensayos críticos sobre su obra que no aparecen en la segunda de las ediciones citadas. Sí podemos seguir en esta el itinerario compartido por los dos hermanos, con magníficas descripciones de los entrañables personajes familiares que los rodearon en su niñez, como el juglar poeta Baldomero, su tío, o el ama Dolores la Corolina, transmisora del cancionero y los dichos populares que tanta influencia tuvieron en no pocos poemas escritas por Federico. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Acerca de la relación entre los dos hermanos varones, escribe María Soledad Carrasco Urgoiti en </span><i><span style="font-weight: 400;">Apuntes sobre la obra crítica de Francisco García Lorca</span></i><span style="font-weight: 400;">, que la vocación de hombre de letras del menor, junto a su vinculación con don Fernando de los Ríos y Manuel de Falla, fueron determinantes para dar pronto a Federico la conciencia de su valer y orientarlo en su búsqueda independiente de una formación intelectual y musical sólida y al día. Carrasco Urgoiti afirma también que probablemente fue Francisco quien se percató antes que nadie, por proximidad familiar y afinidad literaria, de que su hermano era un creador de primera magnitud.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Gracias a este libro de Francisco García Lorca (</span><i><span style="font-weight: 400;">Federico y su mundo</span></i><span style="font-weight: 400;">) sabemos que, por mediación de su profesor en la Facultad de Derecho, Martín Domínguez Berrueta, cuya influencia sería notoria en la vida de Federico, conoció este a Antonio Machado durante un viaje que hicieron con él sus alumnos a las ciudades de Úbeda y Baeza en 1916: “Contaba mi hermano que le visitaron en su casa [en Baeza], y que don Martín, después de la presentación de los estudiantes y un rato de charla, quiso leer en presencia de su autor el romance castellano de Alvargonzález. Machado, suavemente, tomó el libro de las manos de don Martín y leyó él mismo su poema. Federico, al contar la escena, imitaba la voz grave y contenida del gran poeta”. Muchos años después, en la que se considera la última entrevista con Antonio Machado en España –realizada en Barcelona en agosto de 1938 y publicada en el periódico uruguayo </span><i><span style="font-weight: 400;">España Democrática</span></i><span style="font-weight: 400;"> un año después de su muerte en Collioure–, el poeta sevillano reveló al periodista que García Lorca preparaba una versión de «La tierra de Alvargonzález» para representarla con la compañía itinerante La Barraca. La elección de esta obra no era precisamente casual en aquellos años.</span></p>
<p><a href="https://issuu.com/store/publishers/elviejotopo/subscribe" target="_blank" rel="noopener"><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-25695 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/12/PENSAMIENTO-CONTESTATARIO-DIGITAL.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/12/PENSAMIENTO-CONTESTATARIO-DIGITAL.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/12/PENSAMIENTO-CONTESTATARIO-DIGITAL-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/12/PENSAMIENTO-CONTESTATARIO-DIGITAL-768x136.jpg 768w" sizes="(max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De Francisco García Lorca tenemos una magnífica semblanza merced a la que nos brindó su amigo Gonzalo Sobejano, que entre 1963 y 1967 fue compañero suyo en la Universidad de Columbia, cuando Francisco dirigía la Casa Hispánica: “La habitual seriedad de Francisco García Lorca –nos dice–, que podía dejar una impresión eventual de amargura, quedaba borrada en ocasiones por sonrisas que le iluminaban el rostro descubriendo una insospechada capacidad de ironía y de alegría. Era su porte como de caballista andaluz no por detalle alguno del atuendo, sino por el empaque total de la figura y el aspecto de la cabeza, que parecía labrada por la intemperie: tez morena, pelo firme, pobladas cejas, perfiles precisos”. Destaca Sobejano que como colega era de una ejemplar benevolencia y como profesor debía tener extraordinarios modos de hacer sentir la poesía (sus cursos versaban sobre los poetas del siglo de oro y Cervantes).  Alumnos suyos con la carrera finalizada le hablaron a Sobejano de las fecundas observaciones e intuiciones de su profesor como de un legado inolvidable.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como director de la Casa Hispánica de Columbia, en la que tenía su despacho con el severo recogimiento de una cámara casi conventual en la que destacaba una biblioteca con las obras de Azaña, Américo Castro, etc., hizo pasar por allí a los escritores españoles del exilio y también a no pocos que residían en España, desde Francisco Ayala y Miguel Delibes a Carmen Laforet, Ana María Matute o Camilo José Cela o Buero Vallejo. Según Gonzalo Sobejano, Francisco García Lorca escribió seguramente mucho, si bien publicó poco, y esto último se debió a que se trataba de “un autor con una enorme capacidad autocrítica, que no solo era una condición ingénita sino que venía acrecentada por ser hermano de un poeta universal, lo que le obligaba a no dar a luz lo que no fuera de la máxima calidad. Se trataba de un escritor que aborrecía el apresuramiento, la palabrería y la brillantez sin soporte. Cuanto ha publicado lleva el mismo sello de exigencia y selección, esmero y acendramiento”.</span><a href="https://tienda.elviejotopo.com/revistas/3728-revista-n-432-enero-2024.html" target="_blank" rel="noopener"><img decoding="async" class="wp-image-25773  alignleft" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3-sumario-432-enero-copia-226x300.jpg" alt="" width="342" height="454" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3-sumario-432-enero-copia-226x300.jpg 226w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3-sumario-432-enero-copia-771x1024.jpg 771w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3-sumario-432-enero-copia-768x1019.jpg 768w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3-sumario-432-enero-copia-1157x1536.jpg 1157w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3-sumario-432-enero-copia-1543x2048.jpg 1543w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3-sumario-432-enero-copia-scaled.jpg 1929w" sizes="(max-width: 342px) 100vw, 342px" /></a></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La lucidez de sus ensayos se nombra con </span><i><span style="font-weight: 400;">Espronceda y el paraíso</span></i><span style="font-weight: 400;">, </span><i><span style="font-weight: 400;">El licenciado Vidriera y sus nombres</span></i><span style="font-weight: 400;">, </span><i><span style="font-weight: 400;">Análisis de dos versos de Garcilaso</span></i><span style="font-weight: 400;">, </span><i><span style="font-weight: 400;">Análisis de un romancillo de Góngora Hermana Marica</span></i><span style="font-weight: 400;">…. Publicados en diversas revistas especializadas durante los años cincuenta, sesenta y setenta del pasado siglo, no estaría mal recuperarlos en una edición que sirva de homenaje a esta olvidad figura de las letras que lleva los mismos apellidos que uno de los mayores poetas en lengua española. Francisco García Lorca dejó además dos libros, el titulado </span><i><span style="font-weight: 400;">Ángel Ganivet. Su idea de hombre</span></i><span style="font-weight: 400;">, que data de 1952, y </span><i><span style="font-weight: 400;">De Fray Luis a San Juan. La escondida senda</span></i><span style="font-weight: 400;">, publicado en Argentina por la editorial Losada en 1972.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No cita Gonzalo Sobejano en el artículo sobre su amigo el único libro de versos que Francisco García Lorca dejó escrito. Se publicó en España en 1984 bajo el epígrafe </span><i><span style="font-weight: 400;">Poesía</span></i><span style="font-weight: 400;">, en una edición realizada por Mario Hernández, en la que mantiene que “ni el pudor, ni la presión del alto lenguaje poético de anteguerra, ni la tupida sombra del hermano genial restan sustantividad a esta obra, orientada hacia la introspección autobiográfica y hacia la búsqueda de la identidad, hacia la preservación de unos valores morales que el desarraigo vuelve aún más poderosos. La voz es doblemente elegíaca: por las vivencias personales, por la nostalgia del hermano asesinado. A través de los sueños y el dolor, el tiempo del poeta se reabre en el refugio amoroso, en el familiar o en la lejanía purificadora de la infancia. No es así extraño que Francisco García Lorca recatara estos poemas, que ahora se editan póstumos, incluso a los más íntimos. Si la discreción era una de las elegantes notas de su carácter, en esta gavilla de poemas se había decantado –con flores inmarchitas– cuanto de más íntimo guardaba”. De entre los poemas es de destacar un soneto dedicado a su padre: </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A veces mientras hablas a solas, padre mio,/ sin luz casi en los ojos, mas de plata la frente,/ yo muevo la cabeza imperceptiblemente/ y para más amarte, triste, de pie, sonrío./ Qué limpia llama quemas de amor y poderío/ tus viejas rosas, padre, qué ceniza caliente/ aún derrama tu mano, que su temblor ya siente/ de la tierra lejana no sé qué viento frío./ Hablas a solas, padre, y vuelan malheridas/ y rotas tus palabras en torno de tu pena, que forma con la mía indefinibles ramos./ «En la ciudad&#8230;, Dios mío&#8230;, Granada&#8230;, sí&#8230;, dos vidas&#8230;»/ De pronto me adivinas, y con la voz serena/ «¿Tú por aquí?», me dices, «siéntate, ¿cómo andamos?»</span></p>
<p><a href="https://tienda.elviejotopo.com/revistas/3728-revista-n-432-enero-2024.html" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright wp-image-25774" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/portada-432-enero11-221x300.jpg" alt="" width="357" height="485" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/portada-432-enero11-221x300.jpg 221w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/portada-432-enero11-754x1024.jpg 754w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/portada-432-enero11-768x1043.jpg 768w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/portada-432-enero11.jpg 886w" sizes="auto, (max-width: 357px) 100vw, 357px" /></a></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Francisco García Lorca falleció en Madrid en 1976, poco antes de que se celebrara un gran homenaje a Federico en Fuente Vaqueros el 5 de junio de ese año, fecha del nacimiento del poeta en 1898, cuando aún la Transición era sólo un proyecto con muchas dificultades y angosturas. Aquella cita se celebró en la plaza mayor de Fuente Vaqueros a las cinco de la tarde, bajo el lema “Federico está vivo”. El diario </span><i><span style="font-weight: 400;">El País</span></i><span style="font-weight: 400;">, que llevaba un mes en la calle abriéndose al futuro político que empezaba a pergeñarse, informó así del acto: “Por primera vez en cuarenta años, ayer se tributó, en Fuentevaqueros, un homenaje popular a Federico García Lorca. Unas 10.000 firmas suscribieron la adhesión, y asistieron, aproximadamente, 6.000 personas. Había sólo un permiso de media hora. Los organizadores quisieron que no durara ni un minuto más. «Amigos, compañeros, son las cinco de la tarde&#8230;; dicen que para dar muerte a un poeta, muerte de verdad, hay que matarlo dos veces: una, con la muerte; otra, con el olvido. Por ello, porque creemos llegado el momento de reivindicar su memoria y la de los que cayeron en las mismas circunstancias, os convocamos para rendirles público homenaje en el mismo lugar en el que Federico naciera hoy hace setenta y ocho años&#8230;, este es el </span><i><span style="font-weight: 400;">primer</span></i><span style="font-weight: 400;"> homenaje popular al poeta. Os pido un minuto de silencio, el </span><i><span style="font-weight: 400;">último</span></i><span style="font-weight: 400;"> minuto de silencio en su memoria.» Con estas palabras, pronunciadas por el poeta José Ladrón de Guevara, en medio de un gran silencio, se abría ayer, en la plaza de Fuente Vaqueros, el homenaje a Federico García Lorca. Unas 6.000 personas congregadas allí, las interrumpieron con gritos de </span><i><span style="font-weight: 400;">Federico, Federico, reconciliación, amnistía y libertad.</span></i><span style="font-weight: 400;"> Estas dos últimas consignas iban también en los cientos de globos de colores que se soltaron a las cinco en punto”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Habría sido sin duda muy emotivo para Francisco asistir a ese multitudinario homenaje popular en los estertores de la dictadura franquista, pero para entonces ya reposaban sus restos mortales en el cementerio civil de Madrid. Están junto a los Fernado de los Ríos Urgoiti y su esposa, y los de la propia esposa de Francisco García Lorca, fallecida en 1981, que tras la muerte de su marido se propuso dar a conocer su obra, hasta entonces inédita en España. También es merecedora de algo del mucho reconocimiento universal que tiene con todo merecimiento la de su querido hermano asesinado:</span></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">Sobre tu nombre y el mío llorar quisiera./ Con tu voz y la mía de entonces cantar, cantar/ para decir a todos lo que pudo haber sido/ si los sueños de ayer abriendo sus corolas/ en los dorados peces de trigo y en los álamos&#8230;/ ¿Pero a quiénes importa? Solo a ti te importaba./ Rojo sol, voz de agua dolorida/ que me pintabas de oro en mis ausencias/ y volvíamos los ojos, ¡ay!, cuando nos mirábamos./ Cantar, cantar, llorar, llorar./ Sí, que la vida es dura y el amor imposible./ Solo en los trigos hay la vida verdadera/ y el alma está en la plata y el agua de tus voces./ Allí estarán los trigos y tus voces errantes/ no saldrán de la tierra./ Cantar, llorar, el río/ morirá en sus recodos como antes moría/ o cantará en las guijas con una prisa eterna./ Yo con tu voz cantaba, llora tú con la mía./ Todo está roto ahora,/ mis sombras y tus luces,/ lo que guardaba el viento y recataba el álamo./ Ni trigales ni auroras./ Tú porque eres un río en la celeste orilla./ Yo porque soy la sombra del que aguardaba siempre.</span></i></p>
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			</item>
		<item>
		<title>El odio y la esperanza. Memoria de Víctor Jara</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/el-odio-y-la-esperanza-memoria-de-victor-jara/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Oct 2023 06:00:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[América latina]]></category>
		<category><![CDATA[derechos humanos]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Hasta qué punto debe haberse corrompido un corazón humano para golpear a un semejante indefenso hasta reventarlo y burlarse de él gritándole: “¡vamos, canta ahora!”?</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En este año en que se cumple medio siglo del golpe de Estado dirigido por Augusto Pinochet en Chile y patrocinado en la sombra por la CIA, el historiador y periodista Mario Amorós nos ha regalado una preciosa biografía de Víctor Jara (<em>La vida es eterna. Biografía de Víctor Jara</em>, Ediciones B, 2023). El título nace de uno de los versos de la canción “Te recuerdo Amanda”, la más célebre de cuantas compuso el cantautor chileno y, sin duda, uno de los más bellos poemas de amor jamás concebidos, resonante durante décadas alrededor de todo el mundo en las más ilustres voces, aparte de la de su autor: en la de Serrat y Joan Baez, en la de Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Raimon o Robert Wyatt. Y, por supuesto, en aquella poderosa y sobrecogedora voz de la gigantesca Mercedes Sosa que parecía manar del vientre de la tierra y que impresionó al mismo Víctor Jara.<br />
La alumbró en 1968 en la ciudad natal de Shakespeare (Stratford-upon-Avon), abrumado por la lejanía de su mujer y sus hijas. Amanda era el nombre de su madre, la cantora campesina que le transmitió el amor por la música y a quien él atribuía la felicidad de su infancia, y Amanda es el nombre de su hija. Y Joan Jara, la compañera de su vida, quien sostuvo también su cuerpo exangüe y roto entre los brazos y quien desde entonces ha luchado sin darse tregua por hacerle justicia y mantener vivo su legado, al preguntarse si la canción se había inspirado en una o en otra, se respondió que ambas, madre e hija, latían en su interior: “contiene la sonrisa de su madre y la promesa de juventud de su hija”.</p>
<p>El libro de Mario Amorós es uno de esos libros que merecen ser leídos pero no guardados después en el escueto recuerdo de uno mismo. Es de esos libros acerca de los que se ha de hablar, de los que deben ser compartidos, pues no alcanzan del todo su propósito hasta que no ruedan por muchas manos. Merece ser regalado a quien se quiere; hay que sacarlo a colación en las reuniones de amigos y familiares; hemos de estimular ante todo que sea leído por los más jóvenes. Ha de ser mucho más que un libro.</p>
<p><em>La vida es eterna</em> es igualmente una obra rigurosa, como todas las que ha dado a luz su autor, respaldada por un meticuloso trabajo de investigación y documentación. No se revivifica un mito; se narra la verdad contrastada, algo muy de agradecer en los tiempos de proliferación de patrañas que padecemos.</p>
<p>A lo largo de casi cuatrocientas páginas se nos relata la existencia intensa de un hombre dotado de excepcional creatividad y capacidad de trabajo, armado de asombrosa generosidad, profundo sentido de la justicia y ternura: los años de su niñez, cuando escuchaba fascinado a los campesinos que cantaban y contaban historias mientras deshojaban mazorcas de maíz bajo la luz de la luna; el duro crecimiento a partir de los diez años de edad en Santiago de Chile y el insaciable deseo de aprender; su formación en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile y su admirada labor como director. Dejó la impronta de su conciencia social tanto al dirigir obras de dramaturgos chilenos (de Alejandro Sieveking, de quien fue compañero en la Escuela de Teatro y con quien colaboró a menudo) como de autores extranjeros (la célebre <em>Viet Rock</em>, de la norteamericana Megan Terry, por ejemplo, la primera obra teatral que abordó la guerra de Vietnam). Le atraía del teatro a Víctor Jara su vertiente de “realización colectiva” y le sirvieron después las técnicas teatrales aprendidas para la presentación de sus canciones, del mismo modo que había volcado en el teatro su talento musical.</p>
<p>Más tarde vino el regalo de su primera guitarra, que lo colmó de alegría, y el feliz encuentro con Violeta Parra, quien tanto para Víctor Jara como para el resto de creadores de la Nueva Canción Chilena abriera todos los caminos. Otro libro muy recomendable para todo el que desee conocer al magnífico ser humano que existió bajo la leyenda de la gran cantautora es la biografía escrita por Víctor Herrero A., quien, al igual que hace Mario Amorós con Víctor Jara, convierte en título un verso de una de las más universales canciones de ella, “Volver a los 17”, tantas veces escuchada por millones de personas en todo el planeta como sus “Gracias a la vida” (<em>Después de vivir un siglo. Violeta Parra, una biografía</em>, Lumen, 2017).</p>
<p>Vino la dedicación plena a la canción. Precisamente en la conocida como Peña de los Parra, fundada por los hijos de Violeta, Isabel y Ángel, se inició Víctor Jara como cantante solista. Dirigió al conjunto Quilapayún a lo largo de años de estrecha colaboración. Mario Amorós nos cuenta el emocionante tránsito por canciones que han alcanzado la condición de himnos: “Plegaria a un labrador”, “Vientos del pueblo”, “Manifiesto” y tantas otras.</p>
<p>Las canciones fueron herramienta de su acción política como militante comunista y de su férreo compromiso con la Unión Popular que llevó a Salvador Allende a la presidencia de Chile y al pueblo chileno a rozar con los dedos la realidad de la justicia social. Y, simultáneamente, su compromiso proporcionó la savia de sus canciones. No hubo, como no la ha habido nunca para ningún gran creador, contradicción alguna. Es mentira que el compromiso destruya la calidad del arte, siempre fue mentira. “Todos mis poemas han sido inspirados en la realidad y en ella tienen fundamento y hacen pie”, escribió de su propia obra Goethe en 1823. Así también todas las canciones de Víctor Jara.</p>
<p>El relato llevado a cabo por Mario Amorós de los últimos días del cantautor, que se atiene rigurosamente a los hechos comprobados y desmiente truculentas leyendas de mutilación, puede conmover hasta las lágrimas. El autor ha confesado que resultó muy dura la investigación sobre esta parte de la vida de Víctor Jara, y me imagino que lo habrá sido no sólo por la ingente cantidad de documentos del procedimiento judicial que ha debido examinar, sino también por la propia dureza de los testimonios. Los hechos son bien conocidos, a pesar de que cada año, por estas fechas, docenas de cretinos vuelvan a intentar negarlos o manipularlos: el asedio de la democracia y el estrangulamiento de su economía, el bombardeo del Palacio de la Moneda, la disposición del Estadio Chile y del Estadio Nacional como centros de detención y tortura de miles de presos políticos, las desapariciones, los campos de concentración. En la <em>Vida es eterna</em> se nos narran de manera descarnada, además, detalles estremecedores acerca de la detención de Víctor Jara el 12 de septiembre en la Universidad Técnica del Estado, a donde había acudido para cumplir hasta el final con su trabajo, como había pedido Salvador Allende, y del salvaje tormento al que se le sometió en el Estadio Chile.</p>
<p>Es el más escalofriante de los odios aquel con el que logran contaminar los poderosos incluso el espíritu de personas corrientes cuando temen la pérdida de sus privilegios por la rebelión de los humildes, de los siempre olvidados. ¿Hasta qué punto debe haberse corrompido un corazón humano para golpear a un semejante indefenso hasta reventarlo y burlarse de él entonces gritándole: “¡vamos, canta ahora!”?</p>
<p>La dureza desoladora de su final no debe, sin embargo, ensombrecernos tanto como para nublar el resto de su biografía, preñada de bondad, anhelo de vivir y hermandad con los millones de personas que cada día desean tejer sus propias vidas en paz.</p>
<p>Recoge Mario Amorós la respuesta de Víctor Jara, muy poco antes de morir, a la pregunta de qué era para él la Patria. “Amor a mi hogar, a mi mujer, a mis hijas”, dijo. “Amor a la tierra que me ha ayudado a vivir”, también “a la educación y al trabajo”, “amor a los demás, que trabajan por el bienestar común”, “a la justicia”, “a la paz para gozar de la vida”, “a la libertad”, “no a la libertad de unos para vivir de otros, sino la libertad de todos”.</p>
<p>A una patria semejante podemos sentirnos llamados de todos los países del mundo y en ella podemos unirnos y reencontrarnos con la imborrable sonrisa de Víctor Jara.</p>
<h4>Fuente: <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/odio-esperanza-memoria-victor-jara_129_10544157.html" target="_blank" rel="noopener">ElDiario.es</a></h4>
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		<title>El Berlín demónico</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/el-berlin-demonico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 Sep 2023 06:00:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamiento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tal día como hoy moría Benjamin. Lo recordamos aquí con uno de sus relatos radiofónicos, dirigidos principalmente a niños y jóvenes, relatos que pretendían proporcionar en forma divertida las claves para comprender la historia pasada y presente. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="p1">La primera vez que oísteis hablar de brujas fue en el cuento de Hansel y Gretel. ¿Qué os imaginasteis? Una malvada y peligrosa mujer que vive solitaria en el bosque y en cuyas manos es mejor no caer. Seguramente no os habréis calentado los cascos preguntándoos cómo se lleva la bruja con el diablo o con Dios, o de dónde sale, qué hace y qué no hace. Y durante siglos los hombres han pensado lo mismo que vosotros respecto a las brujas. La mayoría creía en las brujas de la misma manera que los niños pequeños se creen los cuentos. Pero igual que los niños, por pequeños que sean, no viven con arreglo a lo que cuentan las fábulas, los hombres tampoco han asumido, en todos esos siglos, la creencia en las brujas en su vida diaria. Se han contentado con protegerse de ellas mediante sencillos símbolos, con una herradura sobre la puerta, una estampa religiosa o, a lo sumo, con un conjuro colgado sobre el pecho, bajo la camisa. Así era en la antigüedad; cuando llegó el cristianismo, la cosa no cambió mucho, por lo menos no cambió para mal. Pues el cristianismo salió al paso de la creencia en el poder del Mal. Cristo había derrotado al diablo y lo había enviado a los infiernos, y sus seguidores no tenían nada que temer de los poderes maléficos. Esa era, al menos, la primitiva fe cristiana; en aquella época se conocían también, sin duda, mujeres de mala reputación pero eran ante todo sacerdotisas y diosas paganas, y nadie creía demasiado en sus poderes mágicos. Más bien inspiraban compasión, porque el diablo las había engañado hasta el punto de hacerlas creerse dotadas de poderes sobrenaturales. Nadie os podrá explicar con absoluta claridad la manera en que esta situación cambió del todo, inadvertidamente, en unas pocas décadas, aproximadamente por el año 1300 después de Cristo. Pero los hechos no admiten dudas: tras muchos siglos en los cuales la creencia en brujas había persistido como una superstición más, sin causar ni menos ni más daños que las otras, de repente, a mediados del siglo XIV se empezó a ver por doquier brujas y brujerías y a desatar en seguida, casi en todas partes, persecuciones contra ellas. De la noche a la mañana surgió una auténtica ciencia de la brujería. De improviso, todo el mundo afirmaba saber con exactitud qué hacían en sus asambleas, de qué poderes mágicos disponían y contra quién pretendían utilizarlos. Como os he dicho, quizá nunca podrá saberse con precisión cómo se llegó a ese punto. Tanto más sorprendente es, a cambio, lo poco que sabemos acerca de los orígenes de este fenómeno.</p>
<p class="p1">Todos entendemos la superstición como una cosa que está extendida y arraigada sobre todo entre las gentes sencillas. Pues bien, la historia de la creencia en las brujas abunda en ejemplos que nos muestran que esto no siempre fue así. Precisamente el siglo XIV, en el cual estas creencias mostraron su vertiente más rígida y peligrosa, fue una época de gran progreso para las ciencias. Habían dado comienzo las cruzadas, y con ellas habían llegado a Europa las más novedosas doctrinas científicas, especialmente en el campo de las ciencias naturales, en las que Arabia, por aquel entonces, aventajaba en gran medida a las demás naciones. Y, por increíble que parezca, estas nuevas ciencias naturales fomentaron poderosamente la creencia en las brujas. Sucedió del siguiente modo: en la Edad Media, las ciencias naturales puramente especulativas o descriptivas, que actualmente llamamos teóricas, no estaban aún separadas de las ciencias aplicadas, como por ejemplo la técnica. Por su parte, estas ciencias naturales aplicadas y la magia eran en aquel tiempo una misma cosa, o, por lo menos, estaban estrechamente emparentadas. Al fin y al cabo, muy poco era lo que se sabía acerca de la naturaleza. La investigación y el aprovechamiento de sus fuerzas ocultas eran considerados hechicería. Con todo, esa hechicería estaba permitida siempre que no tuviera fines perversos, y para diferenciarla de la nigromancia se la denominaba simplemente blanca: la magia blanca. Así pues, todo lo que por aquel entonces se descubría acerca de la naturaleza redundaba directa o indirectamente en un reforzamiento de la creencia en la magia, o de la creencia en la influencia de las estrellas, en el arte de hacer oro y cosas por el estilo. Y con el interés por la magia blanca aumentaba también el interés por la magia negra.</p>
<p class="p1">No obstante, las ciencias naturales no eran las únicas que contribuían a fomentar aquellas terribles creencias. De la creencia en la magia negra y de su estudio se siguieron para los filósofos de la época –que por aquel entonces eran exclusivamente clérigos– una larga serie de cuestiones que hoy en día no podemos entender fácilmente y ante las cuales, cuando finalmente las comprendemos, se nos ponen los pelos de punta. Ante todo se quería, por ejemplo, aclarar de una vez por todas en qué consistía la diferencia entre la magia que practicaban las brujas y la propia de otras malas artes hechiceras. Que todos los nigromantes, sin excepción, eran herejes –es decir, no creían en Dios o no lo hacían de la manera correcta–era algo que estaba claro para todos desde hacía mucho tiempo; los papas habían aleccionado en este sentido. Pero se quería averiguar qué era lo que distinguía a las brujas y los hechiceros del resto de nigromantes. A tal fin, los sabios se entregaron a disquisiciones que, más que temibles, habrían resultado disparatadas y curiosas de no ser porque, pasados cien años, cuando los procesos de brujas alcanzaron su apogeo, aparecieron dos hombres que se tomaron muy en serio todas estas quimeras, las compilaron, las cotejaron, extrajeron de ellas una serie de consecuencias y las utilizaron como fundamento de un método para identificar con pelos y señales a aquellos que habrían de ser acusados de brujería. De esto salió un libro llamado “Malleus maleficarum” o “Martillo de brujas”; pocas cosas impresas habrán traído a la humanidad tanto infortunio como esos tres grandes volúmenes. ¿En qué consistía, según esos sabios, la singularidad de las brujas? Ante todo en el hecho de que habían pactado una alianza formal con el demonio. Habían abjurado de Dios y habían prometido al demonio cumplir siempre su voluntad. A su vez, el demonio les había prometido darles todo lo que deseasen (en la vida terrenal, claro); pero, como era un embustero, casi nunca había mantenido su palabra ni lo haría en el futuro. A partir de ahí, hablaban y no acababan de todo aquello que obraban las brujas gracias al poder demoníaco, y de qué medios se servían para sus fines, y qué ritos estaban obligadas a cumplir. Algunos de vosotros habréis visto el lugar donde bailaban las brujas cerca de Thale, con el salón de la noche de Walpurgis; otros habréis tenido en las manos un volumen de leyendas del Harz, y ya sabréis mucho de estas cosas; así que no voy a hablaros del Blocksberg, la montaña donde cada primero de mayo habían de reunirse las brujas, ni de sus cabalgadas a lomo de la escoba con la que salen volando por la chimenea, sino de unas cuantas cosas aún más raras, que quizá no hayáis leído nunca en vuestros libros de leyendas. Cosas curiosas para nosotros, claro. Pues hace trescientos años no había para la gente nada más natural que creer que una bruja podía hacer caer una granizada sobre los trigales con solo salir al campo y alzar una mano hacia el cielo, o embrujar a las vacas con una sola mirada, de manera que de las ubres saliera sangre en vez de leche, o, practicando un corte en un sauce, hacer que de la corteza manara leche o vino, o transformarse a sí misma en un gato, un lobo o un cuervo. Cuando alguien se hallaba bajo la sospecha de brujería, ya no había nada, hiciese lo que hiciese esa persona, que no contribuyese a fomentar tal sospecha; ni en su casa ni en sus campos, ni en sus palabras ni en sus hechos, ni en su comportamiento durante la misa o durante el juego, no había nada que gentes malintencionadas, mentecatas o dementes no pudieran relacionar con la brujería. Y aún hoy, palabras como mantequilla de bruja (nombre que se da a las huevas de rana), anillo de las brujas (que se aplica a los círculos que a veces forman las setas), liquen de bruja, harina de bruja, etc., dan testimonio de la asociación de las cosas más sencillas de la naturaleza con estas creencias. Si queréis leer un breve compendio, en cierta medida una especie de guía a través del mundo de las brujas, tenéis que pedir que os dejen la obra teatral “Macbeth” de Shakespeare. Veréis también allí cómo las gentes se imaginaban al diablo bajo la figura de un amo severo a quien cada bruja había de rendir cuentas de las malas acciones o incluso crímenes que había cometido en su honor. En aquella época cualquier hombre sencillo sabía acerca de las brujas tanto como se lee en “Macbeth”. Los filósofos, por supuesto, sabían mucho más. Podían aducir pruebas de la existencia de las brujas, tan faltas de lógica que hoy en día no se tolerarían en una redacción escolar de un alumno de primero de bachillerato. En el año 1660, uno de esos filósofos escribió: “Aquel que niega la existencia de las brujas niega también la existencia de los espíritus, pues las brujas son espíritus. Ahora bien, aquel que niega la existencia de los espíritus, niega también la existencia de Dios, pues Dios es un espíritu. Así pues, quien niega a las brujas, niega también a Dios.”</p>
<p class="p1">El disparate y el absurdo ya son bastante malos por sí mismos; pero cuando se los quiere aplicar con rigor y consecuencia resultan realmente peligrosos. Así sucedió con la creencia en las brujas, y por ello la intransigencia de los sabios fue causa de males mucho mayores que la superstición. De los científicos y de los filósofos ya hemos hablado. Y ahora les toca a los peores: los juristas. Y con ello llegamos a los <i>procesos </i>de brujería, que fueron la plaga más terrible de la época, al margen de la peste. En efecto, estos procesos se propagaron como una plaga, pasaron de un país a otro, alcanzaron su apogeo para menguar después temporalmente, no se detenían ni ante los niños ni ante los ancianos, ni ante los ricos ni ante los pobres, ni ante los juristas ni ante los alcaldes, no respetaban a los médicos ni a los canónigos; toda clase de ministros de la iglesia hubieron de subir a la hoguera junto a los encantadores de serpientes o los cómicos de feria, por no hablar del número infinitamente mayor de mujeres de todas las edades y condiciones. Actualmente ya no es posible verificar en cifras la cantidad de personas que murieron en Europa acusadas de ser brujas o hechiceros; pero es seguro que fueron por lo menos cien mil, o quizá varias veces esta cifra. Ya he mencionado aquel libro atroz llamado “Malleus maleficarum”, que apareció en el año 1487 y fue reimpreso muchísimas veces. Estaba escrito en latín; era un manual para inquisidores. Se llamaba inquisidores (literalmente, los que preguntan) a unos monjes dotados, por el Papa, en persona, de plenos poderes para combatir la herejía. Y como las brujas eran consideradas herejes, los inquisidores habían de ocuparse de ellas. Pero lo cierto es que no todo el mundo se resignó, sin celos, a dejar esa horrible tarea en manos de los inquisidores; antes bien hubo muchas otras jurisdicciones que se desvivían por poder dedicarse a la lucha contra las brujas. Se trataba de la jurisdicción ordinaria de la Iglesia y de la justicia ordinaria civil. De estas dos, la peor fue la segunda, pues el antiguo derecho canónico no contemplaba la figura de la quema de brujas y por eso durante mucho tiempo las únicas penas aplicadas a las brujas fueron la excomunión y la prisión. Hasta que en 1532 Carlos V instituyó su nuevo código penal, la llamada “Carolina” o “Código de enjuiciamiento criminal”, que prescribía la muerte en la hoguera como castigo a la brujería. De todos modos, aún existía una reserva: para condenar a alguien por ese delito, hacía falta probar que había causado daños reales. Esta legislación, sin embargo, resultaba demasiado suve para muchos juristas y soberanos, y muchos prefirieron guiarse por el derecho territorial sajón, según el cual cualquier hechicero y cualquier bruja podían ser quemados aunque no se pudiera probar que hubieran causado daño alguno. Estas múltiples jurisdicciones dieron lugar a una confusión tan tremenda que palabras como orden y derecho dejaron de tener sentido. A esto se añadía el hecho de que la gente se imaginaba a las brujas como posesas en las que habitaba el demonio, y por lo tanto se creía estar luchando cara a cara con el Maligno, lo cual justificaba el empleo de todos los métodos. Nada podía haber tan terrible e insensato que los juristas de la época no se atrevieran a colgarle algún latinajo. Y así, se calificó a la brujería de <i>crimen exceptum, </i>es decir, un crimen fuera de lo común, lo que significaba que el acusado apenas estaba en condiciones de defenderse. Por ejemplo, ya desde el principio se le trataba como culpable. Si tenía un defensor, éste no podía tampoco hacer gran cosa, pues se consideraba que quien defendiera con excesivo celo a los acusados de brujería se hacía, a su vez, sospechoso del mismo delito. Los juristas contemplaban los asuntos de brujería como una materia especial que solo ellos, como profesionales, estaban capacitados para juzgar. Y el más peligroso de sus principios era aquel según el cual en el delito de brujería bastaba con la confesión del reo, aun cuando no se pudieran aducir otras pruebas. Cualquiera que sepa que en los procesos de brujería la tortura estaba a la orden del día, ya se hará cargo del valor real que podían tener tales confesiones. Realmente una de las cosas más asombrosas que hallamos en la historia es el hecho de que hubieran de pasar doscientos años antes de que los juristas llegaran a la conclusión de que las confesiones arrancadas mediante tortura no pueden ser consideradas válidas. Quizá si les costó tanto llegar a tan sencillas conclusiones fue debido al tropel de increíbles y escalofriantes sutilezas que atiborraban sus libros. Incluso creían haber desenmascarado al diablo. Por ejemplo, cuando una acusada se obstinaba en callar –porque sabía que cualquier palabra, aun la más inocente, no haría sino agravar todavía más su desgraciada situación– los juristas veían en ello los efectos de la “mordaza diabólica”, lo cual significaba que el Maligno había embrujado a la inculpada impidiéndole hablar. Igual de eficaces resultaban las llamadas pruebas de brujería, con las cuales se pretendía a veces acortar el sumario. Existía, por ejemplo, la prueba de las lágrimas. Si alguien, durante la tortura no lloraba de dolor, se consideraba probado que el diablo le socorría en el trance; y de nuevo hubieron de pasar doscientos años hasta que los médicos hicieron u osaron decir en voz alta la sencilla observación de que el hombre, bajo el efecto de dolores muy fuertes, no llora.</p>
<p class="p1">La lucha contra los procesos de brujería ha sido una de las mayores luchas de liberación de la humanidad. Comenzó en el siglo XVII y su triunfo se hizo esperar cien años, en algunos países más. Como suele suceder con estas cosas, no nació de una idea, sino de la necesidad. Como bajo la tortura todo el mundo acusaba a su vecino, algunos soberanos vieron sus países devastados en pocos años. Un proceso podía traer consigo cien más, que tardaban años y años en cerrarse. Así, ciertos soberanos empezaron simplemente a prohibir tales procesos. Y entonces los hombres fueron poco a poco osando reflexionar. Los clérigos y los filósofos descubrieron que la creencia en brujas no había existido en absoluto en los primeros tiempos de la Iglesia, y que Dios no podía haber dotado al diablo de un poder tan grande sobre los hombres. Los juristas llegaron a comprender que ya no podían seguir considerándose válidas las calumnias y las confesiones arrancadas mediante la tortura. Los médicos tomaron la palabra para explicar que había enfermedades a consecuencia de las cuales una persona podía creerse un hechicero o una bruja sin serlo en absoluto. Y finalmente el sano entendimiento humano se hizo notar y señaló las innumerables contradicciones existentes en las actas de cada uno de los procesos de brujería y en la propia creencia en las brujas. De todos los libros que en aquel tiempo se escribieron contra los procesos, solo uno llegó a ser famoso. Es el del jesuita Friedrich von Spee. Este hombre había sido en su juventud confesor de las brujas condenadas a muerte. Cuando un día un amigo le preguntó por qué el cabello se le había encanecido tan pronto, le contestó: “Por los muchos inocentes que he tenido que acompañar a la hoguera”. Su libro “Advertencia sobre los procesos de brujería” nada tiene de subversivo. Friedrich von Spee creía incluso en la existencia de las brujas. Pero en lo que no creía en absoluto era en las horribles y alambicadas disquisiciones eruditas gracias a las cuales durante siglos se pudo tachar arbitrariamente a cualquier persona de bruja o hechichero. A la escalofriante jerigonza, mezcla de latín y alemán de decenas de miles de actas supo oponer una obra en la que la cólera y la emoción irrumpen por doquier. Y con esta obra y su resonancia demostró hasta qué punto es necesario dar siempre a la humanidad la primacía ante la erudición y la agudeza intelectual.</p>
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<p><a href="https://www.editorial-montesinos.com/narrativa/3440-el-berlin-demonico.html" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-21601 size-medium" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2021/09/3D-el-berlin-demonico-201x300.jpg" alt="" width="201" height="300" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2021/09/3D-el-berlin-demonico-201x300.jpg 201w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2021/09/3D-el-berlin-demonico-768x1145.jpg 768w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2021/09/3D-el-berlin-demonico-687x1024.jpg 687w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2021/09/3D-el-berlin-demonico.jpg 858w" sizes="auto, (max-width: 201px) 100vw, 201px" /></a></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Collins y Dickens</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/collins-y-dickens/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 Sep 2023 06:00:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Eran amigos, viajaron juntos, emparentaron, pero también se distanciaron. En cualquier caso, fueros los dos escritores que más novelas vendieron en aquella época, publicadas primero por capítulos en revistas, y luego editadas en forma de libros.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5>Philip V. Allingham</h5>
<p>En marzo de 1851 Wilkie Collins, entonces un estudiante de leyes en el Lincoln’s Inn, conoció a Charles Dickens, a quien se le asocia de una manera tan cercana que se le ha llamado “el asistente de Dickens”. Collins, amigo íntimo de Dickens desde su primer encuentro en marzo de 1871 hasta la muerte de este último en 1870, fue uno de los más conocidos y admirados escritores de ficción victorianos, e inclusive, durante algún tiempo, también fue uno de los mejor pagados. Estos dos hombres se conocieron a través de un conocido mutuo, el artista Augustus Egg. Dickens, quien conocía al padre de Wilkie, William Collins, paisajista y miembro de la Real Academia, invitó al joven Collins a participar en un grupo aficionado de teatro.  Wilkie encontró en Dickens una alternativa a su estricto y autoritario padre.  En Collins, Dickens encontró a un compañero con quien relajarse, alguien que estuviera ajeno al conservadurismo oscuro y tradicional de sus otros amigos, y en abril de 1852, después de que Collins publicó el cuento «Una Cama Terriblemente Extraña» en la revista semanal de Dickens <em>Household Words (Palabras Domésticas)</em> ambos se hicieron muy buenos amigos. Para 1852, época de las actuaciones de Dickens en la Asociación, éste veía a Collins como un amigo tan cercano que lo invitó a ir de vacaciones con él a Dover. El año siguiente, Egg se unió a este par de amigos en sus vacaciones al otro lado del Canal de la Mancha.  Collins le dio cátedra de arte a Egg, y no se cansaba de tararear incorrectamente aires de ópera.  Además, le contó a sus compañeros de viaje la historia de sus doce años de experimentación sexual. Dickens decidió subir el Chamonix a pie, mientras que los otros dos, más jóvenes que él, eran transportados en un palanquín de mala calidad.  Collins estaba encantado de haber regresado a Italia, tierra de su niñez.  En Génova el trío se embarcó con destino a Nápoles, de donde tenían planeado ascender el Monte Vesubio.  En Roma, Collins disfrutó enormemente de los esplendores de la Basílica de San Pedro.  A finales de noviembre, el trío se encontraba en Venecia, en donde frecuentaban el ballet y los muchos cafés de la ciudad, sitios a los que Collins se presentaba muy mal vestido, cosa que mortificaba profundamente a Dickens.</p>
<p>En enero de 1855, tal como era su costumbre en Navidad, Dickens tenía fuertes deseos de montar un cuento de hadas para sus hijos. En esta ocasión se trataba de su propia adaptación de la obra de James Planche&#8217;s <em>Fortunio y sus Siete Talentosos Sirvientes</em>, protagonizada por «Wilkini Collini» en el papel de Gobbler.  A mediados de junio de 1855, en el salón de los niños, que también hacía las veces de teatro en la Tavistock House, Dickens y compañía montaron la obra de teatro para adultos <em>El Faro</em>, escrita por Collins. Y fue así como éste último puso a Dickens en la trayectoria de lo que sería el melodrama <em>La Helada Profundidad</em> y de la joven actriz Ellen Lawless Ternan. Al final de agosto de 1855, Collins terminó casi cinco meses de trabajo en la obra. En febrero de 1856, Collins visitó a Dickens en París. En ese verano, Collins se convirtió en el visitante más importante para Dickens, mientras ambos trabajaban juntos escribiendo <em>La Helada Profundidad</em>, una nueva obra de teatro para el grupo aficionado de teatro de Dickens, cuyo borrador terminaron a mediados de setiembre. En ese momento Dickens sugirió hacer un tour de la región de Cumberland a pie para recoger material para un artículo de viaje para su revista semanal <em>Household Words (Palabras Domésticas)</em>.  En dicho tour, al descender una montaña, ambos se perdieron en la oscuridad y la niebla, Collins se lastimó la pierna y Dickens tuvo que cargarlo en el descenso.</p>
<p>Todos los antiguos miembros del grupo de teatro (Mark Lemon, Frederick Evans, Agustus Egg, John Forster, y Wills, el ayudante de campo de Dickens en <em>Household Words (Palabras Domésticas)</em> ayudaron a poner la obra en escena.  Janet, la esposa de Wills, representaba a la enfermera escocesa con poderes de clarividencia. El ensayo general se llevó a cabo el 5 de enero de 1868, y tuvo como audiencia a los sirvientes de Dickens y algunos pequeños comerciantes y tenderos; posteriormente, esta compañía de aficionados dio cuatro funciones en Tavistock House, para una audiencia de unas 90 personas en cada ocasión. Los reporteros de siete periódicos londinenses, incluyendo <em>The Times</em>, elogiaron la actuación de Dickens en su papel del taciturno y abnegado héroe Richard Wardour (quien serviría de inspiración para Sydney Caron en su novela <em>Historia de dos ciudades</em>).  El 4 de julio,  Dickens y su compañía dieron una función para la Reina Victoria y su corte, y en dicha ocasión también se encontraban entre la audiencia Hans Christian Andersen y W. M. Thackeray.  Se hicieron arreglos para representar la obra el 21, 22 y 24 de agosto en Manchester, pero Dickens cayó en la cuenta de que los miembros femeninos de su grupo aficionado no tenían la capacidad de proyectar la voz de una manera satisfactoria de acuerdo con las demandas vocales del Salón de Comercio de esta ciudad, por lo que contrató a tres actrices profesionales: la Sra. Ternan en el papel de la enfermera Esther, María, la romántica protagonista, y Ellen, actriz de dieciocho años, en el papel secundario que originalmente representaba la cuñada de Dickens, Georgina Hogarth.  En octubre, Dickens finalmente montó una producción profesional en el Teatro Olímpico, en la cual Henry Neville tomó el papel que Dickens había representado originalmente.  Para esta ocasión Wilkie empezó a hacer ciertos cambios en el guion, cambios que eventualmente llevarían a mayores revisiones del mismo en 1866.</p>
<p>En los años siguientes, Collins y Dickens trabajaron juntos escribiendo cuentos tales como <em>Los peligros de ciertos prisioneros ingleses</em> para <em>Household Words (Palabras Domésticas)</em> (Navidad de 1857). Mientras tanto, el hermano de Wilkie, Charles, había iniciado una relación romántica con una de las hijas de Dickens, Katie.  Charles Collins era una fiel copia de su padre; de la familia de Dickens, Katie era la que más se parecía a su padre.  En la mañana del 17 de julio de 1860, Katie Dickens se casó con Charles Collins en la Iglesia de Santa Maria en Higham, cerca de Gad&#8217;s Hill.  Katie era una vivaz muchacha de tan sólo 20 años, mientras que el novio, de 32 años, era un introspectivo y melancólico paisajista y escritor de libros de viaje.  La salud de Charles Collins era mala, y desde el principio parecía augurar que Katie estaba destinada a ser una viuda joven; en efecto, Charles murió de cáncer de estómago en 1873.</p>
<p>Cuando Wilkins empezó a trabajar y a escribir en colaboración con Dickens en las oficinas de <em>Household Words (Palabras Domésticas)</em>, Dickens, aunque solo doce años mayor que él, ya había amasado una vasta experiencia como periodista, escritor de cuentos y novelista romántico. Dickens sabía exactamente cuál material era apropiado para la prensa y cuál no lo era; Collins, por el contrario, era radical en sus retratos psicológicos y en su realismo y estaba determinado a explorar lo que Henry James llama «los misterios que se encuentran en los umbrales de nuestra propia casa».  En 1859, después de romper con los editores de <em>Household Words (Palabras Domésticas)</em>, Dickens fundó <em>All the Year Round (Durante todo el año)</em>, una revista semanal similar a la anterior,  a la cual todo tipo de lector tuviera acceso. La primera entrega semanal de la novela de Wilkie Collins <em>La Dama de Blanco</em> apareció en la misma edición de <em>All the Year Round (Durante todo el año)</em> que la última entrega de <em>Historia de dos ciudades</em>: el 26 de noviembre de 1859. Para cuando Collins había terminado de escribir esta novela sensacionalista, en julio de1860, a pesar de entre los críticos había producido muy diversas reacciones, era claro que había contribuido significativamente a aumentar las ventas de la revista.  A mitad de agosto de 1860, cuando la editorial Sampson Low, Son y Compañía la publicó como obra en tres tomos, ésta rompió todos los records previos de venta de novelas.</p>
<p>La sobria y escueta prosa de Collins carece de la resonancia, poesía y alusiones de la de Dickens.  A pesar de estas diferencias de estilo, durante la década de 1860, Collins disfrutó de una popularidad literaria y un éxito financiero casi igual a los de Dickens, ya que el público lector victoriano apreciaba la sutileza de sus personajes, el realismo de sus retratos psicológicos, y sus ingeniosas tramas.  Para el novelista de mayor edad, la trama se derivaba de la interacción entre personajes que eran sentidos con mucha profundidad; para el novelista más joven, el azar, que parece ser casual, (aunque en realidad se trataba de la Providencia), y que está más allá del control de los personajes a nivel individual, es lo que aparentemente anima y dirige la trama. Dickens y Wilkie Collins escribieron juntos algunas historias de navidad para el ejemplar anual navideño de <em>All the Year Round (Durante todo el año)</em>, como por ejemplo <em>«Un mensaje proveniente del mar»</em> (1860), <em>«El terreno de Tom Tiddler&#8217;s»</em> (1861), <em>«El equipaje de cierta persona»</em> (1862),  <em>«La residencia de la Sra. Lirriper»</em> (1863) y <em>«El legado de la Sra. Lirriper»</em> (1864). En marzo de 1862, Wilkins cumplió con su última obligación contractual con <em>All the Year Round (Durante todo el año)</em> al finalizar la publicación por entregas de la novela <em>Sin nombre</em>, que Dickens consideró extremadamente ingeniosa.  La venta de los derechos de autor de esta novela le produjo a Wilkie la astronómica suma de £4,600. En este punto triunfante de su carrera, Wilkie se vio obligado por una dolorosa combinación de gota, reumatismo y adicción al láudano a visitar varios balnearios en el continente para recuperar su salud.</p>
<p>En abril de 1861, a pesar de que la publicación de <em>Sin nombre</em> en <em>All the Year Round (Durante todo el Año)</em> iba a continuar durante 1862, Collins firmó un contrato con Smith y Elder.  Sin embargo, con cierta frecuencia Dickens lograba atraer a Collins de nuevo a su revista, como sucedió en el caso de la publicación por entregas de <em>La Piedra Lunar</em> (1867).  Dickens era un fiel defensor de las causas sociales, pero hacía esta defensa de una manera menos explícita en sus novelas que en su periodismo, y una de las razones por las cuales no se sentía satisfecho con las novelas de Wilkie era que cada una de ellas tenía «un propósito».  Algún tiempo después, el poeta Swinburne reflejó esta característica de Wilkins en una elegía en verso que apareció en noviembre de 1889 en el <em>Fortnightly Review</em>.</p>
<p>¿Que fué lo que casi lleva al ingenio del buen Wilkins a la perdición? Cierto demonio murmuró: “¡Wilkie! Debes tener una misión!”.</p>
<p>Por este motivo, Dickens, quien inicialmente se había mostrado entusiasmado con la novela de Collins <em>La Piedra Lunar</em>, tenía ciertas reservas con respecto a esta obra, a pesar de que su publicación por entregas había aumentado las ventas de <em>All the Year Round (Durante todo el año)</em> más que ninguna otra novela hasta esta fecha, sobrepasando inclusive sus propias obras <em>Historia de dos ciudades</em> (1859) y <em>Grandes Esperanzas</em> (1861).  Por otro lado, es posible que la insatisfacción que tanto dicha novela como su autor, Collins, le provocaban a Dickens se haya debido más bien al disgusto que éste sentía por su enfermizo y neurótico yerno, Charles Collins.  Dickens le comentó confidencialmente al actor Charles Fechter que, al mirar a su yerno sentado en frente suyo en la mesa del comedor de Gad&#8217;s Hill, se dijo a sí mismo: «Cuesta creer que te encuentres aquí hoy, pero mañana te quedarás en tu recámara para nunca más salir».  Sin embargo, Dickens sintió admiración por las obras que Wilkie escribió posteriormente, entre ellas <em>Blanco y negro</em>, una obra de teatro que Wilkie escribió en 1869 basada en una de las ideas de Fechter.</p>
<p>A finales de 1860, la salud de Collins empezó a declinar. Su adicción al opio, cada vez más fuerte, y sus peculiares relaciones con Caroline Graves y Martha Rudd le llevaron a un distanciamiento con Dickens, quien conocía todos los detalles de la vida privada de Wilkie, así como este último estaba enterado de la relación extramarital de Dickens con la joven actriz Ellen Ternan.  No resulta sorprendente que tanto en los libros como en la realidad ambos novelistas sintieran una fascinación por los secretos y las dobles identidades. Wilkie Collins y su mentor se mantuvieron distanciados en los últimos años de vida de Dickens.  Después de la muerte de Dickens en 1870, Collins continuó siendo un escritor prolífico, a pesar de sus continuos problemas de salud.</p>
<h4>Fuente: <a href="https://victorianweb.org/espanol/autores/collins/dickens1.html" target="_blank" rel="noopener">Victorian web</a>.</h4>
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			</item>
		<item>
		<title>La infanticida Marie Farrar</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-infanticida-marie-farrar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Aug 2023 06:00:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 14 de agosto de 1956 moría en Berlín-Este el poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht. Antifascista, comunista sin partido, su aguda crítica social estuvo siempre guiada por un afán didáctico e innovador. Lo evocamos con uno de sus incisivos poemas.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>1. Marie Farrar, nacida en abril, menor, sin señas particulares, raquítica, huérfana, hasta el presente no fichada, dice haber asesinado a un niño de la siguiente manera:</p>
<p>Que ya en el segundo mes intentó en lo de una mujer que vivía en un sótano abortarlo con dos inyecciones, que declara fueron dolorosas. Pero no quiso salir. Y a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.</p>
<p>2. A pesar de ello dice haber pagado en el acto lo convenido y desde entonces haber usado faja, también bebió kerosen con pimienta molida; pero que todo eso no hizo sino provocarle diarrea. Que su cuerpo se hinchó a ojos vistas y que tuvo dolores agudos, mientras lavaba los platos, muchas veces. Ella misma, dice, aún no había dejado de crecer. Que le rezó a la virgen, con mucha esperanza. En cuanto a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar, Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.</p>
<p>3. Al parecer, las oraciones no dieron resultado. También, era mucho pedir. Cuando se puso más gruesa le daban mareos durante la misa. Sentía el cuerpo húmedo de miedo, cuando se arrodillaba al pie del altar. Sin embargo, mantuvo en secreto su estado, hasta que finalmente la sorprendió el parto. Pudo ocultarlo todo, seguramente porque nadie creía que ella tan sin gracia, hubiera caído en la tentación. Y a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar. Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.</p>
<p>4. Que ese día, según ella, muy de madrugada al lavar la escalera sintió que le clavaban uñas en el vientre. El dolor la estremecía. Y, sin embargo, logró disimularlo. Todo el día. Mientras cuelga la ropa la cabeza le estalla: de repente se da cuenta que va a parir y siente un gran peso sobre el corazón. Solo muy tarde sube al cuarto. Pero a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar. Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.</p>
<p>5. La llamaron de nuevo cuando ya se había acostado, había nevado y tuvo que barrer. Así hasta las once. Aquel fue un largo día. Solo entrada la noche pudo parir en paz. Y dio a luz, así declara, a un niño varón, a un hijo que era igual a otros hijos, pero ella no era igual que otras madres, eso quiero aclararlo sin ironía y sin mayor motivo. En cuanto a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar. Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.</p>
<p>6. Dejémosla que siga relatando lo que con ese hijo pasó (dijo que no pensaba guardarse una palabra) para que todos lo sepan y se ubiquen. Dice que a poco de acostarse sintió intenso malestar, sin saber qué podría ocurrir, pues estaba sola, y que se forzó a no gritar. Y yo a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar. Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.</p>
<p>7. Con sus últimas fuerzas, dice que luego, como su cuarto estaba helado, se arrastró hasta el retrete y allí (no recuerda exactamente en qué momento), sin más vueltas, parió hacia el amanecer. Dice que entonces se sintió muy confusa, y luego, ya medio congelada, porque en el baño de servicio entra la nieve, apenas tuvo fuerzas para alzar al niño. En cuanto a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar. Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.</p>
<p>8. Luego, entre el baño y la pieza &#8211;dice que hasta entonces no había pasado nada&#8211;, la criatura comenzó a gritar, eso la alteró de tal manera, que la golpeó con ambos puños y con fuerza, ciegamente, dice, hasta que se calló. Luego de ello se llevó el cuerpito consigo a la cama por el resto de la noche y de mañana lo escondió en el lavadero. Pero a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar. Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.</p>
<p>9. Marie Farrar, nacida en abril, muerta en la prisión de Meissen, madre soltera, sentenciada, quiere mostrarles los sufrimientos de todas las criaturas. Ustedes que dan a luz en limpias camas de maternidad y llaman «benditos» a sus vientres preñados quieran no condenar a los débiles perdidos, pues sus pecados fueron duros y su dolor fue grande. Por eso, les ruego, se abstengan de juzgar. Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.</p>
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		<title>Un Discurso de Ursula K. Leguin</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/un-discurso-de-ursula-k-leguin/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Aug 2023 06:00:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamiento]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.elviejotopo.com/?post_type=custom_type_xpress&#038;p=24990</guid>

					<description><![CDATA[<p>Es este un discurso breve, pero lleno de dignidad. Hoy, cuando a tantos solo les importa la fama y el talonario, estas palabras nos recuerdan los tiempos en que la mayoría de los intelectuales no eran siervos del poder. Y es que siempre hay excepciones.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Discurso de aceptación de la Medalla de la Fundación Nacional del Libro a la Contribución Distinguida a las Letras Americanas (2014)</strong></p>
<p>A quienes me han concedido esta hermosa recompensa, mi agradecimiento de corazón. Mi familia, mis agentes, mis editores, saben que mi presencia aquí es tanto obra suya como mía, y que la hermosa recompensa es tanto suya como mía. Y me regocijo aceptándola y compartiéndola con todos los escritores que han sido excluidos de la literatura durante tanto tiempo: mis colegas autores de fantasía y ciencia ficción, escritores de la imaginación, que durante cincuenta años han visto cómo las hermosas recompensas iban a parar a manos de los llamados realistas.<br />
Se avecinan tiempos difíciles, en los que necesitaremos las voces de escritores que puedan ver alternativas a cómo vivimos ahora, que puedan ver a través de nuestra sociedad presa del miedo y sus tecnologías obsesivas otras formas de ser, e incluso imaginar verdaderos motivos de esperanza. Necesitaremos escritores que recuerden la libertad, poetas, visionarios, realistas de una realidad más amplia.</p>
<p>Ahora mismo, necesitamos escritores que conozcan la diferencia entre la producción de una mercancía de mercado y la práctica de un arte. Desarrollar material escrito que se adapte a las estrategias de venta con el fin de maximizar los beneficios empresariales y los ingresos publicitarios no es lo mismo que la publicación responsable de libros o la autoría.</p>
<p><a href="https://issuu.com/store/publishers/elviejotopo/subscribe" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-24981 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/07/PENSAMIENTO-CONTESTATARIO-DIGITAL.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/07/PENSAMIENTO-CONTESTATARIO-DIGITAL.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/07/PENSAMIENTO-CONTESTATARIO-DIGITAL-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/07/PENSAMIENTO-CONTESTATARIO-DIGITAL-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a> <a href="https://tienda.elviejotopo.com/suscripciones/1264-suscripcion.html" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-24977 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/07/PENSAR-A-LA-CONTRA-PAPEL.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/07/PENSAR-A-LA-CONTRA-PAPEL.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/07/PENSAR-A-LA-CONTRA-PAPEL-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/07/PENSAR-A-LA-CONTRA-PAPEL-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>Sin embargo, veo cómo los departamentos de ventas controlan la edición. Veo a mis propios editores, en un pánico tonto de ignorancia y codicia, cobrando a las bibliotecas públicas por un libro electrónico 6 o 7 veces más de lo que cobran a los clientes. Acabamos de ver a un especulador intentar castigar a un editor por desobediente, y a escritores amenazados por una fatwa corporativa. Y veo a muchos de nosotros, los productores, que escribimos los libros y hacemos los libros, aceptando esto –dejando que los especuladores de mercancías nos vendan como desodorante, y nos digan qué publicar, qué escribir.</p>
<p>Los libros no son sólo mercancías; el afán de lucro entra a menudo en conflicto con los objetivos del arte. <strong>Vivimos en el capitalismo, su poder parece ineludible, pero también lo parecía el derecho divino de los reyes. Cualquier poder humano puede ser resistido y cambiado por los seres humanos. La resistencia y el cambio suelen comenzar en el arte. Muy a menudo en nuestro arte, el arte de las palabras.</strong></p>
<p>He tenido una larga carrera como escritora, y buena, en buena compañía. Aquí, al final de la misma, no quiero ver cómo la literatura estadounidense se arroja al garete. Los que vivimos de escribir y publicar queremos y debemos exigir nuestra parte justa de los beneficios; pero el nombre de nuestra hermosa recompensa no es beneficio. Se llama libertad.</p>
<p>Gracias.</p>
<p>Texto seleccionado por Carlos Valmaseda para la página <em>miscelánea</em> de Salvador López Arnal</p>
<p>Fuente: <a href="https://slopezarnal.com/miscelanea-9-vii-2023/#more-9849" target="_blank" rel="noopener">https://slopezarnal.com/miscelanea-9-vii-2023/#more-9849</a></p>
<p><a href="https://www.ursulakleguin.com/nbf-medal" target="_blank" rel="noopener">Ursula K. Le Guin — National Book Foundation Medal: Ursula’s Acceptance Speech</a></p>
<h4>Libros relacionados:</h4>
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		<item>
		<title>Vergüenza ajena</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/verguenza-ajena/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Jul 2023 06:00:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vergüenza ajena sentimos al enterarnos de que el Ayuntamiento de Madrid ha borrado estos versos de Miguel Hernández del cementerio de la Almudena. Calificarlo de obscenidad nos parece demasiado poco. ¿Es este el tratamiento de la Memoria que nos ofrecerá el PP si gana?</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>ELEGÍA</p>
<p>(Fagmento)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Volverás a mi huerto y a mi higuera:<br />
por los altos andamios de las flores<br />
pajareará tu alma colmenera</p>
<p>de angelicales ceras y labores.<br />
Volverás al arrullo de las rejas<br />
de los enamorados labradores.</p>
<p>Alegrarás la sombra de mis cejas,<br />
y tu sangre se irán a cada lado<br />
disputando tu novia y las abejas.</p>
<p>Tu corazón, ya terciopelo ajado,<br />
llama a un campo de almendras espumosas<br />
mi avariciosa voz de enamorado.</p>
<p>A las aladas almas de las rosas<br />
del almendro de nata te requiero,<br />
que tenemos que hablar de muchas cosas,<br />
compañero del alma, compañero.</p>
<p>&nbsp;</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Entrevista a José Saramago</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/entrevista-a-jose-saramago/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Jun 2023 06:00:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamiento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hoy hace trece años que nos dejaba José Saramago. Intelectual comprometido, excelente novelista y hombre de bien, en septiembre de 2005 contestó a las preguntas que le formulaba Francesc Ponsa, extraídas del libro de este último: Ensayo sobre José Saramago.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¿Cuál es su definición de intelectual?</strong></p>
<p>Creo que cuando decimos que el ser humano es un animal racional, es decir, que usa la razón, estamos diciendo implícitamente que es un animal intelectual, es decir, que hace uso del intelecto. Ahora bien, que yo sepa, todos hacemos uso del intelecto, ya sea para descubrir la ley de la relatividad o simplemente para aprender a leer. Veamos lo que escribe André Comte-Sponville (Diccionario Filosófico, ed. Paidós) en “Intelectual”: “Es quien vive de su pensamiento o por su pensamiento. Solo hay una elección entre una insignificancia (pensar para vivir) y una ilusión (vivir para pensar). No hay oficio tonto, pero tampoco vanidad inteligente”. Vale la pena reflexionar sobre estas palabras.</p>
<p><strong>¿La suya es una literatura que actúa como resistencia al Poder?</strong></p>
<p>Nunca pensé en ella como tal. Aunque, obviamente, entiendo que el poder es inseparable del hecho de que tenemos que vivir integrados en grupos, hasta el punto de que incluso aquellos a los que llamamos excluidos siempre están excluidos en relación a algo, por lo tanto integrados de alguna manera en lo que son. Esa es tu referencia. Supongo que esto es lo que pretenden mostrar mis libros.</p>
<p><strong>¿La literatura puede cambiar el mundo? ¿Es con ese propósito que usted escribe?</strong></p>
<p>Un médico podrá curar mil enfermedades, no podrá prevenir la muerte. Sin embargo, saber que vas a perder la última batalla no es motivo para que te rindas. La literatura nunca ha cambiado el mundo y no hay razón para esperar que lo cambie mañana. Y, sin embargo, seguimos escribiendo. ¿Por qué? Porque sí, simplemente.</p>
<p><strong>¿Cree que su éxito mediático convierte sus libros en productos culturales? ¿Considera que el consumo de sus libros le desvirtúa como escritor marxista?</strong></p>
<p>No soy un producto cultural, soy un productor cultural. Mis libros, sí, son productos culturales. Tampoco me reconozco como un personaje mediático, al menos en el sentido que le doy actualmente a esa palabra. No cultivo la fama por la fama. Todo lo que hago y digo está directamente relacionado con el ciudadano y el escritor que soy. En cuanto a ser un escritor marxista, no lo creo. O mejor dicho, soy eso, pero también más cosas y algunas seguramente contradictorias.</p>
<p><a href="https://tienda.elviejotopo.com/suscripciones/1264-suscripcion.html" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-24718 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/SIN-ASPAVIENTOS-425-PAPEL.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/SIN-ASPAVIENTOS-425-PAPEL.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/SIN-ASPAVIENTOS-425-PAPEL-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/SIN-ASPAVIENTOS-425-PAPEL-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p><strong>¿Cuál es su concepto de política?</strong></p>
<p>No espere de mí una definición ideal de «política». Hemos estado en esto al menos desde Aristóteles y todavía no podemos ponernos de acuerdo. En lo que respecta a la democracia, considero que un sistema que limita el poder ciudadano a la mera representación política no puede ser catalogado como democrático. Vivimos bajo una plutocracia o, si prefiere decirlo así, bajo una dictadura económica.</p>
<p><strong>¿Qué repercusión política pueden tener los <em>desiertos interiores</em>?</strong></p>
<p>Los <em>desiertos del interior</em> no se llenan fácilmente. No faltan casos de personas que los llevan dentro de sí mismos a pesar de su intervención en el ámbito social y político. Somos demasiado complejos para que las cosas se resuelvan quitando de un lado para ponerlo en el otro.</p>
<p><a href="https://issuu.com/store/publishers/elviejotopo/subscribe" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-24719 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/digital-425-pensamiento.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/digital-425-pensamiento.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/digital-425-pensamiento-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/digital-425-pensamiento-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p><strong>¿Pueden los valores femeninos representar la sensibilidad que usted le pide a la política?</strong></p>
<p>No nos precipitemos. Los llamados valores femeninos tienden a masculinizarse rápidamente cuando sus dipositarias conquistan o son llamadas a posiciones de poder. Los personajes femeninos de mis libros son meras posibilidades de ser, propuestas de acción, formas particulares de entender la relación entre humanos. Por ahora, solo papel y tinta.</p>
<p><strong>¿Los actuales políticos son sensibles?</strong></p>
<p>No seamos ingenuos. La persona puede ser sensible, pero el político nunca lo será.</p>
<p><strong>¿La actual desorientación de Europa respecto a su Tratado Constitucional denota la artificialización de la construcción europea?</strong></p>
<p>Europa ya era un fracaso antes. Su vicio original fue haber pensado que la planificación económica lo resolvería todo, comenzando por la política y terminando con los problemas sociales. No fue así, y en este momento Europa no sabe hacia dónde se dirige.</p>
<p><strong>¿En qué consiste su concepto de <em>lucidez</em>?</strong></p>
<p>Lucidez, para mí, es sinónimo de visión crítica. De acción crítica, por lo tanto. Pero, por lo visto, pido más de lo que la gente está dispuesta a dar.</p>
<h4>Fuente: extraído de <em><a href="https://tienda.elviejotopo.com/biografia/3501-ensayo-sobre-saramago.html" target="_blank" rel="noopener">Ensayo sobre José Saramago</a></em></h4>
<h4>Libros relacionados:</h4>
<p><a href="https://tienda.elviejotopo.com/biografia/3501-ensayo-sobre-saramago.html" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-24252 size-medium" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/3D-ensayo-sobre-saramago-201x300.jpg" alt="" width="201" height="300" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/3D-ensayo-sobre-saramago-201x300.jpg 201w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/3D-ensayo-sobre-saramago-768x1145.jpg 768w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/3D-ensayo-sobre-saramago-687x1024.jpg 687w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/3D-ensayo-sobre-saramago.jpg 858w" sizes="auto, (max-width: 201px) 100vw, 201px" /></a><a href="https://icariaeditorial.com/mas-madera/3494-conversaciones-con-saramago.html" target="_blank" rel="attachment noopener wp-att-24803"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-24803 size-medium" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/06/3D-conversaciones-con-saramago-201x300.jpg" alt="" width="201" height="300" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/06/3D-conversaciones-con-saramago-201x300.jpg 201w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/06/3D-conversaciones-con-saramago-768x1145.jpg 768w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/06/3D-conversaciones-con-saramago-687x1024.jpg 687w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/06/3D-conversaciones-con-saramago.jpg 858w" sizes="auto, (max-width: 201px) 100vw, 201px" /></a></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Corriendo como lemmings hacia el abismo</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/corriendo-como-lemmings-hacias-el-abismo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Apr 2023 06:00:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[cine]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[mundo]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ante la indiferencia general, la amenaza de un conflicto nuclear va cobrando cuerpo. ¿Estamos gobernados por un hatajo de irresponsables dispuestos a hacernos correr ese riesgo extremo? Su apuesta puede salir mal, con trágicas consecuencias para todos.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>De Cormac McCarthy, hasta hace poco, sólo conocía <em>No es país para viejos</em>, de la que disfruté con la formidable versión cinematográfica de los hermanos Coen. Por tanto, no había leído <em>La carretera</em>, que inspiró la película homónima de John Hillcoat. El encuentro con esta terrible historia me resultó chocante. Tanto que he decidido que nunca veré la película porque pienso (con razón o sin ella) que las imágenes no pueden estar a la altura del horror helado que evocan las palabras. También he decidido hacerme con todas las novelas de McCarthy, porque nunca antes me había sentido tan cautivado por un libro (no utilizo el término seducido, porque en este caso se trata más bien de una fascinación hipnótica que sólo la irrupción de lo puramente real en toda su despiadada indiferencia por las emociones humanas puede generar) tras leer sólo unas pocas páginas.</p>
<p>Consultando páginas web dedicadas a McCarthy, me entero de que nunca ha expresado sus convicciones políticas (suponiendo que las tuviera). Sin embargo, creo que es el autor vivo más «político» (al menos entre los autores de habla inglesa) que he leído. Antes de explicar las razones de tal juicio, resumiré a grandes rasgos, para quienes no lo conozcan, no la historia, que no se presta a ser resumida, sino el mundo que literalmente «salta» de esas páginas. Un hombre y su hijo (de edad que podemos imaginar entre los seis y los ocho años) se arrastran por un mundo literalmente incinerado por una catástrofe (quizá una guerra nuclear, pero McCarthy no nos lo dice) en busca de comida y cobijo de la helada, rebuscando entre ruinas y basuras y obligados a esconderse para no ser presa de los grupos de rezagados que recorren la desolación matando y devorando a quienes no tienen armas para defenderse.</p>
<p>Al principio, me recordaron a las películas «postapocalípticas» que se hacían en épocas de fuertes tensiones internacionales (aunque menos fuertes que las que vivimos hoy): desde <em>La última playa</em> hasta <em>El día después</em>). Hasta que un amigo que también había leído el libro me dijo que, en su opinión, <em>La carretera</em>, más que una novela postapocalíptica, es una metáfora de la realidad actual, en particular de la cultura y la sociedad estadounidenses. Inmediatamente me hice eco de esa intuición, dándome cuenta de que los angustiosos días «preatómicos» que vivimos desde el estallido de la guerra en Ucrania (que, para los que no tengan los ojos tapados con lonchas de salami, es el primer acto de una Tercera Guerra Mundial) amenazan con ser el presagio de un descenso al mundo imaginado por McCarthy, hacia el que nos precipitamos con el mismo automatismo suicida que impulsa a los lemmings a lanzarse al mar.</p>
<p>Un mundo de idiotas y criminales en el que aquellos (intelectuales, universitarios y periodistas) que deberían esforzarse por apagar los ardores belicosos de los «señores de la guerra» (desde los neoconservadores estadounidenses hasta sus pusilánimes vasallos europeos) se prodigan en un negacionismo grosero: las balas de uranio empobrecido no provocan cáncer (cuando se sabe que han muerto miles de personas que vivían en entornos contaminados por su uso); los soldados de las milicias ucranianas cubiertos de esvásticas no son nazis, sino héroes que defienden la democracia y la libertad; los rusos provocaron la guerra hace un año (cuando todo el mundo sabe, empezando por el desoído papa Francisco, que la guerra empezó en 2014 instigada por la OTAN; la amenaza de una guerra nuclear es un farol de Putin –aunque está claro que si Rusia estuviera al borde de una desastrosa derrota militar ante la OTAN, que ahora ha tomado abiertamente el campo de batalla, no dudaría en recurrir a la bomba atómica, etcétera.)</p>
<p>No es de extrañar que la élite neoconservadora de Estados Unidos sea la que corra alegrementehacia el desastre –como ese imbécil que, en las escenas finales de <em>Dr. Strangelove</em>, agita su gran sombrero de cowboy mientras se precipita en picado hacia el objetivo montado en una bomba atómica–, ya que son sujetos imbuidos de fe religiosa en su misión de «civilizadores», aun a costa de desencadenar un Armagedón, hasta el punto de que ni siquiera la prudencia de los generales del Pentágono o la sabiduría de viejos zorros como Henry Kissinger bastan para hacerles entrar en razón. En cambio, lo que sorprende es la insipiencia de un movimiento pacifista que, a diferencia de los de hace unas décadas, parece completamente ajeno a la urgencia de detener la carrera hacia el abismo a cualquier precio y por cualquier medio.</p>
<p>Mientras el frente de los señores de la guerra se muestra unido, y marcha acompañado por la banda mediática coreando al unísono «viva la muerte» (el lema de los soldados franquistas de la Guerra Civil española), las voces de los pacifistas (o presuntos pacifistas) se asemejan a la cacofonía de los protagonistas de un anuncio publicitario que está de moda estos días: interrogados por un colega sobre dónde piensan hacer la pausa para comer, empiezan a tocar distintos instrumentos, hasta que un toque de diapasón pone a todos de acuerdo, dirigiéndoles hacia una conocida cadena de comida rápida. Por desgracia, la oposición a la guerra no tiene ese diapasón. Están los que dicen querer la paz pero votan a favor del envío de armas a Ucrania (la alusión al PD no es pura coincidencia); están los que piden el fin de los combates pero a condición de que Rusia vuelva a su posición original (que es como decir que reconoce la derrota aunque no la haya sufrido sobre el terreno); los hay que protestan contra el envío de armas y reconocen que la OTAN y EEUU también son responsables, pero reiteran que el agresor es Putin (para no ser catalogados de putinistas); los hay que hablan de un conflicto interimperialista aunque desde hace décadas hay un solo y único imperio, responsable de todas las guerras y de millones de muertos, etc.</p>
<p>Quienes señalan sin peros la responsabilidad de quienes apoyaron el golpe de derecha que derrocó al legítimo gobierno ucraniano en 2014; quienes recuerdan que la guerra comenzó entonces con la persecución sistemática de las minorías rusoparlantes en el Donbass; quienes no cierran los ojos ante el carácter neonazi del régimen de Zelensky; los que reclaman el cese inmediato e incondicional de las hostilidades y el inicio de negociaciones de paz forman parte, por desgracia, de una minoría incapaz de arrastrar a cientos de miles de personas a las calles, como ocurrió en el momento de la agresión estadounidense contra Irak y como sería aún más necesario hoy, si queremos evitar acabar todos (o más bien los que sobrevivan) arrastrándonos por el camino descrito por Cormac McCarthy. Sin embargo, es necesario luchar contra la resignación y el desánimo, no ceder a la sensación de impotencia. En la película, es el padre del niño quien desempeña el papel de aguijón irreductible contra la desesperación, quien inculca a su hijo la capacidad de seguir esperando incluso cuando los hechos parecen negar cualquier posibilidad real de salvación. Corresponde a la minoría recién evocada desempeñar la misma función, evitar verse arrastrada por pura inercia a la carrera suicida de los lemmings.</p>
<h4>Fuente: <a href="https://avanti.it/correndo-come-i-lemming-verso-il-baratro/?fbclid=IwAR2kS0d9yYLhqVsxp6FfFaxn5s6_aYLZ3uiyzetdkO8vgeOPLk8RQaFFgK4" target="_blank" rel="noopener">Avanti</a>.</h4>
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			</item>
		<item>
		<title>Elegía a Ramón Sijé</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/elegia-a-ramon-sije/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Mar 2023 06:00:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Españas]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un 28 de marzo moría en Alicante un grande entre los grandes: Miguel Hernández. Para recordarlo, reproducimos aquí uno de sus más célebres poemas, el que da cuenta de la pérdida de su gran amigo Ramón Sijé. Un poema que destila amor y dolor en cada verso.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha</em><br />
<em>muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien</em><br />
<em>tanto quería.)</em><br />
.<br />
Yo quiero ser llorando el hortelano<br />
de la tierra que ocupas y estercolas,<br />
compañero del alma, tan temprano.<br />
.<br />
Alimentando lluvias, caracoles<br />
Y órganos mi dolor sin instrumento,<br />
a las desalentadas amapolas<br />
.<br />
daré tu corazón por alimento.<br />
Tanto dolor se agrupa en mi costado,<br />
que por doler me duele hasta el aliento.<br />
.<br />
Un manotazo duro, un golpe helado,<br />
un hachazo invisible y homicida,<br />
un empujón brutal te ha derribado.<br />
.<br />
No hay extensión más grande que mi herida,<br />
lloro mi desventura y sus conjuntos<br />
y siento más tu muerte que mi vida.<br />
.<br />
Ando sobre rastrojos de difuntos,<br />
y sin calor de nadie y sin consuelo<br />
voy de mi corazón a mis asuntos.<br />
.<br />
.Temprano levantó la muerte el vuelo,<br />
temprano madrugó la madrugada,<br />
temprano estás rodando por el suelo.<br />
.<br />
No perdono a la muerte enamorada,<br />
no perdono a la vida desatenta,<br />
no perdono a la tierra ni a la nada.<br />
.<br />
En mis manos levanto una tormenta<br />
de piedras, rayos y hachas estridentes<br />
sedienta de catástrofe y hambrienta<br />
.<br />
Quiero escarbar la tierra con los dientes,<br />
quiero apartar la tierra parte<br />
a parte a dentelladas secas y calientes.<br />
.<br />
Quiero minar la tierra hasta encontrarte<br />
y besarte la noble calavera<br />
y desamordazarte y regresarte<br />
.<br />
Volverás a mi huerto y a mi higuera:<br />
por los altos andamios de mis flores<br />
pajareará tu alma colmenera<br />
.<br />
de angelicales ceras y labores.<br />
Volverás al arrullo de las rejas<br />
de los enamorados labradores.<br />
.<br />
Alegrarás la sombra de mis cejas,<br />
y tu sangre se irá a cada lado<br />
disputando tu novia y las abejas.<br />
.<br />
Tu corazón, ya terciopelo ajado,<br />
llama a un campo de almendras espumosas<br />
mi avariciosa voz de enamorado.<br />
.<br />
A las aladas almas de las rosas&#8230;<br />
de almendro de nata te requiero,:<br />
que tenemos que hablar de muchas cosas,<br />
compañero del alma, compañero.<br />
.<br />
<em>(10 de enero de 1936)</em></p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El caso Machado de Assis</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/el-caso-machado-de-assis/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Mar 2023 07:00:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Hemeroteca]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Con tiempo, todo gran libro encuentra su lugar. Pero aun así, resulta chocante observar la lentitud con que la obra de Machado de Assis se abre paso hoy. Machado es el mejor novelista latinoamericano de siglo XIX, y su lectura sigue siendo fresca y divertidamente contemporánea.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Imagine un escritor capaz –a lo largo de una vida moderadamente larga durante la que nunca viajó más allá de setenta y cinco millas de la ciudad que le vio nacer– de crear una inmensa obra literaria. Un escritor decimonónico –observará usted–, y estará en lo cierto: autor de una gran cantidad de novelas, nouvelles, cuentos, comedias, ensayos, poesía, reseñas, crónicas políticas, que fue también periodista, editor de revistas, funcionario estatal, candidato a un cargo público y Presidente-Fundador de la Academia de la Lengua de su país; un prodigio de eficiencia, capaz de sobreponerse a enfermedades morales y físicas (mulato en un país en el que no se abolió la esclavitud hasta que él alcanzó la cincuentena, era, además, epiléptico) que, durante su vital, prolífica y exuberante carrera en su país logró escribir un considerable número de novelas y cuentos merecedores de un lugar permanente en la literatura mundial. Y, sin embargo, fuera de su país natal, que le honra como a su más grande escritor, sus obras maestras son poco conocidas y raramente mencionadas.</p>
<p>Imagine que tal escritor verdaderamente existió, y que sus libros más originales siguen descubriéndose ochenta años después de su muerte. Normalmente, el filtro del tiempo hace justicia: descarta lo meramente oportunista, rescata lo olvidado y promueve lo subestimado. Sólo después de la muerte de un gran escritor se resuelven las misteriosas cuestiones sobre su valía y permanencia. Tal vez sea justo que este escritor, al que la posteridad no le ha concedido el reconocimiento que merecía, haya poseído él mismo un agudo, irónico y entemecedor sentido de lo póstumo.</p>
<p><a href="https://tienda.elviejotopo.com/suscripciones/1264-suscripcion.html" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-24160 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Suscripción-papel-sin-censura.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Suscripción-papel-sin-censura.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Suscripción-papel-sin-censura-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Suscripción-papel-sin-censura-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>Lo que es cierto de la reputación de un escritor, lo es -o debería serlo- de su vida. Puesto que sólo una vida completa revela su auténtica dimensión y el sentido que aquélla pueda tener, una biografía que pretenda ser definitiva debe esperar para ser escrita hasta después de la muerte de su protagonista. Por desgracia, las biografías no pueden ser escritas en esas circunstancias ideales, por lo que, prácticamente, todas las novelas en forma de autobiografía han acatado las reglas de las autobiografías auténticas, aún tratando de constituirse en la mejor aproximación a las iluminaciones con que sobreviene la muerte. Las autobiografías ficticias, más a menudo que las reales, tienden a ser tareas otoñales: un narrador de edad (o al menos fuera de sazón), habiéndose retirado de la vida, se pone a escribir. Pero, a pesar de la cercanía al punto de vista ideal que la edad avanzada puede ofrecer al creador de la novela autobiográfica, él o ella están todavía escribiendo más acá de aquella frontera tras la cual la vida, la historia de una vida, finalmente alcanza su sentido.</p>
<p>Solamente conozco un ejemplo de este cautivador género que es la autobiografía imaginaria donde se cumplen estas condiciones ideales que, en definitiva, resultan ser cómicas: la obra maestra titulada <em>Memorias postumas de Blas Cubas</em> (1880), del brasileño Machado de Assis. En el primer párrafo del Capítulo l, «La muerte del autor», Blas Cubas anuncia alegremente: «yo no soy propiamente un autor difunto, sino un difunto autor», no en el sentido de alguien que ya haya escrito y ahora esté muerto, sino en el sentido de alguien que haya muerto y ahora esté escribiendo. He aquí la primera y determinante broma de la novela: una broma acerca de la libertad del escritor. El lector está invitado a seguir el juego aceptando que el libro que tiene en sus manos es una proeza literaria sin precedentes: recuerdos póstumos escritos en primera persona.</p>
<p>Por supuesto ni un solo día, y mucho menos toda una vida, puede contarse íntegramente. Una vida no es un argumento. Por otra parte, nos aproximamos en forma distinta a una narración escrita en primera persona que a otra hecha en tercera. Retardar, acelerar, pasar por alto pasajes enteros, comentar a fondo o eludir referencias: si todo esto se hace en primera persona el texto adquiere otro peso, otro sentido, que si se efectúa en nombre de un tercero. Mucho de lo que resulta conmovedor, disculpable o insufrible en primera persona parecería lo opuesto dicho en tercera, y viceversa; es fácil confirmar esta observación leyendo en voz alta cualquier página de este libro, primero tal como se nos ofrece y luego sustituyendo yo por él. (Si queremos desnudar la gran diferencia que hay entre los códigos que rigen la tercera persona tratemos de sustituir ella por él). Hay registros de los sentimientos, como la ansiedad, que sólo pueden convenir a una voz en primera persona. Y, también, aspectos de la narración: una digresión, por ejemplo, parece natural en un texto escrito en primera persona, pero cualquier texto consciente de sus propios métodos y significado debe ser interpretado desde la primera persona, sea o no yo el pronombre principal.</p>
<p>Escribir acerca de uno mismo, contar la verdadera historia –es decir, la privada– solía considerarse presuntuoso y necesitaba ser justificado. Los <em>Ensayos</em> de Montaigne, las <em>Confesiones</em> de Rousseau, el <em>Walden</em> de Thoreau y la mayoría de las autobiografías clásicas intelectualmente exigentes tienen un prólogo en el cual el autor se dirige directamente al lector reconociendo la temeridad de la empresa, evocando escrúpulos o inhibiciones (modestia, ansiedad) que había que vencer, proclamando un candor y una ausencia de artificios ejemplares, y alegando lo útil que resultará para los demás esta autoexhibición. Como las autobiografías reales, la mayor parte de las ficticias mínimamente bien escritas o de gran calado también empiezan con una explicación, defensiva o desafiante, sobre la decisión de escribir el libro que el lector acaba de empezar, o al menos con un ramillete de excusas contraponiendo la frescura de su sensibilidad al reproche de egotismo. No se trata de simple retórica, ni de frases corteses para dar al lector tiempo a sentarse. Es el primer paso de un proceso de seducción en el que el biógrafo, tácitamente, reconoce que hay algo insólito, atrevido, en escribir a fondo, voluntariamente, sobre uno mismo; en exponerse ante desconocidos sin la justificación de una vida excepcional o de un crimen terrible; o en no utilizar ningún ardid, como si simuláramos que el libro transcribe simplemente documentos en principio destinados a un círculo de lectores más reducido y amistoso. Contada la historia de una vida directamente, en primera persona, a tantos lectores como sea posible (el público), parece mínimamente prudente, al tiempo que cortés, que el autobiógrafo pida permiso para empezar. La idea genial del libro de Machado de Assis de presentar unas memorias escritas por alguien que está muerto, añade un efecto adicional a esta preocupación habitual por lo que el lector pueda pensar. De esta forma, el autobiógrafo puede declarar que a él no le preocupa.<img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-24285 alignleft" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Intercalar.-Susan-Sontag-300x199.png" alt="El caso Machado de Assis" width="300" height="199" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Intercalar.-Susan-Sontag-300x199.png 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Intercalar.-Susan-Sontag.png 719w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Pero de hecho, escribir desde más allá de la tumba no exime al narrador de su visible inquietud por la recepción de su obra. Una disimulada ansiedad está contenida en la propia forma y en la característica velocidad del libro. Está en el modo en que la narración se corta y se monta, en los ritmos de arranque y parada: ciento sesenta capítulos, algunos de tan sólo dos frases y pocos más largos de dos páginas. Está en las divertidas instrucciones, puestas normalmente al principio o al final de los capítulos, para lograr el mejor uso del texto: «Este capítulo ha de ser insertado entre las dos primeras frases del capítulo 129»; «Dése cuenta, por favor, de que este capítulo no intenta ser profundo»; «Pero no nos dejemos envolver por la psicología»; etc. Está en el modo irónico con que trata los recursos y métodos del libro, en el repetido rechazo a satisfacer el deseo de emociones del lector: «Me gustan los capítulos divertidos». Pedirle al lector que se entregue a la inclinación del narrador por la frivolidad es una estratagema propia del seductor, como también lo es prometerle emociones fuertes y nuevos acontecimientos. La empalagosa preocupación del autobiógrafo por la precisión de sus procedimientos narrativos es una parodia de su enérgica autoexibición como autor.</p>
<p>La técnica principal que controla la corriente emocional de este libro es la digresión. El narrador, con la cabeza llena de literatura, se muestra proclive a las descripciones bien resueltas –de las que se suelen aplaudir bajo la etiqueta de realismo– que muestran cómo los sentimientos intensos persisten, cambian, evolucionan y remiten. También se expresa comprensiblemente sobre tales problemas mediante las dimensiones de la narración: la división en episodios cortos; los puntos de vista irónicos, didácticos. Esta voz peculiarmente feroz, abiertamente desencantada (¿pero qué otra voz podría esperarse de un narrador que dice estar muerto?) nunca relata un hecho sin extraer de él alguna lección. El capítulo 133 empieza pidiendo la indulgencia del lector, preocupándose por su atención (¿El lector lo capta?, ¿Se divierte?, ¿Se está aburriendo?), el autobiógrafo interrumpe continuamente su historia para invocar una teoría que la ilustre, para formular una opinión sobre ella, como si tales recursos fueran necesarios para hacer la historia más interesante. La existencia del privilegiado y orgulloso Blas Cubas es espantosamente monótona, como suele acontecer en tales vidas; los acontecimientos más importantes son los que no sucedieron o los que fueron juzgados decepcionantes. Una gran cantidad de opiniones ingeniosas manifiestan la pobreza emocional de la vida, mostrándose el narrador como si quisiera rehuir conclusiones que podía extraer de otra forma. El recurso a la digresión genera gran parte del humor del libro, comenzando por la misma disparidad entre la vida descrita (modesta en acontecimientos, sutilmente articulada) y las teorías invocadas (portentosas y obtusas). <em>La vida y las opiniones de Tristram Shandy</em> es, desde luego, el modelo principal de estos sabrosos manejos de la conciencia del lector . El empleo de capítulos cortos y también algunos de los trucos tipográficos, como en el capítulo 55 («El venerable diálogo de Adán y Eva») y el capítulo 139 («Cómo no llegué a ser Ministro de Estado») recuerdan los caprichosos ritmos narrativos y el ingenio plástico de <em>Tristram Shandy</em>. Que Blas Cubas empiece su historia después de su muerte de igual forma que Tristram Shandy empieza la historia de su toma de conciencia antes de haber nacido (en el momento de su concepción) parece, también, un homenaje a Sterne por parte de Machado de Assis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No debe sorprendemos la influencia que Tristram Shandy, publicado por entregas entre 1759 y 1767, ejerció sobre un escritor nacido en Brasil. Mientras los libros de Sterne –tan celebrados en vida del autor y aún algo después­– eran calificados en Inglaterra de demasiado inusuales y a veces indecentes e incluso aburridos, continuaban en cambio siendo enormemente admirados en el Continente. En el mundo de habla inglesa, donde en nuestro siglo Sterne ha obtenido de nuevo un reconocimiento generalizado, todavía se le considera como un ultraexcéntrico, un genio marginal (como Blake) cuya mayor notoriedad se debe a ser prematura y misteriosamente moderno. Sin embargo, considerado desde la perspectiva de la literatura mundial, Sterne puede ser el escritor de habla inglesa que, después de Shakespeare y Dickens, ha producido una influencia mayor; que Nietzsche dijera que su novela favorita era <em>Tristram Shandy</em> no es, en absoluto, un juicio tan original como puede parecer. Sterne ha tenido una presencia especialmente poderosa en la literatura de las lenguas eslavas, como se refleja en la importancia del ejemplo de <em>Tristram Shandy</em> en las teorías de Shklovski y otros formalistas rusos desde los años veinte. Tal vez, la razón de que durante décadas haya surgido tanta prosa relevante de la Europa central y del Este, así como de América Latina, no sólo está en que sus escritores hayan sufrido monstraosas tiranías, y por tanto hayan dispuesto de una temática trascendente y susceptible de ser tratada con ironía (como muchos escritores de Europa Occidental y de los Estados Unidos han reconocido con envidia), sino también en que aquéllas son las partes del mundo donde, durante más de un siglo, el autor de <em>Tristram Shandy</em> ha sido el más admirado.</p>
<p>La novela de Machado de Assis pertenece a esa tradición de narrativa burlesca –la locuacidad de una voz en primera persona tratando de reconciliarse con los lectores–que va desde Sterne hasta, en nuestro propio siglo, <em>l am a Cat</em>, de Natsume Soseki, las narraciones de Robert Walser, <em>La conciencia de Zeno</em> y <em>Senilidad</em> de Svevo, <em>Una soledad demasiado ruidosa</em> de Hrabal y mucho de Beckett. Encontramos una y otra vez, de diferentes maneras, al charlatán tortuoso, compulsivamente especulativo; narrador excéntrico, solitario (por gusto o por vocación); proclive a fútiles obsesiones, iniciativas y teorías fantasiosas pintadas cómicamente; a menudo un autodidacta; no exactamente un maniático; aunque algunas veces arrastrado por la lujuria, y al menos una vez por el amor, es incapaz de aparejarse; normalmente de edad; invariablemente varón. (No es probable que ninguna mujer pueda conseguir la simpatía que estos jocosos narradores, absortos en sí mismos, reclaman de nosotros, a causa de las expectativas existentes de que las mujeres deben ser más comprensivas y más fácilmente comprendidas que los hombres; una mujer con el mismo grado de agudeza mental e independencia emocional sería considerada simplemente como un monstruo). El hipocondríaco Blas Cubas de Machado de Assis es considerablemente menos exuberante que el atolondrado y efusivo charlatán Tristram Shandy de Sterne. Hay poca distancia entre la mordacidad del narrador de Machado, con su afectada superioridad hacia la historia de su propia vida, y la desazón característica de la mayor parte de las novelas autobiográficas recientes. Y la falta de argumento puede ser intrínseca al género –la novela como monólogo autobiográfico– como lo es el aislamiento de la voz narrativa. En este aspecto, el antihéroe post-Sterniano Blas Cubas parodia al protagonista de las grandes autobiografías, siempre soltero por naturaleza, no sólo por la fuerza de las circunstancias. Casi podríamos decir que ésta es la medida de la ambición de una narración autobiográfica: el narrador debe ser –o debe ser pensado como– un solitario, por supuesto sin esposa, aunque ésta exista; su vida, en lo más profundo, debe estar completamente despoblada. (Así, éxitos recientes de autobiografías a modo de novela, como <em>Sleepless Nigths</em>, de Elizabeth Hardwick y <em>The Enigma of Arrival</em>, de V. S. Naipaul hacen caso omiso de las esposas, aunque en realidad ellas existían). Tal como el aislamiento de Blas Cubas parodia una soledad elegida o emblemática, la quiebra de la misma gracias a la capacidad de comprenderse a sí mismo es también, a pesar de su seguridad y agudeza, la parodia de esta misma comprensión.</p>
<p>Las seducciones que tal narrativa ejerce son complejas. El narrador confiesa estar preocupado por el lector (por si éste le comprende), entretanto, el lector puede estar preguntándose acerca del narrador, inquiriendo si éste se da cuenta de todas las implicaciones de lo que está diciendo. Un despliegue de agilidad mental e inventiva proyectado para divertir al lector refleja intencionadamente la viveza de la mente del narrador y expresa, en gran manera, cuán emocionalmente aislado y desamparado éste se encuentra.<img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-24286 alignright" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Intercalar.-Un-joven-Machado-de-Assis-300x179.png" alt="El caso Machado de Assis" width="300" height="179" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Intercalar.-Un-joven-Machado-de-Assis-300x179.png 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Intercalar.-Un-joven-Machado-de-Assis.png 602w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Bien a las claras, la novela de Machado es el libro de una vida. Sin embargo, a pesar de las dotes del narrador para hacer un retrato social y psicológico, sigue constituyendo un recorrido por el interior de la mente de alguien. Otro de los modelos de Machado fue un maravilloso libro de Xavier de Maistre, un aristócrata francés expatriado (vivió la mayor parte de su larga vida en Rusia), que inventó el microviaje literario con su <em>Viaje alrededor de mi habitación</em>, escrito en 1794, cuando estuvo en prisión a consecuencia de un duelo, y que cuenta sus visitas en diagonal o haciendo zig-zag a sitios tan divertidos como el sillón, el escritorio o la cama. Un confinamiento, mental o físico, no reconocido como tal, puede dar lugar tanto a una historia muy divertida como a otra cargada de tintes trágicos.</p>
<p>Al principio, en un rasgo de agudeza del autor que graciosamente incluye al lector, Machado de Assis hace que su Machado de Assis narrador explique los modelos literarios del siglo XVIII, de su narrativa, con la siguiente advertencia pesimista:</p>
<blockquote><p><em>En verdad, se trata de una obra difusa, en la cual yo. Blas Cubas, si adopté la forma libre de un Sterne o de un Xavier de Maistre, no sé si le añadí algunas impertinencias pesimistas. Puede ser, Obra de finado. La escribí con la pluma del escarnio y la tinta de la melancolía, y no es difícil prever qué cosa podrá salir de tal connubio. </em></p></blockquote>
<p>Aunque está modulado por el capricho, a lo largo del libro se extiende una vena de verdadera misantropía. Si Blas Cubas no es otro de esos solterones reprimidos, disecados, inútiles conocedores de sí mismos que existen sólo para los ojos de lectores cabales, es a causa de esa ira que, al final del libro, será total, dolorosa, amarga, inquietante.</p>
<p>El tono bromista de Sterne es ligero. Es una forma cómica, aunque extremadamente agitada, de establecer amistad con el lector. En el siglo XIX esta forma de digresión, esta palabrería, este gusto por las pequeñas teorías, estas piruetas al pasar de una forma narrativa a otra, toman matices más oscuros. Se llega a identificar con la hipocondría, con el tedio erótico, con el descontento de sí mismo (el patológicamente voluble hombre del subsuelo de Dostoyevski), con la angustia mental aguda (el narrador histérico, trastornado por la injusticia, del <em>Max Havellar</em> de Multatuli). Parlotear de modo obsesivo y repetitivo solía ser invariablemente un recurso de la comedia. (Piénsese en los plebeyos gruñones de Shakespeare, como el portero de Macbeth; piénsese en Mr. Pickwick, entre otras creaciones de Dickens). Este uso cómico de la charlatanería no desaparece. Joyce la usó con espíritu rabelaisiano, como vehículo de hipérbola cómica, y Gertrude Stein, campeona de la escritura excesiva, convirtió los tics del egotismo y la reiteración en el uso de las frases en una afable voz cómica de gran originalidad. Pero la mayoría de los prolijos narradores en primera persona en la ambiciosa literatura de este siglo han sido decididamente misántropos. La charlatanería se identifica con la perniciosa y afligida monotonía propia de la senilidad (los monólogos en prosa de Beckett que se presentan como novelas) y con la paranoia y la rabia persistente (las novelas y dramas de Thomas Bernhard). ¿Quién no descubre la desesperación detrás de las locuaces y animadas divagaciones de Robert Walser y de las voces peculiarmente eruditas y zumbonas en los relatos de Donald Barthelme?</p>
<p>Los narradores de Beckett casi siempre tratan, y no siempre con éxito, de imaginarse muertos a sí mismos. Blas Cubas no tiene ese problema. Pero Machado de Assis quería ser, y lo es, divertido. No hay nada morboso acerca de la consciència de su narrador póstumo; al contrario, la perspectiva de máxima consciencia -que es lo que ingeniosamente un narrador póstumo puede pretender- es una perspectiva cómica. Desde donde Blas Cubas está escribiendo no es exactamente el más allá (porque carece de geografía), sino desde el territorio de la libertad creativa. La narrativa festiva neosterniana de estas memorias de un hombre decepcionado no surgen de la exuberancia de Sterne ni de su vigor. Son una especie de antídoto, una reacción ante la depresión del narrador: una forma de dominar el desaliento considerablemente más específica que el «gran remedio, una escayola antimelancolía, pensada para mitigar la tristeza de la humanidad», que el narrador fantasea haber inventado. La vida administra sus duras lecciones, pero uno puede escribir como quiera: es una forma de libertad.</p>
<p>Machado de Assis tenía sólo cuarenta y un años cuando publicó estos recuerdos de un hombre muerto a los sesenta y cuatro, como nos enteramos al principio del libro (Machado nació en 1839; sitúa a su personaje, Blas Cubas, el autobiógrafo póstumo, en una generación anterior nacida en 1805). La novela, como ejercicio de imaginación de una edad posterior, es una aventura a la que continuamente son arrastrados los escritores de temperamento melancólico. Al final de mi veintena, escribí mi primera novela, <em>El benefactor</em>, que pretende narrar los recuerdos de un hombre entonces en los sesenta, un rentista diletante y fantasioso que anuncia al principio del libro haber alcanzado el puerto de la serenidad, donde, acabada toda experiencia, puede reflexionar sobre su vida. Las pocas referencias literarias conscientes en mi mente eran principalmente francesas, sobre todo <em>Cándido</em> y las <em>Meditaciones</em> de Descartes. Creía estar escribiendo una sátira sobre el optimismo y sobre ciertas ideas queridas (por mí) acerca de la vida interior, y de una espiritualidad de inspiración religiosa. (Lo que inconscientemente estaba sucediendo, me doy cuenta ahora, era otra historia). Cuando tuve la buena fortuna de que <em>El benefactor</em> fuera aceptado por el primer editor al que se lo ofrecí –Farrar &amp; Straus– tuve además la buena suerte de que me asignaran como redactor a Cecil Hemley, quien en 1952, en su anterior cargo como director de Noonday Press (recientemente adquirida por mi nuevo editor) había publicado la traducción (por William L. Grossman) de la novela de Machado que realmente catapultó al éxito la carrera del libro en inglés. En nuestro primer encuentro Hemley me dijo, con convicción: «ya veo que ha sido influida por <em>Memorias póstumas de Blas Cubas</em>«. «¿Memorias de quién?» «Ya sabe, por Machado de Assis». «¿Quién?». Me prestó su ejemplar y varios días después me declaré a mi misma retroactivamente influida.</p>
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<p>Aunque desde entonces he leído traducidas muchas cosas de Machado, este libro ­–la primera de sus últimas cinco novelas (vivió veintiocho años después de escribirías), generalmente considerada como la cumbre de su genio– sigue siendo mi favorito. Es, según me han dicho, el que a menudo prefieren los no brasileños, aunque los críticos generalmente escogen <em>Don Casmurro</em> (1899). Estoy asombrada de que un escritor de tal magnitud no ocupe todavía el lugar que merece. Hasta cierto punto, el relativo olvido de Machado fuera de Brasil puede ser menos misterioso que el de otro escritor de genio al que el eurocentrismo de la literatura mundial ha marginado: <em>Natsume Soseki</em>. Seguramente Machado hubiera sido mejor conocido si no hubiese sido brasileño y pasado toda su vida en Rio de Janeiro; si se hubiese tratado, digamos, de un italiano o un ruso. O incluso de un portugués. Pero el inconveniente no es simplemente que Machado no sea un escritor europeo. Aún más notable que su ausencia de la escena de la literatura mundial es que ha sido muy poco conocido y leído en el resto de América Latina, como si fuera todavía duro de digerir el hecho de que el mayor autor surgido en ella escribiera en portugués, en lugar de hacerlo en lengua española. Brasil puede ser el país más grande del continente (y, en el siglo XIX, Rio la ciudad más importante) pero siempre ha sido un país desconocido, considerado por el resto de América del Sur –la América hispanohablantev con una gran dosis de condescendencia e incluso de racismo. Es mucho más probable que un escritor de uno de estos países sepa algo de las literaturas europeas o de la literatura en inglés que de la literatura de Brasil. En cambio, los escritores brasileños conocen perfectamente la literatura hispanoamericana. Borges, el segundo escritor en importancia salido de este continente, parece no haber leído nunca a Machado de Assis. De hecho, Machado es aún peor conocido entre los lectores de la lengua española que los que lo leen en inglés. <em>Memorias de Blas Cubas</em> no fue traducido al español hasta el mil novecientos sesenta y tantos, unos ochenta años después de que fuera escrito y una década más tarde de que fuera traducido (dos veces) al inglés.</p>
<p>Con suficiente tiempo, con la posteridad por delante, un gran libro encuentra su legítimo lugar, y quizás algunos necesitan ser redescubiertos una y otra vez. <em>Memorias</em> es probablemente uno de esos libros sensacionalmente originales, radicalmente escépticos, que siempre impresionarán a los lectores con la fuerza del descubrimiento personal. No es ningún cumplido decir que esta novela, escrita hace más de un siglo, parece moderna. ¿Acaso no es cierto que cualquier obra que nos hable con una originalidad y lucidez que somos capaces de reconocer es la que queremos inscribir en lo que entendemos por modernidad? Nuestros criterios de modernidad son un sistema de ilusiones halagadoras que nos permite colonizar el pasado selectivamente, como lo son nuestras ideas acerca de lo provinciano. Con ellas, ciertas partes del mundo perdonan al resto. Estar muerto puede representar un punto de vista al que no se puede acusar de provincianismo. Seguramente <em>Memorias póstimas de Blas Cubas</em> es uno de los libros más entretenidamente no provincianos jamás escrito. Y amar este libro es convertirse en un poco menos provinciano en lo tocante a la literatura.</p>
<h4><strong><em>Artículo publicado en Quimera 100, noviembre 1990.</em></strong></h4>
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			</item>
		<item>
		<title>Hubiera preferido hablar de poesía</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/hubiera-preferido-hablar-de-poesia-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Mar 2023 07:00:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derechos humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[Hemeroteca]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El texto que sigue fue publicado en la revista Quimera, en el número de noviembre de 1990 con motivo de la concesión del Primer Premio Internacional de los Editores a su libro Cien poemas apátridas. Los lectores jóvenes se asombrarán de la realidad alemana de aquellos años 70.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h6><strong><em>Es este un documento representativo del grado alcanzado por la represión en el ámbito cultural, en un país supuestamente demócrata y defensor de la libertad pero en el que, a finales de los 70, se desató una histeria represiva que acabaría con el «suicidio» de los miembros más destacados de la Fracción Ejército Rojo, Ulrike Meinhof entre ellos.</em></strong></h6>
<hr />
<p>Señoras y caballeros, estimados amigos:</p>
<p>Me encuentro aquí para expresar mi agradecimiento por ser el primer autor a quien se concede el recién creado <em>Premio Internacional de los Editores</em>, una de cuyas características consiste en que los textos premiados –en mi caso poemas– se publicarán simultáneamente en siete idiomas. Estoy agradecido por ello. Y ahora, posiblemente, debería decir algo sobre mis poemas o en torno a la forma de escribir poesía en general, y debería mostrarme contento.</p>
<p>Sin embargo, no resulta tan fácil alegrarse así, simplemente, o hablar de las ideas de uno. Las siete editoriales que me han concedido este premio han decidido, al mismo tiempo, publicar igualmente en estas siete lenguas un volumen de Breyten Breytenbach: poemas fuertes, gráficos, rabiosamente vivos, en los cuales se nota que Breytembach también es pintor y grafista. La publicación de estos poemas debería ser otro motivo más de alegría. Sin embargo, resulta que Breytenbach –a quien conocí durante unas jornadas poéticas en Rotterdam– no se encuentra hoy aquí entre nosotros, sino que está entre rejas, condenado a nueve años de cárcel en calidad de preso político en Africa del Sur, donde nació pocos días después de estallar la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>No resulta tan fácil alegrarse hoy en día, cuando uno es poeta, y especialmente si se es un poeta que odia el racismo y la represión. Mientras Breytenbach esté entre rejas, posiblemente no tengamos derecho a alegrarnos durante la lectura o en una ocasión como la presente.</p>
<p><a href="https://tienda.elviejotopo.com/suscripciones/1264-suscripcion.html" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-24160 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Suscripción-papel-sin-censura.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Suscripción-papel-sin-censura.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Suscripción-papel-sin-censura-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/03/Suscripción-papel-sin-censura-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>¡Pero no sólo Breyten Breytenbach! En lugar de concederse a mí, el <em>Premio Internacional de los Editores</em> también se hubiera podido conceder a Peter-Paul Zahl, probablemente el poeta de más talento de la joven generación alemana (Zahl es cuatro años más joven que Breytenbach, y también en esta Feria del Libro podemos ver nuevos poemas suyos: el volumen titulado “Todas las puertas abiertas”. Pero tampoco Peter-Paul Zahl se encuentra hoy entre nosotros: está en la prisión de Werl. Fue detenido hace seis años y, por haberse resistido y herido a un policía, fue condenado a cuatro años acusado de resistencia activa contra la autoridad. En la prisión fue visitado por un agente del contraespionaje, que le dijo zalamero:</p>
<p>“Señor Zahl, sabemos muy bien que usted no es un terrorista, y si usted quisiera mostrar una comprensión activa de que también nosotros luchamos contra la escalada de la violencia, podría quedar usted amnistiado inmediatamente, sin que nadie haya de enterarse de ello. Al fin y al cabo, al ser detenido fue usted herido en el brazo, motivo suficiente para ser excarcelado por motivos de salud.”</p>
<p>Peter-Paul Zahl dio las gracias al visitante por los cigarrillos y la oferta, pero le expuso que sus principios le impedían convertirse en agente de un servicio secreto, fuese occidental u oriental. El otro aconsejó a Zahl que se lo pensara bien, pues en caso contrario quizá ya no saldría nunca más de la prisión.</p>
<p>Y, en efecto, al llegar a su término los cuatro años de condena, la fiscalía logró que la sentencia fuera <em>invalidada</em>. Zahl fue llevado a juicio por segunda vez y acusado <em>del mismo delito</em>. Ya en el primer juicio el fiscal había afirmado que Zahl había intentado asesinar a los policías que iban a detenerlo. El jurado, sin embargo, no se mostró de acuerdo con esta tesis. Pero en el segundo proceso ya no hubo jurado, y Zahl fue declarado culpable de intento de homicidio. El juez Mondchau le dijo que por este delito podía imponer una pena de tres a quince años, que <em>en el caso de Zahl</em> serían quince, ya que era necesario imponer un castigo ejemplar.</p>
<p>Un sinnúmero de protestas, incluso por parte de los escritores alemanes y del PEN-Club holandés, no lograron el menor efecto. Desde su nueva condena Zahl ha sido víctima de las más diversas represalias, y desde el reciente secuestro de Schleyer está completamente aislado, no pudiendo recibir a su abogado, visitas ni correo. Y todo ello, a pesar de que jamás tuvo nada que ver con la Fracción Ejército Rojo, ni con el Movimiento 2 de Junio, ni con Schleyer.</p>
<p>Y es que nuestras nuevas leyes especiales son muy <em>elásticas</em> y se aplican contra <em>muchísimas</em> personas.</p>
<p>Mientras Peter-Paul Zahl –e innumerables personas más– son encarcelados y tratados de esta forma <em>en nombre de la justicia</em>, no resulta tan fácil alegrarse como poeta. Por todo ello, veamos todavía algunas pruebas más de cómo uno, poeta en lengua alemana, se ve confrontado con unos hechos que a menudo le roban a uno el tiempo y la energía que tan necesarios son para las propias tareas poéticas, las cuestiones literarias de uno mismo, para no ser continuamente robado de toda la riqueza de la vida por culpa de las vilezas políticas. Como decía Brecht: “Así acabó el tiempo que tenía concedido en la Tierra.”</p>
<p>Hace unos años, poco después de que un tribunal de Hamburgo me absolviera de la acusación de haber imputado a la policía de Berlín “asesinato preventivo” por la muerte del estudiante Georg van Rauch, también mi editor –Klaus Wagenbach– fue llevado a los tribunales en Berlín por un motivo muy parecido. Yo declaré en su favor, tal como Heinrich Böll había hecho durante mi juicio. Y así Klaus Wagenbach fue absuelto. Pero he aquí que el jefe de la policía de Berlín protestó contra esta sentencia en la prensa del grupo Springer y en una circular policial, por lo que en segunda instancia Wagenbach fue inmediatamente condenado. Creo que mi caso fue la última absolución dictada en un juicio por protestas contra los disparos mortales realizados por la policía en territorio alemán. Desde entonces, los disparos de la policía con víctimas mortales se han hecho mucho más frecuentes y están a punto de quedar legalizados por la llamada “Ley unitaria de la policía”. No resulta tan fácil alegrarse cuando uno es poeta, escritor o editor alemán.</p>
<div id="attachment_6084" style="width: 817px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-6084" class=" wp-image-6084" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2016/11/Ulrike.jpg" alt="Hubiera preferido hablar de poesía" width="807" height="300" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2016/11/Ulrike.jpg 860w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2016/11/Ulrike-300x112.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2016/11/Ulrike-768x286.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 807px) 100vw, 807px" /><p id="caption-attachment-6084" class="wp-caption-text">Ulrike Meinhof</p></div>
<p>Como yo, también el catedrático Peter Brückner es autor de la editorial Wagenbach, donde en 1974 publicó, entre otros, un libro contra el asesinato político cometido en la persona del estudiante Ulrich Schmucker. Este libro contiene también mi polémica contra una horrenda octavilla, supuestamente difundida por el Grupo 2 de Junio, en la cual se pretendía justificar el asesinato de Schmücker como un <em>ajusticiamiento</em>. En 1977 publicó Brückner en la editorial Wagenbach el libro <em>Ulrike Meinhof y la situación alemana</em>, que, como es sabido, también adopta una actitud contraria a la llamada “lucha armada”, por lo que fue objeto de ataques por parte de unos cuantos amargados y confundidos. Como es natural, Peter Brückner intenta exponer la trayectoria de Ulrike Meinhof de forma comprensible y coherente. (Sin rebajarse a malévolas tergiversaciones y deformaciones de los hechos, como hace otro libro sobre Ulrike Meinhof, <em>Los hijos de Hitler</em>, que acaba de publicar la editorial Fischer y que es una mezcla de semiverdades ingenuas, estupideces kitsch y total inversión de los hechos, obra de la autora sudafricana Gilian Becker, de tendencias ultraderechistas, y que ni siquiera entiende el alemán. Dicho sea de paso, este libro ha sido objeto de una crítica aniquiladora por parte de algunos críticos británicos.)</p>
<p>Peter Brückner, por lo tanto, quien en repetidas ocasiones –pero nunca de forma superficial u odiosa, pero sí decidida– ha escrito y hablado <em>contra</em> la vía sangrienta de la llamada “lucha armada”; quien, al hacerlo, tampoco silenció el grado de culpa que en toda esta situación tiene la violencia institucionalizada y la brutalidad de las autoridades, este mismo Peter Brückner ha escrito hace poco sobre la <em>Necrológica de Buback </em>de un tal Mescalero, de Göttingen. Brückner no se enfrenta a esta necrológica de forma acrítica, porque, aparte de innumerables ilusiones revolucionarias de un aire hoy casi ingenuo, la citada necrológica contiene también algunas expresiones nada buenas o elegidas sin demasiada habilidad. Mescalero ha intentado, por lo visto, hacerse comprensible a las personas que razonan de forma alienada, eligiendo para ello un uso alienado de la lengua.</p>
<p>A pesar de tales deficiencias, Peter Brücker –lo mismo que yo– considera que esta <em>Necrológica de Buback</em> tiene importancia por tomar una postura inequívoca <em>contra</em> el asesinato político, una postura adoptada desde la <em>izquierda</em>, y no solo debida a unas consideraciones de <em>utilidad</em> política, sino también a unas consideraciones <em>morales</em>, no solo contra el asesinato de Siegfried Buback, sino también contra el hecho de que fueran asesinados igualmente sus acompañantes.</p>
<p>Como es natural, un documento de este tipo escrito desde la <em>izquierda</em> es mucho más importante que todo este griterío de venganza desde la derecha, que exige más disparos mortales y la implantación de la pena de muerte, griterío que para nada impedirá que alguna cabeza loca se involucre en estas locuras sangrientas. Habría que suponer, por lo tanto, que un documento de la izquierda escrito por un hombre joven –que si bien condenaba las actividades de Siegfried Buback como hiciera también la mayor parte de la prensa en las democracias occidentales, condenaba todavía más el asesinato de Buback– fuera celebrado en la República Federal como una importante ayuda en la lucha <em>contra</em> el asesinato político en general.</p>
<p>Pero, por desgracia, ha sucedido lo contrario. Tanto los medios de comunicación como destacados publicistas –desde Gerhard Lowenthal de la televisión ZDF, hasta el primer ministro de Baja Sajonia, Albrecht, o el ministro federal de justicia, Vogel– compiten en denunciar que la <em>Necrológica de Buback</em> es una <em>aprobación y defensa del asesinato político</em>.</p>
<p>Si los medios de comunicación y los políticos de la República Federal pueden tratar hoy impunemente cualquier texto escrito de esta forma, ello resulta del máximo interés para todo escritor, puesto que tal como le ha sucedido a Mescalero, podrá ocurrir mañana con todos nosotros. Debo recordar que a mí ya me ha sucedido así: cuando escribí un poema sobre la muerte de Siegfried Buback, los insultos recibidos no fueron menos infames y burdos que en el caso de la <em>Necrológica de Buback</em> de Mescalero; solo que yo pude defenderme algo mejor en los medios de comunicación. Pues bien, Peter Brückner, quien profesionalmente se ocupa de las relaciones entre la sociología y la psicología, ha propuesto junto con otros muchos catedráticos (y como innumerables estudiantes, entre ellos las Juventudes Demócratas de Berlín) que el texto de la Necrológica de Buback fuera editado en versión íntegra, con el fin de que <em>uno mismo</em> pueda leerlo y juzgarlo, sin tener que limitarse a las citas arrancadas de su contexto con alteración de su sentido que la prensa ofrece ya premasticadas. Por otra parte, bajo el título de <em>El caso Mescalero, Obra didáctica para la ilustración y cultura política</em>, Brückner ha publicado una obrita que contiene la necrológica de Buback, algunos de los comentarios más importantes aparecidos, las propias observaciones de Brückner, pero igualmente la justa modélica y objetiva sentencia del tribunal de Dusseldorf, que el 10 de agosto de 1977 estableció que la necrológica de Buback <em>no</em> podía ser perseguida judicialmente, puesto que la acusación de que aprobaba el asesinato del fiscal general Buback era falsa, y con su publicación no se infringía <em>ninguna</em> ley penal.</p>
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<p>La sentencia decía textualmente: “El autor del artículo no se identifica con el crimen, tampoco apoya moralmente a los asesinos, sino que, por el contrario, cree que el crimen fue un error.”</p>
<p>Esta sentencia judicial, al igual que la <em>Necrológica de Buback</em>, y como diversos ataques, críticas y defensas de dicha necrológica es lo que ha publicado Peter Brückner.</p>
<p>Pues bien, por haber publicado esto y por un minúsculo extracto que no ha publicado él, y perteneciente a una entrevista de varias horas de duración que Brückner concedió hace ya varios meses a un periodista holandés, donde intenta <em>explicar</em> la violencia política en la República Federal, pero mostrándose <em>opuesto</em> a ella, sólo por esto Peter Brückner es perseguido hoy en este Estado que se autodenomina libre y democrático. Y el primer ministro Albrecht está planeando su expulsión como catedrático, lo cual significa, de hecho, su aniquilación profesional.</p>
<p>En vista de ello, unos periodistas y abogados ingleses me han preguntado si el primer ministro Albrecht –quien en Inglaterra ya adquirió mala fama al afirmar que en casos de extrema necesidad pensaba <em>reimplantar la tortura</em> a los detenidos– era realmente tan infame y desvergonzado, o bien tan histérico y abandonado por todos los buenos espíritus. Otros conocedores de la situación en la República Federal, a su vez periodistas y abogados británicos, contestaron en mi lugar. Señalaron que desgraciadamente Albrecht no era el único, pues incluso el ministro federal de justicia Vogel había violado la sentencia del tribunal de Düsseldorf, y esto de forma tal que en Inglaterra una persona que se comportara de tal forma difícilmente podría continuar siendo ministro de justicia o primer ministro.</p>
<p>Incluso el tan moderado y paciente corresponsal en Alemania del gran periódico inglés <em>The Guardian</em> publicó el 3 de noviembre un artículo que comienza así: “McCarthy está vivo y se encuentra muy bien y está en la República Federal alemana”. Además califica la histérica caza de brujas contra los llamados “simpatizantes” (el <em>Guardian</em> publica este horrendo término entre comillas) de “envenenamiento del clima político”.</p>
<p>Todavía habría que discutir otras muchas cosas, como por ejemplo la Ley general de universidades; las tendencias para privar a los estudiantes de todos sus derechos; el control y espionaje a que se somete a los ciudadanos; la increíble afirmación del Tribunal Constitucional de que el derecho a la libertad de opinión proclamado por la Constitución se refiere sólo a <em>tener</em> una opinión, pero no a expresarla o difundirla; la persecución, amenaza y calumnia de abogados, como por ejemplo la lamentable prohibición de ejercicio profesional dictada contra el abogado haburgués Kurt Groenewold; las desvergonzadas calumnias contra Heinrich Böll, Helmut Gollwitzer y el antiguo alcalde de Berlín Albertz, al que precisamente la revista porno <em>Praline</em> advirtió que no se atreviera a introducirse en los hogares <em>alemanes</em> por medio de la pequeña pantalla. Podría citar igualmente la declaración de prensa del primer ministro Stoltenberg, quien, en relación con el artículo de Mescalero, acusa al destacado redactor de la cadena NDR Hanjo Kesting de “afirmar en contra de la verdad, y a diferencia de la versión de todos los periódicos, que el citado artículo no defiende ni glorifica el asesinato político”. Téngase en cuenta que esta declaración de prensa fue hecha el 16 de setiembre, es decir, más de un mes después de la sentencia del tribunal de Düsseldorf, que confirmó la opinión de Kesting y que también rechazó explícitamente las desorientadoras informaciones de casi todos los periódicos.</p>
<p>Mientras suceda <em>este tipo de cosas</em>, el presidente federal Walter Scheel y el canciller federal Helmut Schmidt podrán asegurar cuantas veces quieran que la democracia está completamente en orden en nuestro país. Los interlocutores extranjeros los escucharán con amabilidad, pues ¿quién iba a echar a perder las relaciones con la económicamente fuerte República Federal? Pero cuantas más veces repitan su afirmación, más escépticos se mostrarán los oyentes y cada cual sacará sus propias conclusiones.</p>
<p>En mi condición de escritor en lengua alemana, que siempre se ha mostrado contrario a la germanofobia, no me alegro de ello. En mi condición de persona desterrada ya en la juventud por el fascismo hitleriano, con la mitad de los miembros de la familia asesinados, y que hoy en día, cuando se atreve a criticar la situación que impera aquí, vuelve a verse en peligro de ser aniquilado en su existencia de escritor o bien de ser arrojado al exilio de una nueva forma, creo que ha sido mi obligación hablarles a ustedes acerca de estas cosas y advertirles con todas mis fuerzas. En realidad hubiera preferido hablar de poesía, pero es mi deseo reservar esto para tiempo mejores.</p>
<p>Muchas gracias.</p>
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