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	<title>Hemeroteca digital | El Viejo Topo | Revista política</title>
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	<description>Desde la izquierda</description>
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		<title>Imperio</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/imperio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Mar 2026 07:00:49 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Publicado en 2002 por Francisco Fernández Buey, histórico colaborador de El Viejo Topo, este texto ofrece una reflexión crítica sobre la persistencia de la barbarie en la modernidad tardía.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.elviejotopo.com/topoexpress/imperio/">Imperio</a> aparece primero en <a href="https://www.elviejotopo.com">El Viejo Topo</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Por Francisco Fernández Buey.</em></p>
<p>Primo Levi, reflexionando sobre el Holocausto, escribió que la historia de la barbarie es como un silogismo práctico. La premisa mayor de este silogismo reza así: «Todo extranjero es enemigo». La conclusión del mismo no es única: puede ser el genocidio o el etnocidio, la limpieza étnica o el asimilacionismo, los campos de concentración o los campos de destrucción de otros pueblos, de otras culturas. Por desgracia, la aceptación de la premisa mayor de este silogismo es casi siempre inconsciente para la mayoría de los humanos. Pero siempre que en la historia de la humanidad esta premisa mayor se ha convertido en dogma, mediante la afirmación autoexcluyente de la propia cultura, que se considera a sí misma superior, el resultado ha sido la planificación de la propia barbarie: el holocausto, el quemar todo lo otro, la implantación del infierno sobre la tierra. En el trasfondo del Holocausto está la afirmación arrogante de la <em>Kultur</em> frente a la <em>Zivilisation</em>.</p>
<p><a href="https://tienda.elviejotopo.com/81-revistas" target="_blank" rel="noopener"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter wp-image-27911 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1-768x136.jpg 768w" sizes="(max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>Lo característico del capitalismo posmoderno en la época del Imperio único es que se presenta a sí mismo como vencedor de las fuerzas que causaron el último gran holacausto del siglo XX, pero al mismo tiempo, al afirmar la superioridad de la propia cultura mercantil, quema todo aquello que considera antagonista o enemigo, crea otros holocaustos y los presenta ante la propia opinión pública como necesarios, como respuesta supuestamente «civilizada» ante el riesgo de que aparezca en el horizonte un nuevo Hitler. Avisa de que viene <em>El Lobo</em> y, mientras tanto, convierte en lobos a los paisanos. La paradoja de los nuevos holocaustos es que éstos se presentan como una retorsión del principal Holocausto del siglo XX: el capitalismo posmoderno dice querer hacer modernos a todos los demás, induce en las otras culturas nuevas necesidades y, cuando llega a la conclusión de que estas nuevas necesidades inducidas no pueden ser satisfechas más allá del mundo de los ricos, quema y destruye las tradiciones y culturas que no se adaptan a los designios del Imperio.</p>
<p>[…]</p>
<p>De ese tipo de cinismo dijo Oscar Wilde: «Sabe el precio de cada cosa, pero no sabe el valor de ninguna».</p>
<p>El Imperio se mofa de las banderas de los otros aduciendo que pasaron ya los tiempos de las banderas «provincianas» y a continuación exalta la propia bandera en todas las actividades cotidianas y la impone a otros pueblos a miles de quilómetros de su centro. El Imperio se cisca en la inteligencia crítica y llama «inteligencia» al espionaje. Forma «luchadores de la libertad» donde tiene intereses geoestratégicos y luego, cuando quieren autodeterminarse, los llama terroristas. Se llena la boca con la palabra «libertad» y en las provincias no reconoce otra que la <em>Quinta Libertad</em>, el <em>Séptimo de Caballería</em> posmoderno. Hunde la enseñanza pública universitaria donde la hubo y luego dedica enormes recursos a la compra de intelectuales de los cinco continentes, convierte sus obras en mercancías cosmopolitas y les exige que renuncien a sus orígenes declarando que ha llegado la guerra entre civilizaciones. Dedica importantes sumas a la investigación de medicamentos para combatir las enfermedades de la civilización y luego se lucra con ellos condenando a la muerte a los pobres que no pueden pagarlas.</p>
<p>[…]</p>
<p>El odio no justifica, obviamente, la barbarie de los otros (tan moderna y a veces tan posmoderna, por cierto, como la del Imperio), pero explica la desesperación que conduce a ella. El capitalismo imperial posmoderno exalta constantemente la violencia en los medios de comunicación que domina, fomenta la Sociedad del Rifle, practica la pena de muerte y luego interviene violentamente para combatir la violencia que él mismo ha inducido. El capitalismo imperial posmoderno llama fundamentalismo a la desesperación de los otros y oculta el fundamentalismo propio. De ahí surgen varios holocaustos selectivos y una nueva especie de macartismo global.</p>
<p><a href="https://www.youtube.com/watch?v=3XGC7z5CRmI" target="_blank" rel="noopener"><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-29082 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px-1.png" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px-1.png 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px-1-300x53.png 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px-1-768x136.png 768w" sizes="(max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>He aquí otra vez el «poder desnudo» del que hablaba el viejo Einstein al acabar la segunda guerra mundial. Un tipo de poder que a él le recordaba la época del ascenso del nacional-socialismo en Alemania. Retorsión de lo que hubo. Esta vez son los musulmanes y asimilados quienes más sufren. Pero conviene recordar, con Levi, que ya en el infierno de Auschwitz se llamaba «musulmanes» a los más desgraciados de entre los desgraciados del campo de exterminio. ¿Una premonición? La última imagen de la dimensión que ha alcanzado el «poder desnudo» ha sido el traslado forzoso de los talibanes afganos desde Kabul a Guantánamo, cuerda de presos organizada con los últimos adelantos tecnológicos que, sin embargo, trae a la memoria alguna de las escenas del <em>Espartaco</em> de Kubrick. Todo un símbolo. Por lo que significaba Kabul, en el corazón de las tinieblas, y por lo que significa Guantánamo, territorio imperial en la isla de Cuba.</p>
<p>Nuevamente en el Imperio. Como dijo Walter Benjamin, no hay documento de cultura que no lo sea al mismo tiempo de la barbarie.</p>
<p>¿Hay alguien ahí?</p>
<p><strong>Fuente:</strong> <a href="https://www.lainsignia.org/2002/enero/cul_040.htm">La insignia</a></p>
<p><strong>Libros relacionados:</strong></p>
<p><a href="https://tienda.elviejotopo.com/catalogo/2992-el-mundo-segun-trump-9788416995547.html" target="_blank" rel="noopener"><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-11208" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2018/01/3DElmundosegunTrump-201x300.jpg" alt="El mundo según Trump" width="201" height="300" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2018/01/3DElmundosegunTrump-201x300.jpg 201w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2018/01/3DElmundosegunTrump-768x1145.jpg 768w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2018/01/3DElmundosegunTrump-687x1024.jpg 687w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2018/01/3DElmundosegunTrump.jpg 858w" sizes="(max-width: 201px) 100vw, 201px" /></a><a href="https://tienda.elviejotopo.com/geopolitica/3731-hacia-la-tercera-guerra-mundial.html" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-25899" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3D-hacia-la-tercera-guerra-mundial-201x300.jpg" alt="¿Hacia la tercera guerra mundial?" width="201" height="300" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3D-hacia-la-tercera-guerra-mundial-201x300.jpg 201w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3D-hacia-la-tercera-guerra-mundial-687x1024.jpg 687w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3D-hacia-la-tercera-guerra-mundial-768x1145.jpg 768w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/01/3D-hacia-la-tercera-guerra-mundial.jpg 858w" sizes="auto, (max-width: 201px) 100vw, 201px" /></a><a href="https://tienda.elviejotopo.com/geopolitica/947-sobre-la-guerra-las-nuevas-alianzas-entre-la-politica-y-los-ejercitos-9788496356900.html" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-19121" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2020/06/3D-sobre-la-guerra-201x300.jpg" alt="Sobre la guerra" width="201" height="300" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2020/06/3D-sobre-la-guerra-201x300.jpg 201w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2020/06/3D-sobre-la-guerra-768x1145.jpg 768w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2020/06/3D-sobre-la-guerra-687x1024.jpg 687w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2020/06/3D-sobre-la-guerra.jpg 858w" sizes="auto, (max-width: 201px) 100vw, 201px" /></a><a href="https://tienda.elviejotopo.com/capitalismo/1125-el-imperio-del-capital-9788496356085.html" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-20618" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2021/04/3d-_imperio_capital-201x300.jpg" alt="El imperio del capital" width="201" height="300" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2021/04/3d-_imperio_capital-201x300.jpg 201w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2021/04/3d-_imperio_capital-768x1145.jpg 768w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2021/04/3d-_imperio_capital-687x1024.jpg 687w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2021/04/3d-_imperio_capital.jpg 858w" sizes="auto, (max-width: 201px) 100vw, 201px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<item>
		<title>Una lejana inquietud</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/una-lejana-inquietud/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Mar 2026 07:05:55 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En febrero de 2001 el Topo publicaba este relato de nuestro colaborador y amigo, Higinio Polo, sindicalista presente en la Generalitat en aquella aciaga noche. Este es su testimonio. Tal vez un día verán la luz algunas otras dramáticas aventuras que aquella noche sufrieron otros miembros del Topo.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><u>UNA LEJANA INQUIETUD </u><u>O VEINTICUATRO HORAS DE LA VIDA DE UN PAÍS</u></p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p><em><strong>“¡Eh! ¡Ustedes!</strong></em></p>
<p><em><strong>¡Apaguen esos ojos asombrados!”</strong></em></p>
<p><em><strong>Vladimir Maiacovski.</strong></em></p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recibir un encargo para reconstruir un día de la vida de un país y atreverse a llevarlo a cabo es algo complicado. Al cronista no le cuesta reconocerlo. Y no sólo por cuestiones de impericia, aunque se trate exclusivamente de la reconstrucción de algunas horas que conmovieron a los ciudadanos en una lejana jornada de la que ahora vamos a cumplir veinte años. Es complicado porque el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, o los distintos golpes que estaban en marcha y que confluyeron en ese día, es uno de los momentos decisivos de la transformación política española tras la dictadura franquista.</p>
<p>Por eso juzga el cronista que lo más razonable, lo más prudente, es centrar el examen en algún rasgo relevante, y que, aprovechando que veinte años no es nada, qué febril la mirada, podría limitar el asunto a un episodio concreto de veinticuatro horas de la vida de un país, o de una mujer, que tal vez sea lo mismo. Aún así las posibilidades son numerosas: el cronista podría hacer una descripción de los acontecimientos, o de los riesgos que se corrían entonces, o de los fantasmas del pasado y de la dictadura que volvía a levantar sus garras. O examinar las consecuencias que tuvo la intentona militar: por ejemplo la elaboración de una ley llamada LOAPA, según nos recuerdan nuestros nacionalistas locales siguiendo la opinión del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. Y otras, que omite.</p>
<p><a href="https://tienda.elviejotopo.com/81-revistas" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-27911 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>Veinte años después de aquel día tal vez lo más atractivo fuese escribir unas líneas épicas sobre la victoria de la libertad, cerrando los ojos a las miserias que surgen en los momentos decisivos, pero sabiendo al mismo tiempo que el reproche es siempre poco elegante. Sin embargo, al cronista le da cierta pereza abandonarse a la grata evocación de las batallas del pasado. También podría hablarse de las incógnitas que persisten: son muchas. Y algunas, probablemente, nunca serán descifradas. No hay lugar para la alarma o el enfado: después de todo ya nos tenía advertidos Chu En Lai de que, casi doscientos años después de los hechos, todavía no estábamos preparados para comprender la revolución francesa. Es una sabiduría oriental que podemos recordar ahora.</p>
<p>Apuntemos algunas de esas incógnitas: por ejemplo, la lentitud en la actuación del rey. Un rey extraño, sí, aunque el protocolo nos lo quiere campechano, y lleno de amor al pueblo. Un monarca que combate el golpe –apuntemos de paso que, en realidad, dicen los republicanos rojos, se preocupa por el trono- pero tarda demasiado en decirlo y en hacerlo llegar a la población: una eternidad. Hay que decir en su descargo que es el monarca de un país pobre, sin apenas teléfonos, con dificultades de comunicación. Pero tarda demasiado. O traza una sutil estrategia que veinte años después todavía no puede conocerse en su totalidad.</p>
<p>Veamos: se ha aducido que los militares habían ocupado las instalaciones de Televisión Española y no podía, por tanto, emitirse desde allí un mensaje real. Pero los sublevados abandonan las instalaciones de la televisión a las nueve y diez minutos de la noche, y el mensaje de Juan Carlos de Borbón se emite más de cuatro horas después. Demasiado tiempo, en un momento semejante, en el que una hora podía cambiar el destino del país.</p>
<p>No insistamos en ello. Así es la vida. Y, paradojas de la existencia, el monarca será recompensado: parecería que los golpistas trabajaban para él, a juzgar por los resultados: dicen que entonces se consolida la monarquía. Hay otras incógnitas, sí: la trama civil del golpe, la actividad de los que siempre conocen la red oculta de las cosas. Y la actuación de los servicios secretos. Y las orejas de algunas cancillerías. Y hasta saber cómo se forja la habilidad de los máximos dirigentes de la patronal catalana, que conocían de antemano el intento de formar un gobierno Armada. Y las dudas de los capitanes generales, que hoy –si el cronista fuera filósofo y moralista– podrían calificarse de siniestras. Y la financiación de Tejero: el propio general Armada ha hablado de la trama civil que ordena iniciar el golpe al teniente coronel de la Guardia Civil. Y la incógnita que supone la afirmación más terrible, hecha por un teniente general: si hubiesen salido a las calles de Madrid las tropas de la División Acorazada Brunete, una tras otra todas las regiones militares se habrían unido al golpe. Hubiera triunfado.</p>
<p>Veamos algunos detalles. De once jefes militares con región a su cargo, siete estaban a la espera de lo que ocurriese, es decir estaban considerando la posibilidad de apoyar el golpe de Estado, o no veían mal que Milans del Bosch sacase los tanques a la calle.</p>
<p>Después de todo hay que amortizar las compras de material de guerra. El capitán general de Madrid, Quintana Lacaci, se opone al golpe desde el principio. El mismo general dejó escrito, en un conocido documento, que si hubieran salido las tropas de Madrid, todas las demás del país se hubieran unido al golpe. Por fortuna, a veces el destino nos sonríe: dicen que el capitán general Merry Gordon estaba borracho, y perdió la oportunidad de su vida. Otro motivo relevante: la discreción de los espías. Al cronista siempre le ha llamado también la atención el duro trabajo de los servicios secretos, modelo de competencia, aunque haya que lamentar que a veces parezcan reclutar a sus hombres como hiciera el Servicio de Inteligencia británico en la segunda guerra mundial: por el color de sus ojos y obligándolos a asistir a charlas de formación que se iniciaban con el acreditado método de “Prestad atención, cabrones”. También subsisten incógnitas sobre la actuación de los Estados Unidos, siempre tan informados, siempre tan predispuestos a la defensa de la libertad y de la democracia, siempre tan atentos a las situaciones de crisis en países amigos: hasta que el golpe no está derrotado no da Washington señales de vida: el presidente Reagan llamará por teléfono a Madrid en la tarde del día 24 de febrero, cuando todos los golpistas se han rendido. Pero dejemos esas incógnitas al paciente trabajo de investigación histórica.</p>
<p>Lo cierto es que si después de aquel día peligroso ha quedado en la memoria popular la imagen mil veces repetida del teniente coronel Tejero disparando en las Cortes, con el tricornio en los luceros, o la de los tanques atravesando las calles desiertas de Valencia, o, menos, la estampa del general Armada deambulando en la noche de los lobos, lo cierto, es que hay muchas otras cuestiones en las que podríamos detenernos: el examen de la actuación de los más altos jefes militares, las complicidades entre la oficialidad; los servicios secretos extranjeros –como los norteamericanos–; la actuación de los ayuntamientos; los temores periodísticos, que se reflejan hasta en la tibieza de los editoriales; la respuesta desigual en la España profunda. De manera que el cronista podría entretener al lector con muchas cuestiones. Pero prefiere detener su atención en un rincón de la península que siempre ha tenido relevancia: Barcelona, Cataluña. Allí, donde son los comunistas –los dirigentes de Comisiones Obreras y del PSUC– los que encabezan la respuesta al golpe de Estado.</p>
<p>Fijémonos en un momento concreto: en la tarde del 23 de febrero de 1981, en las afueras de Lleida. El cronista está en condiciones de afirmar que los coches pasaban a toda velocidad por la carretera que iba a Barcelona. Hacía frío, o, al menos, se lo parecía a la pareja que se dirigía hacia la capital del principado. Dentro de un coche, conducido por una chica joven, va uno de los dirigentes de las Comisiones Obreras de Catalunya. Acaba de abandonar Lleida y ha hecho un llamamiento –sin consultar a nadie– a la huelga general en una asamblea de delegados sindicales, después de que hayan llegado las noticias del golpe de Estado. Va reflexionando sobre lo hecho, y está firmemente convencido de que ha hecho bien, aunque no sabe todavía lo que le espera en Barcelona. Cuando llega a la ciudad se encuentra con sus camaradas. Las noticias son ya más precisas.</p>
<p><a href="https://www.youtube.com/watch?v=3XGC7z5CRmI" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-29082 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px-1.png" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px-1.png 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px-1-300x53.png 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px-1-768x136.png 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>A las 6 y 22 minutos de la tarde un teniente coronel de la Guardia Civil ha entrado con sus tropas en el Congreso de los Diputados. Es un tipo burdo, sin educación. Pasan largas horas, y llegan después noticias de que en Valencia pasean los tanques por las calles, y el parte de las nueve de la noche de Televisión Española no se emite. Nadie sabe nada del rey. Pasarán todavía muchas horas antes de que aparezca en la pantalla.</p>
<p>Lo hará a la 1 y 15 minutos de la madrugada. El presidente de la Generalitat, Pujol, según afirma, ha hablado dos veces con él, y le ha pedido tranquilidad. El honorable dice por radio poco antes de las diez que todo está dentro de la normalidad. Sin embargo está muy nervioso, lo que se contradice con esa normalidad, y el monarca aún no ha dicho nada públicamente. Veinte años después explicarán historias de capitanes del ejército en televisión que impiden emitir proclamas, y lo hará el mismo monarca, pero en ese momento Pujol sabe que si el rey puede hablar con él también podría hacerlo con las emisoras de radio, aunque fuera por teléfono, y condenar con firmeza el golpe. Pero no lo hace. Tal vez por eso el honorable presidente está nervioso, y, después, alzará la voz a los dirigentes sindicales que van a verle; él, un hombre educado.</p>
<p>Hay que decir en su descargo que la situación no era ninguna broma. Incluso en Barcelona, donde parecía que los militares no intentaban nada, el propio teniente general Pascual Galmés hablaba con el general Armada en una noche de equívocos, y mandos sublevados daban orden a los carros de combate del Regimiento de Caballería Numancia de Sant Boi de Llobregat de que se preparasen para salir hacia la capital catalana. Tanques para entrar de nuevo en Barcelona, como en 1939. ¿Encontrarían resistencia los carros de combate? Por si acaso, algún dirigente patronal había estudiado los meses anteriores a Gramsci para imaginar cuál podía ser la actitud obrera si cambiaban las tornas: después de todo los partidos de izquierda habían estado a un paso de ganar las elecciones al Parlament de Catalunya el año anterior. Las cosas de la vida: dirigentes del Fomento del Trabajo Nacional, la benemérita patronal catalana, estudiando a un dirigente comunista italiano que había muerto en las cárceles del fascismo.</p>
<p>Era razonable que el presidente de la Generalitat estuviera nervioso. Las noticias indicaban que muchos capitanes generales eran cómplices del golpe. Después se conocería la singular actuación de los tenientes generales Merry Gordon, de Sevilla; Elícegui Prieto, de Zaragoza; y Campano López, de Valladolid. Además de Milans del Bosch, en Valencia. Pero no eran los únicos, distintas fuentes publicadas en los últimos años confirman que otros jefes militares estaban dispuestos a apoyar el golpe de Estado: había confianza, a veces admiración, hacia Milans del Bosch. También ambiciones personales: algún general se mostraba predispuesto al golpe militar pero consideraba que Armada no sería tan buen presidente del gobierno como él mismo; y ambigüedad calculada, indefinición, temor a quedar en el bando perdedor, la indecisión humana que lleva a muchos a esperar a ver para sumarse al golpe.</p>
<p>Nada nuevo. La historia está llena de situaciones semejantes, y el cronista comprende las dudas de la milicia. A las once y media de la noche, tres dirigentes de Comisiones Obreras entran en el Palau de la Generalitat. Llegan con una huelga general convocada. Horas antes el sindicato había ofrecido quinientos militantes para defender a la Generalitat, pero la ayuda había sido rechazada. Mientras tanto, Radio Nacional de España emitía música militar, evocadora de otros desfiles salvadores, y la imprenta de Comisiones Obreras trabajaba con ritmo frenético imprimiendo miles de octavillas llamando a la huelga general. Eran los únicos: nadie más haría algo semejante. Hasta la sede del sindicato se acercan los que quieren resistir al golpe: militantes cenetistas, entre otros. En la puerta del palacio de la Generalitat, por la que entran los dirigentes de Comisiones Obreras, unos mossos d’esquadra. Su capitán había ido horas antes a ofrecerse a los militares para lo que hiciera falta: por ejemplo, para detener a los que había dentro del palacio que teóricamente defendían. Hay un silencio extraño, y los pasos resuenan en los adoquines. No hay nadie en la plaza, y las muchedumbres no atruenan con sus gritos las calles históricas de la ciudad, de la rosa de fuego. Entran, y ven que los mossos d’esquadra pasean nerviosos. Arriba, tipos cansados, caras conocidas por la televisión, del Parlamento, los ministros del gobierno catalán. De todas formas, poca gente.</p>
<p>Algunos están sentados, derrumbados, con caras fúnebres. El cronista ha podido saber de primera mano las palabras que se cruzaron los rojos de Comisiones Obreras con Jordi Pujol, en el despacho del presidente de la Generalitat. También ha podido conocer algunos temores, y la desolación de algunos rostros, inseguros de permanecer allí. Los que han llegado son hombres jóvenes, que argumentan con pasión; demasiado jóvenes, incluso, y se nota en la audacia de sus convicciones, algo estrafalarias para el gusto del honorable, que se revuelve inquieto. Y notan la curiosidad en el pescuezo, la sensación de la propia importancia, aunque sea transitoria. El honorable está nervioso, con gesto sombrío: unos minutos antes de entrar en su despacho con los dirigentes sindicales ha hablado con el capitán general Pascual Galmés, y éste le ha preguntado su opinión sobre la “solución Armada”. Se teme lo peor. El presidente ha hecho momentos antes un llamamiento por radio diciendo que no hay que hacer nada, y diciéndole al ciudadano que ha hablado con el rey. Pero no parece que eso resuelva gran cosa. Es un rey que nadie sabe qué está haciendo: tampoco el honorable. Corren rumores, algunos poco edificantes, y ninguno de los presentes sospecha en ese momento que veinte años después aún no será posible conocerlos en detalle.</p>
<p>La entrevista del presidente con los dirigentes sindicales transcurre tensa. Y ahora hay otras prioridades, además de saber qué hacen los generales con el sable. La huelga general. El gobernador civil de Barcelona, hombre valeroso, ha dicho que quedan prohibidas las manifestaciones, y las huelgas, y cualquier movimiento en la calle. La autoridad está para eso. Aunque es improbable que les diga lo mismo a los militares. El rictus de Pujol es la virtud cautiva, angustiada, del país: y hasta su ruego al secretario general de las comisiones obreras –“mira el televisor y si sale el rey, avisa”–, enternecedor. Y la discusión desaforada –tabernaria, dicen– con la delegación sindical la cartografía precisa de su impotencia ante el destino. Los argumentos del honorable para convencer a los dirigentes sindicales de que hay que desconvocar la huelga general merecen consignarse, para maravilla de las generaciones futuras: “Si el golpe fracasa no hace falta ninguna huelga general y, si triunfa, la huelga general no sirve para nada” No hay nada más clarividente que el desasosiego. Detrás, dejémoslo dicho, apunta de nuevo el miedo a las muchedumbres, el temor a que la plebe sea de nuevo la encargada de buscar al chacal, y de aplastarlo. Hay que ser justo: entre los hombres que aquella noche están en el palacio de la Generalitat hay uno, Heribert Barrera, que manifiesta su acuerdo con la huelga general y así lo dice ante el honorable Pujol y ante los sindicalistas. Pero el gobierno de la Generalitat dejará clara su posición: hay que mantenerse –dice a los ciudadanos– en disposición de servir los intereses del país y eso debe hacerse, especialmente, desde la normalidad laboral. Y en casa. Pujol creía, y aún cree, que nadie debía ofrecer resistencia y que si llegaban los militares debían dejarse capturar: con dignidad. Curiosas enseñanzas, reflexiones extraídas de la sabiduría convencional de los tiempos, tal vez del largo verano de 1936.</p>
<p>Los nacionalistas. Aman al país con pasión, y el cronista no tiene ningún derecho a poner en entredicho sus sentimientos. Al fin y al cabo la historia está hecha, también, de sentimientos. Mucho menos derecho tiene para ridiculizarlos, como hacen algunos apátridas. En otros lugares de España, lo presentido. Los nacionalistas vascos han huido: el palacio de Ajuria Enea está vacío. Es verdad que no es así en el palacio de la Generalitat. Pero en aquel preciso día de febrero de 1981 puede decirse que los nacionalistas no están, o, al menos, no consideran necesario salir a defender al país. O</p>
<p>confunden al país con la propia piel, algo que no deja de ser legítimo pero que está más cerca de la ofuscación que del amor a la patria, sea la patria que sea, y eso al cronista le importa poco. Tal vez, una confusión inocente, como la de aquel presidente chileno, González Videla, que estaba convencido de que la UNESCO era una cantante rumana.</p>
<p>De manera que los nacionalistas no están. Estaba, sí, el honorable. Nervioso, confundido porque aquellos jóvenes sindicalistas bolcheviques no quieren desconvocar la huelga general. Para Pujol es evidente que la huelga general no ayuda, al contrario, entorpece, crea confusión, puede provocar la reacción militar. Como si algunos generales necesitasen ayudas para blandir el sable. Algunos nacionalistas se dan cuenta de que en el futuro algunos les reprocharán su impotencia. Llueve sobre mojado: después de todo, tampoco estuvieron para defender Barcelona en 1939. Ahora, en ese día de febrero de 1981, es difícil encontrarlos. De hecho, algunos bolcheviques que lo intentan tienen que volver a sus guaridas con la extraña sensación de que otra vez están solos. Y Heribert Barrera, hijo de un viejo anarcosindicalista del pasado republicano español, que dice unas palabras dignas que pocos escuchan, pero que quedan registradas para el futuro –incógnito, tal vez mezquino– que se avecina. Pero, como apunta un diputado nacionalista, todos están preocupados por lo que pueda pasar: “Ens mataran”, dice. Pese a todo los nacionalistas lanzan una consigna: “Cada uno en su casa”. No hay que hacer nada. Contarán después, durante años, que no había que caer en provocaciones, y que cualquier movimiento en falso podía ser contraproducente. Es la sabiduría política, el abandono. Después, algún cronista dirá que vestirán de sensatez y responsabilidad, hasta de patriotismo, lo que sólo era impotencia y derrota.</p>
<p>Los socialistas. No es posible tampoco localizarlos. No son los únicos: en esa noche aciaga hay muchos dirigentes de partidos democráticos a los que no se puede encontrar. Corren, otra vez, rumores, y extrañas historias sobre desapariciones repentinas. Demasiadas personas estaban esa noche en el lugar equivocado. Algunos periodistas cuentan después que los socialistas estaban en las nubes. La desaparición es circunstancial: pocos días más tarde, con el golpe fracasado, ya con el ánimo entero, participarán en primera línea en las manifestaciones, lo que les honra. Tanta era su perplejidad e impotencia ante las sorpresas de la vida, tanto su nerviosismo que ahora, veinte años después, casi recuerdan –si se permite al cronista– el desvalido desorden de aquel ministro del Interior peruano, con Fujimori, que en la operación para cazar a Montesinos, el siniestro jefe de los servicios secretos, decía ante los periodistas: “¡Estamos intentando ubicarle, para saber dónde está!”</p>
<p><a href="https://www.youtube.com/watch?v=xWdnWVhFblY" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-29083 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/03/Sin-titulo-850-x-150-px-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>La entrevista del presidente de la Generalitat con los hombres de Comisiones Obreras termina mal, sin acuerdos. Unos se van a preparar la huelga, en una noche tensa, sabiendo que todo puede pasar. Otros, después, irán a dormir: Pujol, tras el mensaje de Juan Carlos de Borbón, a las tres de la madrugada. ¿Estaba tranquilo ya? El cronista no puede saberlo. Lo cierto es que aún después de la alocución del monarca persistían muchas dudas: el mismo Juan Carlos de Borbón lee un mensaje ambiguo, en el que no se condena con dureza el intento de golpe de Estado. Habla, sí, de que no puede tolerar que se interrumpa el proceso democrático. Pero no hay condena explícita de los sublevados: la situación no estaba aún clara. De hecho, en la madrugada de ese día llegan nuevas tropas al Congreso de los Diputados: las de Pardo Zancada. Y Sabino Fernández Campos, un militar que era el secretario general de la casa real, autoriza al general Armada para ir al Congreso de los Diputados y postularse ante Tejero como nuevo presidente del gobierno, y resolver así el secuestro de los diputados y del gobierno en la sede parlamentaria. Cuentan que la autorización fue de Fernández Campos, y no de Juan Carlos de Borbón, pero hay muchas cosas oscuras en los movimientos de esa larga noche en Madrid. Un buen hombre, Sabino Fernández, conocedor de las calles barcelonesas. Veinte años después dirá que nunca había visto tanto entusiasmo de los catalanes como cuando entró con las tropas fascistas en Barcelona, en 1939.</p>
<p>La gestión del general Armada termina mal. El teniente coronel Tejero le dijo que no reconocía más que a Milans del Bosch como jefe, deshaciendo así la posibilidad de un gobierno Armada. Para los suyos, para los sublevados, fue un hombre torpe el teniente coronel. Pero esa noche, mientras unos iban a dormir y otros a preparar la huelga, era evidente que la situación aún no estaba clara, hasta el punto de que el propio Francisco Laína –responsable del gabinete de secretarios de Estado y gobierno de facto– temía lo peor. Por eso, Comisiones Obreras moviliza a sus hombres y mujeres, y no desconvoca las acciones previstas: se distribuyen por zonas fabriles, por metros y autobuses, organizan piquetes. Sea como sea, lo cierto es que los comunistas del PSUC y de Comisiones Obreras son los únicos que desde el primer momento se lanzan a combatir a los golpistas. La confusión, el miedo, la indefinición, incluso las fugas vergonzosas, harán mella en muchos otros sectores. Hasta la traición aparece. Incluso en la Generalitat había habido personas que se ofrecieron a los militares. Se arrimaban al sol más caliente. Después, cuando a los sublevados les derrota su propia indecisión, entre otras cosas, todo termina. Las veinticuatro horas de la vida de un país están a punto de cerrarse, y con el famoso pacto del capó por el que se rindieron Tejero y Pardo Zancada se abrirá un proceso que culminaría en los tribunales y en la absolución  e la mayoría de los golpistas.</p>
<p>El cronista no ignora que podría escribirse un bonito fresco sobre la serena respuesta del pueblo al golpe fascista. Pero aunque le atrae la lírica, no es posible. Millones de españoles saldrán a la calle, en defensa de la democracia, pero el día 27 de febrero.</p>
<p>Podría abandonarse a la tentación de especular, de hurgar en algunas actitudes poco honorables, pero no es conveniente, y hasta puede parecer poco elegante. Es obligado, sí, dejar constancia de que los nutridos grupos de militantes que llaman a la huelga general y reparten octavillas en el metro y en las fábricas son los de siempre. Claro que tampoco pueden quejarse, al fin y al cabo hacían algo parecido a lo que habían hecho años atrás, y tenían memoria y aprendizaje. De modo que la respuesta de la población será desigual. No en vano a los ciudadanos les llegaron mensajes contradictorios, llamamientos a la calma y convocatorias a la huelga. Después, de nuevo, la amnesia, el olvido, la desmemoria. No hay motivo de queja: ya sabemos que una de las proposiciones fundamentales del maestro es que de lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio.</p>
<p>Al otro día, por la tarde, más tranquilos, el monarca recibirá a los dirigentes políticos, entre los que no se encuentra Pujol, envuelto en el palacio de la Generalitat en una leve brisa de rencor, pese a que el honorable casi se había hecho portavoz real en las horas difíciles del golpe. Los nacionalistas siempre se mostrarán dolidos con el gesto. Los socialistas: recompondrán el rostro. Y, después, el buen pueblo, que tiene una memoria personal precisa y es comprensivo, sabrá justificar a sus dirigentes por la angustia de ayer. Incluso les volverá a votar, porque se reconoce en esas caras. Al fin y al cabo está escrito que la prudencia ha de ser siempre la guía de los pueblos. El cronista cree que no hace falta anotar nada más, o apenas alguna enseñanza, ya antigua: la democracia está consolidada mientras el poder del dinero no se inquieta. O veinticuatro horas de la vida de un país, y una lejana inquietud, que sólo añade melancolía y algunas sonrisas, en un país moderno que aún recuerda cuando la gente se lavaba con piedra pómez: los que entonces eran tiernos infantes son ahora aguerridos jóvenes adictos a la noche, que casi ignoran los riesgos que corrieron.</p>
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			</item>
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		<title>Un clásico marxista</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/un-clasico-marxista/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Feb 2026 07:05:22 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Karl y Eleanor Marx, padre e hija, comparten el mérito de un folleto que fue ampliamente leído como introducción o alternativa a su obra más extensa, El capital, y que sigue siendo relevante hoy en día, afirma la Marx Memorial Library and Workers’ School.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>VALUE, Price and Profit</em> (Valor, precio y beneficio), también publicado como Wages, Price and Profit (Salarios, precio y beneficio), es un folleto basado en las notas manuscritas de Karl Marx para las presentaciones que realizó ante la Asociación Internacional de Trabajadores (la Primera Internacional) en Londres en 1865.</p>
<p>El manuscrito completo nunca se publicó durante la vida de Marx. Más tarde, su hija, Eleanor Marx, lo preparó para su publicación y se publicó en 1898.</p>
<p>Ya conocido por sus publicaciones y su activismo, Karl Marx fue elegido miembro del consejo general de la AIT y rápidamente se convirtió en una figura destacada. Otro miembro del consejo y sindicalista británico, John Weston, argumentó que los aumentos salariales eran inútiles porque los precios simplemente subirían para contrarrestarlos. Esto desencadenó un debate sobre si los trabajadores debían organizarse para conseguir salarios más altos.</p>
<p>Marx respondió a Weston con una refutación teórica estructurada, en la que explicaba la relación entre el valor, los salarios, los precios, los beneficios y el trabajo. Sin embargo, su discurso (cuyas notas estaban en alemán y en inglés, incluyendo indicaciones para la intervención) nunca se preparó para su publicación; solo se distribuyó en forma de resúmenes e informes en las actas del consejo de la AIT.</p>
<p><a href="https://tienda.elviejotopo.com/81-revistas" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-27911 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/Banner-papel-448-1-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>Marx se encontraba en pleno proceso de compilación de <em>El capital</em> (el volumen 1 se publicó dos años más tarde, en 1867) y es posible que prefiriera que la gente leyera esta obra para obtener un tratamiento teórico completo de las cuestiones.</p>
<p>Mucho más tarde, tras la muerte de Karl Marx (1883), su hija Eleanor editó el discurso de su padre como respuesta a otras sugerencias de la izquierda de que podría ser posible alcanzar el socialismo sin revolución.</p>
<p>Engels estaba en ese momento ocupado editando las notas manuscritas de Marx para los volúmenes 2 y 3 de <em>El capital</em> (publicados respectivamente en 1885 y 1894), así como con sus propias contribuciones a la teoría y la práctica marxistas. Tenía en su poder gran parte del material inédito de Marx, encontró el manuscrito original y se lo pasó a Eleanor, cuya iniciativa, inspiración y esfuerzo fueron los responsables de su aparición.</p>
<p>En 15 breves capítulos (unas 20 000 palabras, en la mayoría de las ediciones impresas alrededor de 30 páginas), <em>Valor, precio y ganancia</em> (VPG) presenta muchas ideas clave del análisis en desarrollo de Marx sobre la economía política capitalista, pero de una forma más breve y accesible. Se basa y desarrolla los análisis anteriores de Marx sobre el capitalismo, presentados más concretamente en su folleto Trabajo asalariado y capital.</p>
<p><em>VPG</em> es, en efecto, un manual básico, una exposición compacta y popular de los argumentos que figuran en el volumen 1 de El capital (apenas se trata el contenido de los volúmenes posteriores). Comienza cuestionando el argumento de Weston (según el cual cualquier beneficio derivado de los aumentos salariales generales se ve necesariamente contrarrestado por los aumentos generales de los precios), argumentando que esto es incorrecto tanto desde el punto de vista lógico como empírico y que es esencial un análisis científico de los salarios y los precios.</p>
<p>A continuación, el folleto resume la teoría marxista del valor-trabajo. Sostiene que el trabajo es la única fuente de nuevo valor y distingue entre la fuerza de trabajo (lo que el empleador «compra») y el trabajo (mayor) que el empleador realmente «obtiene». El valor viene determinado por el «tiempo de trabajo socialmente necesario», que en última instancia determina los precios (aunque la oferta y la demanda pueden influir en las fluctuaciones de los precios); el dinero es un medio de intercambio, no la fuente del valor o del precio en sí mismo.</p>
<p>A continuación, el folleto distingue entre diferentes tipos de «salario». Los salarios «nominales» son el dinero que el empleador paga al empleado; los salarios «reales» son lo que ese dinero permite comprar y los salarios «relativos» son la parte del valor producido que corresponde al trabajador en comparación con la del capitalista.</p>
<p>Explica que los capitalistas se esfuerzan por mantener bajos los salarios relativos, incluso si los salarios nominales aumentan. Los beneficios surgen porque a los trabajadores se les paga menos que el valor que crean. Esta diferencia es la plusvalía y se materializa en términos monetarios como beneficio.</p>
<p>El folleto concluye que las luchas salariales sí importan, que existe una batalla constante entre los trabajadores y los capitalistas, entre los que realmente producen y los que poseen los medios de producción. Afirma que los sindicatos son esenciales para resistir el aumento de la explotación.</p>
<p>Sin embargo, la emancipación duradera requiere, en última instancia, la abolición del sistema salarial, y no solo la negociación dentro de él.</p>
<p><a href="https://www.youtube.com/@ELVIEJOTOPOTV" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-29019 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/02/Sin-titulo-850-x-150-px.png" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/02/Sin-titulo-850-x-150-px.png 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/02/Sin-titulo-850-x-150-px-300x53.png 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2026/02/Sin-titulo-850-x-150-px-768x136.png 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>Dentro de la Primera Internacional, el discurso de Marx tuvo cierta influencia. Los sindicalistas, en particular, valoraban la defensa que Marx hacía de las luchas salariales. Pero el hecho de que no se publicara ampliamente como texto independiente hasta después de la muerte de Marx limitó su impacto potencial. Además, su análisis teórico, desarrollado y presentado en el volumen 1 de El capital, se vio inicialmente limitado por la mayor extensión de este último y su acceso restringido.</p>
<p>La Primera Internacional se disolvió efectivamente en 1876, tras el colapso de la Comuna de París en 1871. En 1889 se fundó una «Segunda Internacional» —la Internacional Socialista— para celebrar el centenario de la Revolución Francesa. Esta se convirtió en un foro para los grandes debates dentro del socialismo, basados en gran medida en las ideas marxistas.</p>
<p>Tras su publicación como folleto en 1898, <em>Valor, precio y ganancia</em>, de Eleanor Marx, se distribuyó más ampliamente y tuvo un impacto significativo, junto con otras publicaciones de Marx, Engels y otros, utilizadas por los partidos socialistas, los sindicatos y en los programas de educación de los trabajadores como una introducción breve, accesible y claramente redactada a la economía marxista. Se convirtió en un punto de referencia para los debates sobre las luchas salariales, la teoría del valor-trabajo y la relación entre la reforma y la revolución.</p>
<p><em>Value, Price and Profit</em> sigue siendo hoy en día un texto introductorio breve, fácil de leer e «independiente» a la economía política marxista (y una puerta de acceso accesible a <em>El capital</em>), que ofrece una explicación concisa de la creación de valor, la explotación, el beneficio y la lucha de clases. Sigue siendo muy relevante para cuestiones críticas de la actualidad, como los debates sobre el salario mínimo, el falso «autoempleo» y la economía gig, y las crecientes diferencias entre la remuneración de los propietarios y directivos de las grandes empresas y los salarios de su mano de obra.</p>
<p><em>VPG</em> cuestiona la narrativa dominante actual, cada vez que se debate en los medios de comunicación la política monetaria, el coste de la vida y las «espirales de salarios y precios», de que los aumentos salariales son intrínsecamente inflacionistas. La realidad es que, tanto en el «núcleo» capitalista como en la economía mundial, la participación del trabajo en la producción de valor está disminuyendo, mientras que la del capital (es decir, sus beneficios) está aumentando. Valor, precio y ganancia explica por qué ocurre esto.</p>
<p>El folleto es uno de los numerosos ejemplos de la edición que Eleanor Marx hizo del archivo de su padre. Sin su iniciativa, no existiría, al menos en la forma clara y concisa en que ella lo produjo. Su defensa del legado de Marx contra el reformismo fue seguida, un par de años más tarde, por la publicación de otra feminista comunista (y judía), Rosa Luxemburg, <em>Reforma o revolución</em> (1900).</p>
<p>Su lucha —contra el reformismo, el gradualismo y el socialismo «utópico»— es tan importante hoy como lo fue entonces.</p>
<p>El argumento final del folleto —que los trabajadores y el movimiento obrero en su conjunto deben luchar por mejores salarios y condiciones y, al mismo tiempo, reconocer que la verdadera emancipación requiere un sistema más allá del trabajo asalariado— sigue siendo tan cierto hoy como lo era en 1865 y 1898.</p>
<p><strong>Fuente:</strong> Morning Star, reproducido en <a href="https://espai-marx.net/?p=19367" target="_blank" rel="noopener">ESPAIMARX</a></p>
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<p>&nbsp;</p>
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		<title>Recordando a Anguita</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/recordando-a-anguita/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 May 2025 06:05:35 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Tal día como hoy, hace cinco años nos abandonaba Julio Anguita. Se presencia, su lucidez, las echamos en falta. Lo recordamos hoy con este texto –su último texto– redactado pocos días antes de su fallecimiento y publicado en el número 390/391 de esta revista (Julio 2020).</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Tal día como hoy, hace cinco años nos abandonaba Julio Anguita. Se presencia, su lucidez, las echamos en falta. Lo recordamos hoy con este texto –su último texto– redactado pocos días antes de su fallecimiento y publicado en el número 390/391 de esta<a href="https://www.elviejotopo.com/revista/el-viejo-topo-num-390-391/"> revista</a> (Julio 2020).</p>
<p>Texto seleccionado por <strong>Miguel Riera.</strong></p>
<hr />
<p>EL HOY Y EL MAÑANA: RAZONES PARA NUESTRO COMPROMISO</p>
<p>Nos enfrentamos a una de las situaciones más graves de nuestra Historia. Padecemos una pandemia enraizada en última instancia en el cambio climático que la civilización del crecimiento sostenido y depredador de la naturaleza ha originado. La epidemia ha acelerado y agravado aún más la crisis sistémica ya anunciada por científicos, economistas y analistas. España está ante una recesión económica sin precedentes. Y ello sitúa al Gobierno –a cualquier Gobierno– y a la sociedad en su conjunto, ante un problema de extrema complejidad. Se necesitan recursos cada vez más abundantes y perentorios para gastos sanitarios de urgencia y para atender las consecuencias del obligado parón productivo: cierre de empresas, incremento exponencial del paro, precariedad y la exclusión social existentes desde hace décadas. Sin obviar, sobre todo en estos momentos, las imprescindibles inversiones en investigación.</p>
<p>Por exigencias derivadas de la Justicia, los Derechos Humanos y el mandato constitucional, ni los poderes públicos ni la sociedad pueden olvidar que en pleno siglo XXI, cada español y cada española tiene derecho a una vivienda digna, a un régimen público de Seguridad Social, a la Enseñanza, a la Sanidad, a pensiones suficientes, a la atención a la dependencia, al disfrute de un medio ambiente adecuado y a la percepción de un subsidio personal cuando ésta se haya visto afectada por la “pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”, tal y como dice el artículo 25 de los DDHH y recoge también el artículo 41 de nuestra Constitución.</p>
<p>El cumplimiento de estas obligaciones legales y morales por parte de los poderes públicos necesita, aparte del consenso y apoyo de la mayoría social, un acopio de recursos sin precedentes. Y estos recursos no tienen otra fuente y origen que el contribuyente, bien por ser asalariado, bien por ser autónomo o empresario, o bien por poseer rentas y recursos de toda índole. Pero es el caso que el cierre de empresas, los Ertes y el desplome del sector turístico, conducen a una bajada prevista del PIB del 9,2% Y a ello se le suma el aumento, también previsto, del déficit público desde el 2,8% a finales del 2019, al 10% del PIB para Diciembre del 2020. Es decir, más gastos ineludibles, menos ingresos y, además, más deuda pública. Y todo esto en el marco de una pandemia que sigue generando contagios, personas hospitalizadas y muertes, sin que todavía haya vacuna que la erradique.</p>
<p>Este es el hoy de España. De cómo lo abordemos dependerá el mañana. Y en el mañana van a vivir nuestros hijos, nuestros nietos y las generaciones venideras de españoles y españolas. Es una cuestión de responsabilidad colectiva: optar entre un futuro para la inmensa mayoría o un desastre, también para la inmensa mayoría.</p>
<p>Porque constituiría un inmenso error retornar –como si nada hubiese pasado– a la salida de la crisis del 2008, haciendo recaer, otra vez, sacrificios y penurias sobre trabajadores, asalariados y sectores populares en vez de buscar una nueva salida en la que prime la Solidaridad y el no dejar a nadie atrás. Tanto los Gobiernos de turno como la sociedad deberemos estar a la altura del reto, asumiendo que nos llevará tiempo. Construir el mañana supone priorizar objetivos, potenciar mecanismos e instrumentos de intervención en la realidad y sustentar todo el proceso en parámetros éticos y de conductas de moral pública consecuentes con ellos.</p>
<p>A nuestro parecer, los objetivos a conseguir son tres: la concreción en la práctica de los Derechos y Deberes contemplados en el Título Primero de la Constitución, la creación de un tejido productivo que ligue la economía al territorio, a las necesidades materiales de la mayoría social y lo haga menos vulnerable a crisis como ésta y, en tercer lugar, políticas medioambientales que combatan el cambio climático y a las que toda la actividad productiva y de consumo superfluo se supediten. En resumen: pleno empleo, democracia económica y calidad ambiental.</p>
<p>El hoy y el mañana necesitan, además, de un Estado fuerte y de una sociedad civil igualmente fuerte. Un Estado que en el caso español está formado por tres Administraciones: la central, la autonómica y la local. Y una sociedad civil que, de manera consciente y cohesionada, sea capaz de confrontar con el Gobierno de turno si éste se aleja de los objetivos constitucionales de justicia social a los que se debe. Una sociedad civil que igualmente asuma su imprescindible parte de protagonismo en la salida de estos momentos críticos y en la construcción del porvenir. Que comprenda el ciudadano y la ciudadana que el recurso de mirar hacia otro lado, obviando su participación, afectará negativamente a su vida y a sus libertades.</p>
<p>Corresponde a los poderes públicos arbitrar las políticas y los mecanismos eficaces para disponer de las infraestructuras pertinentes y acopiar los recursos económicos y financieros necesarios. Y desde luego, tres de ellos son inaplazables: una fiscalidad justa tal y como se desprende del artículo 31.1 de la Constitución, el acogerse al punto 4 del artículo 135 de la Carta Magna y por último, desarrollar consecuentemente los artículos 128, 129, 130, 131 y 132 del citado texto.</p>
<p>Ética y Política no son, en absoluto, dos conceptos antitéticos o contrapuestos. Muy al contrario, una es la ciencia de la moral y la otra la ética de lo(s) colectivo(s). El Estado Social y Democrático de Derecho que la Constitución propugna, no es otra cosa que la institucionalización de los principios éticos de libertad, justicia, igualdad y pluralismo político. En la antigua Roma se decía que un político ético era el que actuaba con “decorum”, es decir con honestidad, honradez, discreción y justicia.</p>
<p>De la misma manera que la Ética y sus principios morales deben ser inherentes a la función pública, la ética cívica es el fundamento de una sociedad civil fuerte. La defensa de los derechos, la aceptación de los deberes, los hábitos democráticos en la cotidianeidad, la tolerancia como convivencia, la participación en los asuntos públicos y el ejercicio consecuente de la crítica y la movilización, hacen una ciudadanía inmune a la tiranía, la opresión, las presiones de los poderes fácticos y las atmósferas de odio fundamentadas en bulos, manipulaciones informáticas y el pillaje político.</p>
<p>La salida a la crisis que propugnamos y de la cual hemos esbozado anteriormente objetivos, instrumentos y sujetos políticos y sociales, se fundamenta en tres pilares a nuestro parecer inobjetables: la aplicación, desarrollo y ampliación de los DDHH, poner freno al proceso de cambio climático y la regulación de una nueva relación entre el ser humano y la Naturaleza. Pero tal propuesta, a nuestro juicio la que responde a las necesidades y exigencias de momento, necesita del ejercicio de la austeridad. La austeridad no es recorte en bienes y servicios públicos necesarios. La austeridad significa Administraciones Públicas que eliminen gastos superfluos, innecesarios e inútiles (la lista sería extensa). La austeridad como valor público y como corresponsabilidad social con la defensa del medio ambiente, significa vivir bien, pero con otros parámetros de vida.</p>
<p>Salir de esta situación, sin que la totalidad de la ciudadanía tenga que pagar el peaje de carencias en lo que la Constitución denomina Derechos y deberes fundamentales, va a significar un período de “apretarse el cinturón” generalizado. Entendemos que durante un período transitorio esto deba ser así; pero con dos condiciones: que no afecte a los que nada tienen y que los esfuerzos colectivos sean directamente proporcionales al estatus económico y social de cada uno y de cada una.</p>
<p><a href="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/banner-digital-448.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-27886 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/banner-digital-448.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/banner-digital-448.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/banner-digital-448-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2025/05/banner-digital-448-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>Somos conscientes de que salir de la crisis en positivo, es decir cara a un mañana prometedor, más justo y más seguro, necesitará de procesos permanentes de reflexión, debate, crítica, lucha y acuerdo. Sin embargo, un proceso enmarcado en ámbitos de serenidad, seriedad y concreción temática, necesita erradicar la crispación.</p>
<p>La pugna política –que nunca puede ni debe desaparecer– debe servir para comparar criterios, propuestas y valores. Y más aún en circunstancias como las actuales. Esta pandemia que el mundo sufre ha hecho florecer en nuestro país junto con la entrega, el altruismo y sentido de la responsabilidad de la mayoría social, una peculiaridad hispana en forma de enfermedad política oportunista: el discurso de odio guerracivilista generado por los responsables máximos de las organizaciones de Derechas. Para desgracia de nuestra Patria no es cosa nueva. Encarna el odio atávico a las clases populares, al movimiento obrero y al pensamiento libre. Y todo ello ha tenido como expresión la imposición de un patriarcado anulador de los derechos de la mujer, el clericalismo más rancio y el llamado “franquismo sociológico”, magma ideológico-social muy anterior al dictador, pero que se materializó en torno a su persona. La injuria zafia, la simpleza de sus propuestas y los bulos, en cuya difusión siguen a rajatabla las tesis del aparato de propaganda nazi. Sus objetivos son crear confusión, potenciar los prejuicios contra el “otro”, el “rojo”, “el homosexual”, “la mujer“ o “el inmigrante”. Pero, sobre todo, el objetivo máximo es perpetuar los privilegios sociales y económicos del estatus que los dirige.</p>
<p>Muchas y muchos de los abajo firmantes –en plena situación de confinamiento– estamos intentando desenmascarar y combatir esa superchería a la par que procuramos ayudar a reflexionar y generar actitudes de conciencia cívica en línea con lo que desarrollamos en este documento. Pero esta actividad de combatientes solitarios no es suficiente por mucho uso que individualmente hagamos de la red o enviemos artículos para la prensa escrita.</p>
<p>Por ello consideramos imprescindible que desde el mundo político, social y cultural que aglutina a militantes y simpatizantes de fuerzas como Unidas Podemos, Mareas, Comunes, Confluencias, sindicatos, colectivos de defensa de los derechos sociales, feministas, ecologistas, ateneos, fundaciones, etc., debe darse un paso más y organizar colegiadamente el combate político-cultural y la entente programática. Y en tal sentido les hacemos un llamamiento. Si pretendemos crear hegemonía social y cultural para construir algo nuevo, dado el fiasco de lo existente y de lo vivido por seguir los dictados del neoliberalismo, debemos impedir que quienes se consideran dueños de un Poder sempiterno reconstruyan la realidad a su imagen y semejanza.</p>
<p><strong>Libros relacionados:</strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Entrevista a Samir Amin</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/entrevista-a-samir-amin/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Lily]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Jul 2024 06:00:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Samir Amin]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aprovechando su presencia en el curso "El socialismo y los desafíos del Siglo XXI" que organizó IU, El Viejo Topo entrevistó a Samir Amin (EVT 122, Oct. de 1998). En ese momento, la crisis rusa no había comenzado, y el derrumbe de las bolsas sólo se apuntaba.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h5><strong><u>Al filo de las crisis</u></strong></h5>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Quizás podríamos empezar por la idea que usted ha expresado reiteradamente acerca de la inevitabilidad de la crisis y la también inevitable desvalorización de los capitales.</em></p>
<p>—En relación con la inevitabilidad de la crisis, y la consiguiente desvalorización de los capitales, debo decir que no sólo ha empezado, sino que en realidad empezó hace ya veinticinco años, incluso más. Desde los inicios de los años setenta se ha observado una ralentización muy nítida del crecimiento, y las inversiones productivas casi se han derrumbado. Las tasas de crecimiento medias del conjunto de los países capitalistas han decrecido y están más o menos en la mitad de lo que fue su mejor momento, después de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Desde mediados de los años setenta, las tasas de inversión en los sectores productivos también han caído al 50%, más o menos, de lo que fueron en el período anterior. Estamos, pues, en crisis, desde hace bastante tiempo. Es una crisis profunda, pero con altibajos, lo cual permite a los poderes económicos hablar constantemente de recesión y recuperación, como si eso fuese una situación normal. Y cualquier crisis, en el capitalismo, produce necesariamente una desvalorización del capital. Porque crisis significa que existe un excedente de capitales en relación con los mercados potenciales rentables y como consecuencia el capital excedentario debe ser devaluado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—¿Y qué forma puede tomar en el momento actual esa desvalorización del capital?</em></p>
<p>—Puede ser muy diversa: una caída bursátil catastrófica –como pasó en 1929–, o tomar formas más atenuadas, en las que la crisis se manifiesta de forma más lenta, por ejemplo en un cierto estancamiento de los valores bursátiles al tiempo que se recupera la inflación, lo cual reduciría el valor relativo del capital.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—¿Qué es lo que ha conducido a esta larga crisis?</em></p>
<p>—En la postguerra se produjo un crecimiento muy importante, aunque desigual, a escala mundial. Lo experimentó la Tríada (EE.UU., Japón y Europa Occidental), pero también sucedió en los países del Este, y los países del Sur iniciaron, aunque desigualmente, un proceso de industrialización. Este fuerte crecimiento de posguerra reposaba en esos tres pilares, que serían denominados «los tres pilares del sistema mundial». Porque hay que señalar que existía un sistema mundial –la mundialización no es una novedad en la historia– basado en esos tres pilares y que se expresaba en términos políticos, ideológicos y sociales –a través del Welfare State en Occidente, del sovietismo o del socialismo realmente existente en los países del Este y del proyecto desarrollista nacionalista en América Latina y Asia. Curiosamente estos tres sistemas se vieron a sí mismos como si cada uno de ellos constituyese el final de la historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Ahora se habla otra vez del final de la historia, pero ¿cuál era el sentido exacto de esa idea en la posguerra?</em></p>
<p>—En Occidente, especialmente en Europa, el discurso dominante entonces decía que se había rebasado definitivamente, gracias a la política keynesiana y a las políticas sociales asociadas a ella, cualquier amenaza de crisis. Se creían instalados en un período de pleno empleo permanente y definitivo, con aumento constante de las rentas, sobre todo de las rentas salariales. Esto fue vivido como el final de la historia. El sistema socialista realmente existente se definía también con un discurso parecido: “el socialismo está construido; no hay más que seguir adelante por la vía trazada”&#8230; El desarrollismo de los países que alcanzaban la independencia se vivió también como el final de una historia de la que la colonización había sido su prehistoria. Pero esos tres pilares se erosionaron, no porque fueran absurdos, pues fueron eficaces a su modo, sino porque alcanzaron, como cualquier sistema, su límite histórico. No existe sistema que represente el final de la historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—¿En qué se tradujo esa erosión?</em></p>
<p>—Esta erosión, que acabó en derrumbamiento, se tradujo, en el plano social y económico, en una modificación brutal de la relación de fuerzas que ha perjudicado a las clases trabajadoras y ha beneficiado al capital. Ese cambio brutal se explícito en Occidente con la ofensiva Reagan-Thatcher, el dominio del neoliberalismo y la aproximación que los socialdemócratas hicieron a ese neoliberalismo. Como consecuencia se ha producido una erosión, incluso casi una desaparición del Estado de bienestar con el retorno masivo al paro, la precarización que comporta la flexibilidad laboral, y una inversión de la relación que existía entre salario y beneficios. Y todo ello en un tiempo muy corto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—Al hablar de inversión en la relación salario-beneficio, ¿a qué se refiere exactamente?</em></p>
<p>—Durante los treinta años que siguieron a la guerra la parte correspondiente a los salarios en el PIB había permanecido notoriamente estable. Los salarios aumentaban anualmente al ritmo de la productividad. Después, bruscamente, en menos de diez años, la relación se invirtió en beneficio del capital de modo muy considerable, lo que significó el establecimiento de una desigualdad creciente en el reparto de las rentas. Lo mismo pasó con el final del socialismo realmente existente. Piénsese lo que se piense en relación con este sistema, tras su final se ha producido un paro masivo, la pauperización de gran parte de la población y la constitución de una nueva burguesía extremadamente rica en un tiempo extremadamente corto. En el Sur, los proyectos nacionales de desarrollismo se erosionaron gradualmente, y ahora se contemporiza abiertamente con las enormes desigualdades. A nivel mundial, a causa del derrumbamiento de los pilares ideológicos, sociales y económicos que sostenían el crecimiento, se ha producido una inversión de las relaciones de fuerza en beneficio del capital. El reparto de las rentas, a todos los niveles, tanto dentro de las naciones como entre las naciones, es mucho más desigual de lo que fue durante la posguerra. En su primera fase la crisis se hizo visible por la caída de la tasa de beneficio, debido a la rigidez de los tres sistemas, que alcanzaron su límite histórico antes de venirse abajo. Después se produjo el cambio en la relación de las fuerzas sociales, la desigualdad en el reparto de las rentas. En este momento la crisis tomó ya el aspecto que está teniendo ahora: existe un excedente creciente de capitales que no logra encontrar salida en la inversión productiva. Aparece una masa cada vez mayor de capitales que no pueden hallar mercados en expansión. En esa situación lo lógico es que se produzca una desvalorización masiva del capital, pero las políticas y métodos de los poderes establecidos desarrollan una estrategia cuyo objetivo exclusivo reside en evitar o en retrasar esa desvalorización del capital, creando, aunque sea artificialmente, mercados para los capitales excedentarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—¿Se refiere a mercados no relacionados con la actividad productiva?</em></p>
<p>—Efectivamente. Se buscan salidas de carácter financiero, como la política monetarista. Una política de flexibilización de los tipos de cambio y de creación de un mercado financiero gigantesco a escala mundial, que no impida las transferencias de capital que especulan con los distintos tipos de interés, los diferenciales de inflación, las diferencias en los tipos de cambios de las monedas. De esa forma las políticas que se aplican actualmente han logrado, desde hace unos veinte, veinticinco años, crear esos mercados financieros que constituyen una salida para los excedentes de capital. Es lo que se llama «financiarización del sistema».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—¿Puede aclarar ese concepto?</em></p>
<p>—Marx, en <em>El Capital</em>, estudió bastante a fondo la financiarización del sistema. Cuando el dinero M se transforma en M&#8217;, pasa normalmente a través de la producción, P. La financiarización es el conjunto de mecanismos que permiten pasar de M a M&#8217; sin pasar por P, es decir, sin tener relación con la producción. Si no hay modificación de las capacidades productivas es inevitable que se produzca una desigualdad en el reparto de las rentas, una desigualdad creciente. Cuando la base productiva se halla en un relativo estancamiento y M&#8217; ha aumentado con respecto a M se produce un excedente, al que se le da salida mediante las políticas monetaristas. Es en este marco, por ejemplo, donde hay que con textualizar la crisis asiática. Ha habido una gran inversión especulativa en determinados países asiáticos, sobre todo en el sudeste, en Indonesia, Thailandia y Malasia, y la burbuja financiera ha reventado provocando una debacle en los mercados bursátiles de estos países.</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>—¿Cuáles son las estrategias usuales de los estados capitalistas dominantes </em><em>para controlar la crisis?</em></p>
<p>—Siempre tratan de encerrarla en la región misma. Es decir, hacen pagar el precio de la crisis, la desvalorización que produce, a los pueblos –y también a fracciones de la burguesía, claro–, de esos países. Lo hicieron con éxito con México. Lo han hecho con éxito con el conjunto del Tercer Mundo capitalista. No me refiero solamente a África, que es extremadamente vulnerable y frágil, sino que incluyo a América Latina y el Mundo Árabe. Con Asia es más difícil, porque la clase dirigente de estos países se defiende de una forma mucho más eficaz de lo que lo han hecho las clases dirigentes africanas y de América Latina. Prueba de ello es que China e India tenían el proyecto de abrirse, y no lo han hecho. Siguen controlando la entrada de los flujos de capitales especulativos internacionales, lo cual podría parecer extraño en el caso de la India, que tiene un gobierno de derechas que se comporta de una forma mucho más radical en relación con la crisis que muchos gobiernos socialdemócratas del Occidente europeo. Este es un elemento muy importante, porque algunos países, como Corea o Malasia piensan seriamente constituir un bloque con China y la India y rechazan entrar en el juego de la especulación financiera internacional. Y no se trata de un bloque pequeño&#8230; Son países que suman bastante más de 1.000 millones de habitantes. Pero hay otros elementos. Por ejemplo, el tono político que han utilizado esos países. En Corea se habla, en relación con la crisis, de una agresión occidental, americana, con Japón detrás de ella. La crisis coreana no es la misma que en Malasia o Thailandia. Es una crisis menor, con dificultades menores derivadas del descenso de las exportaciones y con la aparición de un pequeño déficit en la balanza exterior. En términos de déficit, Francia e Inglaterra han conocido al menos diez veces crisis semejantes desde la posguerra. Si utilizáramos los datos coreanos como referencia, EE.UU estaría en crisis desde hace veinticinco años y los coreanos sólo desde hace tres. Ahora bien, esta crisis menor exige, dentro del pensamiento capitalista, algunos cambios. Dicen que el sistema bancario en Corea ha sido poco serio, que se han concedido préstamos con demasiada facilidad en combinación con los monopolios coreanos. Pero en Francia el banco Crédit Lyonnais no actuó de una forma muy distinta, y lo mismo ha pasado con muchos bancos norteamericanos. No se trata de una particularidad coreana. Sin embargo, la situación ha sido utilizada inmediatamente como pretexto para la presión norteamericana –apoyada por los medios de comunicación internacionales–, para atacar a los «horribles» monopolios coreanos, como si sólo hubiera monopolios en Corea. Pretenden desmantelar esos monopolios, pero ¿para dárselos a quién? A otros monopolios, claro. Por ejemplo, a monopolios japoneses. Es como si se propusiese solucionar la crisis norteamericana desmantelando la Boeing –un monopolio, como cualquier monoplio coreano–, para dársela a Airbus, otro monopolio, pero propiedad de los competidores, en este caso europeos. Se trata de una trampa muy burda. Y la opinión pública coreana, la clase dirigente y la prensa hablan de agresión norteamericana, de una nueva guerra de Corea. Nunca he visto que en América Latina se hable de las propuestas del FMI como que constituyan una agresión y una guerra. Asia está reaccionando de una forma diferente y muy violenta. Es el inicio de una guerra que no va a terminar con victoria norteamericana. La puesta en cuestión de la hegemonía empieza a ser real.</p>
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<p><em>—¿Cree que los países asiáticos podrán resistir la presión de Japón </em><em>y EEUU?</em></p>
<p>—Detrás de Corea está China. A EEUU, como potencia hegemónica de los centros del capitalismo, europeos incluidos, le gustaría hacer pagar una parte de de la crisis a China; al pueblo, pero también a la burguesía china, a la clase dominante. Y la estrategia china de respuesta es muy fuerte: esta pequeña devaluación que ha sido realizada sin decirlo, sin reconocerlo&#8230; significa que China está intentando reexportar su crisis a los centros capitalistas y a devolverles el problema de la desvalorización de los capitales. Estamos en el inicio de una contradicción que va a crecer a gran velocidad, muy fuertemente. Para empezar, en el Este y el Sudeste asiático, pero también en los centros capitalistas mundiales. No pienso que sea imposible que se produzca una reaparición de la lucha social en Occidente y a partir de ahí una posibilidad de re-radicalización de los partidos políticos de izquierdas, incluso una mayor desvinculación de los socialistas con la política americana y el liberalismo. Es posible que esto se articule inicialmente sobre la base de una ofensiva contra la especulación financiera internacional, por ejemplo con medidas del tipo de la Tasa Tobin.</p>
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<p><em>—¿Qué papel desempeña Japón en esta crisis?</em></p>
<p>—Japón pertenece a la Tríada; es un centro capitalista desarrollado. Los síntomas de la crisis, en términos de ralentización de las tasas de crecimiento y de las tasas de inversión se manifestaron en EEUU y en Europa Occidental mucho antes que en Japón, que entró en la crisis más tardíamente, hasta tal punto que durante bastante tiempo se habló de la excepción japonesa, como si Japón fuese a ignorar la crisis. Durante mucho tiempo se atribuyó esta situación a virtudes particulares, al sistema de gestión japonés en el campo del trabajo, etc. En análisis muy superficiales se decía que Japón no había entrado en crisis porque tenía un área de expansión exterior en el Sudeste asiático que daba al capital japonés mayores posibilidades. Luego, a su vez, Japón entró en crisis: se produce una ralentización muy nítida de las tasas de crecimiento y de las tasas de inversión. El excedente de capital japonés, que era gigantesco, ha sido uno de los que han alimentado el excedente de capital a escala mundial. Gracias al excedente japonés EEUU ha resuelto su déficit externo desde hace al menos veinte años. Pero Japón ha entrado en la crisis, y es un país extremadamente vulnerable en comparación con América del Norte y Europa Occidental. Vulnerable porque ha necesitado el paraguas militar americano contra sus dos enemigos potenciales: la Unión Soviética, mientras ha existido, y China. Vulnerable por razones histórico-geográficas: es pobre en recursos naturales, etc. Vulnerable porque su zona de expansión, el Sudeste asiático, es relativamente reciente y no está bajo su dominación o su influencia política directa; depende mucho más de la influencia política de EEUU. Japón siempre ha necesitado operar siguiendo a EEUU, actuar como un brillante lugarteniente pero sin enfrentarse nunca a su superior. Simultáneamente, los norteamericanos necesitan a Japón no ya para enfrentarlo a la Unión Soviética, que no existe, sino a China, que está emergiendo como una gran potencia capitalista mundial. Necesitan mantener su alianza con Japón. Y otro elemento que hay que considerar es que los chinos y los coreanos no confían en los japoneses, y su relación con Japón no es ni mucho menos la que los franceses tienen actualmente con Alemania. No es lo mismo en absoluto. Eso explica que Japón no pueda ejercer una dominación sobre el Sudeste asiático y que deba operar como lugarteniente de los americanos. Sin embargo, Japón trata de aparecer como un pueblo más autónomo de cara al Sudeste asiático, no cara a China o Corea, sino a Thailandia, Malasia o Indonesia. Japón propuso que un consorcio bancario dominado por los bancos japoneses socorriera las economías y las finanzas de esos tres países. De ese modo Japón habría reforzado su poder y su presencia, incluyendo su presencia política, en ellos. El Fondo Monetario de los norteamericanos –el FMI es una agencia norteamericana– rechazó absolutamente el proyecto japonés, y Japón se ha doblegado. En mi opinión, la crisis va a empeorar en Japón y por lo tanto también esa especie de consenso, que se podría calificar de resignación, de la clase obrera japonesa va a ser puesto en entredicho. Hay datos interesantes, como por ejemplo el empuje electoral del Partido Comunista, con una de las subidas electorales más importantes que han acontecido en los países capitalistas desarrollados. Pero ya veremos&#8230;</p>
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<p>—<em>Si la crisis se extiende a EE.UU y a la Unión Europea, ¿cómo puede quedar afectado el proceso de construcción de la Unión?</em></p>
<p>—Puede pasar lo mejor y lo peor. No tengo una bola de cristal, pero sí puedo intentar precisar cuáles son las contradicciones y los problemas a los que se enfrenta Europa. En primer lugar, el capitalismo europeo tiene una historia, puesto que el capitalismo empezó ahí. Las naciones europeas son realidades culturales o históricas que han cristalizado en los tiempos modernos en un poder burgués, nacional-burgués incluso, que ha instalado sistemas productivos autocentrados que han constituido la base fundamental de esas naciones. Por tanto, las naciones europeas no son solamente naciones culturales y lingüísticas, también han consolidado sistemas productivos nacionales. Había un sistema productivo británico distinto, por ejemplo, del español o el italiano. Países más pequeños como Bélgica y Holanda tenían el suyo. Después de la Segunda Guerra Mundial, la penetración de las transnacionales, que fueron fundamentalmente norteamericanas, ha conducido a un debilitamiento de los sistemas productivos nacionales. Este proceso se intenta legitimar a través de las supuestas ventajas de la desregulación de los mercados que los poderes establecidos, sean de derechas o de izquierdas, hasta el presente, han aceptado.</p>
<p>Ha habido un debilitamiento de los sistemas productivos nacionales, y no existe ningún sistema productivo europeo en construcción. Este es un punto muy importante, que marca la diferencia entre Europa y EEUU. Se lee con frecuencia en los medios de comunicación que si se suman las cifras, no sólo de población sino también de producción industrial, Europa tiene una potencia superior a la de EEUU. Eso es cierto sobre el papel. Pero EEUU constituye un sistema productivo, Europa no. ¿Por qué? Pues porque EEUU es un Estado, tiene una política de Estado, mientras que en Europa no hay una política europea sino políticas europeas, y aún no se ha iniciado la construcción de un sistema productivo europeo, cosa que yo personalmente desearía.</p>
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<p><em>—¿Y quién va a construirlo, dada la actitud actual de los Estados, preocupados sólo por la dimensión monetarista?</em></p>
<p>—Construir este sistema productivo europeo es una tarea a largo plazo. ¿Quién puede construirlo? No pienso que la derecha, es decir, las fracciones políticas que en Europa toman posición de una forma unilateral en favor de los intereses del capital, puedan hacerlo ellas solas. Sólo se puede hacer si existen compromisos sociales a escala europea, si es una obra común, fruto de un compromiso entre las clases populares, los trabajadores, los sindicatos etc&#8230; y el capital. Para establecer un sistema productivo europeo se requeriría una política social común europea. Y no la hay. Está en las agendas, hay algún atisbo de vez en cuando, pero nada más, no existen ni instituciones ni preocupación al respecto.</p>
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<p><em>—¿Cree entonces que sin ese sistema productivo europeo el euro está </em><em>condenado al fracaso?</em></p>
<p>—La Unión Europea debería tomar en cuenta la idea de Delors, según la cual la gestión política, económica y financiera común constituirían el eslabón final de la construcción del sistema productivo europeo. El dólar, como moneda única de EEUU, no es muy antiguo, fue creado en 1907. Antes había habido varios dólares, e incluso hubo hasta 11 sistemas monetarios en EEUU. En 1907, cuando EEUU es ya la primera potencia industrial del mundo, al término de la larga historia del establecimiento del sistema productivo americano, llegó la moneda común. Europa parece querer empezar por el final: se establece primero la moneda común, y además se hace en un marco que refuerza la tendencia al rechazo de una política social común: reglas de Maastricht, criterios de convergencia, normas de gestión –extremadamente duras e incluso reaccionarias– del instrumento monetario.</p>
<p>Me temo que esto no va a desembocar en algo simpático; más bien opino que el cohete europeo puede reventar en pleno vuelo y con mucha rapidez. Esta política monetaria común va a reforzar y mantener la crisis social. Y por ende el sistema será puesto en cuestión, o bien por luchas sociales, que espero refuercen a la izquierda y ayuden a su radicalización, o bien por reacciones nacionales ultranacionalistas fascistizantes, que no tienen porqué consistir necesariamente en una repetición de tiempos pasados. Una combinación de las dos sería un gravísimo peligro. En mi opinión ese peligro está creciendo.</p>
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<p><em>—¿Por qué no existe una voluntad más firme para construir ese sistema productivo europeo?</em></p>
<p>—Porque hasta la caída del muro de Berlín en 1989, la Unión Europea era la Europa del Oeste, y Alemania sólo era Alemania del Oeste, que en comparación con la población de Francia, Italia, Gran Bretaña, tenía más o menos la misma magnitud. Además, Alemania deseaba, y sigue deseándolo, jugar a establecer una alianza particularmente intensa con Francia. Esta Unión Europea había sopesado, en un momento determinado, iniciar una aproximación a una Europa del Este que aún no se había derrumbado, a través de negociaciones que le permitieran alcanzar un compromiso histórico; con la URSS, y también con Polonia, con Checoslovaquia, incluso con la República Democrática Alemana. Alemania no podía llevar a cabo esta negociación por sí sola. Europa, la Unión Europea de la época sí podía hacerlo. La posibilidad existió con Brandt, Helmut Schmidt y Charles de Gaulle con la idea francesa de una Europa del Altántico a los Urales. Eso era una pesadilla para EEUU. Esta aproximación, que ponía término a la guerra fría en el continente europeo y que ponía a disposición del capitalismo de Europa occidental los gigantescos recursos naturales de la Unión Soviética, reforzaba la autonomía europea en relación a Estados Unidos. A raíz del derrumbamiento de los países del Este la situación ha cambiado radicalmente. Alemania ya no es Alemania del Oeste. En la reunificación no hubo negociaciones ni concesiones de ningún tipo. Alemania se ha instalado en Polonia, en los países bálticos, en la República Checa, en Hungría. Hoy, las economías de estos países dependen totalmente de la alemana. Alemania tiene hoy una opción que antes no tenía: la de crecer hacia el Este. No necesita a la Unión Europea para ello; no está en contra de la Unión, pero se ha colocado en una situación asimétrica en relación con sus socios europeos. Para Alemania es más importante extenderse hacia países que no van a entrar en el euro. Y esto explica cosas curiosas, como por ejemplo que en lugar del dúo Francia-Alemania, muy fuerte en tiempos de Mitterrand y de Kohl, se produzca ahora una tendencia a la aproximación franco-británica. Es curioso porque fue Thatcher la primera en anunciar que había que volver a la antigua alianza Francia-Gran Bretaña-Rusia frente a Alemania. La situación de Alemania le permite participar en la construcción de la Unión pero sin renunciar a seguir ampliando su zona de expansión. Y eso es una amenaza, porque va a reforzar las posturas de la clase dirigente alemana, muy dura en la gestión de euro. En mi opinión vamos a entrar en una zona de grandes turbulencias. Y Europa o será de izquierdas o no será. La idea de que la construcción europea podía basarse exclusivamente en la lógica del capital y llevarse a cabo por gobiernos que aplicarían esa lógica, no funcionará. Es muy interesante leer la prensa americana destinada al gran público. Dice que la amenaza europea existe, incluso la de una Europa de izquierdas –ni socialista ni comunista, pero en definitiva de izquierdas– que amenazaría la hegemonía norteamericana. Pero existe la opinión en el establishment norteamericano de que este peligro no existe, que no se llegará a construir Europa. Y que no se llegará a construir gracias a los alemanes. Estos desempeñan el mismo papel que los japoneses, siguiendo paso a paso a los norteamericanos. Ninguno de los dos pone en cuestión la hegemonía norteamericana a escala mundial. La clase dirigente alemana actual promueve un plan de expansión capitalista regionalizado en su beneficio, pero respetando el orden mundial instaurado por los norteamericanos. Desempeñan este papel a la perfección.</p>
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<p>—<em>Uno de los peligros que ha denunciado es el ascenso del chauvinismo… </em></p>
<p>—La crisis actual implica paro a niveles elevados, sin esperanzas de que pueda reducirse de forma importante. Implica flexibilidad laboral, y por tanto exclusión del mercado laboral, una marginación a gran escala y todo tipo de cosas inaceptables para la opinión pública europea. En Europa hay una tradición de izquierda que ha permitido que Europa haya concebido sociedades relativamente civilizadas, sociedades que no se resignan, que pueden parecer resignadas a corto o medio plazo pero que no se resignarán a largo plazo a una situación de desigualdad y marginación. Y si la política que se va a seguir aplicando es la de la derecha, como hasta ahora, y si la izquierda mayoritaria electoralmente –socialistas y socialdemócratas– sigue aplicando la misma política que la derecha, aunque sea con matices, crearemos un terreno favorable para el discurso del populismo de derechas, que adopta una coloración claramente fascista sobre problemas que no son secundarios desde un punto de vista moral pero sí lo son desde un punto de vista social –por ejemplo la cuestión de los inmigrantes. Si no se encaran a estos problemas corremos el riesgo de que esta tendencia se torne electoralmente poderosa, e incluso puede producirse la aparición de diferencias de trato a los distintos pueblos europeos. Y los americanos cuentan mucho con esto, porque creen que en el momento en que ocurra el proyecto europeo se hundirá. Entonces, creen, los países europeos se replegarán, aunque sin poner en cuestión el Mercado Común. Y evidentemente, ya no se construiría un sistema político europeo, y menos aún un sistema social aceptable para las clases populares europeas, que no exigen la desaparición del capitalismo y de la propiedad privada pero que están acostumbradas al Estado de bienestar. Y esta amenaza hay que tomarla muy en serio. Esta situación puede actuar en los dos sentidos que antes he citado, incluso simultáneamente, también pues en el sentido de que se radicalicen las luchas sociales y que se radicalice la izquierda. Ya hay señales en este sentido. El otro sería el ascenso de la extrema derecha, sobre todo la generalización y la expansión de las ideas chauvinistas en amplios sectores de la opinión.</p>
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<p><em>—Si se produce una gran depresión, ¿cuáles son las consecuencias más graves que puede sufrir el Tercer Mundo?</em></p>
<p>—El Tercer Mundo ha cambiado bastante en los últimos cincuenta años. Digamos que hasta 1950 el contraste centro/periferia, en el sistema capitalista mundial era prácticamente sinónimo de países y regiones industrializados de una parte, frente a regiones y países no industrializados de otra. Excepto el caso argentino, que inició la industrialización más o menos por los años 30-40, el conjunto del continente americano al sur del Río Grande, África, toda Asia con excepción de Japón, no estaban industrializados. A partir de 1950 y como resultado de la victoria contra el fascismo y el derrumbe de lo que podríamos llamar el viejo colonialismo de los imperialismos francés, inglés, belga y algunos otros más, y el ascenso de las burguesías nacionales –para llamarlas de una forma muy genérica–, impregnadas de dosis de populismo variables según las circunstancias, y además junto con la irrupción de países que quisieron hacer una revolución socialista ­­–China, Vietnam y Cuba–, todos estos países entraron en el área de la industrialización.</p>
<p>Está claro que los resultados son ciertamente muy desiguales, pero hoy centro/periferia ya no es sinónimo de países industrializados frente a países no industrializados. Las periferias están amplia, aunque desigualmente, industrializadas. China, India – sólo con esos dos países ya tenemos las dos quintas partes de la población mundial– , México, Brasil, Argentina, Chile, Colombia, Perú, la casi totalidad de la población latinoamericana, los países del Sudeste asiático, principalmente Malasia y Tailandia, Corea, Taiwan y otros han entrado en el camino de la industrialización. Ciertamente hay regiones que no lo han hecho, como, grosso modo,  el África subsahariana, las Antillas y algunos países de Asia occidental.</p>
<p>Hay, pues, tres o cuatro grupos de la periferia claramente diferenciados. En primer lugar hay periferias que no solamente han ingresado en el área industrializada sino que además se han vuelto competitivas en un mercado mundial abierto, fundamentalmente los países asiáticos y, más secundariamente, México y Brasil. En segundo lugar tenemos los países que han ingresado en la industrialización pero que no han llegado a ser competitivos, en el sentido de que su industrialización, protegida, necesita seguir estándolo si no quiere ser arrasada. Es el caso de todos los países árabes, Egipto, Marruecos, Argelia, Siria, Iraq, etc. Aunque en el caso de Iraq inciden, obviamente, otros factores. Es el caso también de África del Sur y probablemente de la mayor parte de los países sudamericanos&#8230; Y en tercer lugar está el grupo de países que todavía no han entrado en la era de la industrialización. En América Latina la reestructuración del mundo que propone el sistema capitalista operará sin grandes dificultades –excepto posibles explosiones no controladas– por la compenetración existente entre las clases dirigentes latinoamericanas y las norteamericanas. También se impondrá en los países de África, más vulnerables. Pero esto no va a funcionar en el caso de Asia. Las economías de África y de América del Sur son más fácilmente regulables por el propio sistema capitalista, pero no las de Asia, porque la crisis va a traer conflictos extremadamente violentos entre los pueblos y los poderes de Asia. Por ahora no se puede decir más. Intentar hacerlo es tratar de leer en la bola de cristal. Lo que es seguro es que no hay un orden unitario. La globalización no está produciendo un orden mundial, es un discurso ideológico totalmente americano, un discurso de la hegemonía norteamericana, ideológico y político, no es la traducción de necesidades objetivas del sistema. De hecho esta globalización no va a funcionar. Va a encontrar obstáculos crecientes.</p>
<p>Por otra parte, visto desde un punto de vista socialista, de la izquierda, desde el punto de vista del interés de los pueblos, la tarea que tenemos por delante es cómo construir puentes entre los intereses populares de las diferentes partes del mundo; intereses populares en los centros capitalistas desarrollados e intereses populares de los desmantelados países del Este. Incluso los intereses populares de los países más vulnerables de África y del Sudeste asiático. Esa es la tarea. Más allá no sé qué pasará, pero el mundo del mañana será el resultado de estas luchas.</p>
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		<title>Entrevista a Hugo Chávez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lily]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Jul 2024 06:00:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[entrevista]]></category>
		<category><![CDATA[Hugo Chávez]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Publicada pocos días antes de las elecciones que llevarían a Chávez a la presidencia del gobierno, esta entrevista revela su propósito de sacar al pueblo venezolano del sometimiento al que la oligarquía de siempre pretendía mantenerlo. El Viejo Topo 124, diciembre de 1998.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h5>De Gonzalo Ramírez Quintero</h5>
<p>—<em>Quiero comenzar esta entrevista con una pregunta elemental, pero al mismo tiempo esencial: ¿cómo te defines políticamente?</em></p>
<p>—Como bolivariano y revolucionario; ésta es mi definición política. Claro, cada quien es libre de definirme según su propia visión o su propio lente. Pero aplicándome yo mi propio lente, soy bolivariano en esencia y revolucionario. Para mí, Bolívar no pertenece a la historia documental: es una referencia viva y actuante en el presente. Los ideales libertarios de Bolívar son para mí una fuente de inspiración permanente y, también, una guía para la acción. Si tomamos en cuenta la crisis endémica que padece Venezuela, no nos podemos dar el lujo de prescindir de un legado político tan coherente como el que nos dejó el Libertador. De ello se sigue naturalmente lo de revolucionario: cómo no contrastar la utopía revolucionaria y fundacional de Bolívar con el proceso de desarticulación que el proyecto neoliberal ha impuesto a nuestros países. Los supuestos aparentemente inconmovibles de lo que se ha llamado el pensamiento único tienen su más severo cuestionamiento en la marginación política, económica y social que padecen, cotidianamente, millones de latinoamericanos. El pensamiento de Bolívar es, en este preciso sentido, una invitación permanente para repensar y rehacer todo de nuevo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>¿Cómo valoras hoy la rebelión militar del 4 de febrero de 1992 y por supuesto, tu participación central en este importante acontecimiento de la reciente historia venezolana?</em></p>
<p>—Creo que para valorar el 4 de febrero en su justa dimensión hay que echar una mirada larga hacia atrás, y, además, hay que conocer muy bien la realidad venezolana de los últimos veinte años, por lo menos. A un lector español, que no tenga un entendimiento cabal de la situación venezolana, el 4 de febrero le parecerá un golpe militar más, y Hugo Chávez un golpista más. Pero la realidad no es tan simple. El 4 de</p>
<p>febrero es de esas fechas que cambian el rumbo de la historia y hacen posible la apertura de nuevos caminos. El 4 de febrero marca el comienzo del fin del sistema partidocrático que se apoderó de Venezuela en 1958, y que ha hecho que la palabra democracia se haya devaluado entre nosotros y que</p>
<p>hoy carezca de un contenido real. Nuestra insurrección estuvo dirigida contra un estado de cosas sencillamente intolerable. El juego político se hallaba en aquel entonces absolutamente cerrado, y no nos quedó otra alternativa que usar las armas que nos había confiado la República para restituirle al pueblo venezolano sus derechos y su dignidad. La generación militar de la que yo formo parte se cansó de representar el triste papel de perros guardianes del sistema, y decidió, con una clara vocación democrática y libertaria, reencontrarse con el pueblo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>¿Dirías que no respondes al estereotipo habitual del militar latinoamericano que, debido a las funestas dictaduras que ha padecido el continente a lo largo de su historia, puede tener un observador de nuestra realidad?</em></p>
<p>—Recuerdo, siendo cadete de tercer año, la conmoción que me produjo el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, en el que Augusto Pinochet asesinó el sueño de Salvador Allende y de millones de chilenos de construir un Chile más justo y verdaderamente democrático. Aquel episodio me convirtió en un enemigo acérrimo del gorilismo latinoamericano. Pongo este ejemplo para decirle al lector español interesado en nuestra realidad que la posición que me ha tocado asumir en este momento está muy alejada del modelo del militar latinoamericano que representa Pinochet. Y aquí nos volvemos a encontrar con Bolívar. El ejército venezolano fue la columna vertebral de buena parte del proceso independentista de nuestro continente; por esta razón era conocido con el nombre de Ejército Libertador. Nosotros quisimos ser dignos de ese compromiso que nos imponía la historia. Hay que decir también que la historia latinoamericana de este siglo nos ofrece ejemplos de otro tipo de militar latinoamericano. Baste con citar a Jacobo Arbenz, Lázaro Cárdenas, Ornar Torrijos, Carlos Prats, Juan Velasco Alvarado, Líber Seregni&#8230; Lo que ocurre es que, en el proceso histórico latinoamericano, los militares nos hemos visto situados entre dos extremos: en un extremo, el gorilismo latinoamericano, con su secuela de crímenes y atropellos, y en el otro extremo, el caso, por ejemplo, de los militares venezolanos, destinados a servir de guardia pretoriana de una casta política ciega, corrupta y antidemocrática. En el caso venezolano, los militares tienen que insertarse en el largo y necesario proceso de reconstrucción nacional. En nuestras Fuerzas Armadas, y lo digo con conocimiento de causa, hay un inmenso potencial que tiene que ser puesto al servicio del país. Nuestras Fuerzas Armadas son, entre otras cosas, un mecanismo de educación permanente, y esto crea una altísima responsabilidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—¿Cómo viviste la rebelión popular del 27 de febrero de 1989? ¿Qué reflexión te produjo la inmensa escalada represiva, en la que se utilizó al Ejército, ordenada por Carlos Andrés Pérez?</em></p>
<p>—Yo he dicho muchas veces que el «Caracazo» –es decir, la rebelión popular del 27 de febrero de 1989– nos confrontó de manera descarnada con el país. Entendimos inmediatamente que el reclamo popular, expresado de manera violenta por la ausencia de canales efectivos para poder manifestarse, era justo. Y la gota que derramó el vaso fue vernos convertidos en un Ejército de ocupación dentro de nuestro propio país.</p>
<p><a href="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/PENSAMIENTO-REVOLUCIONARIO-PAPEL.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-26587 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/PENSAMIENTO-REVOLUCIONARIO-PAPEL.jpg" alt="Únete a El Viejo Topo" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/PENSAMIENTO-REVOLUCIONARIO-PAPEL.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/PENSAMIENTO-REVOLUCIONARIO-PAPEL-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/PENSAMIENTO-REVOLUCIONARIO-PAPEL-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p><em>—¿Por qué no se rebelaron en aquel momento?</em></p>
<p>—Porque, desde el punto de vista militar, no teníamos ninguna posibilidad de hacerlo. Si hubiésemos tenido la menor capacidad, ten la seguridad de que lo habríamos hecho en el mismo instante. Desde un punto de vista personal –una variable muy pequeña pero que, también, incide en esto–, yo estaba de reposo, y de reposo absoluto, porque tenía lechina. No sé si sabes que la lechina, la varicela, es una enfermedad que a los treinta y tantos años puede ser mortal&#8230; Yo trabajaba entonces en el Palacio de Gobierno, en la secretaría del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa. El 27 de febrero halló a nuestro Movimiento, el Movimiento Bolivariano Revolucionario, totalmente desarticulado. Sus principales jefes, como en mi caso, no teníamos comando de tropas. Algunos muchachos muy jóvenes tenían comando, peto éste era fragmentario, es decir, comandos de no más de cien hombres. Para colmo de males, el mayor Felipe Acosta Caries, uno de los jefes del Movimiento, fue asesinado en una situación muy confusa al tratar de detener la escalada represiva en un barrio de Caracas. Ahora, más allá del drama personal que cada quien vivió, del dolor de ver las calles de Caracas manchadas de sangre y de sentirnos un ejército de ocupación en nuestra patria, el 27 de febrero nos despertó a todos. Yo dije en esos días en los cuarteles, y hasta me metieron preso por decirlo, que nos había caído la maldición de Bolívar, cuando decía «Maldito el soldado que vuelva las armas contra su pueblo».</p>
<p>Así que no teníamos otra manera de quitarnos la maldición que usar las armas –como lo hicimos tres años después contra un régimen que demostró, en esos días, que no respetaba en lo más mínimo los derechos civiles y humanos de nuestro pueblo. Es posible que nadie en el planeta sea capaz de comprender por qué jóvenes militares de rango universitario, que nada tienen que ver con esos gorilas de los que hablábamos,</p>
<p>hicimos una rebelión armada&#8230; Teníamos que hacerlo, por mandato de un juramento y porque estábamos señalados por la mano acusadora de nuestro pueblo. El «Caracazo» decretó el 4 de febrero, y el 4 de febrero es su consecuencia directa. Una juventud militar cansada de ver cómo la casta política destrozaba literalmente al país y, además, pretendía usar a las Fuerzas Armadas –como lo hizo el 27 de febrero– para reprimir el justo reclamo del pueblo, decidió rebelarse contra un estado de cosas sencillamente intolerable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—El «Caracazo» puso de manifiesto, entre otras cosas, un gravísimo problema. Me refiero a la inmensa deuda social acumulada, producto de años de desgobierno y saqueo. Es obvio que el modelo liberal tiene severas limitaciones para dar respuestas a un problema como éste.</em></p>
<p>—Lo primero que hay que tener en cuenta –y esto resulta evidente para cualquier observador desapasionado de nuestra realidad– es que el país está en las peores manos. La dirigencia política del país es percibida actualmente por una mayoría sustancial de venezolanos como una junta de negociantes, cuyo único objetivo es perpetuarse en el poder para seguir haciendo negocios. Es increíble que uno de los países del continente con las mejores perspectivas de despegue económico, que habría sido capaz de garantizar una justa redistribución del ingreso, se haya convertido en un país con uno de los índices de pobreza crítica más altos. En este desolador panorama, sobresale la impunidad de una clase dirigente</p>
<p>que ha hecho de la política una forma de beneficio personal. Venezuela vive, qué duda cabe, una circunstancia particularmente trágica. Ahora, tengo la firme convicción de que este panorama puede cambiar. Para ello es necesario, en primer lugar, definir un nuevo proyecto nacional, capaz de integrar</p>
<p>verdaderamente a todos los venezolanos. La ineptitud de la clase dirigente ha hecho que, desde 1958 hasta hoy, se acumule una enorme cantidad de problemas. Es fácil constatar que, desde 1989, los diques se han roto estrepitosamente.</p>
<p>Por ello, para garantizar la viabilidad del país, es necesaria una nueva conducción política que, armada de valentía, sensatez y sentido de la responsabilidad, no eluda los problemas, sino que los afronte. En el orden político, económico y social, es necesario llevar a cabo una serie de cambios puntuales que le permitan a Venezuela coger un segundo impulso. Si estos cambios no se realizan, el país se nos puede ir de las manos.</p>
<p>Lo que nosotros hemos estado proponiendo a lo largo del territorio nacional es el relanzamiento de la democracia. Es imprescindible pasar de una democracia de súbditos, como ésta que tenemos ahora, a una verdadera democracia de ciudadanos. En Venezuela, el ejercicio real de la ciudadanía –sin el cual la palabra democracia carece de contenido– ha sido hasta hoy una entelequia. Al igual que muchos venezolanos, yo quiero que la democracia se convierta en lo que no ha logrado ser nunca en Venezuela, en una práctica cotidiana. La partidocracia saca del armario en cada campaña electoral la palabra participación, para luego gobernar cinco años a espaldas de la gente. La Asamblea Constituyente –que es el eje de nuestra propuesta política– pretende ofrecer a los venezolanos la posibilidad de participar plenamente en la construcción de un nuevo país. No es casual, por cierto, que nuestro pueblo haya hecho suya esta propuesta –como lo muestran todos los sondeos de opinión y, más allá, como se respira todos los días en la calle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>La Asamblea Nacional Constituyente es la principal propuesta política del Polo Patriótico que representas en las elecciones presidenciales del próximo 6 de diciembre. ¿En qué sentido supone una alternativa de cambio real?</em></p>
<p>—En primer lugar, la Asamblea Constituyente nace de la necesidad de establecer un nuevo pacto social en Venezuela. Si se quiere, en términos más teóricos, un nuevo contrato social. Se trata de rediseñar un nuevo orden político y social, porque el actual está definitivamente agotado. No es aventurado afirmar que el contrato social que se materializó en la Constitución de 1961 se ha vuelto completamente obsoleto y es incapaz de generar respuestas para hacer frente a la actual crisis venezolana. Es por eso por lo que nosotros hablamos de refundar la República. Conviene señalar, por ejemplo, que la división de poderes es un espejismo en nuestro país. En este aspecto, hay que volver a mirar hacia atrás. En 1958, después de la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez, Acción Democrática y Copei establecieron un pacto para crear una democracia en la que todo, absolutamente todo, quedaba subordinado a la voluntad de la alta dirigencia de ambos partidos. Si el poder judicial, por ejemplo, hoy está totalmente corrompido y obedece ciegamente las órdenes de las cúpulas partidistas, eso no tiene nada de casual. A la clase política no le interesaba un poder judicial independiente que se convirtiera en un muro de contención frente a su rapacidad.</p>
<p>Es preciso señalar que la corrupción es una práctica tan generalizada, que se habla de Venezuela como de una sociedad de cómplices. Es por eso que el proceso de refundación de la República tiene que pasar, necesariamente, por una revisión descarnada de la mitología que la clase política venezolana ha forjado en 40 años de atropellos. Sintetizando, se puede decir que la división clásica de poderes –ejecutivo, legislativo y judicial– ha dejado de funcionar, porque una oligarquía política y jurídica controla el poder de manera absoluta. Se trata, a través de la Asamblea Constituyente, de crear un nuevo modelo político donde los derechos y las libertades ciudadanas tengan un sentido real y no, como ahora, meramente</p>
<p>retórico. A mi manera de ver, una de las cosas que hace más apasionante al proceso constituyente es que va a generar una discusión intensa e inédita sobre qué país queremos. De allí que la Constituyente sea, en primer lugar, un problema político, y no, como sostiene cierto leguleyismo miope, jurídico. Un determinado estilo y una determinada forma de hacer política, que entró en estado de coma en 1989, tiene que morir definitivamente y dar paso a un nuevo proyecto nacional hecho por y para el pueblo venezolano. En el fondo, el desprecio o la indiferencia que la clase política siente por nuestro pueblo, no le permite ver que la Constituyente es la única forma de garantizar un cambio pacífico –y no traumático– de la sociedad venezolana. Además –y quisiera que esto quedara claro para el lector español– este proceso no va a ser una imposición de un gobierno encabezado por Hugo Chávez. Se convocará un referéndum con la finalidad de consultar a los ciudadanos si quieren o no la Constituyente. Hoy en día no dudamos, porque así lo reflejan todos los sondeos de opinión, que la respuesta será afirmativa. Repito, el sistema político actual no tiene capacidad para renovarse, carece de razón de ser. De hecho, cuando la clase política habla de devolver la gobernabilidad al país, sin saberlo está confesando su rotundo fracaso. Una de las consecuencias más funestas de este fracaso es que las grandes mayorías en Venezuela no se sienten representadas por el Estado, ya que éste, en incontables ocasiones, ha vuelto la espalda al interés común. Tenemos que construir un Estado genuinamente democrático que sea la expresión legítima de todos los ciudadanos.</p>
<p>Hoy el Estado venezolano –o la caricatura de Estado diseñada en 1958– sólo es la expresión de intereses mezquinos y subalternos. Quiero decirle al lector español que el verdadero enemigo de la democratización del Estado y la sociedad venezolanos es el bipartidismo –Acción Democrática y Copei–, que, como decía Jorge Eliécer Gaitán en el caso de Colombia, ha escindido brutalmente a Venezuela en dos: un «país político» y un «país nacional». Por eso, el Polo Patriótico, que rengo el honor de representar en estas elecciones, se ha convertido en una referencia para los venezolanos que aspiran a la creación de un orden distinto y más justo, capaz de llevar a cabo las reformas estructurales que el país necesita. Lo que nosotros proponemos es una revolución pacífica y democrática que le devuelva plenamente la dignidad a las grandes mayorías. Por consiguiente, el objetivo del proceso constituyente no es sólo la formulación de un nuevo contrato, una nueva Constitución, sino, también, la recuperación de la soberanía</p>
<p>popular, que el pueblo venezolano vuelva a ser el actor principal de su propio destino. De allí que en el Transcurso de la campaña electoral hayamos observado un entusiasmo popular que, sin lugar a dudas, constituye una experiencia realmente inédita en el país. Esto refuerza nuestro compromiso y acentúa nuestra responsabilidad.</p>
<p><a href="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/A-LA-CONTRA-DIGITAL.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-26589 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/A-LA-CONTRA-DIGITAL.jpg" alt="Únete a El Viejo Topo" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/A-LA-CONTRA-DIGITAL.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/A-LA-CONTRA-DIGITAL-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/A-LA-CONTRA-DIGITAL-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>—<em>Tu actuación política, desde el 4 de febrero de 1992, ha tenido un fuerte componente nacionalista. ¿Qué significa el nacionalismo desde la perspectiva actual de tu candidatura?</em></p>
<p>—Cuando decía al comienzo que me defino como bolivariano y revolucionario, no me refería a una simple consigna ni estaba utilizando una retórica patriotera. Mis enemigos políticos han intentado descalifícame de todas las formas posibles: primero me acusaron de ser comunista, y ahora resulta</p>
<p>que soy fascista&#8230; Lo que sucede es que mi concepción de la democracia no se orienta hacia el beneficio personal sino hacia el colectivo. Cuando nosotros hablamos de nacionalismo, y es bueno aclararlo, nos referimos a uno de los planteamientos del Libertador, que hoy tienen una indiscutible vigencia. El nacionalismo bolivariano es muy distinto de un nacionalismo primario. Bolívar, en uno de sus documentos, hablando sobre la Nación, expresó lo siguiente: «Primero el suelo nativo que nada. Para nosotros, la patria es la América».</p>
<p>Es decir, es un nacionalismo de corte amplio, extenso e integrador. No es, en absoluto, un planteamiento sectario ni chauvinista. Bolívar convocó el Congreso de Panamá con la visionaria idea de una gran Nación Latinoamericana. Insisto: para nosotros, ese planteamiento tiene hoy una vigencia mucho más poderosa que en el tiempo en que fue concebido por el Libertador. Pienso que esos viejos caminos nos siguen ofreciendo lecciones fundamentales para orientar la acción transformadora en el presente. Cuando se me tilda de anacrónico porque cito a Bolívar, porque invoco el pensamiento bolivariano, yo digo, con José Martí, «Bolívar todavía tiene mucho que hacer en América Latina». El pensamiento de Bolívar tiene una gran vigencia, por su planteamiento geopolítico integracionista de un gran bloque latinoamericano.</p>
<p>Para poder competir en este mundo globalizado, la integración, que no es solamente un concepto limitado al ámbito de la economía, es la única salida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>El modelo económico neoliberal no ha logrado resolver ningún problema de fondo en América Latina. Se le pide al pueblo que apoye a la democracia, pero se le excluye a través del mercado. El camino que ha trazado este modelo nos conduce, sin exagerar un ápice, a lo que Thomas Hobbes llamaba estado de naturaleza, es decir, un estado donde impera la ley del más fuerte. Si no se consigue que Venezuela entre en un proceso de democratización económica real y efectivo, el país va a continuar transitando por un callejón sin salida&#8230;</em></p>
<p>—Aun en el caso de que el mercado fuese la única alternativa, cosa de la que es perfectamente legítimo dudar, un mercado monopólico como el nuestro, un mercado cerrado donde las reglas son violadas permanentemente, ni siquiera permite pensar en que realmente por esa vía se puedan solventar las tremendas diferencias que existen en la sociedad venezolana. Los sucesivos gobiernos de esta etapa que está por concluir, y ésta es una muestra más de su incompetencia, no han sido capaces de armonizar los procesos económicos y no han buscado el necesario equilibrio para que los más débiles no sean pisoteados por los fuertes. Se da el hecho bien concreto de que los gobiernos corruptos son esclavos, socios integrados en el sistema financiero, en la banca corrupta, cómplices de los financistas que los colocan en el poder sencillamente para distribuirse luego el Estado como un botín de guerra. Por eso, la búsqueda de un modelo económico más justo pasa, necesariamente, por revertir la práctica política habitual. El modelo económico vigente ha generado en el país una inequitativa distribución de la riqueza, manteniendo a amplios sectores de la población en niveles de pobreza alarmantes y restringiendo su incorporación al aparato productivo. Nosotros propugnamos un modelo económico distinto –humanista, autogestionario y competitivo– que garantice una mejora sustancial en las condiciones de vida de los venezolanos más humildes. No es posible seguir desatendiendo la inmensa deuda social acumulada durante años de incuria y desgobierno.</p>
<p>Un modelo económico distinto no sólo debe garantizar la creación de empleo sino, también, mejoras en las condiciones de trabajo y salarios más dignos. Queremos que la economía venezolana, y no sólo el sector petrolero como ha ocurrido hasta ahora, avance hacia un modelo productivo. Es necesario plantear en el ámbito continental, además, un proceso de complementación de las economías, y no de competencia como lo exige la doxa neoliberal, porque consideráramos, en efecto, que esta otra vía es la alternativa más</p>
<p>idónea para lograr un proceso de integración que no pase por la destrucción de las economías nacionales. Definitivamente, un nuevo proyecto nacional debe articular, también, una nueva propuesta económica que beneficie a las grandes mayorías silenciosas que han sido segregadas –política, económica y culturalmente– por el sistema político imperante. Ahora, es necesario decir que el pueblo venezolano va a dar el 6 de diciembre la más rotunda muestra de su deseo de modificar una situación que, desde todo punto de vista, se ha vuelto intolerable.</p>
<p>Nos proponemos crear una verdadera democracia económica donde sea el hombre, y no los indicadores macroeconómicos, el verdadero centro de atención del gobierno y su razón de ser. En el fondo, sólo una verdadera revolución nacional y democrática, que nos devuelva a los venezolanos la dignidad y el orgullo, puede hacer de Venezuela una morada para todos. Ese es nuestro empeño y nuestro objetivo.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Izquierda y políticas de identidad</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/izquierda-y-politicas-de-identidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Lily]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Jul 2024 06:00:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Hemeroteca]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
		<category><![CDATA[Hobsbawm]]></category>
		<category><![CDATA[identidad]]></category>
		<category><![CDATA[políticas de identidad]]></category>
		<category><![CDATA[posmodernismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dirigido a los miembros del Partido Laborista antes de las elecciones de mayo de 1997, este artículo de Hobsbawm es aplicable en gran medida a una situación, la española, en la que los nacionalismos tienen un papel decisivo. El Viejo Topo 107, mayo de 1997.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.elviejotopo.com/topoexpress/izquierda-y-politicas-de-identidad/">Izquierda y políticas de identidad</a> aparece primero en <a href="https://www.elviejotopo.com">El Viejo Topo</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Nos hemos acostumbrado tanto a términos como «identidad colectiva», «grupos de identidad», «política de identidad», o incluso «etnicidad», que resulta difícil recordar cuan recientemente han emergido formando parte del vocabulario de la jerga política. Por ejemplo, si se busca en la internacional <em>Encyclopedia of the Social Sciences</em>, que se publicó en 1968, no se hallará entrada alguna en <em>identidad</em>, excepto una sobre la identidad psicosocial, de Erik Erikson –a quien le interesaban principalmente cosas tales como la llamada «crisis de identidad» de los adolescentes que intentan descubrir qué son–, y una referencia general sobre la identificación de los votantes. En cuanto a etnicidad, en el <em>Oxford English Dictionary</em> de principios de los 70 se encuentra sólo como una palabra poco común que significa «paganismo y superstición pagana» y que se documenta con citas del siglo XVIII. En resumen, estamos ante términos y conceptos que realmente no entraron en uso hasta los años sesenta.</p>
<p>Su aparición se comprende más fácilmente en los Estados Unidos, en parte porque la suya ha sido siempre una sociedad extraordinariamente interesada en observar su propia temperatura social y psicológica, su presión sanguínea y demás síntomas, y principalmente porque la forma más obvia, que no la única, de la política de identidad –es decir, la etnicidad– ha sido siempre un punto fundamental para la política americana desde que se convirtió en un país de inmigración masiva provinente de todas partes de Europa. Aproximadamente, la nueva idea de etnicidad hace su primera aparición pública con <em>Beyond the Melting Pet</em> de Glazer y Moynihan en 1963, y se convierte en programa de</p>
<p>militancia con <em>The Rise of the Unmeltable Ethnics</em> de Michael Novak en 1972. La primera, no es necesario decirlo, es la obra de un profesor judío e irlandés, hoy en día veterano senador demócrata por Nueva York; y la segunda proviene de un católico de origen eslovaco. De momento no es necesario que nos preocupemos demasiado por el hecho de que todo esto ocurriera en los años sesenta, pero permítanme recordar que, en los Estados Unidos por lo menos, esa década también vio la aparición de otras dos variantes de la política de identidad: el movimiento de mujeres moderno (es decir, post-sufragista) y el movimiento gay.</p>
<p>No estoy diciendo que antes de 1960 nadie se planteara preguntas acera de su identidad pública. En situaciones</p>
<p>de incertidumbre, algunas veces se hizo: por ejemplo, en el cinturón industrial de Lorena, en Francia, cuyo idioma oficial y nacionalidad cambiaron cinco veces en un siglo, y cuya vida rural se convirtió en vida industrial semi urbana, mientras sus fronteras se redibujaron siete veces en el pasado siglo y medio. «No me extraña», decía la gente: «Los berlineses saben que son berlineses, los parisinos saben que son parisinos, pero ¿quiénes somos nosotros?» O, citando otra entrevista, «Yo soy de Lorena, mi cultura es alemana, mi nacionalidad francesa, y pienso en nuestro dialecto provincial». En realidad, estas cuestiones sólo dieron lugar a auténticos problemas de identidad cuando a las personas se les impedía tener identidades múltiples, combinadas, que son naturales para la mayor parte de nosotros. O, aún más, cuando se les separaba de «el pasado y de todas las prácticas culturales comunes».</p>
<p>En cualquier caso, hasta los años sesenta estos problemas de identidad incierta quedaban limitados a determinadas zonas fronterizas de la política. Aún no eran fundamentales. Parecen haber cobrado mayor importancia desde 1960. ¿Por qué?</p>
<p>Hay, sin duda, razones particulares en la política e instituciones de cada país. Por ejemplo, los procedimientos que se siguen en Estados Unidos gracias a su Constitución: los juicios sobre los derechos civiles, que se aplicaron en primer lugar a los negros y que después se extendieron a las mujeres, proporcionando un modelo para otros grupos identitarios. Puede resultar, especialmente en países donde los partidos se pelean por los votos, que constituirse dentro de un grupo dado de identidad proporcione ventajas políticas concretas: por ejemplo, el beneficio de la discriminación positiva que favorece a los miembros de dichos grupos en empleos, etc. Este es también el caso de Estados Unidos, pero no sólo: en la India, por ejemplo, donde el gobierno tiene el compromiso de alcanzar la igualdad social, se puede llegar a pagar a alguien para que te clasifique como perteneciente a una casta baja o como miembro de un grupo tribal aborigen, para así disfrutar del acceso a puestos de trabajo que están garantizados para tales grupos.</p>
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<h5><strong>La negación de la identidad múltiple</strong></h5>
<p>En mi opinión, la aparición de la política de identidad es una consecuencia de las extraordinariamente rápidas y profundas convulsiones y transformaciones de la sociedad humana durante el tercer cuarto de este siglo, transformaciones que he intentado describir y comprender en mi libro, <em>Historia del siglo XX.</em> Esta opinión no sólo es mía. El sociólogo americano Daniel Bell, por ejemplo, sostuvo en 1975 que «La desintegración de las estructuras de autoridad tradicionales y las unidades sociales afectivas previas –históricamente, nación y clase–&#8230; hacen que</p>
<p>los lazos étnicos cobren prominencia».</p>
<p>De hecho, sabemos que tanto la nación-estado como los partidos y movimientos políticos basados en el viejo sistema de clases se han visto debilitados como resultado de estas transformaciones. Es más, hemos vivido –estamos viviendo– en medio de una una gigantesca «revolución cultural», una «extraordinaria disolución de las normas, tejidos y valores sociales tradicionales, que hizo que muchos habitantes del mundo desarrollado se sintieran huérfanos y desposeídos». Si se me permite seguir citándome, «el término comunidad na ha sido empleado nunca de manera más indiscriminada y vacía que durante las décadas en que las comunidades, en el sentido sociológico del término, resultaban difíciles de encontrar en la vida real». Hombres y mujeres buscan un grupo al que puedan pertenecer, con certeza y para siempre, en un mundo en el que todo lo demás está en movimiento y cambio, en el que ninguna otra cosa es segura. Y lo encuentran en un grupo de identidad. De ahí la extraña paradoja que el brillante sociólogo caribeño de Harvard, Orlando Pattersori, ha identificado: las personas optan por pertenecer a un grupo de identidad, pero «se trata de una elección basada en la creencia, firmemente mantenida aunque difícilmente admisible desde el punto de vista de la razón, de que el individuo no tiene otra alternativa que la de pertenecer a ese grupo específico».</p>
<p>Que es una elección, puede probarse en algunos casos: el número de americanos que se presentan a sí mismos como indios americanos o americanos nativos se ha casi cuadriplicado entre 1960 y 1990, pasando de alrededor de medio millón a cerca de dos millones, un número mucho más elevado del que podría explicar la demografía. Y dicho sea de paso, puesto que el 70% de los americanos nativos se casan con personas que no son de su raza, está muy lejos de que quede claro quién es americano nativo.</p>
<p>Así pues, ¿qué entendemos por esta identidad colectiva, por este sentimiento de pertenecer a un grupo primario, que es la base de esta identidad? Quiero señalar cuatro aspectos.</p>
<p>En primer lugar, las identidades colectivas se definen negativamente, es decir, en contraste con otros. Nosotros nos reconocemos a nosotros mismos como Nosotros porque somos diferentes de Ellos. Si no hubiera algún Ellos del cual diferenciarnos no tendríamos que preguntarnos quiénes somos Nosotros. Sin extraños al grupo no hay pertenecientes al grupo. Dicha de otra forma, las identidades colectivas no se basan en lo que sus miembros tienen en común –es posible que tengan muy poco en común aparte de no ser otros, los unionistas y nacionalistas en Belfast, o los bosnios serbios, croatas y musulmanes, quienes por lo demás son indistinguibles: hablan el mismo idioma, tienen los mismos estilos de vida, la misma apariencia y comportamiento– sino en que insisten en la única cosa que los divide. A la inversa, ¿qué es lo que unifica como palestinos a una población que es una mezcla de musulmanes de varios tipos, católicos apostólicos romanos, católicos griegos, ortodoxos griegos y otros que podrían perfectamente –como sus vecinos en el Líbano– luchar entre ellos en otras circunstancias? Simplemente que no son israelíes, tal como la política israelí se encarga de recordarles constantemente. Naturalmente, hay colectividades que se basan en características objetivas que sus miembros tienen en común, incluyendo el sexo biológico o características físicas que</p>
<p>resultan sensibles políticamente, como el color de la piel. Pero la mayor parte de las identidades colectivas son más bien camisas que piel: son, en teoría por lo menos, opcionales, no ineludibles. A pesar de la moda actual de manipular nuestros cuerpos, sigue siendo más fácil ponerse otra camisa que otro brazo.</p>
<p>Muchos grupos de identidad no se basan en similitudes o diferencias físicas objetivas, aunque todos ellos pretenden que son grupos naturales y no construidos socialmente. Por supuesto, todos los grupos étnicos lo afirman así. En segundo lugar, resulta que las identidades en la vida real, como las prendas de vestir, son intercambiables y se suelen llevar frecuentemente combinadas, sin que estén cosidas al cuerpo. Porque, naturalmente, y como todo encuestador de opinión sabe, nadie tiene una única identidad. A los seres humanos no se les puede describir, ni siquiera para fines burocráticos, excepto por medio de una combinación de muchas características.</p>
<p>Pero la política de identidad presupone que sólo una, de entre las muchas características que todos poseemos, es la que determina, o al menos domina, nuestra posición política: ser mujer, si eres feminista, ser protestante si eres unionista, ser catalán si eres nacionalista en Cataluña, ser homosexual si formas parte del movimiento gay. Y, por supuesto, presupone que tienes que librarte de los otros, porque son incompatibles con tu identidad real. Así David Selbourne, un ideólogo multisusos y censor habitual, exige al judío que vive en Inglaterra que «deje de pretender ser inglés» y que reconozca que su identidad «real» es la de judío. Esto es peligroso y a la vez absurdo. No existe ninguna</p>
<p>clase de incompatibilidad, a menos que una autoridad exterior establezca que no puedes ser varias cosas, o que sea físicamente imposible ser varias cosas. Si yo deseara ser simultáneamente y ecuménicamente un católico practicante, un judío practicante y un budista practicante, ¿por qué no podría serlo? La única razón que me lo impide es que las respectivas autoridades religiosas me digan que no puedo combinarlas, o que resultara imposible cumplir todos sus ritos porque unos impidieran celebrar otros.</p>
<p>Habitualmente, la gente no tiene problemas para combinar identidades, y esto, por supuesto, es lo que caracteriza la política general, a diferencia de la política de identidad que afecta sólo a sectores. Con frecuencia la gente no se toma la molestia de elegir entre identidades porque nadie les pide que lo hagan, o porque es demasiado complicado. Cuando a los habitantes de Estados Unidos se les pide que declaren su origen étnico, el 54% se niega o es incapaz de dar una respuesta. En resumen, la gente no adopta una política de identidad exclusiva espontáneamente. Es más probable que se les fuerce desde fuera, de la misma manera en que los habitantes serbios, croatas y musulmanes de Bosnia, que vivían juntos, se relacionaban socialmente y se casaban entre ellos, han sido forzados a separarse, o de maneras menos brutales.</p>
<p>La tercera cosa que hay que decir es que las identidades, o su expresión, no son fijas, aún suponiendo que se haya optado por uno de los yoes potenciales, tal como Michael Portillo ha optado por ser británico en vez de español. Cambian de sitio y se transforman, si es necesario más de una vez. Por ejemplo, en grupos que no obedecieran a planteamientos étnicos, si casualmente todos o la mayor parte de ellos resultaran ser negros o judíos, es posible que acabaran convirtiéndose conscientemente en grupos étnicos. Esto sucedió en la Iglesia Cristiana Bautista del Sur con Martin Luther King. Lo contrario también es posible, como cuando el IRA oficial pasó de nacionalista feniano a ser una organización de clase, siendo ahora ya el partido de los trabajadores y formando parte de la coalición de gobierno de la República de Irlanda. El cuarto y último punto a comentar sobre la identidad es que depende del contexto, el cual es susceptible de cambio. Todos podemos recordar a los miembros comprometidos y con carnet de la comunidad gay en el Oxbridge de 1920; tras la depresión de 1929 y el auge de Hítler, se desplazaron del Homintern al Kominrern. Burgess y Blunt, como fuera, transfirieron su homosexualidad de la esfera pública a la privada. O consideremos el caso del protestante alemán y especialista clásico, Pater, profesor de clásicas en Londres, quien descubrió inesperadamente, después de Hitler, que tenía que emigrar porque, con los criterios nazis, era judío: algo que hasta ese momento ignoraba.</p>
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<h5><strong>El universalismo de la izquierda</strong></h5>
<p>¿Qué tiene todo esto que ver con la izquierda? Los grupos de identidad, seguramente, no han sido fundamentales para la izquierda. En el fondo, los movimientos sociales y políticos de izquierda, es decir, los inspirados por las revoluciones americana y francesa y el socialismo, eran coaliciones o alianzas de grupos, pero no se mantenían unidos por objetivos que fueran específicos del grupo, sino por importantes causas universales a través de las cuales cada grupo creía que se llevarían a cabo sus objetivos particulares: democracia, república, socialismo, comunismo o lo que fuera. El mismo Partido Laborista inglés, en sus días de esplendor, era tanto un partido de clases como, entre otras cosas, un partido de las naciones minoritarias y de las comunidades de inmigrantes de la isla. Era todo esto porque era un partido que abogaba por la igualdad y la justicia social.</p>
<p>No malinterpretemos la afirmación de que se basan esencialmente en las clases. Los movimientos políticos de corte obrero o socialista no fueron, nunca, en ninguna parte, movimientos limitados al proletariado en el sentido marxista estricto. Quizás con la salvedad de Gran Bretaña, no se podrían haber convertido en movimientos tan vastos como fueron, porque entre 1880 y 1890, cuando los partidos de masas laborista y socialista aparecieron repentinamente en escena (como campos de flores en primavera), la clase obrera industrial en la mayor parte de países se reducía a una minoría, y en cualquier caso gran parte de ella permaneció fuera de las organizaciones socialistas de trabajadores. Durante la época de la Primera Guerra Mundial los socialdemócratas obtuvieron entre un 30 y un 47% de los votos en países como Dinamarca, Suecia y Finlandia, los cuales estaban apenas industrializados, al igual que en Alemania (el porcentaje más alto de votos que consiguió el Partido Laborista en Inglaterra, en 1951, fue del 48%). Además, las razones socialistas que justificaban la importancia de los trabajadores en su movimiento no eran sectoriales. Los sindicatos defendían los intereses sectoriales de los asalariados, pero una de las razones por las cuales nunca faltaban problemas en las relaciones entre los partidos laborista y socialista y los sindicatos asociados con ellos, era precisamente que los objetivos de los movimientos eran más amplios que los de los sindicatos. El argumento socialista consistía no sólo en que la mayoría de las personas eran «trabajadores que usaban las manos o la cabeza», sino en que los trabajadores eran el agente histórico necesario para cambiar la sociedad. Así que, quienquiera que fueras, si querías el futuro tendrías que alinearte con el movimiento de los trabajadores.</p>
<p>A la inversa, cuando el movimiento obrero se redujo a un grupo de presión o un movimiento sectorial de trabajadores industriales, como en los años setenta en Gran Bretaña, perdió tanto la capacidad de ser el centro potencial de una movilización general como la esperanza común de futuro. El sindicalismo economicista militante se enemistó tanto con las personas que no estaban involucradas en él, que le dio al conservadurismo de Thatcher su argumento más convincente –y una justificación– para transformar aquel tradicional partido conservador de «nación única» en una fuerza consagrada a la lucha de clases. Más aún, esta política de identidad proletaria no sólo aisló a la clase obrera, sino que también la dividió al poner a los grupos de trabajadores unos contra otros.</p>
<p>¿Así, qué tiene que ver la política de identidad con la izquierda?</p>
<p>Me permito afirmar lo que no debería necesitar ser reafirmado. El proyecto político de la izquierda es universalista: es para todos los seres humanos. Como quiera que interpretemos las palabras, no se reclama la libertad para los accionistas o los negros, sino para todos. No se pretende la igualdad para los miembros de un club o para los minusválidos, sino para todos. No se pide fraternidad para los antiguos alumnos de Eton o para los gays, sino para todos. Y la política de identidad no se dirige a todos, sino únicamente a los miembros de un grupo específico.</p>
<p>Esto es perfectamente evidente en el caso de movimientos étnicos o nacionalistas. El nacionalismo sionista judío, tanto si simpatizamos con él como si no, abarca exclusivamente a los judíos, y cuelga –o más bien bombardea– al resto. Todos los nacionalismos lo hacen. La reivindicación nacionalista de que están a favor del derecho de todos y la autodeterminación es falsa.</p>
<p>Este es el motivo por el cual la izquierda no puede basarse en la política de identidad. Su agenda es mucho más amplia. Para la izquierda Irlanda era, históricamente, una, pero solamente una, aparte de las muchas personas explotadas, oprimidas, simples víctimas por las que luchó. Para el tipo de nacionalismo del IRA, la izquierda fue, y es, sólo un posible aliado en la lucha por sus objetivos en ciertas situaciones. En otras estaba dispuesto a ofrecer apoyo a Hitler, como algunos de sus líderes hicieron durante la Segunda Guerra Mundial. Y esto es aplicable a todo grupo que haga de la política de identidad su base, ya sea étnica o de cualquier otro tipo.</p>
<p>Ahora, en la agenda de la izquierda está, por supuesto, apoyar a muchos grupos de identidad, y ellos, a cambio, miran hacia la izquierda. En efecto, algunas de estas alianzas son tan antiguas y tan estrechas que la izquierda se sorprende cuando llegan a su fin, igual que la gente se sorprende cuando los matrimonios rompen después de pasar una vida unidos. En Estados Unidos casi parece contra natura que las etnias –es decir, los grupos de inmigrantes</p>
<p>pobres y sus descendientes– ya no voten casi automáticamente al Partido Demócrata. Parece casi increíble que un americano negro pueda considerar presentarse como candidato a la presidencia de los Estados Unidos como miembro del Partido Republicano (tengo en mente a Colin Powell). Y, sin embargo, el interés de los americanos irlandeses, italianos, judíos y negros en apoyar al Partido Demócrata no se derivó de sus etnicidades particulares, aunque los políticos realistas les presentaron sus respetos. Lo que les unió fue el hambre de igualdad y justicia social, y un programa que se creía capaz de promoverlas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>El interés común</strong></h5>
<p>Esto es lo que muchos en la izquierda han olvidado al zambullirse en las aguas profundas de la política de identidad. Desde 1970 ha habido una tendencia –cada vez mayor– a ver esencialmente a la izquierda como una coalición de grupos e intereses minoritarios: de raza, género, sexuales o con otras preferencias culturales y estilos de vida. Esto es bastante comprensible, pero también peligroso, porque no es lo mismo una mayoría ganadora que una suma de minorías.</p>
<p>En primer lugar: los grupos de identidad se preocupan por sí mismos, son para sí mismos y para nadie más. Una coalición de tales grupos que no se mantenga unida por una serie de objetivos o valores tiene solamente una unidad ad hoc, como estados que se alían temporalmente en una guerra contra un enemigo común. Se separan cuando aquello ya no les une. En cualquier caso, como grupos de identidad no se comprometen con la izquierda como tal, salvo únicamente para conseguir apoyo para alcanzar sus objetivos dondequiera que puedan. Consideramos la emancipación de las mujeres como una causa estrechamente asociada a la izquierda, y sin duda ha sido así desde los comienzos del socialismo, incluso antes de Marx y Engels. Y, sin embargo, históricamente, el movimiento sufragista antes de 1914 era un movimiento de los tres partidos, y su primera diputada militaba en el Partido Conservador.</p>
<p>En segundo lugar, cualquiera que sea su retórica, los movimientos y organizaciones que se inscriben en la política de identidad movilizan sólo a minorías, por lo menos antes de que adquieran poder de coerción y poder legal. El sentimiento nacional es posible que sea universal, pero hasta donde llega mi conocimiento, ningún partido nacionalista separatista ha conseguido hasta ahora, en ningún estado democrático, el voto de la mayoría: aunque en Quebec se acercaron mucho en otoño de 1995, pero incluso entonces sus nacionalistas fueron lo suficientemente cuidadosos como para no pedir en realidad la secesión completa. No digo que no pueda o no vaya a suceder, sólo que la manera más segura de conseguir la independencia nacional por secesión hasta ahora no ha sido pedir a las poblaciones que voten por ella, sino que se ha obtenido por otros medios. Eso, de paso, da dos razones pragmáticas para estar en contra de la política de identidad. Sin fuerza o presión exterior, bajo condiciones normales, sólo es capaz de movilizar a una minoría, incluso dentro de su propio grupo. De aquí que los intentos de formar partidos políticos de mujeres no hayan sido formas muy efectivas de movilizar el voto de las mujeres. La otra razón es que forzar a las personas a que tomen una y sólo una identidad separa a unas de otras. Aísla, por tanto, a estas minorías.</p>
<p>Por consiguiente, incluir en un movimiento general las peticiones específicas de grupos de presión minoritarios, equivale a buscar problemas. Esto es mucho más obvio en los Estados Unidos, donde la reacción en contra de la discriminación positiva en favor de minorías particulares, y contra los excesos del multiculturalismo, es ahora muy poderosa.</p>
<p>Hoy en día tanto la derecha como la izquierda tienen que cargar con la política de identidad. Desgraciadamente, el peligro de desintegrarse en una pura alianza de minorías es extraordinariamente grande para la izquierda, porque el declive de los principales lemas de la Ilustración, que eran esencialmente lemas de la izquierda, le impiden formular propuestas de interés común a través de segmentos sectoriales. El único de los llamados «nuevos movimientos sociales» que cruza todos los segmentos es el de los ecologistas. Pero, desafortunadamente, su interés político es limitado, y es probable que siga siendo así.</p>
<p>No obstante, hay una forma de la política de identidad que es de vasto alcance, puesto que se basa en el interés común, al menos dentro de los confines de un estado único: el nacionalismo ciudadano. Visto desde de una perspectiva global, éste puede considerarse lo contrario a un interés universal, pero visto desde la perspectiva del estado nacional, que es donde muchos de nosotros vivimos todavía, y donde es probable que sigamos viviendo, proporciona una identidad común. En palabras de Benedict Anderson, una <em>comunidad imaginada</em> que no es menos real por ser imaginada. La derecha, y especialmente la derecha en el gobierno, siempre ha reclamado monopolizarla, y trata habitualmente de manipularla. El mismo thatcherismo, excavando en el conservadurismo de la «nación única», la manipuló. E incluso el gobierno de su fantasmal y moribundo sucesor Major tiene la esperanza de eludir la derrota electoral tachando a sus oponentes de <em>antipatrióticos</em>.</p>
<p>¿Por qué entonces ha sido tan difícil para la izquierda, y desde luego lo ha sido para la izquierda en los países de habla inglesa, considerarse a sí misma como representante de toda la <em>nación</em>? (Estoy hablando, por supuesto, de nación como la comunidad de personas de un país, no como una entidad étnica) ¿Por qué le ha resultado tan difícil intentarlo? Después de todo, la izquierda europea comenzó cuando una clase, o una alianza de clases, el Tercer Estado en los Estados Generales franceses de 1789, decidió declararse a sí misma como la nación frente a la minoría de la clase gobernante, creando así el concepto mismo de la nación política. Después de todo, incluso Marx previó tal</p>
<p>transformación en el <em>Manifiesto Comunista</em>, y se puede ir más lejos. Todd Gitlin, uno de los mejores observadores de la izquierda americana, lo ha expuesto de forma impresionante en su nuevo libro<em>, The Twilight of Common Dream</em>: <em>«¿Qué es la izquierda si no es de forma plausible la voz de todo el pueblo?&#8230; Sin pueblo, y sólo con personas, no hay izquierda»</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><strong>La voz apagada del Nuevo Laborismo</strong></h5>
<p>Ha habido ocasiones en que la izquierda no sólo ha querido ser la nación, sino que ha sido aceptada como representante del interés nacional incluso por aquellos que no profesaban un interés especial por sus aspiraciones: en Estados Unidos, cuando el Partido Demócrata de Roosevelt disponía de la hegemonía política, en Escandinavia desde principios de 1930. De manera más general, al final de la Segunda Guerra Mundial la izquierda, casi en toda Europa, representaba a la nación en el sentido más literal, porque representaba la resistencia a Hitler, y la victoria sobre él y sus aliados. De ahí surge el remarcable matrimonio entre patriotismo y transformación social que dominó la política europea inmediatamente después de 1945. No fue menos en Gran Bretaña, donde 1945 se convirtió en un plebiscito a favor del Partido Laborista como el partido que mejor representaba a la nación frente al conservadurismo de «nación única» liderado por el dirigente de guerra más carismático y victorioso que estaba entonces en escena. Esto marcó el curso de los 35 años siguientes de la historia del país.</p>
<p>Mucho más recientemente, François Mitterrand, un político no comprometido de forma natural con la izquierda, escogió el liderazgo del partido socialista como la mejor plataforma para ejercer el liderazgo de todo el pueblo francés.</p>
<p>Cabe pensar que este podría ser otro de esos momentos en que la izquierda británica es capaz de reclamar la representación de la Gran Bretaña –es decir, de <em>todo</em> el pueblo– frente a un régimen desacreditado, decrépito y desmoralizado. Y sin embargo, ¡qué extrañamente se escuchan las palabras <em>país</em>, <em>Gran Bretaña</em>, <em>nación</em>, <em>patriotismo</em>, e incluso <em>pueblo</em>, en la retórica preelectoral de quienes esperan convertirse en el próximo gobierno del Reino Unido!</p>
<p>Se ha sugerido que esto es así porque, a diferencia de lo que sucedía en 1945 y 1964, «ni el político ni su público tienen más que una modesta confianza en la capacidad del gobierno para hacer algo». Si ese es el motivo por el cual el laborismo habla de la nación con una voz tan apagada, es terriblemente absurdo.</p>
<p>En primer lugar, porque si los ciudadanos piensan realmente que el gobierno no puede hacer gran cosa, ¿por qué se iban a molestar en votar a unos u otros? En segundo lugar, porque el gobierno, es decir, la administración del estado guiada por el interés público, es indispensable y seguirá siéndolo. Incluso los ideólogos de la derecha recalcitrante, que sueñan con reemplazarlo por la soberanía del mercado universal, necesitan del gobierno para establecer su utopía, más bien su distopía. Y en tanto que lo consigan, como en gran parte del mundo ex-socialista, la reacción contra el mercado hace que regresen a la política aquellos que desean que el estado retome su responsabilidad social.</p>
<p>En 1995, cinco años después de abandonar su viejo estado con alegría y entusiasmo, dos tercios de los alemanes del este creen que la vida y condiciones en la antigua RDA eran mejores de lo que los «informes y descripciones negativas» presentan aún hoy en los medios de comunicación alemanes, y el 70 % piensa que «la idea del socialismo era buena, pero teníamos políticos incompetentes». Y, de forma irrefutable, porque en los últimos diecisiete años hemos vivido bajo gobiernos que creían que el gobierno tenía un poder enorme, y han utilizado ese poder para cambiar a peor el país de un modo decisivo, quienes en sus últimos días han seguido intentándolo quieren hacernos</p>
<p>pensar que lo que un gobierno ha hecho es irreversible para el que le suceda. El estado no desaparecerá. Utilizarlo es tarea del gobierno.</p>
<p>El gobierno no consiste sólo en ser elegido y luego ser reelegido. Este es un proceso que, en la política democrática, implica enormes cantidades de mentiras. Las elecciones se convierten en concursos de perjuros. Desafortunadamente, a los políticos, que tienen un horizonte temporal tan corto como los periodistas, les resulta difícil ver la política como algo distinto a una permanente campaña electoral. Sin embargo, hay algo más allá. Existe lo que un gobierno hace y lo que debe hacer. Existe el futuro del país. Existen las esperanzas y miedos de las personas entendidas como un todo ­–no sólo la <em>comunidad</em>, que es una escapatoria ideológica, o la suma de los que ingresan y gastan</p>
<p>(los <em>contribuyentes</em>, en jerga política), sino el pueblo británico, ese colectivo que estaría dispuesto a corear la victoria de cualquier equipo británico en la Copa del Mundo si no hubiera perdido la esperanza de que aún siga existiendo tal cosa. Porque no es un síntoma menor de la decadencia de Gran Bretaña, además del de la decadencia de la ciencia, la decadencia de los equipos deportivos británicos.</p>
<p>Esa fue la fuerza de la señora Thatcher, reconocer esa dimensión de la política. Se vio liderando un pueblo «que pensaba que ya no éramos capaces de hacer las grandes cosas que antes hacíamos» –cito sus palabras– «&#8230;aquellos que creían que nuestra decadencia era irreversible, que no podríamos volver a ser nunca lo que fuimos». Ella no era como otros políticos, en cuanto que reconoció la necesidad de ofrecer esperanza y acción a un pueblo perplejo y desmoralizado. Una falsa esperanza, quizás, y desde luego una clase de acción equivocada, pero la suficiente para permitirle barrer a la oposición tanto dentro de su partido como fuera de él, cambiar el país y destrozar gran parte de él. El fracaso de su proyecto es ahora manifiesto. Nuestra decadencia como nación no se ha detenido. Como pueblo estamos más preocupados, más desmoralizados que en 1979, y lo sabemos.</p>
<p>Los que pueden formar el gobierno postconservador están demasiado asustados y desmoralizados por el fracaso y la</p>
<p>derrota, como para ofrecer cualquier otra cosa excepto la promesa de no subir los impuestos. Es posible que ganemos las próximas elecciones generales, y yo espero que lo hagamos, aunque los conservadores no basen la campaña electoral principalmente en los impuestos, sino en el unionismo británico, el nacionalismo inglés, la xenofobia y en la bandera del Reino Unido, y al hacerlo nos tomen por sorpresa. ¿Creerán realmente aquellos que nos han elegido que supondremos alguna diferencia? ¿Y qué haremos si simplemente nos eligen, encogiéndose de hombros cuando lo hagan? Habremos creado el Nuevo Partido Laborista.</p>
<p>¿Haremos el mismo esfuerzo por restablecer y transformar Gran Bretaña? Aún hay tiempo para contestar estas preguntas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h5><em>Traducción de Ana Algarra</em></h5>
<p>Publicado en El Viejo Topo 107, mayo de 1997.</p>
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			</item>
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		<title>Entrevista a Noam Chomsky</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/entrevista-a-noam-chomsky/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Lily]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Jul 2024 06:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Noam Chomsky]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Celebramos que la noticia del fallecimiento de Chomsky resultara falsa con la recuperación de esta entrevista, publicada en el nº 106 de El Viejo Topo, en abril de 1997. En ella Chomsky mantiene firmemente su fe en el anarquismo como instrumento de emancipación. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5><strong><u>Desmantelar (casi toda) la autoridad</u></strong></h5>
<p>—<em>Hace ya mucho tiempo que se ha declarado abiertamente partidario del anarquismo. Mucha gente está familiarizada con la introducción que escribió en 1970 para “El anarquismo” de Daniel Guerin, pero más recientemente, en la película “Fabricando consentimiento” aprovechó para destacar de nuevo el potencial</em></p>
<p><em>del anarquismo y su ideario. ¿Qué es lo que le resulta atrayente del anarquismo?</em></p>
<p>—Me sentí atraído por el anarquismo siendo adolescente, tan pronto como empecé a pensar sobre el mundo más allá de lo que permite una perspectiva amable y estrecha, y no he encontrado desde entonces muchas razones para revisar unas actitudes tan tempranas. Considero que tiene sentido identificar estructuras de autoridad, jerarquía y dominación en cada aspecto de la vida y luego desafiarlas; a menos que se les pueda dar una justificación, resultan ilegítimas y deben ser desmanteladas para aumentar el alcance de la libertad humana. Esto incluye al poder político, a la propiedad y al dirigismo, a las relaciones ente hombres y mujeres y entre padres e hijos, a nuestro control sobre el destino de las generaciones futuras (el imperativo moral básico que está detrás del movimiento medioambiental, en mi opinión) y mucho más. Naturalmente, ello implica un desafío a las poderosísimas instituciones de control y coerción: el estado, las incontables tiranías privadas que controlan la mayor parte de la economía, tanto la doméstica como la internacional, y demás. Pero no sólo a éstas. Esto es lo que siempre he considerado como la esencia del anarquismo: la convicción de que la carga de la prueba debe colocarse sobre la autoridad, y que ésta debe ser desmantelada si no se encuentra esa prueba.</p>
<p>Aunque hay ocasiones en que si puede encontrarse. Si estoy dando un paseo con mis nietos y salen corriendo cruzando una calle muy concurrida, no sólo utilizaré la autoridad, sino también la coerción física para detenerlos. En este caso, mi autoridad debe ser desafiada, pero pienso que enseguida queda justificada. Y hay otros casos; la vida es un asunto complicado, entendemos muy poco sobre los humanos y la sociedad, y las generalizaciones grandilocuentes constituyen con más frecuencia una fuente de dolor y equívocos que de beneficio. Es en los casos concretos, yo creo, donde están los temas que realmente nos interesan y preocupan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Sus puntos de vista son ahora más conocidos que nunca, y en cierto modo, ampliamente respetados. ¿ Cómo cree que se ve su apoyo al anarquismo en este contexto? En particular, entre aquellos que se interesan por la política por primera vez, y que quizás se han topado con sus opiniones&#8230; ¿sorprende su apoyo al anarquismo? ¿Se muestran interesados?</em></p>
<p>—Los propios intelectuales asocian por lo general el anarquismo con caos, violencia, bombas, trastornos, etc. De forma que la gente se sorprende al oírme hablar positivamente del anarquismo e identificarme con algunas de sus tradiciones mis importantes. Pero mi impresión es que, para cualquiera, sus ideas básicas pueden resultar razonables una vez despejadas estas nubes.</p>
<p>Por supuesto, al entrar en cuestiones específicas –como, digamos, la naturaleza de la familia, o cómo funcionaría la economía en una sociedad más libre y justa– aparecen todo tipo de preguntas y discrepancias. Pero así es como debe ser. Ni siquiera los físicos pueden, en realidad, explicar cómo fluye el agua desde el grifo a la pica. Cuando nos enfrentamos a cuestiones vastas y complejas sobre el ser humano, cuestiones sobre las que sabemos muy poco, se amplía muchísimo el espacio para el desacuerdo, la experimentación o la exploración de posibilidades, tanto a nivel intelectual como a un nivel más cotidiano. Esto nos ayuda a comprendernos más.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Quizás el anarquismo haya padecido un problema de malinterpretación, más que cualquier otra idea. El anarquismo puede significar muchas cosas para mucha gente. ¿Se encuentra a menudo obligado a explicar qué es lo que usted entiende por anarquismo?</em></p>
<p>—Toda mala interpretación es un fastidio. Las causas de gran parte de ella se remontan a las estructuras de poder, interesadas en prevenir su comprensión por razones obvias. Es recurrente recordar a David Hume en sus “Principios del Gobierno” donde se mostraba sorprendido de que la gente se hubiera sometido siempre a sus gobernantes. Concluía que «dado que la fuerza siempre está del lado de los gobernados, los gobernantes no tienen otro soporte que la opinión. Por consiguiente, la fuerza del gobierno sólo está fundada en la opinión, y esta máxima se extiende tanto a los más despóticos y militarizados como a los más libres y populares». Hume era muy astuto –y por cierto, casi un libertario para los estándares de la época–. Seguramente subestimó la eficacia de la fuerza, pero su observación parece básicamente correcta e importante, en particular en las sociedades más libres, donde el arre de controlar la opinión es más refinado.</p>
<p>Las malas interpretaciones y otras formas de confusión son ya algo natural. ¿Que sí me molesta? Claro, pero también me molesta el mal tiempo. Existirá mientras las concentraciones de poder sigan generando clases sumisas que las defiendan. Puesto que éstas no son muy brillantes, o no son lo suficientemente brillantes como para saber que deben evadirse del terreno de los hechos y de los argumentos, hay quienes se dedican a falsear, a envilecer y a utilizar todo tipo de mecanismos disponibles para los que se saben protegidos por los muchos medios con que cuentan los poderosos. Deberíamos entender por qué ocurre esto y desenredarlo lo mejor que podamos. Esto debe hacerse como parte del proyecto de liberación, de la nuestra y de la de los otros o, más razonablemente, de la gente que trabaja unida para alcanzar estos propósitos. Todo esto suena muy ingenuo y lo es. Pero en una sociedad tan absurda como la nuestra, aún no he oído un comentario que no sea ingenuo y que cuente a su vez con barrer todo el egoísmo que hay en ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>En los círculos izquierdistas más establecidos, donde uno puede esperar encontrar una mayor familiaridad con lo que el anarquismo postula, ¿se encuentra también con sorpresas ante sus opiniones y su apoyo al anarquismo?</em></p>
<p>—Si comprendo a qué se refiere al decir «círculos izquierdistas más establecidos», no hay en ellos mucha sorpresa acerca de mis ideas sobre el anarquismo, porque saben muy poco sobre mis opiniones acerca de cualquier cosa. No son estos los círculos con los que trato. Raramente se encontrarán referencias a lo que he dicho o escrito&#8230; Aunque esto no es del todo cierto, por supuesto. En los EEUU (y con menos frecuencia en Gran Bretaña y demás sitios) existe una cierta familiaridad con lo que hago en algunos de los sectores más críticos e independientes de los que podríamos llamar «círculos izquierdistas establecidos», y tengo amigos personales y colegas desparramados aquí y allá. Eche un vistazo a los libros y periódicos y comprenderá lo que digo. No espero que lo que escribo y digo sea mejor recibido</p>
<p>en estos círculos que en los círculos de profesores o en los despachos de las editoriales, de nuevo con excepciones. La</p>
<p>cuestión aparece sólo marginalmente, hasta tal punto que es difícil de responder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Cierto número de personas ha advertido que utiliza el término «socialismo libertario» en el mismo contexto en que emplea la palabra «anarquismo». ¿Considera estos términos como esencialmente similares? ¿Ve en el anarquismo un tipo de socialismo? Después de todo, se ha dicho que «el anarquismo es equivalente a socialismo con libertad». ¿Está de acuerdo con esta ecuación básica?</em></p>
<p>—Mi introducción al libro de Guerin se abre con una cita de un simpatizante anarquista de hace un siglo, quien dice que «el anarquismo nace de la tolerancia» y que por ello «resiste a todo». Un elemento destacable es lo que se ha llamado tradicionalmente «socialismo libertario». He intentado explicar a menudo lo que entiendo por ello, remarcando que no soy demasiado original: tomo las ideas de figuras importantes del movimiento anarquista, los cuales sin ninguna duda se tomaban a sí mismos por socialistas, aunque condenaban enérgicamente a esa nueva clase de intelectuales radicales que persiguen el poder del Estado sirviéndose de la lucha popular, y que acaban convirtiéndose en la viciosa «burocracia roja» sobre la que ya Bakunin nos advirtió: lo que a menudo se denomina «socialismo». Coincido bastante con Rudolf Rocker cuando percibe que estas líneas maestras del anarquismo proceden del mejor pensamiento liberal clasico, de la Ilustración. De hecho, como he intentado demostrar, contrastan bruscamente con la doctrina y la práctica marxista-leninista, con las doctrinas «libertaristas» que están de moda en los EEUU y en Gran Bretaña, y con otras ideologías actuales que, a mi modo de ver, se reducen a apostar por una u otra forma de autoridad ilegítima, con frecuencia pura tiranía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> </strong></p>
<h5><strong>La Revolución Española</strong></h5>
<p>—<em>Al hablar de anarquismo, usted ha enfatizado el ejemplo de la Revolución Española. Por un lado, dice que es una buena muestra de «anarquismo en acción», por otro, de lo que los trabajadores pueden conseguir por sus propios medios, haciendo uso de la participación democrática. ¿Considera que estos dos aspectos –anarquía en acción y participación democrática– son lo mismo? ¿Es el anarquismo una filosofía del uso del poder por parte de la gente?</em></p>
<p>—Soy reacio a emplear de forma caprichosa términos como «filosofía» para referirme a lo que parece mero sentido común. Igualmente, me siento incómodo con los eslóganes. Los logros de los obreros y los campesinos españoles antes de que la revolución fuera sofocada resultaron impresionantes, se mire por</p>
<p>donde se mire. El término «democracia participativa” es mucho más reciente y se desarrolló en un contexto diferente, pero seguramente existen puntos de similitud. Lo siento si esto parece evasivo, pero es que ni el concepto de anarquismo ni el de democracia participativa están lo suficientemente claros como</p>
<p>para que sea posible responder a la pregunta de si son o no lo mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Uno de los principales logros de la Revolución Española fue que logró movilizar a más de tres millones de personas. La producción rural y urbana fue organizada por los mismos trabajadores. ¿Considera una coincidencia que los anarquistas, conocidos por su defensa de la libertad individual, tuvieran éxito en la administración colectiva?</em></p>
<p>-No fue en absoluto una coincidencia. Las tendencias anarquistas que siempre he encontrado más convincentes persiguen una sociedad altamente organizada, integrada por estructuras muy diferentes (lugar de trabajo, comunidad y muchas otras formas de asociación voluntaria), pero controladas siempre por los participantes, no por quien está en posición de dar órdenes. Exceptuando, de nuevo, cuando la autoridad pueda estar justificada, en circunstancias específicas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—Los anarquistas dedican mucho esfuerzo a postular una democracia de base popular, por lo que son con frecuencia acusados de llevar la democracia hasta sus extremos. Pero muchos anarquistas no ven en la democracia uno de los componentes centrales de su filosofía. Definen su credo político como aquel que habla de «socialismo» o del «individuo», dejando a un lado su relación con la democracia. ¿Está de acuerdo en que las ideas democráticas constituyen un rasgo esencial del anarquismo?</em></p>
<p>—Las críticas a la «democracia» entre los anarquistas han sido con frecuencia una crítica a la democracia parlamentaria, tal y como ha arraigado en sociedades con rasgos profundamente represivos. Tomemos como ejemplo a los EEUU, que se han tomado a sí mismos como baluartes de la libertad. En realidad, su democracia se fundó según el principio –destacado por James Madison en la Convención Constitucional de 1787– de que la función primordial del gobierno es «proteger a la minoría de opulentos de la mayoría». Madison advirtió que en Inglaterra –el único modelo cuasidemocrático del momento–, si se le daba voz a la población en general para tratar asuntos públicos, ésta implantaría la reforma agraria u otras atrocidades, y que el sistema americano debía de ir con cuidado para evitar semejantes crímenes contra el «derecho a la propiedad». Ante todo, este derecho debía ser defendido. De hecho acabaría por prevalecer. La democracia parlamentaria, bajo estos parámetros, merece una crítica profunda por parte de los libertarios genuinos. Y he dejado fuera otros muchos aspectos poco delicados: la esclavitud, por mencionar sólo uno, o esa otra esclavitud, la salarial, que fue agriamente condenada por gente trabajadora</p>
<p>que nunca había oído hablar de anarquismo o comunismo en el siglo XIX.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<h5><strong>Carreras de caballos</strong></h5>
<p>—<em>Parece evidente que para la izquierda es imprescindible una democracia de base popular para que se den cambios sociales significativos; sin embargo, ha sido muy ambigua al respecto. Hablo, en términos generales, de democracia social, pero también de bolchevismo, una tradición izquierdista que parece tener más en común con el pensamiento elitista que con la estricta práctica democrática. Lenin, por poner un ejemplo bien conocido, era escéptico respecto a si los trabajadores podrían desarrollar algo más que una «conciencia sindical», con lo que, a mi modo de ver, venía a decir que los trabajadores no podían ver más allá de sus preocupaciones </em><em>más inmediatas. De forma similar, la socialista</em> <em>fabianista, Beatrice Wekb, que fue</em> <em>muy influyente en el Partido Laborista en</em> <em>Inglaterra, opinaba que los trabajadores</em> <em>sólo estaban interesados en «apostar en las</em> <em>carreras de caballos». ¿De donde viene este</em> <em>elitismo, y qué hace en la izquierda?</em></p>
<p>—Me temo que esto es algo difícil de responder. Si empezamos por incluir al bolchevismo en la izquierda, entonces ya no me considero un hombre de izquierdas. En mi opinión Lenin fue uno de los mayores enemigos del socialismo, por razones que ya he discutido. La idea de que los trabajadores sólo se interesan por las carreras de caballos es tan absurda que ni siquiera resiste una confrontación superficial con la historia de las clases trabajadoras, o con el proletariado, que, de forma tan activa e independiente, han luchado ferozmente contra la opresión y la persecución a lo largo de la historia. Tomemos como ejemplo el rincón más miserable de este hemisferio, Haití, considerado en su momento por los conquistadores europeos un paraíso, así como fuente de buena parte de la riqueza de Europa, y que ahora está devastado, probablemente sin recuperación posible. En los últimos años, bajo unas condiciones tan miserables que poca gente de los países ricos pueden imaginarse, los campesinos y los habitantes de las barriadas construyeron un movimiento democrático, organizado en cuadros populares, que sobrepasa cualquier cosa que se haya conocido anteriormente; seguro que encontraron ridículos los solemnes pronunciamientos de los intelectuales americanos y líderes políticos acerca de cómo los EEUU tienen que enseñar a los haitianos lecciones de democracia. Sus logros fueron tan sustanciales, y peligrosos, que fueron frenados violentamente por el poder, bajo una tutela estadounidense mucho más intensa que la públicamente conocida. Aún así, no se han dado todavía por vencidos. ¿Sólo se interesan por las carreras de caballos, entonces? Me vienen a la memoria unas palabras de Rousseau: “Cuando veo a multitudes de salvajes completamente desnudos despreciar la riqueza de Europa y resistir al hambre, al fuego, a la espada y a la muerte sólo para conservar su independencia, siento que no les incumbe a los esclavos el razonar sobre la libertad».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Hablando de nuevo en términos generales, en su trabajo –“La Democracia Desalentada”, “Ilusiones necesarias”, etc.– trata insistentemente del papel y el mantenimiento de las ideas elitistas en nuestras sociedades. Ha argumentado que en la democracia parlamentaria se produce un profundo rechazo a cualquier papel protagonizado por la masa popular, para que no se vea amenazada la desigual distribución de la riqueza que favorece a los más ricos. Su trabajo en este terreno es bastante convincente, aunque también ha sorprendido a algunos. Por ejemplo, ha comparado la política del presidente John F. Kennedy con Lenin, igualando más o menos a ambas. Esto, debo añadir, ha sorprendido a partidarios de ambos lados. ¡Podría comentar un poco la validez de esta comparación?</em></p>
<p>—De hecho, no he igualado las doctrinas de los intelectuales liberales de la administración Kennedy con los leninistas, pero sí que he advertido de chocantes puntos de similitud –de forma parecida a lo que ya predijo Bakunin un siglo antes, en su perspicaz comentario acerca de la «nueva clase»–. Por ejemplo, cité pasajes de McNamara sobre la necesidad de mejorar el control administrativo si queremos llegar a ser «libres» de verdad, y sobre de qué forma un control administrativo deficiente, que es «la verdadera amenaza a la democracia», constituye una suerte de asalto contra la misma razón. Cambiando algunas palabras de estos pasajes obtenemos la doctrina leninista estándar. Sólo he sostenido que las raíces son bastante similares en ambos casos pero, sin una mayor clarificación de lo que resulta tan sorprendente a todo el mundo, no puedo seguir mis comentarios. Las comparaciones son específicas y pienso que ambas están correctamente argumentadas. Si no es así es que estoy en un error, por lo que me gustaría que se me iluminara al respecto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—¿Distingue implícitamente los trabajos de Marx de las críticas particulares que le hace a Lenin, cuando emplea el término «leninismo? ¿Ve una continuidad entre las opiniones de Marx y las prácticas posteriores de Lenin?</em></p>
<p>—Las advertencias de Bakunin acerca de la «burocracia roja», en el sentido de que instituiría «el peor de los gobiernos despóticos», son muy anteriores a Lenin y se dirigían contra los seguidores de Marx. Pero marxistas como Pannekoek, Rosa Luxemburg, Mattick y muchos otros están muy alejados de Lenin, sus opiniones a menudo convergen con elementos del anarcosindicalismo: Korsch y otros, por ejemplo, escribieron con simpatía sobre la revolución anarquista en España. Hay elementos de continuidad entre Marx y Lenin, desde luego, pero también los hay entre marxistas que fueron críticos muy severos con Lenin y el bolchevismo. Los últimos trabajos de Teodor Shanin acerca de las actitudes finales de Marx respecto a la revolución campesina también son relevantes al respecto. Estoy lejos de ser un experto en Marx, por lo que no me aventuraría a realizar juicios serios sobre cual de estas continuidades refleja al «verdadero Marx», si es que lo hay.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Recientemente, en su obra “Notas sobre anarquismo” habla de las opiniones del primer Marx y, en particular, de su desarrollo de la idea de la alienación bajo el capitalismo. ¿Está en general de acuerdo con esta división de la vida y obra de Marx, que de joven lo ve como un socialista más libertario, mientras en sus últimos años se le caracteriza como un decidido autoritario?</em></p>
<p>—El joven Marx bebe extensamente del medio en el que vive, aquel que animó al liberalismo clásico, y también de la Ilustración y el Romanticismo inglés y francés. Repito que no soy ningún especialista en Marx como para aspirar a un juicio incuestionable. Meramente, la impresión que tengo es que el primer Marx era en gran parte una figura de la Ilustración tardía, mientras que el último Marx era un marcado activista autoritario y un analista crítico del capitalismo que tenía poco que decir sobre alternativas socialistas. Pero esto sólo son impresiones.</p>
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<h5><strong>Diferentes a las rocas</strong></h5>
<p>—<em>A mi entender, el núcleo central de su corpus general está imbuido por su concepto de naturaleza humana. En el pasado, la idea de naturaleza humana era vista quizás como algo regresivo, incluso limitador. Por ejemplo, la incapacidad de cambiar la naturaleza humana se utiliza con frecuencia como argumento para explicar porqué las cosas no pueden cambiar en el sentido pretendido por los anarquistas. ¿Tiene a este respecto una opinión diferente? ¿Por qué?</em></p>
<p>—Todo núcleo central de un punto de vista se relaciona con el concepto de naturaleza humana, aunque éste puede carecer de articulación. Claro, esto es cierto en el caso de aquellos que se consideran a sí mismos agentes morales y no monstruos. Dejando a un lado a los monstruos, toda persona que aboga por la reforma, la revolución, la estabilidad o el retorno a etapas del pasado, o al simple cultivo de su propio jardín, parte de la base de que ello es bueno para la gente. Tal juicio está basado en algún tipo de concepción de la naturaleza humana, concepción que una persona razonable puede querer clarificar lo máximo posible, al menos para que pueda ser evaluada. Creo que, a este respecto, no soy diferente a nadie.</p>
<p>Tiene razón al decir que la naturaleza humana se ha visto como algo regresivo, pero ello sólo puede ser el resultado de una profunda confusión. ¿No es mi nieta diferente de una roca, de una salamandra, un pollo o un mono? Una persona que descarta esta idea por ser absurda reconoce que existe una naturaleza humana distintiva. Sólo nos queda responder a la pregunta de qué es: una cuestión fascinante y nada trivial, de un enorme interés científico y de una gran importancia humana. Conocemos una gran cantidad de aspectos sobre ella, aunque probablemente no los de mayor importancia para la humanidad. Como no los conocemos, estamos de alguna manera solos con nuestros deseos, intuiciones y especulaciones. No hay nada regresivo en el hecho de que a un embrión humano no le crezcan alas, o de que su sistema visual no pueda funcionar de la misma manera que lo hace el de un insecto, o de que carezca del instinto de las palomas mensajeras. Los mismos factores que limitan el desarrollo del embrión lo capacitan también a alcanzar una estructura compleja, rica y altamente articulada, con muchas y enormes capacidades. Un organismo que careciese de semejante estructura intrínseca y determinante, la cual por lógica a su vez limita las posibilidades de desarrollo, daría como resultado algún tipo de ameba, condenada a no sobrevivir. El alcance y los límites del desarrollo están lógicamente relacionados.</p>
<p>Tomemos el lenguaje, que es una de las pocas facetas distintivas del ser humano, sobre la que se conoce mucho. Tenemos razones poderosas para creer que todos los lenguajes humanos posibles son muy similares; un científico de Marte que observara a los humanos podría concluir que existe un sólo lenguaje con variantes menores. El motivo es que el aspecto particular de la naturaleza humana que subyace en el crecimiento del lenguaje permite opiniones muy reestrictivas. ¿Resulta esto limitador? Por supuesto. ¿Y liberador? También es evidente. Son estas restricciones las que hacen posible que un sistema rico e intrincado de expresión del pensamiento se desarrolle de forma similar en base a una experiencia rudimentaria, desperdigada y variada.</p>
<p>¡Y qué decir de las diferencias biológicamente determinadas del ser humano? Que éstas existen es sin duda cierro, así como un motivo de alegría, no de temor o lamentación. Una vida entre seres clonados no valdría la pena, cualquiera debería regocijarse ante el hecho de que los otros tienen habilidades que no comparte. Esto debería ser elemental. Lo que comúnmente se opina sobre estos asuntos me resulta realmente increíble. Sea lo que sea la naturaleza humana, ¿se conduce de acuerdo al desarrollo de formas de vida anarquistas o constituye más bien una barrera? No sabemos lo suficiente como para responder en uno u otro sentido. Estas son cuestiones para la experimentación y el desarrollo, no aptas para pronunciamientos vacíos.</p>
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<h5><strong>El futuro</strong></h5>
<p><strong>—</strong><em>No sé si en los EEUU no se ha instalado una cierta desmoralización a raíz de la caída de la Unión Soviética. No tanto porque la gente fuera una defensora a ultranza de lo que ocurría en la URSS, sino más bien por un sentimiento general de que con su caída se ha desarmado también la idea del socialismo. ¿Se ha encontrado personalmente con esta desmoralización? ¿Cuál es su respuesta?</em></p>
<p>—Mi respuesta a la caída de la tiranía soviética es similar a la reacción que me produjeron las derrotas de Hitler y Mussolini. Todos estos casos suponen una victoria para el espíritu humano. Debería haber sido particularmente bien recibida por los socialistas, puesto que se ha puesto fin a uno de los mayores enemigos del socialismo. Como usted dice, me resultó intrigante ver cómo la gente –incluida aquella que siempre se ha considerado antiestalinista y antileninista– se desmoralizaba con el colapso de semejante tiranía. Lo que demuestra que estaban más profundamente comprometidos con el leninismo de lo que ellos mismos pensaban. Existen, sin embargo, otras razones por las que preocuparse tras el fin de un sistema tan tiránico y brutal, que tenía tanto de «socialista» como de «democrático»: recuerde que decía ser ambas cosas, y que esto último fue ridiculizado por Occidente, mientras lo primero fue firmemente aceptado, utilizándose como un arma contra el socialismo –este es uno de los muchos servicios prestados por los intelectuales occidentales al poder. Una de las razones tiene que ver con la naturaleza de la guerra fría. A mi entender, fue en buena medida un caso especial del «conflicto Norte-Sur», por utilizar un eufemismo corriente que enmascara la conquista europea de gran parte del mundo. Europa del Este había sido en un principio el verdadero Tercer Mundo, y desde 1917 se multiplicaron las reacciones independentistas, de un cariz jamás visto anteriormente en países tan pobres, si bien en este caso las diferencias de escala dieron al conflicto una vida propia. Tras el derrumbe de la URSS, era de esperar que cada región volviera en gran medida a su estatus anterior: la República Checa o Polonia Occidental, por ejemplo, volverían a Occidente, otras en cambio regresarían a su tradicional papel de siervas, convirtiéndose su ex-nomenclatura en la élite del Tercer Mundo (con el visto bueno de los poderes estatales y corporativos de Occidente, quienes por lo general la prefieren a cualquier otra alternativa). Ese no era un panorama esperanzador y ha comportado, en efecto, un inmenso sufrimiento.</p>
<p>Otro motivo para estar preocupados proviene de la disuasión y la no-alineación. A pesar de lo grotesco que era el imperio soviético, su existencia ofrecía al menos un cierto espacio para la no-alineación y, por razones puramente cínicas, en ocasiones proveía asistencia a las víctimas de los ataques occidentales. Esas opciones han desaparecido, y el Sur padece ahora las consecuencias.</p>
<p>Una tercera razón nace con lo que la prensa económica denomina «los trabajadores mimados de Occidente, con sus lujosos estilos de vida». Con la Europa del Este volviendo al redil, los propietarios y los directores cuentan con nuevas y poderosas armas contra las clases trabajadoras y los pobres. La General Motors y la Volkswagen no sólo pueden transferir producción a México y Brasil (o al menos amenazar con hacerlo, lo que a efectos prácticos viene a ser lo mismo) sino también a Polonia o Hungría, donde pueden encontrar trabajadores capacitados con costes mucho menores. Ya se están recreando con ello, lo que resulta comprensible dados los valores que los guían.</p>
<p>Podemos aprender mucho sobre lo que la guerra fría (o cualquier otro conflicto) significó, observando quién está ahora sonriente y quién infeliz. Entre los primeros se encuentran las élites occidentales y la ex-nomenclatura, ahora mucho más ricos de lo que nunca hubieron soñado, mientras que entre los segundos está una parte sustancial de la población del Este, junto con las clases trabajadoras y los pobres de Occidente, a los que hay que añadir aquellos sectores populares del Sur que han buscado una vía independiente.</p>
<p>Todos estos motivos de preocupación, que son evidentes y surgen del poder y de los privilegios, provocan histeria entre los intelectuales occidentales las pocas veces que llegan a percibirlos. Por esta razón, las reacciones que predominan entre ellos se encuentran, en mi opinión, cubiertas de una extrema hipocresía. Una persona honesta respondería a la caída de una tiranía brutal de forma mucho más compleja que con el simple placer.</p>
<p><a href="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/SIN-ASPAVIENTOS-DIGITAL-2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-26607 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/SIN-ASPAVIENTOS-DIGITAL-2.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/SIN-ASPAVIENTOS-DIGITAL-2.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/SIN-ASPAVIENTOS-DIGITAL-2-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/SIN-ASPAVIENTOS-DIGITAL-2-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<h5><strong>La ilusión capitalista</strong></h5>
<p>—<em>La izquierda parece encontrarse hoy en la misma situación que a principios del siglo pasado. Como entonces, se enfrenta a un capitalismo en ascenso. Da la impresión de que hay más consenso ahora que en cualquier otro momento de la historia sobre el hecho de que el capitalismo es la única forma de organización económica posible, a pesar de que las desigualdades de riqueza son cada vez mayores. Frente a este telón de fondo, uno podría argumentar que la izquierda está desorientada, ¿Cómo ve el momento actual? ¿Es una cuestión de «vuelta a los orígenes»? ¿Deberían los esfuerzos encaminarse hacia la recuperación de la tradición libertaria?</em></p>
<p>—Creo que todo esto es bastante engañoso. Lo que se denomina capitalismo es básicamente un sistema de mercantilismo corporativo con enormes e incontables tiranías privadas ejercitando un vasto control sobre la economía, los sistemas políticos y la vida cultural y social, en una situación de cooperación con los estados poderosos que intervienen masivamente en la economía doméstica y en la sociedad internacional. Esto es dramáticamente cierto en los EEUU, a pesar de cómo lo enmascaran. Los ricos no están ahora más ansiosos que antes por acatar la disciplina de mercado, por mucho que la defiendan delante de la población. Por citar unos pocos ejemplos, la administración Reagan, que se apoyaba en la retórica del libre mercado, también presumía ante la comunidad trabajadora de ser la más proteccionista de toda la historia estadounidense de postguerra; de hecho, más que la suma de todas las otras administraciones. Newt Gringich, líder de la actual cruzada, es también diputado por un distrito extremadamente rico que recibe más subsidios federales que cualquier otro del país. Los conservadores que claman</p>
<p>por acabar con las comidas escolares para niños pobres también están pidiendo un aumento del presupuesto del Pentágono, el cual fue establecido a finales de los cuarenta en su forma actual porque –como la prensa económica fue tan amable de decirnos– la industria de alta tecnología no puede sobrevivir en una «economía pura, competitiva, sin subsidios y de libre empresa», por lo que el gobierno ha de ser su «salvador». Sin el estado, los electores de Gringich serían la pobre gente trabajadora. No habría computadoras, electrónica en general, industria aeronáutica, metalúrgica,</p>
<p>automatización&#8230; Los anarquistas no deberían dejarse llevar por semejantes engaños.</p>
<p>Las ideas del socialismo libertario son ahora más relevantes que nunca, y en realidad, la sociedad está muy abierta a ellas. A pesar de toda la propaganda en contra, fuera del ámbito intelectual la gente sigue siendo muy crítica. En los EEUU, por ejemplo, más del 80% de la población considera que el sistema económico es «inherentemente injusto», y el sistema político un «fraude que sirve a intereses específicos y no a la gente». Mayorías abrumadoras piensan que los trabajadores tienen muy poca voz en los asuntos públicos (lo mismo ocurre en Inglaterra), que el gobierno tiene la obligación de asistir a las personas necesitadas, que deberían tener preferencia los gastos en educación y sanidad ante los recortes presupuestarios y los recortes de impuestos, que las propuestas republicanas que circulan en el Congreso benefician a los ricos y dañan a la población en general, etc. Puede que los intelectuales sostengan puntos de vista diferentes, pero no resulta tan difícil ver l o que está pasando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Hasta cierto punto, las ideas anarquistas han sido reivindicadas ante la caída de la URSS, ya que las predicciones de Bakunin han resultado ser ciertas, ¿deberían los anarquistas encarar el futuro con una mayor confianza en sus ideas y en su historia?</em></p>
<p>—Pienso, o al menos deseo, que la respuesta se encuentre implícita en lo anterior. El momento actual presenta malos augurios, pero también signos de gran esperanza. El resultado final depende del uso que hagamos de las oportunidades que tenemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Traducción de Antonio Lozano</em></p>
<p>Publicada en el nº 106 de El Viejo Topo, en abril de 1997</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Libros relacionados</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Entrevista a Jorge Verstrynge</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/entrevista-a-jorge-verstrynge/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Lily]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 Jun 2024 06:00:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[entrevista]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Verstrynge]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Riera]]></category>
		<category><![CDATA[Verstrynge]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Publicada en El Viejo Topo 128 (abril, 1999), esta entrevista da cuenta de un camino que rara vez recorre alguien, y aún menos alguien destinado a ser presidente de gobierno. Verstrynge lo recorrió, con humildad y determinación. La izquierda aún no se lo ha reconocido.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5><strong><u>Viajando a la inversa</u></strong></h5>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quizá por su frecuencia, los trayectos ideológicos que han llevado a tantas gentes de izquierda hasta las orillas de la derecha han dejado de asombrarnos. Más raro resulta el trayecto inverso, el que ha recorrido Jorge Verstrynge, antaño Secretario General de Alianza Popular y ahora colaborador habitual de esta revista. Con el título «Memorias de un maldito» Editorial Grijalbo acaba de publicar un texto autobiográfico en el que, entre otras cosas, Verstrynge ofrece las claves de su evolución.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—En tus memorias te señalas como «hombre de izquierda de la derecha», como si en realidad siempre hubieras sido un hombre de izquierdas&#8230;</em></p>
<p>—Al respecto sólo puedo decir que no existe ni un solo texto, y he escrito muchos, ni declaración, donde yo me reconozca personalmente como de derechas, ni siquiera de centro-derecha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—&#8230;sin embargo también dices que sufriste una evolución de carácter ideológico. ¿No es eso una contradicción?</em></p>
<p>‑—Si las cosas se sitúan en su contexto verás que no hay contradicción. No olvides que yo nací en Tánger, y que viví todo el proceso de la descolonización. Sobre todo en Argelia, pero también en Marruecos, ese proceso pilló a muchos europeos de izquierdas entre dos fuegos. Muchos republicanos españoles, inequívocamente de izquierda, se instalaron en Argelia y se convirtieron en colonos. En las luchas por la independencia esos colonos de izquierda, que recibían el famoso aviso de «maleta o ataúd» por el que se les «invitaba» a regresar a la metrópoli, veían que quien defendía sus intereses era la derecha o la extrema derecha. Eso llevó a combinar cosas a priori incombinables: la derecha defendía tu casa a pesar de que tus ideas eran de izquierda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>¿Era ése tu caso?</em></p>
<p>—No, estoy hablando en términos generales. Mi madre era andaluza y nacional-católica. Mi padre, de nacionalidad belga, era de extrema derecha y había colaborado con los alemanes. Como es lógico, mi proceso de socialización no fue inicialmente de izquierda. Eso cambió a partir de los doce años, cuando aterrizó en casa mi padrastro, que era comunista. Hasta entonces se me había enseñado que se tenía que defender el imperio colonial, la identidad nacional y los valores tradicionales. Sin embargo, yo creo que en el decantamiento ideológico hay algo caracterial, que son los sentimientos, los que te empujan hacia los valores de izquierda y luego se produce la racionalización. Yo, sin llevarme mal con mis compañeros</p>
<p>de clase franceses, me llevaba muy bien con los alumnos árabes. A partir de ahí es cuando puedo empezar a hablar de esquizofrenia: tenia un padrastro comunista al que admiraba, sentimentalmente yo me volvía un adolescente de izquierdas por el talante humanitario, pero al mismo tiempo veía que quien nos defendía era la OAS. Así que yo leía a autores fascistas como Brasillach, Drieu La Rochelle o Céline, y a autores de izquierdas como Sartre, Prévert, Zola o Martin du Gard. Mi padre biológico era devoto de Hitler, y mi padrastro de Stalin. Y yo estaba en medio de eso.</p>
<p><a href="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/PENSAMIENTO-REVOLUCIONARIO-PAPEL-1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-26606" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/PENSAMIENTO-REVOLUCIONARIO-PAPEL-1.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/PENSAMIENTO-REVOLUCIONARIO-PAPEL-1.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/PENSAMIENTO-REVOLUCIONARIO-PAPEL-1-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/PENSAMIENTO-REVOLUCIONARIO-PAPEL-1-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>—<em>¿Qué consecuencias tuvo el proceso de descolonización para tu</em></p>
<p><em>familia?</em></p>
<p>—Tuve que irme a Nimes. Allí continué en esa esquizofrenia: yo era bien recibido en el «Café Napoleón», que era el lugar de encuentro de los jóvenes facistoides, y en «Le Parisién», donde estaban los de las juventudes comunistas, los trotskistas, la extrema izquierda; los primeros me consideraban un joven prometedor; con los segundos recibí el apodo de «le bolcho», porque decían que era el más bolchevique de todos. Luego nos fuimos a España. Enseguida me di cuenta de que lo de nacional-sindicalismo era un cuento. Lo que había era capitalismo puro y duro: paternalista,</p>
<p>intervencionista, represor, clerical&#8230; lo tenía todo para ser abyecto. Conocí a muy pocos comunistas, porque o estaban en la cárcel o en la clandestinidad. Y neofascismo, en el sentido de lo que había en otros países europeos, tampoco existía; lo de aquí era extrema derecha a secas, defensora de los valores eternos, impulsora del sentido cristiano en la empresa, «Montañas Nevadas» y todo el percal, pero sin pensamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>­—<em>En tus memorias confiesas que en aquella época sentías simpatías</em></p>
<p><em>por el nacionalcomunismo.</em></p>
<p>—Sí, sobre ello yo había leído cosas en Francia que me habían gustado. Y luego he seguido leyendo sobre ese tema durante muchos años. Claro, el nacionalcomunismo me permitía en</p>
<p>cierto modo superar la esquizofrenia: tú podías ser nacional y casi defensor del imperio y al mismo tiempo una persona muy avanzada socialmente. Por eso seguramente esa teoría me fascinó. Sin embargo, cuando ingresé en la universidad la esquizofrenia de alguna manera proseguía. Yo vi con simpatía el mayo del 68 –recuerdo a mi padre, no el biológico, sino el comunista, llorar delante de la televisión creyendo que había llegado el gran momento­– y al mismo tiempo entré en la cátedra de un señor que se llamaba Fraga Iribarne. Claro que, posteriormente, a medida que iba viendo las cosas desde dentro de la política me iba dando cuenta de que mi padrastro tenía razón, y no sólo cuando me decía que yo acabaría siendo el Secretario General del Gran Capital, sino porque la política que en definitiva estábamos impulsando era una política de clase, y yo no me había metido en política para hacer política de clase. De una clase, además, que no era la mía. Yo no era hijo ni de notario, ni de banquero, ni de embajador, ni de general. Mi padre biológico era pobre, mi padre comunista era pobre, mi madre era pobre, y yo era un desclasado y un sin patria que había dejado mi tierra por lo de la maleta o ataúd. Además, desde que tengo uso de razón soy ateo, y por lo tanto creo que existe una sola vida, que es precisamente ésta. De modo que, cuando cumplí los 38 años, probablemente más de la mitad de mi vida, me dije: ¿Vas a pasarte tu otra media vida defendiendo los intereses de una clase que no es la tuya y a la que las necesidades del país le importan mucho menos que sus propios intereses?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Y decidiste dejarlo. Resulta increíble, porque en aquel momento eras el número dos, se sabía que Fraga tendría que dejar de aspirar a la presidencia del gobierno y por tanto tú ibas a ser el nuevo candidato&#8230;</em></p>
<p>—Me marché haciendo que me echaran. Porque en este país, si te vas no eres nadie. Pero si te echan sí, así que forcé las cosas para que me echaran.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Tu iniciación política fue con Fraga, en aquella formación llamada Reforma Democrática. Por cierto, en tu libro relatas una anécdota muy sabrosa, ¿qué hacías cuando en RD, o más tarde en AP, se afiliaba un ultramontano?</em></p>
<p>—Hacía desaparecer su ficha. Lo hacía de acuerdo con el presidente provincial, claro. Cuando se había ido todo el mundo del local me metía en el cuarto de baño y encendía el mechero; las</p>
<p>fichas ardían enseguida. Y como no había ficha, ya no se les convocaba para el siguiente congreso. Estamos hablando de una época anterior al 23-F, en la que nos jugábamos mucho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>A la vista de esas purgas tan poco ortodoxas, podría pensarse que el primer proyecto de Fraga, Reforma Democrática, no era tan de derechas como luego lo fue Alianza Popular.</em></p>
<p>—Los planteamientos de RD eran de centro, incluso a veces de centro izquierda en los planteamientos económicos. No hay que olvidar, por ejemplo, que se pedía que el sector público no fuera inferior al 30% de la economía española, y una planificación económica indicativa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Sin embargo las cosas se desarrollaron en otro sentido</em>.</p>
<p>—Fraga se orientó políticamente en otra dirección porque, en el fondo, sus ideas no eran ésas. Él se encontró con que representaba al ala izquierda del régimen franquista, y la gente que no tenía o no quería tener contactos con socialistas y comunistas se agarró a él. Era gente que permanecía en el sistema pero que se sentía progresista. Eso incluía desde militares de corte naserista o peruanista hasta intelectuales que no veían clara la posibilidad de una ruptuta y creían que desde el sistema se podía propiciar cierta evolución. Lo que podríamos llamar la socialdemocracia del sistema es lo que constituye el núcleo de cuadros que conforma RD. Pero no fuimos capaces de darnos cuenta de que el líder del partido no pensaba así, y cuando ese líder se plantea ganar las elecciones parte de la base de que la fuerza mayoritaria en España, electoralmente hablando, es el franquismo sociológico, que él pretende movilizar a través de la incorporación de personalidades representativas de las distintas familias del franquismo. Desgraciadamente para él y para el país, Fraga abandona el proyecto que significaba Reforma Democrática y configura el proyecto de Alianza Popular, que tenía poco que ver con lo que hasta entonces habíamos impulsado.</p>
<p><a href="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/SIN-ASPAVIENTOS-DIGITAL-2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-26607" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/SIN-ASPAVIENTOS-DIGITAL-2.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/SIN-ASPAVIENTOS-DIGITAL-2.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/SIN-ASPAVIENTOS-DIGITAL-2-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2024/06/SIN-ASPAVIENTOS-DIGITAL-2-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>—<em>Ya que hemos empezado a hablar de Fraga, uno de los pasajes más impresionantes de tus memorias es la conversación que sostienes con él sobre la forma de acabar con ETA. Si hubiera ganado Fraga, ¿tú hubieras sido ministro del Interior?</em></p>
<p>—Sí. Fraga siempre me decía que tenía que pasar por todos los departamentos para que el día de mañana pudiera ser capaz de gobernar, y yo intuía que él estaba pensando en algo que iba más allá de un ministerio concreto. Pero creo que en una primera etapa yo debía ir a parar a Interior o a Defensa. Es en ese marco en el que me habló de Nacht und Lebel, Noche y Niebla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>¿En qué consistía ese proyecto, si es que se puede calificar de tal?</em></p>
<p>—No sé si se le puede llamar proyecto. Yo sólo sé lo que me dijo: que me preparara para en su día aplicar eso. Noche y Niebla –ahora seguramente utilizaríamos en lugar de esa expresión la de «represión a la argentina»– es la desaparición física de un individuo. Esa desaparición no implica necesariamente la muerte. De pronto un individuo que está comprometido con determinada ideología política deja de existir. Desaparece incluso de los registros civiles. Aparentemente nadie lo ha detenido, nadie lo ha visto, no hay dónde enviarle una carta, ni siquiera se puede publicar una esquela porque no existe la certeza de que haya muerto. Esa clase de represión fue utilizada por los alemanes durante la guerra y por los militares en Argentina. Las fuerzas de izquierda fueron diezmadas en Argentina</p>
<p>como antes lo había sido la Resistencia por los nazis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Supongo que cuando Fraga hablaba de eso lo hacia pensando en Euskadi&#8230;</em></p>
<p>—Se refería a la lucha contra ETA. Eso incluía un área geográfica que podía ser mayor que el territorio vasco. Pero sí incluía a la población vasca que proporcionaba soporte logístico a ETA.</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>—A estas alturas uno está ya curado de espantos, pero aún así oírte produce escalofríos.</em></p>
<p>—No nos engañemos: una parte importante de las actividades que han desarrollado los grupos paramilitares o los grupos clandestinos relacionados con Interior que finalmente culminarían en el GAL responde al esquema de Noche y Niebla. Yo no sé si alguien ha pensado en desarrollar un plan similar a Noche y Niebla, pero en España se han dado formas de represión que encajan en ese esquema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Lasa y Zabala, por ejemplo.</em></p>
<p>—Por ejemplo. Dos desaparecidos de los que no se sabía nada. Eso es Noche y Niebla, aunque en plan chapucero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—¿Qué sentiste tú cuando Fraga te dijo que tenías que prepararte para eso?</em></p>
<p>—Tuve muy claro que si eso se iba a proponer en serio yo no lo iba a cumplir. Yo tenía dos compromisos: uno conmigo mismo, que me exigía no actuar jamás contra mi pueblo, y los vascos son, mientras no decidan lo contrario, parte de mi pueblo. ¿Cómo iba yo a actuar criminalmente contra ellos? El otro compromiso era con mi segundo padre. Yo le había prometido que jamás sería ni cura –porque es una estafa; viven del miedo de los demás a la vida y a la muerte–, ni juez –porque es capaz de condenar y dormir bien–, ni policía –porque delata–, ni militar –porque mata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>En cuanto a Fraga y el problema vasco citas otros asuntos también escabrosos. Por ejemplo esa entrevista con Antonio Cortina, hermano por cierto de José Luis Cortina, el hombre del CESID, en la que prácticamente se te propone la colaboración para un golpe de estado.</em></p>
<p>—Sí, y ahí tengo un testigo, porque acudí a la reunión, enviado por Fraga, acompañado por Javier Carabias. Cortina fue uno de los fundadores de Reforma Democrática. Era un militar peruanista. Me preguntó que cuántos militantes tenía Alianza Popular. Le contesté que unos 20.000. «¿Podrías poner a</p>
<p>30.000 personas en la divisoria de Burgos con Álava?» me preguntó. «Sí le contesté, pero la logística&#8230;» «No te preocupes –me dijo–, la logística es cosa nuestra; nosotros ponemos autocares, tiendas y bocadillos.»</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>¿Nosotros? ¿Quiénes eran nosotros?</em></p>
<p>—Otros. No me dijo quién. «¿Y para qué hay que llevar ahí a nuestra gente?» le pregunté. Me explicó que había que organizar una columna que marcharía sobre San Sebastián. Al llegar a Guipúzcoa los choques con la población serían inevitables, y el ejército tendría que interponerse entre la columna</p>
<p>y la población. Fraga debería ir a la cabeza de la columna y, después de que el ejército se interpusiera, sería recogido por un helicóptero que lo trasladaría a Madrid, donde sería nombrado presidente del gobierno. Yo sabía que había pasado una cosa parecida en Argelia; se trató de una contramanifestación enorme de franceses por la rué d&#8217;Isly que se oponía a otra del FLN, sólo que allí el ejército no cayó en la provocación y acabó disparando contra los franceses y no contra los árabes, en contra de lo que se había preparado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—Pero le extraño es que te convocaran a esa reunión sin que Fraga te hubiera dicho nada antes.</em></p>
<p>—Yo controlaba el partido, y era el único que podía decir si se podía organizar la columna o no. Fraga no sabía si eso era posible. Y no me había dicho nada antes, aunque sabía que iba a esa reunión. Carabias y yo salimos lívidos de allí; bajamos las escaleras corriendo. Nos habían propuesto un golpe de estado que estaba ya pensado y a nosotros nos necesitaban como cipayos. Se lo conté enseguida a Fraga, y él me indicó que en lo sucesivo no hablara más con Cortina y que ya se encargaría él de la cuestión. Nunca más se habló de eso. Yo, aunque no los veía capaces de llevar a cabo una idea tan descabellada, sabía ya que tenía que apartarme de todos ellos. Curiosamente, los nombres que se pusieron sobre la mesa en torno a esa operación volvieron a surgir en el 23-F.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Un nuevo proyecto de golpe de estado se vislumbra en otra conversación con Fraga, cuando te cita para especular sobre tres alternativas al triunfo socialista&#8230;</em></p>
<p>—Eso era ya hacia el final, en el 86, cuando hacía meses que yo había tomado la decisión de irme. Ya se lo había dicho a Félix Pastor, que entonces era el presidente del comité de disciplina de AP, y él me pidió que me quedara hasta después de las elecciones, porque de irme antes el golpe para el partido sería terrible. Accedí, y en las elecciones AP retrocedió en número de votos. Fraga me convocó a una reunión</p>
<p>en la que iba a estar presente su cuñado, Robles Piquer. Yo llegué tarde, y Fraga me resumió lo que habían hablado hasta ese momento. Estaban de acuerdo en que era dudoso que se pudieran ganar las elecciones al cabo de otros cuatro años y que había que ir pensando en otras alternativas que no eran electorales. Y las enumeró. Había tres posibilidades de que se creara una situación tan grave que estaría justificada la creación de un gobierno de concentración nacional. La idea era obligar a los socialistas a</p>
<p>compartir el poder, dado que acababan de ganar y no se les podía echar así como así. La primera posibilidad suponía la toma por sorpresa de Ceuta o/y Melilla por parte de Hassan II; otra posibilidad surgía de una situación de gran nerviosismo en las fuerzas armadas derivada de las bajas remuneraciones; y la tercera era un atentado de ETA contra Felipe González. La idea era que si se producía una de las tres alternativas AP exigiría una vicepresidencia y los ministerios de Interior, Justicia y Defensa. O sea, la madre del cordero. Cuando oí eso pensé que definitivamente se habían vuelto locos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>¿Pero se trataba de un delirio especulativo o de fomentar una de esas alternativas?</em></p>
<p>—No, no, nadie dijo que se le iba a ofrecer Ceuta y Melilla a Hassan, desde luego, ni que se iba a motivar a los militares, o que alguien iba a proporcionar a ETA el itinerario del coche de Felipe González. Pero esas posibilidades especulativas en ese momento eran verosímiles, excepto quizás la primera. Eran posibilidades que, si se dieran, había que aprovecharlas, aunque no inducirlas. En opinión de Fraga era muy posible que alguna de ellas pudiera darse. Aunque nosotros recibíamos información desde el ministerio de Defensa, yo personalmente nunca he leído nada relativo a una de esas posibilidades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>En tu libro citas sobre todo a Martín Villa, pero también a Fraga, aunque en un tono menor, como estructuradores del Gal</em>.</p>
<p>—También Fraga, sí, aunque la guerra sucia en la época de Fraga tuvo menor densidad que en épocas posteriores. Fue más burda, más visible, con episodios tremendos como Vitoria o Montejurra, pero después se sistematizó. Es lógico que a medida que aumenta el control democrático la guerra sucia deba</p>
<p>reestructurarse y adaptarse; a Fraga no le dio tiempo, y la guerra sucia se hacía con el mismo aparatejo del franquismo. Con Martín Villa se entra en una etapa más, llamémosla, científica, en la que la guerra sucia se sistematiza. Es la época del Batallón Vasco-Español. Ya no eran policías o expolicías aislados, sino grupos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>¿Crees que existe una responsabilidad directa de Martín Villa en esta sistematización?</em></p>
<p>—Bueno, es evidente que con los medios de control que el ministro del Interior y el propio presidente del gobierno tenían sobre los cuerpos de seguridad algo debían saber del tema, salvo que no supieran leer o no recibieran la prensa. O lo organizaron, o lo dejaron organizar, o se hicieron los suecos. La guerra en Euskadi fue adquiriendo intensidad, y también el estado acentuó su política represiva, que finalmente se articularía en torno al GAL.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—Hablando del GAL, tú sostienes que su origen está en el Pacto del Capó.</em></p>
<p>—Estoy seguro, porque el principal argumento que emplean los golpistas en el 23-F es que se estaba poniendo en peligro la unidad nacional. En aquel momento, como ahora, hay una obsesión por el tema vasco, y una sensación de pérdida de control. Partir de la idea de que el Pacto del Capó se limita a las garantías personales dadas a aquéllos que tenían secuestrados a los diputados y a los miembros del gobierno en el Congreso es irrisorio. Por otra parte, es evidente que la implicación del ejército en el 23-F fue bastante superior a lo que se ha reconocido después. Yo estoy convencido que el Pacto del Capó incluía la intensificación de la acción contra ETA por parte de los poderes civiles que, si no la llevaban a cabo, sería efectuada por el ejército. Y quienes pactan el Pacto del Capó no son quienes lo firman, sino los que estaban detrás.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>¿Y quienes estaban detrás?</em></p>
<p>—Pues por un lado los que habían ocupado el Congreso, más mandos militares que querían sacar de aquéllo algo más que una intentona fallida, y de otro lado el único que tenía poder en aquel momento, el rey. No había nadie más con capacidad de negociar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>¿Tú crees que es el rey quien toma esas decisiones?</em></p>
<p>—¿Y si no quién podría haber sido? Fuera del Congreso no quedaba nadie con suficiente autoridad. En España el monarca manda más de lo que la gente se piensa, y si no véase la composición del último gobierno, en el que está el señor Martín Fluxá, que procede directamente de la Casa Real, y está el señor Serra, evidentemente un protegido de la Casa Real, que participa en el gobierno de Felipe González y en el de José María Aznar. Dos días después de que el actual presidente del gobierno dijera que no se iba a negociar con ETA el rey, en la Pascua militar, dijo que sí se iba a negociar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>El golpe de Tejero sirvió, además, para legitimar a la monarquía como forma de gobierno&#8230;</em></p>
<p>—No del todo. Esa legitimación sólo puede alcanzarse con un referendo. Pero es verdad que hubo una cierta legitimación del estilo de «Os he salvado, he aquí para lo que sirvo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Evidentemente, no eres monárquico</em>.</p>
<p>—Un pueblo al que no se le deja escoger libremente cuáles han de ser sus árbitros es un pueblo al que se le considera menor de edad. Cuando el árbitro supremo no es una persona electa sino un monarca, es decir, alguien que ocupa ese lugar por derecho familiar y por encima de la voluntad popular, estamos ante un pueblo al que se mantiene en edad infantil. Además, los reyes no representan a sus pueblos. La realeza manifiesta una solidaridad dinástica que está muy por encima de la solidaridad nacional. Son fundamentalmente miembros de una dinastía, y eso explica que en un país pueda haber un rey de nacionalidad diferente a la de su pueblo. Aquí hemos tenido reyes alemanes, franceses, austríacos, italianos, y no nos ha tocado un sueco de casualidad. La misión sagrada de un rey es por lo visto reinar, pero en cualquier país. No saben lo que es patriotismo, pero a pesar de eso heredan. ¡Vaya chollo! Claro</p>
<p>que hoy en España ya se heredan los bancos, así que ¿por qué no se va a heredar la jefatura del estado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Una de las probables consecuencias del Pacto del Capó fue la promulgación de la LOAPA y de la LOFCA. Pero el problema de la estructura del estado no sólo no se ha resuelto, sino que se ha</em></p>
<p><em>complicado.</em></p>
<p>—Ese problema no se resolverá hasta que no se alcance una estructura de carácter confederal. España ya no puede pensar en ser una federación, entre otras cosas porque determinados planteamientos nacionalistas no aceptan el concepto de paridad. Y la única forma de obviar el principio de paridad es la</p>
<p>confederación, donde cada uno pueda tener su especificidad y no haya forzosamente que establecer lo de café para todos. Y más vale que lo hagan pronto, porque sino lo que hoy llamamos España quedará desbordado por la integración europea, y aparecerán nuevas formas de organización política y nuevas formas de distribución territorial, le guste a Madrid o no. Los países fuertes, bien estructurados, no se verán afectados, pero los países débiles como España, Italia, Bélgica o la República Checa sí lo serán. Sufrirán movimientos centrífugos y regiones enteras se desgajarán. Europa es el eje Rin-Ródano-Po, donde está la mayor concentración industrial, y cómo no advertir que ese eje está ya centrifugando en torno suyo a regiones que consideran ya más interesante asomarse a ese ente económico que es la Europa renana que preocuparse por Andalucía o por el sur de Italia. De ahí se explican el caso lombardo, y el caso catalán, o el caso vasco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Volvamos a tus memorias. Ahí explicas algo que desde fuera parecía incomprensible: el rechazo de AP a ingresar en la OTAN.</em></p>
<p>—AP se inclinó finalmente por la abstención, pero al principio se había decidido votar no. Y ello a causa de dos factores. El primero fue un berrinche de Fraga, que quería que su cuñado Robles Piquer fuera nombrado comisario europeo. Alfonso Guerra se negó en redondo, y luego Felipe González también. Como revancha Fraga decidió el voto negativo. El otro factor fue la presión de la patronal. La CEOE creía que si Felipe perdía el referendo tendría que optar o por dimitir o por convocar elecciones anticipadas, y si hacía esto último lo haría en situación de debilidad, con su base electoral dividida. Era posible que los socialistas perdieran las elecciones, y la CEOE jugó esa carta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—Resulta sorprendente que la CEOE pasara de las presiones de EE. UU.</em></p>
<p>—El grado de chulería de la patronal española es lo bastante alto como para pasar de EE.UU. Ellos van a lo suyo. Al menos entonces era así. En nuestro caso su influencia era enorme, porque quien financia manda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>¿Y financiaba mucho? ¿Cómo se llevaba a cabo esa financiación?</em></p>
<p>—De muchas maneras. Incluso con maletas llenas de dinero. También los bancos a veces nos concedían créditos que tenían que firmar personas insolventes para que a su vencimiento el crédito resultara fallido. Recuerdo una vez que el Banco de Santander nos dio cuarenta millones; nosotros teníamos que buscar a 20 insolventes para que firmara cada uno de ellos un crédito de dos millones. Pues bien, no había forma de encontrarlos; en AP todos eran muy solventes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>¿Esa financiación se traducía en algún tipo de influencia a la hora de confeccionar las listas electorales?</em></p>
<p>—Desde luego. A veces se pasaban. Habitualmente, el candidato apoyado por la CEOE iba a misa. En los dos sentidos de la palabra. La CEOE siempre ha mandado mucho en la derecha española. No sé ahora, pero así como Cuevas y yo no nos llevábamos muy bien, Aznar y él tenían una relación muy especial. Cuevas mimaba ya entonces a Aznar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—Ya que citas la misa, cuéntame lo de la llamada del Secretario</em></p>
<p><em>de la Conferencia Episcopal.</em></p>
<p>—Ah, eso es muy divertido. El Congreso aprobó la Ley del Aborto, y ésta pasó al Senado. Ahí AP organizó una campaña de obstrucción sistemática discutiendo cada coma y cada acento. El tema empezó a eternizarse, y la izquierda no lograba que se aprobara el texto. Un día, estando yo en el despacho de Fraga, llamó el Secretario de la Conferencia Episcopal. Fraga tomó el teléfono y se puso de pie; ponía cara de no entender nada. Cuando colgó me dijo que el obispo le había pedido que dejara de oponerse a la ley y que permitiera su aprobación. Fraga añadió: «Porque mi madre era de esta cofradía, que si no yo me daba de baja ahora mismo». Y es que la derecha española es más papista que el Papa. De todos modos, cuando se lo conté a Guerra él me dijo: «mañana sabrás por qué. Y efectivamente, al día siguiente los periódicos traían una foto de Alfonso rodeado de obispos; se había firmado la actualización del acuerdo de financiación de la Iglesia a través del impuesto sobre la renta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Dejemos de contar cosas que están en tu libro. Si explicamos tanto nuestros lectores dejarán de comprarlo (risas). Cuando eras Secretario General tenías en tu equipo a la mayor parte de los políticos</em></p>
<p><em>que ahora están en el poder. Me gustaría que me dijeras sucintamente cuál es tu impresión sobre ellos. Empezaré preguntándote por José María Aznar.</em></p>
<p>—Fue el mejor ayudante que tuve. Nunca complotó, nunca dio un mal paso. Era inteligente, frío. Nunca supe qué pensaba acerca de temas como el divorcio o el aborto. Nunca tuve una queja de él, y cuando salí de AP fue el único que vino a verme a casa para pedirme que me quedara. Los demás estaban muy contentos al ver que se corría en un puesto el escalafón. Claro, es un dirigente conservador-liberal de un partido conservador-liberal. En ese marco es una persona valiosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Álvarez del Manzano.</em></p>
<p>—Es un buen técnico municipal y no es mala persona. Pero es un poco meapilas y carece de voluntad. Con él Madrid ha decaído mucho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Abel Matutes.</em></p>
<p>—Inteligente y buena persona. Es conciliador, y un buen negociador. Hubiera sido un buen presidente para la derecha, pero él creía que en España un banquero no podía ser jefe de gobierno. Se equivocaba, porque ahora es presidente un inspector de hacienda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Loyola de Palacio</em>.</p>
<p>—Era una mujer voluntariosa, que sentía un cierto desprecio por sus correligionarios vascos. Yo tuve con ella un incidente estúpido; fue a quejarse a Fraga diciendo que yo la había llamado chacha. Aprovecho para aclararle ahora que cuando dije que a esa «chica» había que sustituirla en ningún momento me refería a ella como chacha, profesión que, por otra parte, no tiene nada de indigno, sino como mujer joven.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Herrero de Miñón</em>.</p>
<p>—Genialoide. Puede redactar una Constitución magnífica por la mañana y por la tarde declarar la guerra a Portugal para recuperar el Alentejo. Es absolutamente imprevisible y nada equilibrado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Hernández Mancha.</em></p>
<p>—Un cantamañanas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Ruiz Gallardón</em>.</p>
<p>—Políticamente ha mejorado. Si su evolución es de corazón, bienvenida sea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Isabel Tocino</em>.</p>
<p>—Es el perfecto ejemplo del trepa en política. Menos inteligente de lo que ella se cree, debe una parte importante de su carrera a que sus convicciones religiosas eran próximas a las de Fraga, y a otras cosillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Rodrigo Rato</em>.</p>
<p>—No es mala persona. Aprovechará el futuro que se le está abriendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Álvarez Cascos</em>.</p>
<p>—Un niño bien de Gijón. Le conozco poco. Se aceraba a la sombra que mejor le cobijaba, y nunca tuve una relación especial con él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Hablemos ahora de políticos que no pertenecían a AP. Felipe González.</em></p>
<p>—Un gobernante importante en un momento importante, más allá de sus errores y de sus descuidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Alfonso Guerra.</em></p>
<p>—Es muy inteligente y sensible. Le faltó valor. Lleva mucho tiempo faltándole valor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Calvo Sotelo.</em></p>
<p>—Hay quien me ha dicho que es inteligente y que tiene un gran sentido del humor. Yo no advertí ninguna de esas cualidades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Arzallus.</em></p>
<p>—Paradójicamente, ha hecho más por el mantenimiento de la unidad del estado español que muchos de los políticos que en Madrid hacen constantemente gárgaras con el tema de la unidad del estado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Carrillo</em>.</p>
<p>—A mí me ha ayudado mucho, y en los momentos más tristes y duros de mi tránsito hacia la izquierda siempre me animó. Es una pena que ni IU ni el PSOE hayan sabido aprovecharlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Anguita</em>.</p>
<p>—Es la conciencia de la izquierda. Es un personaje honesto al que le ha tocado dirigir a IU y al PC en una etapa muy difícil. Lo que pasa es que muchas veces a la conciencia se la hace callar. Es el único que propone alternativas reales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Almunia</em>.</p>
<p>—Inteligente. Su importancia política es menor de lo que él podría dar. Es una lástima que sea poco socialista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Borrell</em>.</p>
<p>—Mis experiencias personales con él no son tranquilizadoras. Tiene la tendencia a creer que desciende de la pantorrilla de Júpiter.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—<em>Pujol</em>.</p>
<p>—No es mi tipo. Es inteligente, tiene una gran capacidad de pacto y de colar exigencias, pero es demasiado ajedrecista para mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuente: El Viejo Topo 128 (abril, 1999)</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Carta a Guy Debord</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/carta-a-guy-debord/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Lily]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 16 Jun 2024 06:00:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[Guy Debord]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
		<category><![CDATA[Situacionismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hoy el espectáculo ha desbordado cualquier límite. Por eso nos ha parecido valioso recordar la figura de quien denunció más certeramente la sociedad del espectáculo, recuperando este texto necrológico publicado en el Topo nº 81, en las navidades de 1994.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.elviejotopo.com/topoexpress/carta-a-guy-debord/">Carta a Guy Debord</a> aparece primero en <a href="https://www.elviejotopo.com">El Viejo Topo</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Amigo mío:</p>
<p>No fue agradable saber que, en la húmeda noche del último día de noviembre, decidiste quitarte la vida. Tampoco fue una sorpresa –nunca ocultaste la náusea que esta absurda sociedad contemporánea te provocaba.</p>
<p>No temas, esto no es una necrológica: seguramente te repugna la idea de que ahora, tras tu muerte, se loe tu figura. El que quiera saber de tí, que busque tus libros o tus películas. No voy a llamar la atención sobre tu pasado, tu papel en la Internacional Situacionista, lo que representaste en el 68 y la repercusión de tus análisis y críticas de después: eso lo dejo para los grandes medios, para los poderes mediáticos, aunque la mayor parte de ellos estén más interesados en silenciar tu nombre que en airear tus palabras. En eso también fuiste profético: «No existe ni una sola persona en todo el mundo capaz de interesarse en mis libros salvo aquellos que sean enemigos del orden social existente». Y los media, habías señalado, son el orden social existente, O al menos una buena parte de él.</p>
<p>Nunca fuiste desmentido. Ni los otros, ni la historia, te han negado jamás la razón. Te han ocultado, eso sí. Tus libros no se ven en las universidades, no se habla de ellos. Pero al citar tu nombre, ¡oh sí!, entonces tirios y troyanos alaban tu lucidez y asienten con cara de circunstancias. Tus análisis son implacables, pero certeros ciento por ciento. En resumen: eras un tipo verdaderamente incómodo, con esa terca insistencia por desvelar la verdad, por desenmascarar el espectáculo. Todos, en mayor o menor grado, de un modo u otro, participamos en él.</p>
<p>Con tu libro «La sociedad del espectáculo» pusiste de relieve lo que el espectáculo moderno era ya en esencia: el reinado autocrático de la economía mercantil. Con tus «Comentarios sobre la sociedad del espectáculo» nos advertiste de que, con la caída del Este, las dos formas existentes del espectáculo convergían en una, que llamaste lo espectacular integrado, superación final del sistema a la que ya nada escapa.</p>
<p>No era un tema banal: la discusión sobre el espectáculo es la discusión sobre lo que hacen los propietarios del mundo. Creemos disponer de la información, pero lo que se nos comunica a través de los medios del espectáculo (los poderes mediáticos) son las órdenes y, qué casualidad, aquellos que las han dado serán los que en esos medios opinarán sobre ellas. Por eso jamás la censura ha sido más perfecta, jamás a aquéllos que se creen ciudadanos libres se les ha permitido menos dar a conocer su opinión. El espectador lo ignora todo, sólo mira, no actuará jamás; ésa es la naturaleza del espectador. Hoy, los espectadores son legión.</p>
<p>El espectáculo puede dejar de hablar de algo durante tres días y es como si ese algo no existiese. Habla de cualquier otra cosa y es esa otra cosa la que existe a partir de entonces.</p>
<p>Como puede verse, las consecuencias prácticas de tal situación son inmensas. El gobierno del espectáculo es el amo de la historia (que falsificará debidamente) y el dueño de los proyectos que conformarán el futuro. Donde reina el espectáculo sólo están organizadas las fuerzas que desean su existencia; por eso ya nadie se plantea –tampoco ningún partido, ni la más mínima parte de un partido– que una sociedad pueda ser realmente transformada o revolucionada, la revolución está fuera del espectáculo.</p>
<p>La lógica ha sido destruida por el espectáculo. La lógica: la capacidad de reconocer instantáneamente lo que es importante ante lo que no lo es. Así, cada vez más, damos importancia a lo banal e ignoramos lo que en verdad debería importamos.</p>
<p>Es una lástima que la sociedad humana tropiece con sus problemas más candentes (destrucción del planeta, ozono, nucleares, mafias, razón de estado, etc.) cuando se ha hecho materialmente imposible hacer oír la menor objeción al discurso mercantil. Aquellos que hace mucho tiempo empezaron a criticar la «economía política» definiéndola como la total negación del hombre no se equivocaban. Pero la economía, y eso es nuevo, ha venido a hacer abiertamente la guerra a los humanos Es comprensible: resulta aventurado basar una estrategia industrial en, por ejemplo, imperativos de tipo ambiental. Y, en el discurso mercantil, lo primero es lo primero.</p>
<p>Todo el espectáculo actúa al unísono. A la ciencia ya no se le pide que comprenda al mundo, o que lo mejore en algo, se le pide que justifique cada aberración que se comete. Incluso la medicina ha cedido hoy rastreramente, capitulando en los temas de las radiaciones nucleares o la industria agroalimentaria. La ciencia no sabe, no puede, no quiere oponerse al estado, ni siquiera a la industria farmacéutica. Prefiere callar.</p>
<p>Viste, hace ya años, lo que nadie aún intuía Anticipaste la explosión de las mafias. Recuerdo aquella declaración de la Mafia colombiana de enero de 1988, que reprodujiste en uno de tus libros: «Nosotros no pertenecemos a la mafia burocrática y política, ni a la de los banqueros y financieros, ni a la de los millonarios, ni a la mafia de los grandes contratos fraudulentos, los monopolios o el petróleo, ni a la de los grandes medios de comunicación». Nadie mejor que un mafioso confeso para reconocer a los de su propia especie.</p>
<p>Esta es la última gran victoria del espectáculo integrado: con el triunfo absoluto del secreto (por más que a veces nos complazcamos en las migajas que nos dejan saber, es mucho más y más importante lo que se nos oculta), la dimisión general de los ciudadanos, la total pérdida de la lógica y los progresos de la venalidad y la dejadez universal, las diversas mafias tienen el terreno abonado para su desarrollo ilimitado, hasta convertirse en la única gran potencia moderna.</p>
<p>Mafia y estado no se oponen: nunca son rivales. La Mafia, las mafias, no son ajenas al mundo; están integradas en él. En este momento del triunfo del espectáculo, la Mafia por fin reina como el modelo de todas las empresas comerciales avanzadas.</p>
<p>Amigo Debord: observarás que, en todo lo anterior, casi todas las palabras que he utilizado son tuyas. No es un homenaje vacío: si algún lector, sobre todo los más jóvenes, no las conoce, quizá se interese en ellas. No habrás escrito, entonces, en vano, eso que tanto te preocupaba.</p>
<p>Ser conocido al margen de las relaciones espectaculares equivale a ser conocido como enemigo de la sociedad. Ese. querido amigo, es tu caso. Quizá resaltarán tu figura, tu historia, pero silenciarán tus palabras. Tal vez por eso te fuiste, aburrido de gritar verdades. Ya sabes, lo verdadero, en esta sociedad, es sólo un momento de lo falso.</p>
<p>En fin, amigo Debord, buen viaje. Nos has dejado bastante, pero te echaremos en falta.</p>
<p>Hasta siempre.</p>
<p>El Viejo Topo</p>
<p>La entrada <a href="https://www.elviejotopo.com/topoexpress/carta-a-guy-debord/">Carta a Guy Debord</a> aparece primero en <a href="https://www.elviejotopo.com">El Viejo Topo</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Voltaire y la marquesa de Châtelet</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/voltaire-y-la-marquesa-de-chatelet/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Jun 2024 06:00:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Hemeroteca]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.elviejotopo.com/?post_type=custom_type_xpress&#038;p=26523</guid>

					<description><![CDATA[<p>La época de Voltaire no solo fue revolucionaria en las ideas, sino libérrima en las costumbres. No es de extrañar, pues, que la vida sentimental del autor de "Cándido" resultara compleja y promiscua. Artículo publicado en El Viejo Topo 79, sep. 1994.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.elviejotopo.com/topoexpress/voltaire-y-la-marquesa-de-chatelet/">Voltaire y la marquesa de Châtelet</a> aparece primero en <a href="https://www.elviejotopo.com">El Viejo Topo</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h4>por Joseph Barry</h4>
<p>Gabrielle-Emilie de Châtelet fue todo pasión, todo cerebro. Voltaire la consideraba genial y la comparaba a Newton. Hasta que ella murió fueron amantes y compañeros, en una unión bendecida por el más gentil de los soldados, el marqués de Châtelet, esposo de Emilie.</p>
<p>Que se sepa, la primera pasión de Emilie fue el estudio, no simplemente la lectura. Además del latín, en el que no dejó de profundizar, y que se convertiría en su segunda lengua, pudo -en gran medida gracias a su padre- aprender italiano y nociones de inglés. Por el español se interesó menos, pues sospechaba que el libro por el que era más conocido resultaba demasiado frívolo. Apenas llegada a la adolescencia había traducido ya la Eneida. Y poco tardó en sumergirse -casi literalmente- en las estrellas, estudiando Física y Astronomía, familiarizándose trabajosamente con la geometría y el álgebra, hasta llegar a ahondar en la alta matemática.</p>
<p>Emilie no tardó mucho en descubrir su pasión por el teatro, especialmente por la ópera, el canto, el ballet, así como por los pompons y los vestidos. Nada más casarse, se despertó en ella una afición al juego que nunca logró superar.</p>
<p>Florent-Claude, marqués de Châtelet, tenía treinta años y Emilie dieciocho cuando contrajeron matrimonio. Él era coronel de regimiento y cabeza de un linaje que se remontaba a Carlomagno y a los cruzados. Su residencia en Lorena era el desvencijado castillo de Cirey. Sus fincas rentaban poco, pero su esposa aportó una hermosa dote, además de rentas personales; una buena base para la igualdad en el matrimonio, como a nadie escapaba. Esto era importante, porque el coronel pasaba la mayor parte del tiempo en la guerra o acantonado con su guarnición. Todos sus antepasados fueron soldados, y su padre, Mariscal. Pero él, afortunadamente para su joven y ardiente esposa, era lo menos agresivo que quepa imaginar. Además, los celos eran considerados, socialmente, de mala educación. Básicamente era un hombre discreto y honesto, orgulloso de la inteligencia de su esposa. Vivía su propia vida, pero dejaba que ella viviera la suya, aunque no hasta el punto de prescindir de los hijos. Al año de matrimonio tuvieron una hija, y un niño al segundo. Pasarían seis años sin tener ninguno más, ya que las separaciones, aunque extraordinariamente amistosas, eran cada vez más largas. El coronel pasaba la mayor parte del tiempo con su regimiento en Semur y la marquesa en su residencia de París.</p>
<p>Mme de Châtelet siguió estudiando Física y Matemática con distintos instructores. Pero también tenía tiempo para jugar a las cartas, asistir a representaciones de ópera y vivir su primer romance extra conyugal. Por entonces, las mujeres casadas tenían amantes. En el período prerrevolucionario, las esposas de los nobles estaban muy liberadas. Protorromántica toda su vida -era también la época de Rousseau- se entregaba intensamente y pedía reciprocidad.</p>
<p>Monsieur de Châtelet debió de mantenerse acaso demasiado fiel a la convencional distancia. El temperamento de su esposa da crédito a la historia que siempre se contaba de su «primer romance declarado». Maurepas, eterno enemigo de Voltaire, refiere que «La marquesa de Chátelet, desesperada al verse abandonada por el marqués de Guébriant, a quien idolatraba, le escribió una carta despidiéndose para siempre, diciéndole que quería morir, puesto que él ya no vivía para ella. Guébriant, que la sabía dada a tales arrebatos, corrió a su casa. Al no franqueársele la entrada, la forzó, fue a su dormitorio y la encontró en la cama dormida, bajo los efectos de una dosis de opio casi mortal. Pidió ayuda y le salvó</p>
<p>a vida. Y ella, al no poderlo retener después, pese a la prueba de amor que acababa de darle, se consoló con otros.»</p>
<p>¿Otros? No hay duda de que, por lo menos, hubo otro; el duque de Richelieu, sobrino-nieto del Cardenal. Tenía treinta y tres años y, en ciertos aspectos, podía considerársele el Don Juan de su tiempo, aunque con mejor corazón y capaz de mantener amistad con las mujeres que había amado o que le amaron. Ciertamente, el Duque conquistó a un buen ramillete de las mujeres más hermosas de la época. Y, aunque Emilie no estuviese entre las más hermosas, el interés mostrado por el Duque, y los varios retratos que de ella se conservan nos la muestran como una mujer hermosa y atractiva, muy distinta a la bruja descrita por Mme du Deffand: «grandona y ajada&#8230; con semblante de apopléjica, duras facciones y nariz puntiaguda». Así es «la cara de la belle Emilie», añadía.</p>
<p>A los veintiún años Voltaire era ya un hombre mimado por los círculos sociales, toda una atracción de su época. Su talento para el baile le valía frecuentes invitaciones a fiestas. Era estilizado, elegante y snob. Pero tenía una lengua y una pluma aceradas que lo salvaban, sino de sí mismo, por lo menos para la posteridad.</p>
<p>A los veintidós años lo encerraron en la Bastilla por un libelo que escribió, en latín, contra la Regencia que ocupó brevemente el Poder tras el reinado del Rey Sol. Durante la atenuada prisión, que se aplicaba a privilegiados como él, terminó su <em>Edipo</em>, que firmó con el que sería su seudónimo para toda la vida: Voltaire.</p>
<p>La obra la había empezado a escribir a los dieciocho o diecinueve años, y el audaz título apuntaba a la acusación de incesto que pesaba sobre el regente Felipe de Orleans. Representada en la Comedie Française, constituyó el estreno más sonado del siglo. El regente mostró su extraordinaria indulgencia concediéndole una subvención de 1.200 libras.</p>
<p>Cuando, varios años después, Luis XV sustituyó al Regente, Voltaire escribió el largo poema histórico <em>La Henriade</em>, que lo situó entre los escritores de primera fila. Oficialmente censurado, fue «secretamente» impreso en Rouen y circuló de mano en mano por los salones y en la Corte, además de ser traducido a varios idiomas. El jovencísimo príncipe Federico de Prusia comentó a sus amigos que le gustaba más <em>La Henriade </em>que <em>La Odisea</em>.  La Iglesia vio la obra con peores ojos. El poema épico de Voltaire refería los crímenes que, en nombre de la Religión, se habían cometido a lo largo de la Historia, con especial énfasis en la Matanza del Día de San Bartolomé. Pero Voltaire triunfó en París, la Reina le regaló 1.500 libras y se le permitió alternar en la Corte, siempre y cuando moderase su lengua.</p>
<p>Voltaire tuvo relaciones, más o menos serias, con la marquesa de Bernières, esposa del Presidente</p>
<p>del Parlamento de Rouen, y con Adrienne Lecouvre, la actriz más famosa de aquellos años, por quien estuvo a punto de batirse en duelo con su amante oficial, el caballero de Rohan-Chabot. Se libró del duelo gracias a otra temporadita en la Bastilla, que se le permitió abandonar bajo la promesa de dejar Francia e instalarse en Inglaterra.</p>
<p>En el país vecino Voltaire encontró tal generosidad de espíritu, tal tolerancia hacia las excentricidades y la libertad de pensamiento que, a partir de entonces, Inglaterra pasó a ser su país de referencia. Durante casi tres años residió al otro lado del canal. Allí profundizó en la física de Newton (a cuyo entierro llegó a tiempo de asistir) y en el empirismo de Locke. Conoció a Pope, Gay, Swift y Congreve.</p>
<p>Añoraba París, la vida social en Francia, y la corte. Le encantaba la exquisita educación inglesa, pero el clima le parecía horroroso y la comida&#8230; incomible.</p>
<p>En Inglaterra cimentó una perdurable independencia económica. La edición inglesa de <em>La Henriade</em> le reportó 150.000 francos que, sensatamente, invirtió al otro lado del canal. Voltaire era un firme convencido de que había que hacer dinero para poder escribir y no escribir para hacer dinero.</p>
<p>Las <em>Cartas</em> de Voltaire fueron las primeras andanadas de la Ilustración contra la Iglesia y la Corona. Y, en varias de ellas, ponía desafiantemente a Newton por encima de Descartes, y a Locke por encima de la revelación divina, considerando la experiencia humana como fuente de todo conocimiento. Pocos intelectuales había en Francia con quienes pudiese mantener siquiera una conversación sobre temas tan elevados. Los científicos y los filósofos eran de un rígido cartesianismo y recelaban del nuevo pensamiento inglés.</p>
<p>Conocer a Mme de Châtelet, en tales circunstancias, fue como encontrar un oasis en un inexplorado desierto. Todavía joven y ardiente, aunque ya casi con veintisiete años y tres hijos, la marquesa lo impresionó con su sorprendente capacidad de penetración, con una mentalidad desusadamente metódica que sólo se regía por lo racional y lo científicamente observable. No se trataba, solamente, de que ella fuese capaz de comprender de qué hablaba, sino que estaba en condiciones de avanzar ayudándolo con la Física y el análisis de los principios newtonianos, que él profesaba de una manera más bien intuitiva. Ambos sentían la misma avidez de conocimientos y, por lo tanto, de aprender del otro. Difícilmente habría existido hasta entonces una pareja menos sexista.</p>
<p>Mme de Châtelet era alta y dominante -algo que, por lo visto, gustaba a Voltaire- y al oírla hablar de Newton y de Locke, de alta matemática y poesía latina, se enamoró de ella. «¡Qué afortunado soy!, exclamaría. «¡Poder admirar a quien adoro!»</p>
<p>No fue, sin embargo, un amor casto el suyo, aunque Voltaire nunca estaría a la altura de Emilie en cuanto a ardor se refiere -salvo en el intestinal, un problema crónico que no lo ayudaba mucho en este sentido-. En la primavera de 1733, cuando le presentaron a Mme de Châtelet en la Opera, Voltaire sufría de fuertes dolores. Semanas antes les escribió a unos amigos que se encontraba tan mal que apenas tenia ánimo para escribir lo mal que se encontraba.</p>
<p>No tardó en correr el rumor de que, ya aquella noche de primavera en la Ópera, la marquesa se echó en brazos de Voltaire y lo besó apasionadamente en la boca. Él salió en su defensa, hablando en todas partes de la divine Emilie, por quien suspiraba. De lo que no cabe duda es de que en julio ya eran amantes, porque, en agosto, se lamentaría de que Mme de Châtelet era ¡demasiado filosófica!</p>
<p>Se amaban, pero el hecho de llevar vidas separadas abría la puerta a otras alternativas. Pierre-Louis de Maupertuis, un atractivo joven de treinta y cinco años, científico y formidable matemático, fue una de ellas. Voltaire, que admiraba su trabajo, se lo presentó. Se citó con ambos en la Opera, quedando en que Maupertuis pasase primero por casa de Mme de Châtelet.</p>
<p>Mientras Voltaire seguía preocupado por su enfermedad y ocupado con los ensayos de una obra, un libreto para una ópera de Rameau, y escribiendo una nueva tragedia, la insatisfecha Mme de Châtelet siguió con entusiasmo las lecciones de álgebra, con Maupertuis, durante todo aquel invierno y se prendó de su personalidad y alegría de vivir tanto como de su buena salud. Y Maupertuis hizo todo lo posible por enamorarla, retirándose en cuanto lo hubo conseguido, como era casi proverbial en este tipo de relaciones.</p>
<p>Las apasionadas cartas de amor que Emilie le dirigió a Maupertuis se han conservado y no, en cambio, las</p>
<p>que escribió a Voltaire, pero es muy probable que les escribiese a ambos.</p>
<p>Maupertuis no estaba por la labor. Ya lo anticipó Voltaire en unos versos que dirigió a Emilie. «Es un verdadero científico», le decía «a quien tengo en la mayor estima. Puede desvelar los secretos de las estrellas y los misterios de la Naturaleza. Pero, si no os ha enseñado el secreto de la felicidad, ¿qué ha podido enseñaros realmente?»</p>
<p>En abril de 1734, Voltaire y Emilie fueron a Borgoña para asistir a la boda del duque de Richelieu. Voltaire, que concertó el matrimonio, se consideró obligado a aconsejar a los recién casados que no se amasen demasiado, que así su amor duraría más. «Mejor ser amigos toda la vida que amantes unos días», les dijo. Estas palabras reflejaban los sentimientos, cada vez más intensos, que le inspiraba Emilie, allí en la placidez del campo, pasando muchas horas juntos, hablando y descubriendo la similitud de sus objetivos, de sus principios y de sus ambiciones.</p>
<p>Al partir el Duque a ia guerra, a un acantonamiento en el que coincidiría con el marqués de Châtelet,  éste quedó muy relegado en su corazón. A finales de abril le escribió al científico diciéndole que esperaba que hiciese un alto en el castillo de Monjeu, de camino a Suiza, para darle unas lecciones que decía necesitar mucho. Su tono era desenfadado: «Estoy aquí, en el más hermoso paraje del mundo&#8230;Voltaire, que sabe que os escribo, me pide que os envíe recuerdos» Y, luego añade: «Está preocupado, y con razón, por la reacción que puedan provocar sus <em>Cartas</em>«.</p>
<p>Acababan de encerrar a su editor, Jore, en la Bastilla, por haber editado las <em>Lettres philosophiques</em>, y habían registrado la residencia de Voltaire en París. La cárcel era una amenaza inminente, hasta el punto de que ya iban de camino a Monjeu con una <em>lettre de cachet</em>. Voltaire salió de estampida, y empezó a circular el rumor de que había salido del país. Puede que ni la propia Mme de Châtelet supiese dónde se ocultaba. Angustiada, le pidió a Maupertuis que él, como relevante académico, hiciese valer su influencia en la Corte.</p>
<p>Se ordenó al Censor del Estado que hiciese quemar las <em>Lettres philosophiques</em> en una plaza pública. Y él no quedó del todo libre de la amenaza de la cárcel. Al final, iba a tener que refugiarse en el castillo de Cirey. Primero, fue a visitar a su querido amigo Richelieu, herido en el sitio de Philippsburg&#8230; ¡en duelo con otro oficial! Allí fue recibido con todos los honores, pero le dijeron que la policía del Rey iba tras él y se marchó enseguida a Cirey.</p>
<p>Entre tanto, Mme de Châtelet seguía siendo&#8230;. Mme de Châtelet. Tras regresar a París, permaneció en la capital mientras Voltaire se ocupaba de las enormes reformas necesarias para hacer, de aquel vacío castillo de Cirey, un lugar habitable para los dos. Emilie reanudó su vida social. Volvió al juego y a las lecciones con Maupertuis, y contrató a otro preceptor de Matemáticas: Claude Clairaut. No sería justo silenciar, sin embargo, que Mme de Châtelet había perdido en agosto, tras varias semanas de enfermedad, a su tercer hijo, nacido el año anterior. Esto influyó en su retraso en reunirse con Voltaire.</p>
<p>Aquella desgracia la afectó más de lo que ella creía, pero no le impidió escribir a Maupertuis, la misma noche de la muerte de su hijo, diciéndole que sería un consuelo poder tenerlo a su lado, porque estaba sola (lo que significa que el marqués de Chátelet no estuvo junto al lecho de muerte de su hijo). Hasta octubre, después de que Maupertuis partiese a Basilea, no llegó Emilie a Cirey.</p>
<p>Pero tampoco Voltaire se había enclaustrado. Por de pronto, Cirey estaba situado en un altozano de los bosques de Champagne, en un emplazamiento socorridamente cercano a la frontera lorena. De tal manera Voltaire podía cruzarla con facilidad a la menor señal de que fuese a presentarse la policía. El vecino pueblo de Lorena no tenía más allá de veinte casas pero, como vivían allí varios nobles, no tuvo dificultad para alternar en el ambiente que le era propio y tener un público, especialmente femenino, que aplaudiese su ingenio. A las mujeres, claro, las encontró más simpáticas que a los hombres. Dos de ellas aprovecharon la oportunidad para enriquecer sus provincianas vidas con Voltaire: la joven condesa de la Neuville y Mme de Champbonin, mayor que ella y más gordita, pero también más divertida. Voltaire las cortejó a ambas, quedándose con frecuencia en casa de la condesa, en donde se les unía Mme de Champbonin (del conde no se dice ni una palabra) siempre que los albañiles hacían demasiado ruido en Cirey. Y, cuando estaba en Cirey, eran ellas quienes iban a verlo, obsequiándolo con fruta y caza.</p>
<p>Este era el panorama al llegar Emilie en octubre. «¡Ya ha llegado!», le anunciaría Voltaire a Mme de Champbonin, convertida en su devota esclava. El marqués de Châtelet estaba orgulloso de que su esposa</p>
<p>hubiese elegido un compañero intelectual tan eminente como Voltaire, y de que él la hubiese elegido. Un</p>
<p>eminente intelectual que, además, devolvía al castillo y a la finca su antiguo esplendor (mediante un préstamo a largo plazo y bajo interés que Voltaire reclamaría a su debido tiempo).</p>
<p>Con la amenaza de la cárcel aún pendiente, Voltaire se quedó en Cirey, trabajando en Alzire, en la casa, y en un nuevo y largo poema sobre Juana de Arco, <em>La Pucelle</em>, que le atraería aún más iras por parte de las autoridades eclesiásticas. Sin embargo, gracias a la tenacidad de Mme de Châtelet, ayudada por Richelieu y por sus poderosos amigos de la Corte, Voltaire, después de repudiar sus <em>Lettres</em> y retractarse de sus ataques a Pascal, fue autorizado a regresar a París y así reintegrarse a la vida pública a finales de marzo de 1735.</p>
<p>El regreso a París fue descorazonador. El exceso de banales distracciones le impedía trabajar. Quizá influyó también que Mme de Châtelet le hablaba demasiado de Maupertuis, asediado por una sociedad tan arrebatada por la nueva «ciencia», tal como la exponía el <em>grand homme</em>, que no tenía tiempo para el teatro ni para la poesía. Pero Voltaire tenía algo propio que ofrecer: <em>La Pucelle</em>, que asombraría a París por sus irreverentes exabruptos contra las creencias religiosas, el patriotismo y el valor militar.</p>
<p>Así estaban las cosas entre la pareja cuando, a finales de la primavera de 1735, se produjo un brusco giro en sus relaciones. ¿Se instalaban ambos definitivamente en Cirey?, como habían hablado de hacer, ¿o sólo él y, ocasionalmente, ella?</p>
<p>No fueron celos de Maupertuis sino un cierto orgullo, la sensación de haber perdido el tiempo. Se separarían durante unas semanas para reflexionar. A Emilie le cumplía decidir: Voltaire y sus estudios o Maupertuis y su disipación. Impulsivamente, Mme de Châtelet tomó su decisión -difícil y que, además, nunca la satisfaría del todo-. Pero no cabe duda de su sinceridad. El 21 de mayo le escribió a Richelieu, que se hallaba acantonado en Estrasburgo, lo siguiente: «Todo lo que me es querido está en Lunéville y en Estrasburgo. No hago sino malgastar mi vida lejos de lo que amo, en esta gran ciudad que, en veinticuatro horas, se ha convertido para mí en un desierto». Lo que le faltaría en Cirey para que su felicidad fuese completa sería tener a su lado a Richelieu&#8230; de vez en cuando.</p>
<p>A finales de junio, Mme de Chátelet y Voltaire estaban en Cirey. Ambos sabían que no era sólo para pasar el verano. Presentían que iba a ser para toda la vida, pese a lo que dijesen a los demás. Tras seis semanas en Cirey con Emilie, Voltaire se lo comunicó entusiasmado a todo el mundo. No se trataba solamente de que Mme de Châtelet brindase un refugio seguro sino de que, al obrar así, Emilie desafiaba a la opinión pública, que se lo hacía pagar con innobles murmuraciones. Pero, oh prodigio, lo que lo ataba a ella y hacía que se olvidase del mundo era que, cada día a su lado, significaba un nuevo descubrimiento, una nueva iluminación.</p>
<p>La vida en Cirey se organizaba en función del trabajo de ambos, consagrados a estudiar y a escribir. La decoración del castillo, la remodelación de los jardines y de la terraza, en lo que tanta ilusión pusieron y tanto gusto mostraron, quedaron, pese a todo, relegadas a un segundo plano. Voltaire seguía avanzando en <em>El siglo de Luis XIV</em>, aunque tardaría veinte años en terminar la obra. Emilie hizo rápidos progresos en Cálculo, Geometría y Física, enfocando todos los problemas con tal precisión que Voltaire llegó a decir que, tanto a él como al preceptor de su hijo, «les enseñaba a pensar».</p>
<p>Pronto, a los amantes se les planteó otro problema: El regreso del marqués de Châtelet después de la Paz de Nimega. «Cuento con que lleguéis aquí antes que él», le escribió Emilie a su querido duque de Richelieu el mismo día en que se firmó la paz (el 22 de setiembre) Y, efectivamente, el Duque llegó&#8230;y se marchó. Pero el problema no era insuperable. Había habitaciones para el marqués, para la marquesa y para Voltaire, enfrascado en habilitar toda un ala del castillo para él y Emilie.</p>
<p>Cuando el marqués estaba allí -algo que ocurría con menos frecuencia de la que Emilie temió- comía con su hijo y eil preceptor, en tanto que ellos lo hacían a horas irregulares, en función de su trabajo, y se acostaban temprano. El marqués nunca interfirió. Es más, parecía existir entre los tres verdadero cariño. El problema lo planteaban esencialmente las familias, tanto los Breteuil como los Châtelet, por lo que pudiera afectar al esposo de Emilie.</p>
<p>Todo parecía ir bien, hasta que no pudo resistir la tentación de dejar que, un nuevo poema. <em>Le Mondain</em>,  circulase en manuscrito. Era una ardiente defensa del lujo como alimento de las artes, con algunas provocativas afirmaciones, tales como que el Paraíso Terrenal no fue exactamente un paraíso estético. Bastó eso para que la Iglesia reaccionase con nuevas condenas. «¡Pero, en qué siglo vivimos!», exclamó Voltaire «¡Tratar a un hombre como si fuera un delincuente, por haber dicho que Adán tenía las uñas largas, y considerarlo seriamente como si fuese una herejía!»</p>
<p>Como de costumbre, Mme de Cháteíet y unos cuantos amigos de la Corte tocaron todas las teclas que pudieron en su favor. Y la tormenta pudo haber pasado, y  vuelto la paz a su vida en Cirey, de no ocurrir algo que constituyó la mayor amenaza que hasta entonces había tenido que hacer frente la pareja. La noticia les llegó en un francés mediocre -tirando a malo-, a mediados de agosto de 1736. Era la primera carta que recibía Voltaire de un admirador de veinticuatro años: el príncipe heredero de Prusia, el futuro</p>
<p>Federico II el Grande. Tras varias páginas elogiosas, en las que Voltaire se embebió con un placer ayuno de objetividad, Federico vino a plantear lo que sería el problema de la pareja en los doce años siguientes: ¿Quién iba gozar del privilegio de tener a Voltaire a su lado? ¿El Príncipe Heredero y futuro rey de uno de los más poderosos estados de Europa, que podría brindarle un lujoso refugio, libertad para escribir y un continuo baño de regia adulación, o Mme de Châtelet ?</p>
<p>Federico terminaba su extensa carta con estas palabras: «Si no estoy destinado a teneros junto a mí, confío en que, por lo menos, un día podré ver al hombre que hace tanto tiempo admiro a distancia, y afirmaros en persona que soy, con toda la estima y el respeto que me inspiran quienes, guiados por la antorcha de la verdad, consagran sus esfuerzos al bien público, Monsieur, su afectuosísimo amigo, Federico, Príncipe Heredero de Prusia.»</p>
<p>Voltaire le contestó en consonancia y extensamente, iniciándose así una correspondencia que produjo casi un millar de cartas a lo largo de su vida. A través de sus agentes, Federico se mantenía informado de la vida de Voltaire en Cirey, de sus problemas y de la importancia que para él tenía Mme de Châtelet, y actuaba inteligentemente en consonancia. Quería a Voltaire sin Emilie, pero nunca lo decía abiertamente sino que lo disimulaba -o trataba de disimularlo- mediante la adulación. «Decidle por favor a Mme de</p>
<p>Châtelet «, le escribió, «que ella es la única por quien no me pesaría verme privado de M Voltaire, porque es la única que os merece»</p>
<p>Con todo, la amenaza más inmediata seguía siendo el posible encarcelamiento, a causa de <em>Le Mondain</em>.  Y, un día de diciembre de 1736, los pusieron sobre aviso. A pesar de la nieve y del intenso frío, Voltaire y Mme de Châtelet salieron aquella misma noche y se alojaron en una posada en Vassy. El plan era que, desde allí, Voltaire seguiría viaje solo hasta Holanda para ir después ambos a Prusía. Voltaire pasó toda aquella noche en Vassy escribiendo cartas, antes de seguir viaje a las cuatro de la madrugada. Que se alegraba, dijo, de marchar al fin a un país libre.</p>
<p>En la frontera belga escribió a Emilie, comunicándole que había llegado sano y salvo, y su melancólico estado de ánimo. A la hora de la verdad, sin embargo, Voltaire no pasó de Amsterdam. Federico aún no era Rey. Voltaire podía esperar. Entretanto, se centró en sus publicaciones, siguió escribiéndose con su príncipe prusiano («más grande ya que Sócrates») y, tras permitírselo las autoridades francesas, regresó a Cirey a finales del invierno.</p>
<p>Finalmente, a la muerte de su padre, ocurrida el 31 de mayo de 1740, el Príncipe Heredero fue coronado Rey. El 6 de junio volvió a escribir, encareciéndole a Voltaire que aceptase su invitación solo. Y, en julio, le envió unos versos impregnados de arrebatada pasión. Si se decidía Voltaire a acudir, escribió Federico, podría, al fin, mirar «aquellos claros y penetrantes ojos» a los que la naturaleza no podía ocultar sus secretos, y «besar mil veces esa elocuente boca&#8230;toujours également enchanteresse et charmante».</p>
<p>Voltaire le dio largas. Contestó a su invitación diciéndole que Mme de Châtelet, cual Reina de Saba, querría también conocer a Salomón-Federico II. Ni hablar, respondería Federico, dos divinidades podían resultar demasiado cegadoras. Entretanto, le encarecía a Voltaire que saliese de inmediato hacia La Haya, para impedir que se imprimiese su <em>Contra Maquiavelo</em>, escrito en su juventud.</p>
<p>Ahora que el Príncipe se convertía en Rey veía El Príncipe de otra manera.</p>
<p>Voltaire fue a Holanda sin Emilie, recelosa de que se tratase de una maniobra, pero él regresó enseguida junto a ella a Bruselas. Comoquiera que Federico se hallaba de viaje por Prusia, no lejos de la frontera belga, los invitó a ambos para verse en Amberes. Pero volvió a escribir casi de inmediato, diciendo que había caído enfermo y que invitaba sólo a Voltaire. Que estaba demasiado enfermo para ver a una mujer, decía.</p>
<p>Aunque seguía recelando, Emilie transigió en «prestarle» a Voltaire al rey prusiano por unos días, según le escribió a Maupertuís, que estaba en la corte de Federico (gracias a Voltaire llegaría a ser Presidente de la Academia de las Ciencias de Berlín)</p>
<p>El Federico que Voltaire conoció en setiembre de 1740 era un hombrecillo con un holgado batín azul, que estaba realmente enfermo y temblaba de fiebre. Pero Federico se levantó y cenaron con Maupertuis y otros. Pasaron tres días y Federico hubo de regresar a Berlín, pero le rogó a Voltaire que no dejase de ir a Holanda, para solucionar lo de su <em>Contra Maquiavelo</em>, en lugar de ir a Bruselas, donde Emilie lo aguardaba con impaciencia.</p>
<p>El Rey estaba más resuelto que nunca a atraerse a Voltaire. Pero Mme de Chátelet no carecía de recursos para impedirlo. Muerta ya su madre en París, fue a Fontainebleau, en donde se hallaba Luis XV con su cortejo. Contraatacaría ante su rival devolviéndole a Voltaire el favor de Luis XV e instalándolo en la corte francesa, bastante más atractiva que los miméticos guiños prusianos. Recurrió al primer ministro Fleury e incluso recabó el apoyo del propio Federico -que, abiertamente, no podía negarse-. Voltaire puso de su parte, y encantado. Le escribió a Fleury diciéndole que, puesto que tenía que volver a ver al rey prusiano, acaso pudiera entregarle algún mensaje personal del primer ministro.</p>
<p>Por afortunada coincidencia para los conspiradores, Europa se hallaba sumida en una gran confusión, tras la muerte casi simultánea de los gobernantes de Prusia, Rusia y Austria en sólo unas semanas. ¿Qué se proponía el nuevo rey de Prusia? Eso es lo que Francia quería saber, le contestó Fleury a Voltaire. ¿Podría sondear, a su amigo el rey prusiano, para averiguarlo? Voltaire tuvo que marchar directamente a Berlín muy a su pesar, porque hacía tiempo que no veía a Emilie.</p>
<p>En Berlín, Federico II jugó con aquel emisario aficionado como el gato con el ratón -pues se dio enseguida cuenta de sus propósitos- y no le dijo nada distinto a lo que le decía al embajador francés, o lo que le escribía al propio Fleury. Entre tanto, se visitaban, charlaban y se intercambiaban versos, llamándose entre sí coquette y mistress. Federico no disimuló su homosexualidad ni la de su círculo de amigos. Pero lo que decepcionó a Voltaire -esencialmente pacifista- fue que disimulase sus intenciones militares. El mismo día que dio un baile de máscaras, sus tropas invadían Silesia (el 13 de diciembre).</p>
<p>Transcurrieron unos años sin grandes cambios, aunque con continuos rumores sobre los pasajeros caprichos de Mme de Châtelet, los esfuerzos de Voltaire por entrar en la Academia, y los de Federico para ampliar sus conquistas (con la de Voltaire, a ser posible). Intermitentemente, el Rey conseguía que Voltaire pasase temporadas en Berlín, provocando la exasperación de Emilie. Pero Voltaire siempre</p>
<p>regresaba.</p>
<p>Antes de volver a instalarse en Cirey, Voltaire y Emilie pasaron una temporada en París, deteniéndose antes en Lille para ver a la sobrina de Voltaire, Mme Denis, y a su esposo. Ya en París, mientras Voltaire trabajaba, Mme de Châtelet se dedicaba a jugar a las cartas y a perder, hasta el punto de verse obligada a pedirle un préstamo de cincuenta luises de oro. El juego era para ella una de las fuentes de la felicidad&#8230; si jugaba uno grandes sumas. «El alma», no tardaría en escribir en un ensayo sobre la felicidad, «necesita de la conmoción de la esperanza o del temor. Sólo aquello que la hace sentir intensamente su existencia la hace feliz, como el juego, que perpetuamente nos atenaza entre ambas pasiones».</p>
<p>Aunque no se encontró nada bien de salud durante todo aquel invierno, parece ser que Voltaire tuvo un romance con una actriz del que, por lo visto, Mme de Châtelet estaba al corriente. Sin embargo, al escribirle su esposo con cierta impaciencia desde Cirey, pidiéndole que regresase, y rogarle ella, a su vez, a Voltaire que fuese con ella, Voltaire accedió. Y, como de costumbre, Mme de Châtelet fue por delante. Además, Voltaire tenía que escribir el libreto para una ópera de Rameau, un compositor difícil, como Voltaire sabía por experiencia. En Cirey encontraría la tranquilidad que necesitaba para escribir.</p>
<p>Llegaron allí en abril de 1744. Casi nada más llegar, recibieron la noticia de la enfermedad de Monsieur Denis y, a los pocos días, la de su muerte. Voltaire invitó entonces a su sobrina a pasar un mes con ellos en Cirey: «Os hablo de pasar un mes a vuestro lado, mi querida sobrina, aunque lo que me gustaría es pasar la vida entera». ¿Sin Mme de Châtelet? Es poco probable, pero también lo es que Mme de Châtelet llegase a ver la carta. Esto no fue óbice para que Voltaire siguiese escribiendo sobre lo feliz que era con</p>
<p>Emilie, y de grabarlo en la puerta de su teatrillo. (Es siempre un error llegar a conclusiones simplistas acerca de personas complejas, y puede que incluso acerca de las «simples». «Tío y sobrina ya habían hecho el amor», asegura Theodore Besterman, casi en tono adulatorio, y que Voltaire «con toda probabilidad», había utilizado a la actriz de París, y sus charlas sobre «asuntos escénicos» con ella, «como tapadera para verse con Mme Denis»).</p>
<p>En otoño, Voltaire y Mme de Châtelet fueron a París, en donde Mme Denis había fijado su residencia. A partir de ese momento, ya no hay lugar a dudas. Las cartas de amor entre Voltaire y su sobrina, descubiertas en nuestro siglo, las disipan por completo: su intenso cariño familiar se había convertido en apasionado amor. Sus eróticas cartas, generalmente en italiano, son explícitas (lástima que las que, sin duda, le escribió a Emilie, por lo menos durante los primeros años, fuesen destruidas a su muerte) «baccio</p>
<p>il vostro gentil culo et tutta la vostra vezzozza persona». Pero su pasión, como de costumbre, tenía que vérselas con su mala salud&#8230;que fue siempre «una gran nemica del píacere».</p>
<p>Desde luego Voltaire no era el amante ideal para una mujer joven, pero era rico, famoso y generoso, y todo parece indicar que Mme Denis era astutamente interesada. Se complementaba con otros amantes (protegidos de Voltaire), evitó volver a casarse y esperó. Voltaire se lo agradecería, porque con Mme Denis llegaba a la erección y con Mme de Châtelet, por lo visto, ya no. Pese a lo apasionada que fue la relación de Voltaire con su sobrina, siguió en segundo plano con respecto a su lazo con Mme de Châtelet, como si se tratase de algo sagrado e intocable, hasta el punto de mantener en el más absoluto secreto, para todos, sus encuentros con Mme Denis. No obstante, la relación se mantuvo como omnipresente trasfondo</p>
<p>de sus últimos años.</p>
<p>La ópera de Voltaire fue un éxito, se le nombró Historiador de la Corte y se le cedió una pequeña habitación en Versalles (la 114) para su uso privado. Con la mayor discreción, invitaría a Mme Denis a su habitación (en marzo de 1745) advirtiéndole que estaba «junto a la más hedionda letrina» de Palacio.</p>
<p>Sin embargo, nunca se separaría de Emilie. Iban juntos a todas partes y en todas partes se les recibía («como hombre y esposa», señalaría Federico, tan sarcástica como acertadamente). Parece casi increíble que Voltaire lograse mantener el secreto del amor con su sobrina, pese a lo manifiesto de sus encuentros. Lo que ocurría, simplemente, es que Mme de Châtelet no sabía de qué iba. Ella y Voltaire seguían con su</p>
<p>trabajo y con su vida en común. Voltaire creándose, y solucionando, continuos problemas con las autoridades; y, ella, jugando, como de costumbre. Una noche perdió en la mesa de la Reina lo que ahora vendrían a ser más de diez millones de pesetas. Voltaire, que estaba a su lado, no pudo contenerse y le gritó en inglés: «¡Estáis jugando con tramposos!». Al percatarse de inmediato de que lo habían entendido, se levantaron, hicieron el equipaje y se marcharon de Fontainebleau aquella misma noche. Se les averió el</p>
<p>carruaje y tuvieron que pedir dinero prestado a un conocido que dio en pasar. Finalmente se refugiaron en el castillo de la duquesa de Maine, viuda del hijo bastardo favorito de Luis XIV, y, por lo mismo, mujer muy poderosa. Incluso después de que lograsen capear el temporal, Voltaire y Emilie pasaron largas temporadas con la duquesa de Maine, en Sceaux o en Anet, su casa de campo en Normandía.</p>
<p>Durante aquel verano, en Anet, Mme de Châtelet abordó aquello para lo que había estado preparándose durante casi toda su vida: la traducción, anotada y comentada, de <em>Principia Mathematica</em> de Newton, la obra científica más ardua e importante que se había escrito en muchos siglos (su concepción del Sistema Solar sigue esencialmente vigente). Pero el colosal trabajo de Mme de Châtelet sobre la obra se vio interrumpido y casi totalmente paralizado. Y no se debió a las renovadas disputas con Voltaire, de que</p>
<p>nos habla Longchamp en sus <em>Memorias</em>. La fatal interrupción se debió, más bien, a que, encontrándose en la Corte de Lunéville, Mme de Châtelet se enamoró del marqués de Saint-Lambert.</p>
<p>El marqués tenía treinta y dos años y ella cuarenta y uno, y era abuela. La fatalidad no estribaba en la diferencia de edad, pues ni él ni ella podían considerarse excesivamente jóvenes ni demasiado mayores. El <em>affaire</em> empezó con un coqueteo por parte de él -oficial del Ejército, conquistador y poeta no exento de talento, que llegó a ser miembro de la Academia- sólo para darle celos a la inconstante Mme de Boufflers, favorita del rey Estanislao y buena amiga de Emilie. Pero el inicial escarceo tomó enseguida las proporciones de un devastador incendio, de una incontrolable pasión&#8230; por parte de Mme de Châtelet. Hicieron el amor en un cuartito secreto, fuera de Palacio, que en principio estaba reservado para Mme de Boufflers, al corriente del romance y que se lo tomaba a risa (incluso le dio a Emilie la llave del cuartito en el que iban a encontrarse). Voltaire, que también lo sabía, no lo tomó a risa, sino que más bien sintió cierto alivio. Por entonces le escribió las más eróticas cartas, desde la propiciadora distancia, a Mme Denis. Pero tampoco esta vez consideraron Voltaire y Emilie en peligro la profundidad de su amor. Con su habitual desparpajo, Mme de Châtelet invitó a Saint-Lambert para que fuese con ella, su esposo y</p>
<p>Voltaire a Cirey (abril de 1748).</p>
<p>Aunque el marqués no acudió, parece que estuvo enamorado de ella, si cabe amar fugazmente, y si podemos dar crédito a la única carta que se conserva de las que pudiera dirigirle. «Amor querido», le dice. «Corazón mío». Que sólo ella puede hacerlo feliz, le asegura. Pero hay un pasaje que ilustra sobre su abismal diferencia de temperamento: «Cuidad de vuestra salud», le aconseja. «Refrescaos con frecuencia. Recordad el gran principio de Mme&#8230;: todo lo que acalora, envejece; todo lo fresco, permanece joven».</p>
<p>La historia de Emilie con el marqués de Saint-Lambert estaba destinada a un desenlace singular. El marqués terminó por acceder a los requerimientos de Mme de Châtelet, hasta el punto de dejarla encinta. Mme de Châtelet se lo dijo a Voltaire quien, lejos de enfadarse, le aconsejó que llamase a Saint-Lambert y pensasen entre los tres en una solución, que no fue otra que cargarle el hijo.., al marqués de Châtelet. Y, una noche, Emilie se vistió del modo más insinuante, cenaron todos  juntos y bebieron lo suyo, para terminar retirándose los marqueses al dormitorio conyugal. Pasaron tres semanas como recién casados, al</p>
<p>término de las cuales Emilie le anunció al marqués la buena nueva de que iba a ser padre otra vez. Y todos celebraron cumplidamente el acontecimiento, y se separaron&#8230; salvo Voltaire y Emilie que marcharon juntos a París.</p>
<p>En la capital, Voltaire reanudó su relación con su sobrina, y su frenética vida habitual. Mme de Châtelet se volcó en el trabajo. Siguieron viviendo en su casa de la rue Traversiére. Las cartas de Emilie a Saint-Lambert eran tan ardientes como siempre y sus reproches más airados aún. Él había reemprendido sus relaciones con Mme Boufflers y trataba de que el Ejército le concediera un destino fuera de Lorena, algo que Emilie interpretó como un medio de alejarse aun más de ella. Pero las cartas, siempre muy extensas, llenan los intervalos de su trabajo sobre Física, Fisicomatemática y los <em>Principia</em>.</p>
<p>Sin embargo, lo que más preocupa a Mme de Châtelet por entonces, conforme avanza su estado, es dónde va a tener el niño. Se decidió por Lunéville, pues allí estaría cerca de Saint-Lambert y lejos de las murmuraciones de la corte francesa. Incluso le dirigió una carta a Mme Boufflers, solicitándole su ayuda ante el rey Estanislao para que la invitase y pudiera disponer del pequeño aposento de la Reina para dar a luz.</p>
<p>El esfuerzo la estaba matando, pero nada parecía poder detener su afán por terminar el trabajo. Quizá si Saint-Lambert hubiese estado a su lado&#8230; «Ya no disfruto nada que no pueda compartir con vos, porque a Newton no lo amo. Estoy terminando el trabajo porque es razonable y honorable hacerlo así, pero es a vos a quien amo.»</p>
<p>Naturalmente, fue al fin Voltaire quien acompañó a Mme de Châtelet a Lunéville, pasando por Cirey, en donde Saint-Lambert había quedado en reunirse con ellos. No se presentó, aunque luego estuvo bastante atento y gentil en Lunéville. Pero, a los pocos días marchó, a Haroué, porque la tensión se le hacía insoportable. «Tengo la barriga horriblemente caída», le escribió Emilie «me duelen muchísimo</p>
<p>los riñones, y estoy muy triste esta noche». ¡Por qué noestaría con ella! Al día siguiente, Mme de Châtelet envió a la Biblioteca Real de París (la actual Bibliothéque Nationale) un voluminoso manuscrito titulado <em>Commentaires á propos des Principia Mathematica de Newton</em>, que constituía la gran obra de su vida. La carta que acompañaba al manuscrito fue la última que escribió.</p>
<p>Dos días después dio a luz a una niña. Sorprendentemente para todos, fue un parto fácil. Saint-Lambert ya había regresado a Lunéville y todo pareció ir bien durante varios días. De pronto, Emilie tuvo un acceso de fiebre. Pidió un refresco helado y se lo dieron. Bebió una cantidad considerable y empezó a tener convulsiones. Murió al día siguiente.</p>
<p>Todos lloraron. Se hizo un silencio sobrecogedor. Sacaron del dormitorio al marqués y, uno a uno, siguieron los demás, quedando sólo Voltaire, su valet y Saint-Lambert. Voltaire, presa de la mayor aflicción, salió trastabillando a la terraza, cayó y se dio un golpe en la cabeza. El valet y Saint-Lambert corrieron a ayudarlo a levantarse y, al ver a Saint-Lambert le dijo sollozando, con voz patética: «Ah, amigo mío, vos la habéis matado». Y, súbitamente furioso, exclamó «¡Pero, por Dios, Monsieur, cómo se os ocurrió embarazarla!». Saint-Lambert salió del dormitorio sin decir palabra.</p>
<p>Voltaire les escribió a sus amigos hablando de su gran aflicción. Y lo creemos. Respecto de las hipócritas palabras de consuelo de Federico se mostró sumamente frío. Mme de Châtelet había compartido y alimentado su vida; él había compartido su agonía. Cirey ya no tenía sentido. Haría el equipaje y lo expediría a París. Pero, antes de pasar por Cirey con el marqués de Châtelet, que así se lo pidió, y con su hijo, Voltaire le escribió a Mme Denis, el mismo día de la muerte de Emilie:</p>
<p>«Mi querida niña, acabo de perder a una amiga de veinte años. Como sabéis, ya hace mucho tiempo que no veía a Mme de Châtelet como una mujer, y estoy seguro de que os unís a mi aflicción. ¡Verla morir, y en tales circunstancias, y por semejante causa! Es horrible. No voy a abandonar al marqués sino a compartir con él nuestra mutua congoja. Debo ir a Cirey. Hay allí importantes documentos. Desde Cirey iré a París, para abrazaros y encontrar en vos mi consuelo, la única esperanza de mi vida.»</p>
<p>Y, desde Cirey, escribió Voltaire: «Lloradme, un día, como lloro a Madame de Châtelet «.</p>
<p>No se dio mucha prisa en regresar a París. Tardó un mes en llegar «enfermo, triste y perdido». No quiso ver a nadie. Apenas salía de casa. Nada lo consolaba de la muerte de Mme de Châtelet. «De noche se despertaba sobresaltado y, en su torturada mente, creía verla, gritaba, y vagaba como alma en pena de habitación en habitación, buscándola.»</p>
<p><em>Traducción de Víctor Pozanco</em></p>
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		<title>Palabras de Felipe González</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/palabras-de-felipe-gonzalez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 02 Jun 2024 06:00:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Hemeroteca]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el número 76 de El Viejo Topo (agosto de 1994) se recogían estas palabras del entonces líder del PSOE, pronunciadas en un mitin realizado en los campamentos saharauris en noviembre de 1976. Hoy, los tiempos –y el PSOE– parecen haber cambiado.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy, 14 de noviembre de 1976, estamos aquí demostrar con nuestra presencia nuestra repulsa y nuestra reprobación por el Acuerdo de Madrid de 1975. ¡El pueblo saharaui va a vencer en su lucha! Y va a vencer, no sólo porque tiene la razón, sino porque tiene la voluntad de luchar por su libertad. Quiero que sepáis que la mayor parte del pueblo español, lo más noble, lo más bueno del pueblo español es solidario con vuestra lucha. Para nosotros no se trata de derechos de autodeterminación, sino de acompañaros en vuestra lucha hasta la victoria final.</p>
<p>Como parte del pueblo español, sentimos vergüenza de que el Gobierno haya hecho no sólo una mala colonización sino una peor descolonización, entregándoos en manos de gobiernos reaccionarios como los de Marruecos y Mauritania. Pero debéis saber que nuestro pueblo también lucha contra ese gobierno que dejó al pueblo saharaui en manos de los gobiernos reaccionarios.</p>
<p>A medida que nuestro pueblo se acerca a la libertad, será mayor y más eficaz el apoyo que podamos prestar a vuestra lucha.</p>
<p>El Frente Polisario es el guía recto hacia la victoria final del pueblo saharaui. Estamos convencidos también de que vuestra República Independiente y Democrática se consolidará sobre vuestro pueblo y podréis volver a vuestros hogares. Sabemos que vuestra experiencia es la de haber recibido muchas promesas nunca cumplidas. No quiero prometeros algo, sino comprometerme con la historia.</p>
<p>¡Nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final!</p>
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