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	<title>Arte Archivos - El Viejo Topo</title>
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	<description>Desde la izquierda</description>
	<lastBuildDate>Mon, 04 Dec 2023 08:29:42 +0000</lastBuildDate>
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		<title>¿Hay algún paranoico en el Estadio esta noche?</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/hay-algun-paranoico-en-el-estadio-esta-noche/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Dec 2023 07:00:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[derechos humanos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La gira de Roger Waters “This is Not a Drill” llegó a Santiago de Chile. Ahí le esperaban Inti-Illimani y la hija de Víctor Jara. Los intentos de cancelación de este excepcional músico no pudieron impedir la serie de conciertos que constituyeron la gira.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4><u>DOS NOCHES EN SANTIAGO CON ROGER WATERS</u></h4>
<p>Nadie hace un espectáculo como Roger Waters. La música, por supuesto, resplandece, pero también lo hacen el paisaje sonoro, las imágenes, la oveja y el cerdo gigantes, los láseres, las películas, la energía de los fans que –a pesar de las diferencias lingüísticas– corean&#8230; “<em>Did you exchange a walk-on part in the war for a lead role in a cage?</em>”. Es una explosión de emociones. La tranquila calma de Santiago se rompe con sonidos familiares y sentimientos necesarios: sí, estamos aquí; sí, existimos; sí, debemos resistir.</p>
<p>Santiago es una ciudad <a href="https://www.cepal.org/es/publicaciones/47082-desigualdad-polarizacion-social-comunas-chile">ampollada</a> por la desigualdad social. Durante dos noches, Roger Waters tocó en el Estadio Monumental de Macul, una comuna de Santiago que es más clase media que el resto de la ciudad, pero aún así, no inmune a las agudas divisiones sociales que produjeron el masivo descontento expresado en el estallido social de 2019. Después del estallido, Roger <a href="https://www.youtube.com/watch?v=REe8D_A6uTw">cantó</a> una versión de <em>El derecho de vivir en paz</em>, de Víctor Jara, con una letra nueva para el nuevo momento:</p>
<p><em>Oigo el Cacerolazo</em></p>
<p><em>Te huelo, Piñera</em></p>
<p><em>Todas las malditas ratas huelen igual.</em></p>
<p><em>El Cacerolazo </em>es el golpe de cacerolas, una protesta histórica en América Latina que resonó nuevamente desde Buenos Aires (2001) a Santiago (2011 y luego de nuevo de 2019 a 2022). Hay una buena razón para salir a la calle y golpear cacerolas todos los días dada la permanente condición de austeridad reproducida por gente como el ex presidente de Chile Sebastián Piñera, una más de las “ratas de mierda” que hacen de la vida un infierno. Está la austeridad, la desaparición del bienestar social y el trabajo decente, y el aumento de la pobreza y la desesperanza social. Luego están las contradicciones agudizadas, la rabia que a veces da lugar a la esperanza en los locos (el presidente entrante de Argentina, Javier Milei, es uno de ellos) y en otros momentos da lugar a formas desorganizadas y organizadas de disidencia.</p>
<p>Una oveja sobrevuela a las decenas de miles de personas presentes en el estadio. Es el correlato físico de la canción que sale volando del escenario, un canto a la atomización de las personas en la sociedad por este Estado de Austeridad Permanente y a la necesidad de resistencia.</p>
<p><em>A través de una reflexión tranquila, y una gran dedicación</em></p>
<p><em>Dominar el arte del karate</em></p>
<p><em>Nos levantaremos</em></p>
<p><em>Y entonces haremos que los ojos del cabrón lloren</em></p>
<p>¿Por qué no? ¿Por qué no levantarse? Claro, corre como demonio, huye tan rápido como puedas de las fuerzas de represión que quieren gestionar las contradicciones de la austeridad. Pero entonces –como hace Roger, cuando se calma el sonido del martillo golpeando tu puerta– quítate la camiseta que dice “corre como demonio” y ponte una que diga “resiste”. Las guitarras rasgan la noche, los láseres destellan hasta el infinito, y aumentan las ganas de arrancarse el miedo al Estado de Austeridad Permanente y lanzarse a protestar. Pero las imágenes se eligen con cuidado. No se trata de una llamada a la acción sin estrategia. “Domina el arte del kárate”, canta Roger. Al igual que el karateka, se necesita un estudio dedicado, y el campo de batalla debe abordarse ciertamente con cuidado para “hacer que al cabrón se le agüen los ojos” y hacerlo con una estrategia cuidadosa.</p>
<p>El sonido del martillo es a la vez el de la marcha de la policía –en Chile los odiados Carabineros– y el golpeteo de las herramientas del pueblo, incluidas las cacerolas. El estadio es engullido por la locura de la guitarra eléctrica (sobre todo cuando Dave Kilminster tiene los ojos cerrados y los dedos en llamas), latidos sinfonizados que atraen a la gente al bar de Roger, una botella de mezcal sobre el piano, Roger con los brazos en alto, el cielo nocturno claro y esperanzado porque no muy lejos está el amanecer.</p>
<h4><strong>Derechos Humanos Universales</strong></h4>
<p>A unos cinco kilómetros del Estadio Monumental está el Estadio Nacional, donde hace 50 años Víctor Jara fue asesinado por el régimen golpista de Augusto Pinochet. Pocos días antes del show de Roger en Santiago, falleció la esposa de Víctor, Joan Jara, pero su hija Amanda estuvo allí para escuchar a Roger denunciando el asesinato de Víctor Jara y a Inti-Illimani abrir el show con un homenaje a Víctor, incluyendo cantar a todo pulmón una versión de <em>El derecho</em>, a su vez un homenaje a Ho Chi Minh y a los combatientes vietnamitas.</p>
<p><em>Donde revientan la flor</em></p>
<p><em>Con genocidio y napalm</em></p>
<p>Jorge Coulón, de Inti-Illimani, entonó esos versos con una kufiyah al cuello. Roger, con su guitarra acústica y su kufiyah, y con la inquietante voz de Shanay Johnson a su lado, canta: “Deja Jerusalén, deja tu carga”.</p>
<p><em>Si yo hubiera sido Dios</em></p>
<p><em>no habría elegido a nadie</em></p>
<p><em>Habría puesto mano dura</em></p>
<p><em>A todos mis hijos</em></p>
<p><em>Se habrían contentado</em></p>
<p><em>De renunciar al Ramadán y a la Cuaresma</em></p>
<p><em>El tiempo mejor empleado</em></p>
<p><em>En compañía de amigos</em></p>
<p><em>Partiendo el pan y remendando redes.</em></p>
<p>“<em>Stop the Genocide</em>” (detengan el genocidio) en letras blancas sobre fondo rojo aparece en las pantallas encima de la banda.</p>
<p>Roger nació en Inglaterra en 1943 de una madre comunista, Mary Duncan Whyte (1913-2009). Su padre –el subteniente Eric Fletcher Waters, también comunista– fue asesinado en Italia en 1944 (inmortalizado en mi <a href="https://www.youtube.com/watch?v=qNd0eFmTFQQ">canción</a> favorita, <em>The Gunner’s Dream,</em> de <em>Final Cut</em>, 1983). Cinco años después, las Naciones Unidas redactaron la <a href="https://www.un.org/en/about-us/universal-declaration-of-human-rights">Declaración Universal de los Derechos Humanos</a>. Ese texto es la base de las creencias de Roger (“No sé cuándo lo leí por primera vez” me dice Roger después del espectáculo, pero hace referencia a él a menudo, incluso en sus espectáculos). La feroz defensa de los Derechos Humanos gobierna a Roger, su sentimiento antibelicista moldeado por la pérdida de su padre. Es esta fe universal la que impulsa la política de Roger.</p>
<p>“¿Hay paranoicos en el estadio?” pregunta Roger. Somos paranoicos no porque estemos clínicamente enfermos, sino porque existe un enorme abismo entre lo que sabemos que es verdad y lo que los poderes fácticos nos dicen que se supone que es verdad. Roger Waters defiende los derechos humanos, incluidos los derechos de los palestinos. Sabemos que eso es cierto porque es lo que él dice y actúa de acuerdo con esa creencia. Pero los poderes fácticos dicen que lo que Roger dice no es cierto y que, de hecho, es antisemita. Una consecuencia de los poderes fácticos es que <a href="https://electronicintifada.net/blogs/nora-barrows-friedman/roger-waters-takes-legal-action-over-canceled-concert-germany">intentaron</a> cancelar su concierto en Frankfurt y, extrañamente, todos los propietarios de hoteles de Argentina se <a href="https://www.clarin.com/espectaculos/discurso-completo-roger-waters-hoteles-argentinos-voy-decir-controvertido_0_Kd3ZFg7bLM.html">negaron</a> a permitirle –<strong>a él</strong>, pero no a su banda– una habitación en sus establecimientos (tuvo que alojarse en casa de un amigo en Uruguay). Cuando Katie Halper y yo le preguntamos por este ataque, Roger <a href="https://peoplesdispatch.org/2023/03/10/frankfurt-city-council-undermines-human-rights-by-canceling-a-concert-by-roger-waters/">respondió</a>:</p>
<p>Mi plataforma es sencilla: es [la] aplicación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 para todos nuestros hermanos y hermanas del mundo, incluidos los que están entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Mi apoyo a los derechos humanos universales es universal. No es antisemitismo, que es odioso y racista y que, como todas las formas de racismo, condeno sin reservas.</p>
<p>Roger dice esto una y otra vez, y sin embargo, una y otra vez los poderes fácticos difaman a Roger. “No seré cancelado”, dijo Roger en Birmingham en un concierto. ¿Y por qué iba a serlo? El intento de cancelar las críticas a Israel tuvo cierta repercusión en los últimos años, pero ya no tiene peso: las atrocidades de Israel contra los palestinos de Gaza han producido nuevas generaciones de personas que ven la atrocidad de la Ocupación y se niegan a doblegarse ante los poderes fácticos.</p>
<p>“Necesitamos algo más que una pausa” en el bombardeo de Gaza, dijo Roger desde el escenario en Santiago, “necesitamos un alto el fuego que dure para siempre”, la banda sonora de ese sentimiento producida por el saxofón de Seamus Blake y la guitarra hawaiana de Jon Carin.</p>
<p>El espectáculo comienza con Pink –el protagonista de <em>The Wall</em> (1982)– en una silla de ruedas, <em>cómodamente entumecido</em>. En la segunda mitad, Roger es quien ocupa la silla de ruedas, con una camisa de fuerza, metido allí por ordenanzas del poder. ¿<em>Es ésta la vida que realmente queremos</em>? Mejor que no. <em>Nos vemos en el lado oscuro de la luna</em>.</p>
<h4><strong>Fuente:</strong> Globetrotter</h4>
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			</item>
		<item>
		<title>Enseñanzas mesoamericanas</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/ensenanzas-mesoamericanas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 Aug 2023 06:00:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[América latina]]></category>
		<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En Mesoamérica, los trabajos arqueológicos recientes están cambiando la visión preexistente de civilizaciones verticales desarrolladas en el seno de “Estados” despóticos carentes de esquemas cooperativos y coercitivos. La cosa es más compleja.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4><strong>La arqueología está cambiando lo que sabemos sobre la antigua Mesoamérica</strong></h4>
<p>La arqueología reciente de la antigua Mesoamérica está cambiando la comprensión general de la gente y las instituciones que habitaron este mundo: la evidencia nos dice que el Gobierno cooperativo y plural era, por lo menos, tan común como los Estados despóticos, y más resistente que estos.</p>
<p>La complejidad de este escenario y los logros de los pueblos de Mesoamérica son aún más impresionantes si se tiene en cuenta la accidentada orografía y la escasez de recursos de la zona. En comparación con la antigua Eurasia, los habitantes de Mesoamérica –la región que se extiende desde Costa Rica hasta el centro de México– carecían de bestias de carga y de transporte rodado, y el uso de metales era generalmente limitado.</p>
<p>Hasta hace poco, nuestra comprensión de cómo se desarrollaron la mayoría de las sociedades y los primeros Estados se basaba en gran medida en interpretaciones de las sociedades urbanas de Eurasia. Se asumían Gobiernos despóticos y coercitivos (excepto en la antigua Atenas y la Roma republicana), se atribuía gran importancia a las acciones de la élite y se suponía que las funciones básicas de la economía estaban en manos del gobernante.</p>
<p>La Mesoamérica precolonial no encaja en este marco: ni la producción económica ni la distribución estaban controladas centralmente por gobernantes despóticos, ni la gobernanza en sociedades con poblaciones muy numerosas era universalmente coercitiva.</p>
<p><a href="https://tienda.elviejotopo.com/suscripciones/1264-suscripcion.html" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-24718 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/SIN-ASPAVIENTOS-425-PAPEL.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/SIN-ASPAVIENTOS-425-PAPEL.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/SIN-ASPAVIENTOS-425-PAPEL-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/SIN-ASPAVIENTOS-425-PAPEL-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>Esta nueva perspectiva es el resultado de décadas de cambio en el enfoque de la investigación arqueológica, que ha pasado de los templos y las tumbas a los patrones de asentamiento regional, los trazados urbanos, las excavaciones de casas, las economías domésticas y la producción agrícola.</p>
<p>Al concentrarse en el registro arqueológico, las generaciones recientes de investigadores e investigadoras han prestado una atención renovada a características de la Mesoamérica precolonial que no encajaban en estereotipos arraigados, muchos de los cuales tenían sus raíces en el siglo XIX. Las ciudades y sociedades a gran escala de Mesoamérica surgieron independientemente de otras regiones globales, engendradas por sus propias poblaciones regionales. El desarrollo tecnológico mesoamericano nunca experimentó el impacto centralizador de la monopolización del armamento de bronce a través del control de los escasos yacimientos de estaño, ni los efectos “democratizadores” o “descentralizadores” de la adopción de un hierro más ampliamente disponible.</p>
<p>Mesoamérica también se libró de las marcadas desigualdades en tecnología militar y de transporte que aparecieron en Eurasia cuando algunas sociedades desarrollaron el carro, capacidades navales serias y palacios fortificados, mientras que otras se quedaron rezagadas. En Mesoamérica, el poderío militar se conseguía mediante el control de grandes infanterías que utilizaban armas fabricadas principalmente con piedra de fácil acceso, lo que propiciaba unas relaciones políticas más equilibradas que en Eurasia.</p>
<p>Por tanto, la Mesoamérica prehispánica se perfila como un lugar ideal para examinar las diferentes formas en que los seres humanos se unieron en contextos urbanos, tanto en formaciones políticas colectivas como autocráticas, sin algunos de los factores clave que los estudiosos anteriores han considerado tradicionalmente necesarios o transformadores para el surgimiento de las sociedades premodernas.</p>
<p>¿Cómo se organizaron estos grandes centros urbanos preindustriales de Mesoamérica? ¿Eran duraderos? Y si es así, ¿qué explica sus grados comparativos de resiliencia a través del tiempo?</p>
<p><a href="https://www.researchgate.net/publication/322206856_Collaborative_and_competitive_strategies_in_the_variability_and_resiliency_of_large-scale_societies_in_Mesoamerica">En un estudio de 2018</a>, codificamos datos de una muestra cuidadosamente seleccionada de 26 ciudades mesoamericanas precoloniales y centros políticos prominentes. Descubrimos que más de la mitad de ellos no estaban gobernados despóticamente y que los centros políticos más colectivos tenían mayor resiliencia frente a sequías e inundaciones, y guerras o cambios en el comercio. Las ciudades que afrontaban sus retos sociales utilizando formas más colectivas de Gobierno y gestión de recursos eran más grandes y algo más resistentes que las ciudades con un Gobierno personalizado y un poder político más concentrado.</p>
<p><a href="https://issuu.com/store/publishers/elviejotopo/subscribe" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-24719 size-full" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/digital-425-pensamiento.jpg" alt="" width="850" height="150" srcset="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/digital-425-pensamiento.jpg 850w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/digital-425-pensamiento-300x53.jpg 300w, https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2023/05/digital-425-pensamiento-768x136.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 850px) 100vw, 850px" /></a></p>
<p>En general, los centros políticos organizados colectivamente dependían en mayor medida de la generación de financiación interna, como los impuestos, en comparación con los centros más autocráticos que dependían más de la financiación externa, como las redes comerciales monopolizadas y el botín de guerra. Cuanto más pueden mantenerse las élites políticas sin depender de la financiación de la población general, menos se enfrentan a la rendición de cuentas por parte del pueblo, y mayor es la probabilidad de que se acaparen el Gobierno y el poder. Además, los niveles más altos de financiación interna y recursos comunales se correspondían a menudo con pruebas de la mayor circulación de bienes públicos y la burocratización de los cargos cívicos. Los centros organizados colectivamente con estas características, así como las disposiciones espaciales, como las grandes plazas abiertas y las calles anchas, que ofrecían oportunidades a los propietarios y a los habitantes urbanos para comunicarse y expresarse, parecen haber fomentado la persistencia de la comunidad como centros principales.</p>
<p>En un <a href="https://www.academia.edu/90782045/Mesoamerican_urbanism_Indigenous_institutions_infrastructure_and_resilience">estudio posterior</a> que incluía una muestra actualizada y ampliada de 32 ciudades mesoamericanas bien investigadas, descubrimos que los centros con un Gobierno más ascendente y colectivo eran más resistentes. Mientras que algunas de estas ciudades tenían palacios y monumentos a los gobernantes como puntos centrales, otras presentaban formas de infraestructura urbana más compartidas y distribuidas equitativamente. Esto incluye complejos de apartamentos, terrazas o murallas compartidas dentro de los barrios, plazas vecinales, templos y otros edificios cívicos, y carreteras y calzadas compartidas, todo lo cual requería cooperación y trabajo colectivo para su construcción y mantenimiento y habría facilitado una interacción cara a cara más regular y reuniones públicas periódicas.</p>
<p>Las implicaciones de esta investigación arqueológica son demasiado informativas y poderosas para quedarse en los libros de texto. Resuenan con las visiones en evolución de nuestro mundo actual, que está descubriendo que el espacio público, la comunicación abierta, los impuestos justos y una burocracia eficaz pueden ser piedras angulares del bienestar. Estos paralelismos y conocimientos del pasado pueden servirnos hoy como modelos para orientar nuestra planificación futura e identificar los modelos sociales que mejor nos posicionan para sobrevivir a las pruebas del tiempo.</p>
<p><strong>Fuente:</strong> Instituto Independiente de Medios. Artículo producido por <a href="https://observatory.wiki/Human_Bridges">Human Bridges</a>, un proyecto del Independent Media Institute.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Frases célebres</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/frases-celebres-oscar-wilde/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Nov 2022 07:00:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las frases de Wilde son célebres, aunque vistas desde hoy muchas (básicamente no recogidas aquí) reflejan una vanidad sin límites y una visión de la mujer como ser netamente inferior al hombre. Murió el 30 de noviembre del 1900, en París, a los 66 años.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Ningún gran artista ve las cosas como son en realidad; si lo hiciera, dejaría de ser artista.</p>
<hr />
<p>La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que uno es joven.</p>
<hr />
<p>Mejor ser un cohete caído que no haber resplandecido nunca.</p>
<hr />
<p>Es curioso este juego del matrimonio. La mujer tiene siempre las mejores cartas y siempre pierde la partida.</p>
<hr />
<p>Discúlpeme, no le había reconocido: he cambiado mucho.</p>
<hr />
<p>Vivir es lo más raro de este mundo, pues la mayor parte de los hombres no hacemos otra cosa que existir.</p>
<hr />
<p>La diferencia entre literatura y periodismo es que el periodismo es ilegible y la literatura no es leída.</p>
<hr />
<p>Ser natural es la más difícil de las poses.</p>
<hr />
<p>Nada se parece tanto a la ingenuidad como el atrevimiento.</p>
<hr />
<p>Detesto la vulgaridad del realismo en la literatura. Al que es capaz de llamarle pala a una pala, deberían obligarle a usar una. Es lo único para lo que sirve.</p>
<hr />
<p>Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones.</p>
<hr />
<p>Para la mayoría de nosotros la verdadera vida es la vida que no llevamos.</p>
<hr />
<p>Tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor.</p>
<hr />
<p>En estos tiempos los jóvenes piensan que el dinero lo es todo, algo que comprueban cuando se hacen mayores.</p>
<hr />
<p>Cuanto más conservadoras son las ideas, más revolucionarios los discursos.</p>
<hr />
<p>El deber es lo que esperamos que hagan los demás, no lo que hacemos nosotros mismos.</p>
<hr />
<p>No hay hombre lo bastante rico para comprar su pasado.</p>
<hr />
<p>Un hombre que no piensa en sí mismo no piensa en nada.</p>
<hr />
<p>Todos estamos en la cloaca, pero algunos estamos mirando a las estrellas.</p>
<hr />
<p>¡Ah, la felicidad depende de cosas tan pequeñas&#8230;!</p>
<hr />
<p>Después no queda nada, excepto el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de un remordimiento.</p>
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		<title>Viaje al Infierno</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/viaje-al-infierno/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 Sep 2022 06:00:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 14 de septiembre de 1321 fallecía en Rávena Dante Alighieri. Autor de una obra genial, La Divina Comedia, tuvo una vida azarosa y turbulenta, lo que no le impidió ser uno de los forjadores –quizás el más fundamental– de la cultura renacentista.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h6>Universalmente aclamada, pero poco leída en nuestros días, <em>La Divina Comedia</em> es una obra asombrosamente genial. Guiado por Virgilio, Dante visita el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Escrito en tercetos endecasílabos, el poema consta de 100 Cantos. Aquí reproducimos el Canto III de la visita al Infierno, pero para facilitar la lectura a los perezosos hemos modificado la estructura convirtiéndola en una especie de prosa, respetando escrupulosamente el texto.</h6>
<p>CANTO III</p>
<p>POR MÍ SE VA HASTA LA CIUDAD DOLIENTE, POR MÍ SE VA AL ETERNO SUFRIMIENTO, POR MÍ SE VA A LA GENTE CONDENADA.</p>
<p>LA JUSTICIA MOVIÓ A MI ALTO ARQUITECTO. HÍZOME LA DIVINA POTESTAD, EL SABER SUMO Y EL AMOR PRIMERO.</p>
<p>ANTES DE MÍ NO FUE COSA CREADA SINO LO ETERNO Y DURO ETERNAMENTE.</p>
<p>DEJAD, LOS QUE AQUÍ ENTRÁIS, TODA ESPERANZA.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estas palabras de color oscuro vi escritas en lo alto de una puerta; y yo: «Maestro, es grave su sentido.» Y, cual persona cauta, él me repuso: «Debes aquí dejar todo recelo; debes dar muerte aquí a tu cobardía. Hemos llegado al sitio que te he dicho en que verás las gentes doloridas, que perdieron el bien del intelecto.» Luego tomó mi mano con la suya con gesto alegre, que me confortó, y en las cosas secretas me introdujo. Allí suspiros, llantos y altos ayes resonaban al aire sin estrellas, y yo me eché a llorar al escucharlo. Diversas lenguas, hórridas blasfemias, palabras de dolor, acentos de ira, roncos gritos al son de manotazos, un tumulto formaban, el cual gira siempre en el aire eternamente oscuro, como arena al soplar el torbellino. Con el terror ciñendo mi cabeza dije: «Maestro, qué es lo que yo escucho, y quién son éstos que el dolor abate?» Y él me repuso: «Esta mísera suerte tienen las tristes almas de esas gentes que vivieron sin gloria y sin infamia. Están mezcladas con el coro infame de ángeles que no se rebelaron, no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos. Los echa el cielo, porque menos bello no sea, y el infierno los rechaza, pues podrían dar gloria a los caídos.» Y yo: «Maestro, ¿qué les pesa tanto y provoca lamentos tan amargos?» Respondió: «Brevemente he de decirlo. No tienen éstos de muerte esperanza, y su vida obcecada es tan rastrera, que envidiosos están de cualquier suerte. Ya no tiene memoria el mundo de ellos, compasión y justicia les desdeña; de ellos no hablemos, sino mira y pasa.» Y entonces pude ver un estandarte, que corría girando tan ligero, que parecía indigno de reposo. Y venía detrás tan larga fila de gente, que creído nunca hubiera que hubiese a tantos la muerte deshecho. Y tras haber reconocido a alguno, vi y conocí la sombra del que hizo por cobardía aquella gran renuncia. Al punto comprendí, y estuve cierto, que ésta era la secta de los reos a Dios y a sus contrarios displacientes. Los desgraciados, que nunca vivieron, iban desnudos y azuzados siempre de moscones y avispas que allí había. Éstos de sangre el rostro les bañaban, que, mezclada con llanto, repugnantes gusanos a sus pies la recogían. Y luego que a mirar me puse a otros, vi gentes en la orilla de un gran río y yo dije: «Maestro, te suplico que me digas quién son, y qué designio les hace tan ansiosos de cruzar como discierno entre la luz escasa.» Y él repuso: «La cosa he de contarte cuando hayamos parado nuestros pasos en la triste ribera de Aqueronte.» Con los ojos ya bajos de vergüenza, temiendo molestarle con preguntas dejé de hablar hasta llegar al río. Y he aquí que viene en bote hacia nosotros un viejo cano de cabello antiguo, gritando: «¡Ay de vosotras, almas pravas! No esperéis nunca contemplar el cielo; vengo a llevaros hasta la otra orilla, a la eterna tiniebla, al hielo, al fuego. Y tú que aquí te encuentras, alma viva, aparta de éstos otros ya difuntos.» Pero viendo que yo no me marchaba, dijo: «Por otra vía y otros puertos a la playa has de ir, no por aquí; más leve leño tendrá que llevarte». Y el guía a él: «Caronte, no te irrites: así se quiere allí donde se puede lo que se quiere, y más no me preguntes.» Las peludas mejillas del barquero del lívido pantano, cuyos ojos rodeaban las llamas, se calmaron. Mas las almas desnudas y contritas, cambiaron el color y rechinaban, cuando escucharon las palabras crudas. Blasfemaban de Dios y de sus padres, del hombre, el sitio, el tiempo y la simiente que los sembrara, y de su nacimiento. Luego se recogieron todas juntas, llorando fuerte en la orilla malvada que aguarda a todos los que a Dios no temen. Carón, demonio, con ojos de fuego, llamándolos a todos recogía; da con el remo si alguno se atrasa. Como en otoño se vuelan las hojas unas tras otras, hasta que la rama ve ya en la tierra todos sus despojos, de este modo de Adán las malas siembras se arrojan de la orilla de una en una, a la señal, cual pájaro al reclamo. Así se fueron por el agua oscura, y aún antes de que hubieran descendido ya un nuevo grupo se había formado. «Hijo mío –cortés dijo el maestro– los que en ira de Dios hallan la muerte llegan aquí de todos los países: y están ansiosos de cruzar el río, pues la justicia santa les empuja, y así el temor se transforma en deseo. Aquí no cruza nunca un alma justa, por lo cual si Carón de ti se enoja, comprenderás qué cosa significa.» Y dicho esto, la región oscura tembló con fuerza tal, que del espanto la frente de sudor aún se me baña. La tierra lagrimosa lanzó un viento que hizo brillar un relámpago rojo y, venciéndome todos los sentidos, me caí como el hombre que se duerme.</p>
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		<title>El circuito cultural del capitalismo</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/el-circuito-cultural-del-capitalismo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Sep 2022 06:00:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El capitalismo ha logrado una hegemonía cultural que impregna toda la vida social. Las fundaciones son piezas fundamentales de los mecanismos de dominación hoy vigentes. Pasolini nos lo advirtió en los inicios de la construcción de esa hegemonía.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4><strong>Eduardo Luque y Ana María Valencia</strong></h4>
<p>En estos tiempos de extremada y deliberada confusión, la celebración del centenario del nacimiento de Pier Paolo Pasolini es una ocasión excelente para volver a sus textos editados por primera vez en España o reeditados en otros casos con este motivo. Su lucidez, su honestidad y su valentía son hoy igual de valiosos que el día que se publicaron. También lo es su búsqueda incansable de la belleza.</p>
<p>No se le permitió vivir lo suficiente para contemplar el auge de un capitalismo neoliberal tan potente materialmente como débil intelectualmente;  aunque quizás no lo recordemos con la frecuencia debida, no es sorprendente que uno de los padres fundadores neo, el aclamado Friedrich Hayek, declarara en un discurso en la Sociedad de Mont Pêlerin en 1984 que…”una herencia moral que consiste esencialmente en la creencia en la propiedad, la honestidad y la familia, cosas que no pudimos ni nunca hemos sido capaces de justificar intelectualmente”</p>
<p>Esta clara consciencia de la debilidad intelectual y racional, de la que Pasolini llamaría moral burguesa, se acopla perfectamente y no de manera casual con la irracionalidad y el avasallamiento provocado por las pantallas en nuestros días. Arbitrada por el neoliberalismo como una respuesta a las formas de nihilismo surgidas de la sociedad de consumo, esta moral hoy es un mero decorado sostenido por la propaganda para proporcionar una coartada ética a un sistema que carece por completo de principios, y cuyo único objetivo es la producción y acumulación de capital sean cuales sean las consecuencias para el planeta y para sus habitantes; es también la bandera que agitan los partidos de extrema derecha fundida con un patriotismo crecido al calor de las fortunas y la evasión de impuestos. Esta “tradición moral“ es la que se airea convenientemente como único freno al libertarismo moral de la derecha, porque es compatible con él, basta para ver este binomio en acción con acudir a los discursos de Isabel Ayuso-Miguel Ángel Rodríguez convertidos en voceros del sistema, más exitosos cuanto más estridentes tal y como demanda el espectáculo; además estas respuestas están dotadas de una pátina de rebeldía contra el estado que las convierte en atractivas mientras permite un autoritarismo camuflado. Todas las contradicciones encuentran cabida y refugio porque el sistema genera un discurso a todos los niveles para ellas, así las ilusiones individuales son compatibles con la amenaza del futuro sin porvenir para las sociedades, hay un futuro “personal, tal vez, pero el futuro social está cerrado. Se celebran simultáneamente exaltaciones religiosas extremas, aunque acompañadas siempre de un carácter festivo y el culto al sexo; el desahucio y la filantropía bancaria; la sociedad del conocimiento y la incapacidad para que buena parte de la población comprenda y rellene los formularios oficiales.</p>
<p>Pasolini escribió “El nuevo poder consumista y represivo se ha valido precisamente de nuestras conquistas mentales laicas, ilustradas, racionalistas, para construir su andamiaje de falsa laicidad, de falsa ilustración, de falsa racionalidad. Se ha valido de nuestras desacralizaciones para librarse de un pasado que, con todas sus atroces y estúpidas sacralizaciones, ha dejado de serle útil”<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. No pudo ni llegar a imaginar la práctica desaparición de la razón y la ilustración de los medios de comunicación de masas y de buena parte de la sociedad, merced a la eclosión del movimiento psico-emocional combinado con la proliferación y la velocidad de las imágenes en todo tipo de dispositivos en todo momento. Intuyó la apropiación de la vida, de la imaginación y de la conciencia de los seres humanos: “…un nuevo poder que me resulta difícil de definir; aun así estoy seguro de que es el más violento y totalitario que haya existido: cambia la naturaleza de la gente, entra hasta lo más profundo de las conciencias “<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</p>
<p>Pasolini, que vivió con preocupación las primeras apropiaciones de los medios de comunicación por parte de las grandes fortunas (cuánto habría sufrido de haber vivido el fenómeno Berlusconi), atisbó “la fundación de una gran derecha cultural” , lo que con el andar del tiempo conocemos ahora como el circuito cultural  del capitalismo: el vastísimo entramado de producción y manipulación cultural, desde los twits a las fundaciones pasando por las editoriales, cátedras universitarias, contenidos audiovisuales, cadenas de tv, redes sociales, plataformas multimedia, etc., etc., etc., circuito con el que prospera la propaganda capitalista bajo las más diversas formas, de conocimiento, información, entretenimiento e incluso ayuda.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> ¿Cómo sino es posible convencer a casi un planeta entero de que la realidad no es lo que estamos viviendo, sino lo que se nos dice que estamos viviendo?. El desgraciadamente también desaparecido Mark Fisher ya definió un capitalismo que ha tenido la habilidad (y los medios) para hacer triunfar más una imagen convenientemente elaborada de sí mismo que la dura realidad que impone a millones de personas, el denominado soft capitalism, o capitalismo suave<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>; capitalismo que no sabemos ya como adjetivar, capitalismo 2.0, capitalismo neoliberal, capitalismo rápido, postcapitalismo, capitalismo salvaje, capitalismo totalitario, etc. La aceleración y confusión del tiempo actual está en muy buena parte promovida por la extensión de los tentáculos de este circuito al que nada parece poder escapar, y que ha colmado todas las expectativas de hegemonía cultural de la clase en el poder. Con frecuencia la potencia de sus imágenes y metáforas se superpone a la realidad por efecto de la eficacia de su poderosa y bien financiada propaganda. Pero esta es una cuestión mucho más compleja, la cultura capitalista se construye sobre bases muy materiales tanto en cuanto a resultados económicos como en cuanto al control de facto de las empresas grandes y pequeñas de producción cultural; posee al mismo tiempo “narrativas de persuasión“, cómo las denominaría Saskia Sassen, cuyo alcance hace fructificar de una manera más eficiente la propaganda. Estas narrativas se han articulado tanto mediante la apropiación y asesinato de la imaginación como mediante la usurpación del lenguaje; palabras cargadas históricamente de significado como libertad o solidaridad actualmente se han vaciado de contenido al pervertirse su uso y en el peor de los casos su significado. Una leve indicación sobre la necesidad, por ejemplo, de alcanzar la excelencia, y los trabajadores de una empresa, una entidad, etc. se aprestarán a sacrificar horas de sueño y vida para alcanzar la efímera gloria de unos minutos de protagonismo en cualquier pantalla. Persuasión sutil que pasa a ser cruda propaganda cuando se estima necesario como en el caso de la guerra de Ucrania.</p>
<p>Esta hegemonía cultural se desarrolla combinando estrategias nuevas y viejas; entre las viejas destaca por su importancia el control de la educación y del conocimiento, entre las nuevas generar una confusión y un desorden de la información que beneficia aquellos mensajes simples y repetidos hasta la saciedad, camuflando como información lo que no es más que burda propaganda. La difusión de estos mensajes actualmente solo es posible si está sostenida por un enorme aparato financiero y una estructura potente, imbricada en los llamados medios de comunicación. Entendiendo la cultura en un sentido muy amplio, que se introduce en todas las esferas de la vida pública y privada, y que constituye una maquinaria de manipulación sin precedentes por la amplitud de medios que utiliza, que ha conseguido penetrar en todos los rincones, en paralelo a la cultura urbana, y que como apuntó Pasolini, no permite “ajenidad frente a la cultura dominante”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> .</p>
<p>La invasión absoluta de la cultura capitalista en la vida de los pueblos y las gentes, tiene hoy sus principales instrumentos en la proliferación y el papel desarrollado por las fundaciones, y en la extensión de la que podríamos llamar para-cultura generada por los dispositivos móviles y las redes sociales, naturalmente también en la combinación de estas.</p>
<p>Tanto en la evolución del neoliberalismo, como en el desarrollo de estas nuevas fuerzas de absoluto control cultural, la pieza principal del engranaje son las fundaciones<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. Nacidas y crecidas al amparo del capitalismo del siglo XX han encontrado en el neoliberalismo sustento y razón de ser y en la actualidad contribuyen a la propagación de peligrosas formas antidemocráticas.</p>
<p>Las fundaciones han sido diseñadas para posibilitar la participación directa en el gobierno y el ejercicio de poder de las grandes fortunas y las megaempresas. Con el camuflaje tolerado socialmente (no sin esfuerzo propagandístico) de las fundaciones, se ha permitido que bancos, empresarios y grupos económicos participen en fórums, cierren acuerdos, alternen con los gobiernos, discutan y propongan cuestiones que solo corresponderían a la sociedad. Lo que resulta inadmisible desde el punto de vista no solo de la salud democrática, sino también de la propia razón: que los intereses egoístas de unos cuantos particulares, por cierto los más ricos, se impongan sobre el bien común. Constituyen por lo tanto un serio atentado contra la democracia, entendida esta en el sentido más clásico como un sistema político que aspira al bien de todos y para el que son necesarias las contribuciones y los sacrificios de todos.</p>
<p>Peligrosas igualmente por cuanto contribuyen a uno de los ansiados objetivos del liberalismo (Thatcher: tal cosa como la sociedad no existe) y del fascismo, en su viejas o nuevas formas, la destrucción de la sociedad y la formación de masas de individuos aislados que la sustituyan. Promocionan una imagen de espacio social y colaboración que no existe, y a la vez trabajan activamente para la desaparición de los mismos y su suplantación por otros creados por ellos para sus intereses; tomemos por ejemplo el caso de las aulas creadas por la banca que por otra parte tanto contribuyen a la destrucción de la educación pública; podemos considerar también el más reciente y escandaloso caso del empresario Klaus Schwab, flamante director ejecutivo del  Foro   Económico   Mundial   (WEF)   y   organizador   del   encuentro   de   Davos, padre de un “hub” conocido como Comunidad Global Shapers, cuyo principal objetivo es formar líderes mundiales que trabajen por el bien del capitalismo planetario; sus éxitos más notables han sido Angela Merkel, Macron o Tony Blair. Es muy significativo que debido al incipiente desgaste de las fundaciones y su partenariado, a la necesidad de aumentar la maraña y la confusión, se adopten nuevos “ejes” al amparo de una palabra nueva –“HUB“– que sirve al mismo viejo entramado de siempre: redes, subredes y formas de actuación  del mundo empresarial en la política. Tenemos ya hubs de Davos en Madrid, Barcelona y Bilbao. Hubs que están dirigidos por una fundación, no podía ser de otra manera, de cuya directiva forman parte el propio Klaus Schwab, pero también David Rubinstein del grupo Carlyle, Ellyn Shook de la todopoderosa Accenture, o el director ejecutivo de la china Sino Biopharmaceutical.</p>
<p>Nunca antes se había producido una vertebración tan colosal y un control tan absoluto de las formas culturales, nunca antes había existido un mecanismo tan poderoso como las fundaciones y sus nuevos hubs, capaces en su casi infinitud de crear la apariencia de diversidad, alimentadas en buena medida con dinero público obtenido mediante desgravaciones, privilegios, o en muchas ocasiones en el muy lucrativo partenariado público-privado; eje central del circuito cultural a través de este continuo trasvase de lo público a lo privado y de otros vínculos con los poderes establecidos y el estado; entidades y mecanismos que se han institucionalizado lo mismo que lo ha hecho el capitalismo, de esta forma se explica su aceptación, que no éxito. De esta aceptación, de esta institucionalización es reo en ocasiones una parte de –-la izquierda (véanse los casos de Syriza en  Grecia, UP en España, los verdes en Alemania o del partido de Beppe Grillo en Italia) que, como muy bien comprendió Pasolini, sigue como puede la corriente para no verse excluida por completo del circuito y del juego porque no tiene más alternativa. ¿O sí ?</p>
<h6>Notas:</h6>
<h6><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Pier Paolo Pasolini. <em>Escritos Corsarios</em>. Galaxia Gutenberg, Barcelona 2022. Pag.155.</h6>
<h6><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Opus cit. Pág.79.</h6>
<h6><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> No confundir este con el llamado circuito cultural del capital, con el que confluye y colabora el circuito cultural, de modo que los aspectos más burdos de la contabilidad, las finanzas y las empresas han pasado a nuestro vocabulario y a nuestro acervo cultural, hemos pasado a gestionar nuestras emociones, a hablar de capital cultural, capital humano, capital educativo, economía de la salud, rentabilidad o eficiencia cultural, gestor cultural, etc. etc.</h6>
<h6><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> El concepto de softcapitalism y el circuito cultural del capitalismo, así como otros igualmente interesantes han sido desarrollados por el profesor Nigel Thrift en su libro Knowingcapitalism, publicado por Nottingham Trent University en 2005 , sin traducción al castellano.</h6>
<h6><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a>Ibidem pág. 220.</h6>
<h6><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Ana M. Valencia y Eduardo Luque. <em>La araña negra. El filantrocapitalismo</em>. El viejo topo nº 376. Mayo 2019.</h6>
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		<title>Frases y pensamientos</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/frases-y-pensamientos-frida-kahlo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Jul 2022 06:00:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 13 de julio de 1954 moría en Coyoacán una mujer irremplazable, irrepetible: Frida Kahlo. Cuerpo abierto por las heridas, alma quebrantada por el dolor, pintora de su propia vida. La recordamos hoy mediante algunas de sus frases y pensamientos.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>«Enamórate de ti, de la vida. Y luego de quien tú quieras».</em></p>
<p><em>«Todo puede tener belleza, incluso lo más horrible».</em></p>
<p><em>«Sigo mal y seguiré peor, pero voy aprendiendo a estar sola y eso ya es una ventaja y un pequeño triunfo».</em></p>
<p><em>«Cada tic-tac es un segundo de la vida que pasa, huye y no se repite. Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que el problema es solo saberla vivir. Que cada uno lo resuelva como pueda».</em></p>
<p><em>«¡Quién diría que las manchas viven y ayudan a vivir? Tinta, sangre, olor… ¿Qué haría yo sin lo absurdo y lo fugaz?».</em></p>
<p><em>«Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior».</em></p>
<p><em>«Yo le duro lo que usted me cuide, yo le hablo como usted me trate y le creo lo que usted me demuestre».</em></p>
<p><em>“¿Se pueden inventar verbos? Quiero decirte uno: yo te cielo, así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida&#8230; somos de las misma materia, de las mismas ondas&#8230;”</em></p>
<p><em>«Y tú bien sabes que el atractivo sexual en las mujeres se acaba voladamente, y después no les queda más lo que tengan en su cabezota para poderse defender en esta cochina vida del carajo».</em></p>
<p><em>«Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que ella también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú».</em></p>
<p><em>«Donde no puedas amar, no te demores».</em></p>
<p><em>«Pies para qué los quiero, si tengo alas para volar”.</em></p>
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		<title>El armario viejo</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/el-armario-viejo-dickens/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Jun 2022 06:00:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tal día como hoy de 1870 moría el gran escritor Charles Dickens. En su epitafio de Westminster puede leerse: "Fue un simpatizante del pobre, del miserable y del oprimido, y con su muerte el mundo ha perdido a unos de los mejores escritores ingleses".</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Eran las diez de la noche. En la hostería de los Tres Pichones, de Abbeylands, un viajero, joven aún, se había retirado a su cuarto, y de pie, cruzados los brazos contra el pecho, contemplaba el contenido de un baúl que acababa de abrir.</p>
<p>-Bueno, todavía debo sacar algún partido de lo que me queda -dijo-. Sí, en este baúl puedo invocar un genio no menos poderoso que el de <i>Las mil y una noches</i>: el genio de la venganza… y quizá también el de la riqueza… ¿Quién sabe?… Empecemos antes por el primero.</p>
<p>Quien hubiese visto el contenido del baúl, más bien habría pensado que su dueño no debería hacer mejor cosa que llevárselo a un trapero, pues todo eran ropas, en su mayor parte pertenecientes, por su tela y forma, a las modas de otro siglo, excepto uno o dos vestidos de mujer; pero ¿qué podía hacer con traje de mujer el joven cuya imaginación se exaltaba de ese modo ante aquel guardarropa híbrido? No eran días de Carnaval…</p>
<p>-¡Alto! Dan las diez -repuso de pronto-. Tengo que apresurarme, no vaya a cerrar la tienda ese bribón.</p>
<p>Y hablando consigo mismo se abrochó el frac, se echó encima un capote de caza, bajó, franqueó la puerta, siguió por la Calle Mayor hasta recorrerla casi toda, torció por una calleja y se detuvo ante el escaparate de un comercio.</p>
<p>Quizá fuese el único abierto de todo el pueblo. Detrás del escaparate se veían las más variadas mercancías: muebles, libros, gemelos, monedas de plata, alhajas, relojes, hierro viejo y artículos de tocador. La mayoría de estos objetos tenían un rótulo que indicaba su precio. Detrás de un mostrador enrejado se sentaba un hombre con la pluma sobre la oreja, como un contable que acabara de interrumpir una operación matemática para despabilar la luz de la vela. Porque, en medio de todas aquellas riquezas, el hombre del mostrador se alumbraba económicamente con una prosaica vela de sebo colocada en una vieja botella vacía.</p>
<p>También él, lo mismo que el joven de la hostería, animaba su soledad con un monólogo o con uno de esos diálogos cuyas preguntas y respuestas las hace uno mismo.</p>
<p>“Es una gran verdad, sí, señor. En un chelín hay un millón, como en un grano de trigo hay toda una cosecha para llenar un granero; el secreto consiste en colocar bien el chelín y en sembrar el grano de trigo en buena tierra. La inteligencia y el ahorro dan a los ceros valor poniéndolos a continuación de las cifras; la locura y la prodigalidad ponen la cifra a continuación de los ceros. ¡Qué maravillosa semana! Las doscientas libras esterlinas que me prestó hace diez años Tomás Evans han dado excelente fruto. El imbécil perdió mi pagaré; siempre hacía igual por su habitual negligencia. Eso sí, también habría perdido el dinero si se hubiera presentado al vencimiento, en vez de morir nombrando heredero a su hijo Jorge, aún más derrochador que él. Creo firmemente que Tomás Evans tuvo la intención de dejarme ese legado, aunque el joven me escribió reclamándome las doscientas libras esterlinas con el pretexto de que no pagué a su padre”.</p>
<p>-“Señor mío -le contesté-, presénteme el pagaré y haré honor a mi firma. No pido ningún requisito más: soy solvente. Venga usted mismo si no tiene confianza en su agente de negocios”.</p>
<p>“¡Sí, sí! Le pareció mejor correr mundo con una actriz y gastarse las rentas antes de cobrarlas, en Norteamérica, de donde creo que no regresará. Dicen que también él se ha hecho cómico… ¡Cómico!… ¡Cualquier día el teatro le indemnizará de lo que le ha costado! Razón tiene nuestro ministro, el reverendo señor Mac-Holy, cuando llama escuela de Satanás al teatro. Si Tomás Evans hubiera sabido que su hijo acabaría su educación en esa escuela, además del pagaré de las doscientas libras esterlinas me hubiera legado también todo el modesto patrimonio que tan mal invirtió el heredero réprobo. ¡Comerse con una actriz la herencia de Tomás Evans y acabar por dedicarse él mismo a las tablas!… Ese joven está perdido. ¡No seré yo quien vaya a verlo trabajar, ni aunque me regalase la entrada!”</p>
<p>El señor Benson, intérprete de este soliloquio, que ejercía el doble oficio de prendero y prestamista, era acaso igualmente ingrato con el teatro y con su difunto amigo Tomás Evans. Porque muchos de los artículos que había en su tienda procedían de esos pobres comediantes que él convertía en discípulos de Satán, y los había comprado hacía poco por la tercera parte de su valor, a consecuencia de la quiebra del empresario del coliseo de Abbeylands. Su última frase, pronunciada con la elocuencia de un fiel sectario del reverendo Mac-Holy, quizá fuera oída por el joven pupilo de la hostería de los Tres Pichones, quien después de echar una ojeada llena de curiosidad a través de los cristales entraba en aquel momento en la tienda.</p>
<p>-Para servirle, señor Benson -saludó-. Me alegro de que no haya cerrado aún. Deseo tratar con usted un pequeño negocio.</p>
<p>-¿Tiene usted algún reloj de más y algunas guineas de menos? -preguntó Benson abriendo un cajoncito.</p>
<p>-No, señor, no me sobra ninguno. Respecto a las guineas, tengo, por fortuna, bastantes todavía para poder comprarle un mueble que he visto esta mañana al pasar delante de su tienda: un armario pequeño con cajones… Creo que es de encina… ¡Ah! Casualmente está ahí…</p>
<p>-¡Dispénseme! -exclamó Benson al comprender que había juzgado mal al comprador, quien llegaba a la hora intempestiva que suele elegirse para deshacerse de alguna prenda-. Si le interesa el armario está por completo a su disposición… ¡Buen mueble, de veras…, de encina, sí…, y encina de primera calidad, con cajones muy útiles y bonitos! Ese armario me ha costado bastante caro en la subasta del granjero Merrywood, que murió la semana pasada. Pero me conformo con poca ganancia, aunque se han puesto de moda los muebles antiguos. El granjero Merrywood decía que este armario lo tenía su familia desde hace lo menos dos siglos. Puedo vendérselo por dos libras esterlinas.</p>
<p>-No presumo de ser inteligente en muebles viejos -respondió el joven-; pero tengo una tía a quien creo que le gustaría éste, y es un regalo que quiero hacerle para completar nuestro mobiliario. No regatearé; aquí tiene usted las dos libras esterlinas. Pago al contado, con dos condiciones: primera, que el mueble sea entregado esta noche, sin gastos, y que si por casualidad no agradase a mi tía, me lo cambie usted mañana a primera hora por otra cosa, en cuyo caso los gastos de devolución correrían de mi cuenta.</p>
<p>-Con mucho gusto, con mucho gusto -asintió Benson, que se esperaba el regateo de algunos chelines-. Pero ¿cómo voy a enviarlo esta noche?</p>
<p>-Eso allá usted -respondió el comprador-. Deseo también un recibo del dinero, y en ese recibo tendrá la bondad de especificar que me vende el armario con todo cuanto contiene, porque a lo mejor se encuentra una fortuna en estos armatostes antiguos -añadió sonriendo-. Se habla de butacas que la propietaria había rellenado de billetes de banco.</p>
<p>-¡Oh! Eso no me preocupa -dijo Benson, extendiendo el recibo-. En cuanto al transporte… No pesa mucho el armario… Yo me encargo de él… ¿Adónde hay que llevarlo?</p>
<p>-A la señora de Truman, Calle de Salisbury, número 2, en el arrabal… No es un barrio muy recomendable, pero cada uno se aloja donde puede, con los alquileres tan caros.</p>
<p>-Es una calle muy oscura y que no goza de buena fama -objetó el prestamista-. ¿No podría usted aguardar a mañana por la mañana? Estoy solo en casa con una criada, y como a estas horas no encontraré en su puesto al recadero de la esquina, seguro que me veré obligado a llevar yo mismo el armario. Hace unos veinte años, en esa misma calle, robaron y asesinaron a un hombre.</p>
<p>-¡Oh! ¡Sí, hace veinte años…! -comentó riendo el joven-. Pero la Calle de Salisbury ha mejorado mucho desde esa fecha. Además, ¿a qué ladrón seduciría la idea de robar un armario vacío, que ha estado dos o tres siglos en poder de la familia del granjero Merrywood?</p>
<p>El señor Benson dirigió una mirada de desconfianza al comprador; pero le tranquilizó la fisonomía franca y leal de aquel joven de apenas veinticuatro años. En efecto, ¿qué podía temer? Y, además, “¡qué ocasión tan excelente para ahorrarme el viaje del mozo de cuerda! ¡Verdaderamente -se decía a sí mismo-, yo debiera invitar a este hombre a un refresco! Pero la buena intención se desvaneció como tantas otras buenas que a veces cruzaban rápidas por su imaginación.</p>
<p>-Si llega a casa de mi tía antes que yo, le ruego que diga únicamente que es de parte de su sobrino, aunque estaré a tiempo para recibirlo yo mismo. Sólo me detendré un cuarto de hora en la Calle Mayor y regresaré a toda prisa.</p>
<p>Y acto seguido se envolvió el joven con el capote y se despidió del señor Benson.</p>
<p>Éste paseó una mirada de satisfacción en tomo suyo.</p>
<p>-¡Ea! -concluyó-. He hecho un magnífico negocio que completa el día con gran beneficio. ¡Qué buen muchacho! ¡Cuánto debe de querer a su tía para no regatear al hacerle un regalo! Me daré prisa en llevarle este armario, que amenazaba con estorbarme aquí mucho tiempo.</p>
<p>Y llamando a la criada para participarle su salida, se echó el armario al hombro, cerró la puerta de la tienda y se encaminó con paso rápido a la Calle de Salisbury. Había cesado de llover.</p>
<p>Cuando llegó al número 2, el prestamista llamó una vez con la aldaba sin obtener respuesta.</p>
<p>-¡Vaya! -dedujo para su capote-. Creo que esta es la casa que ha estado desalquilada tanto tiempo. No sabía que la ocuparan ya inquilinos. ¿A quién se habrán dirigido, pues, para los muebles?</p>
<p>Volvió a llamar y entonces dieron señales de vida; se oyeron pisadas en el pasillo y abrió una vieja que parecía extrañada por tan tardía visita.</p>
<p>-Iba a acostarme -dijo la anciana-. No esperaba más que a mi sobrino y creí que sería él…</p>
<p>-Pronto estará aquí -respondió Benson-, y me ha encargado que le traiga de su parte este precioso armario. Todo está pagado…, a menos que quiera usted añadir alguna propina -indicó sin el menor remordimiento de conciencia, porque el avaro prestamista pensaba que no debía impedir a la buena mujer mostrarse tan generosa como su sobrino.</p>
<p>-¡No faltaba más! -accedió la vieja-. Ahí tiene una moneda de seis peniques… ¡Qué amable es para su tía mi querido sobrino!</p>
<p>-¿Hace mucho tiempo que vive usted aquí, señora? -indagó Benson mientras la tía se registraba los bolsillos.</p>
<p>-¡No! Sólo llevo tres días -contestó la anciana.</p>
<p>-Gracias, señora; y si le hace falta algún mueble más, venga usted misma a mi tienda, donde hallará objetos de su agrado y baratísimos.</p>
<p>-Gracias a mi sobrino, no creo que me falte gran cosa, máxime cuando mi antiguo mobiliario ha llegado todo esta mañana por el canal. Buenas noches.</p>
<p>Benson se embolsó la propina y se marchó, sin preocuparse más que la vieja de prolongar la conversación en el pasillo, donde le había mandado dejar el armario, sin invitarle a entrar en las habitaciones.</p>
<p>Al llegar a su casa, el prestamista, como hombre minucioso, encendió de nuevo la bujía, anotó su último ingreso y se permitió el lujo de fumar una pipa antes de acostarse, y de servirse una copa de aguardiente para humedecer de cuando en cuando los labios. No tardó en oír dar las doce en uno de sus relojes; pero como otro dio una hora menos creyó que este último era el que acertaba y cargó de nuevo la pipa para esperar a que tocase un tercero. En aquel momento paró a su puerta un carruaje.</p>
<p>-¿Quién podrá llegar a mi casa a estas horas? -se preguntó al oír que llamaban-. ¡Ya va, ya va!… Probablemente será algún noble arruinado que viene a ofrecerme su vajilla heredada o alguna condesa que quiere deshacerse de un diamante que la estorba.</p>
<p>Con tan agradable reflexión, salió a abrir. Vio a una señora que se apeaba de una silla de postas, cuyo estribo fue levantado de nuevo por el conductor, quien cerró también la portezuela, en tanto que la viajera disponía:</p>
<p>-Que aguarde el coche. Tengo que tratar con usted un asunto importante, señor Benson; entremos en su casa, para que nadie nos moleste.</p>
<p>Benson penetró en la tienda, y a la luz de la vela notó que su entrevista a solas se efectuaba con una mujer de distinguidísimo porte, vestida con sencillez y dominada por una gran emoción.</p>
<p>-¿Es usted, realmente, el señor Benson el prestamista? -se informó.</p>
<p>-Sí, señora, y comerciante de objetos de ocasión: muebles, libros, estatuas, relojes de pared y bolsillo, alhajas, escopetas de dos cañones, pistolas y otros diversos artículos.</p>
<p>-¿Estuvo usted en la subasta del granjero Merrywood el miércoles de la semana pasada?</p>
<p>-Sí, señora.</p>
<p>-¿Lo ha comprado usted?</p>
<p>-¿Qué?</p>
<p>-¡Ah, es verdad! Aún no se lo he dicho, ni debo decírselo… ¿Cuánto ha pagado usted por todos los artículos que adquirió allí?</p>
<p>-He hecho algunas buenas adquisiciones, lo confieso, pero me han costado unas treinta guineas</p>
<p>-¿Quiere enseñarme la factura de todos los lotes y dejarme escoger? O mejor aún, ¿quiere usted concedérmelo por cien guineas?</p>
<p>Benson miraba a aquella señora tan emocionada, de labios temblorosos. Lo que ofrecía era de corazón.</p>
<p>-No -contestó-. Cien guineas es muy poco. Acaso para usted valga eso, pero para mí vale más.</p>
<p>-¡Le daré doscientas, y asunto terminado! ¿Qué ha adquirido usted? ¿Las camas, las butacas, los aparadores?… Enséñeme la lista…</p>
<p>Benson descolgó de un clavo de la tienda la memoria del tasador y se la entregó a la señora, que la examinó y con la misma agitación febril exclamó:</p>
<p>-¿Para qué comprobar artículo por artículo? Sólo hay uno que me interesa, y es éste. Quédese con los demás y véndame ese armarito con sus cuatro cajones. Señale usted mismo el precio y no perdamos un tiempo precioso.</p>
<p>-¡No puede ser, señora! -opuso Benson, a su vez pálido y azorado-. Ese armario no está ya en mi poder. Lo he vendido y lo he llevado yo mismo al comprador.</p>
<p>-¡Infeliz! -exclamó la señora-. ¡Me ha arruinado usted y se ha arruinado también a sí mismo! Ese armario nos hubiera hecho ricos a los dos. ¿Por qué me enteraría tan tarde de la venta? ¿Por qué? ¿Y no puede usted recobrarlo? ¿Quién lo ha adquirido? ¿Accederá el comprador a vendérmelo? Dígame su nombre y su dirección… Quizás no se haya perdido todo aún…</p>
<p>-No sé el nombre del comprador -replicó Benson-; pero, por fortuna, sé dónde vive, y quizá encontremos medio de volver a verlo… Sin embargo, dígame antes por qué se le antoja tan valioso el armario. Lo he examinado detenidamente, se lo aseguro; es un mueble ordinario, no tiene doble fondo ni muelle alguno secreto… Debe usted de equivocarse, sin duda.</p>
<p>-No hay equivocación. ¿Ha mirado usted bien los cuatro cajones? ¿Se ha fijado en su grueso? ¿No ha reparado en que el de arriba tenía una especie de corredera en un borde?</p>
<p>-No… nada he visto. Pero si tan segura está usted de lo que afirma, habré mirado mal… Decididamente, soy muy torpe; se han burlado de mí… me han engañado…</p>
<p>Pareció tan abrumado el prestamista por la convicción de su simpleza, que hasta la misma señora se conmovió.</p>
<p>-Escúcheme -le dijo-; si se las agencia usted bien, aún podremos repararlo todo; pero es necesario que actuemos de acuerdo. ¿Quiere que acordemos repartirnos lo que contenga el cajón?</p>
<p>-Pero ¿qué contiene? -inquirió Benson bajando la voz-. ¿Contiene realmente algo?</p>
<p>-¿Le ofrecería yo si no cien o doscientas guineas por tal mueble? En fin, quiero confiárselo todo. ¿Conocía usted al granjero Merrywood?</p>
<p>-No, no puedo asegurar que lo conociera. Hace tiempo le vendí una silla de montar y recuerdo que pocos días después vino a reprocharme haberlo engañado en la calidad de la borra.</p>
<p>-¡Qué suyo es eso! Espíritu desconfiado, inquieto, lúgubre… Pero no siempre fue así el pobre hombre; la desgracia trastorna con frecuencia un buen carácter. Tenía una hija cuya extraordinaria belleza ponderaba todo el mundo hace unos veinte años; hija única… ¡Pobre Carolina! Constituía su ídolo y mostraba con él todas las atenciones del cariño filial. Agradecida a la brillante educación que recibiera, quería consagrar su vida a tan buen padre: le leía, le ejecutaba sonatas al piano; en una palabra, era el ángel de la casa. ¡Tan amable! Todos la queríamos.</p>
<p>-¿También la conocía usted?</p>
<p>-¡Que si la conocía! Fuimos amigas desde la infancia y éramos primas por parte de madre. Aunque yo era pobre, se portó muy bien conmigo; exigió a su padre que yo viviera con ellos en la granja. Claro que yo, por mi parte, los ayudaba con multitud de pequeños servicios; pero ¡qué delicadeza en el proceder de tan generosos parientes! Me hubieran tomado por hermana de Carolina siempre vestida igual, compartiendo sus diversiones… yendo al baile con ella… ¡Al baile!… Ya adivinará usted lo demás.</p>
<p>-¡No, se lo juro! La escucho.</p>
<p>-¿De modo que no ha oído usted hablar del viejo marqués de…? ¡Pero dejemos ese nombre odioso!… Tenía un hijo, el joven conde Rogelio…, muchacho amabilísimo, espléndido, muy alegre, sin la menor arrogancia… Vio a Carolina y le impresionó su belleza; la amó, como todos… ¿Quién no la hubiera amado?… Le declaró su amor y lo compartió con ella… Lo de siempre, señor Benson… el amor y sus penas amargas… Una noche, hará de esto doce años, sí, doce años, transcurría el mes de septiembre, Carolina vino a verme a mi cuarto… “Prima -me dijo-, ¿crees que mi padre es hombre capaz de perdonar?” “Sin duda, Carolina -le respondí-. ¿No es cristiano?” “Lo es; pero ¿perdonaría a una hija que hubiese ambicionado elevarse por encima de su condición? ¿Le perdonaría hacerse <i>lady</i>? ¿Se descubriría de buena gana ante ella, como hace cuando la marquesa pasa por su lado en carroza para ir a la iglesia?” “¡Qué locura!”, contesté a Carolina, temiendo comprenderla. Y en cuanto me hubo confesado todo, le di un consejo amistoso, aunque me sedujera también verla ir y venir por mi cuarto aquella noche dándose aires de condesa, abanicándose con una zapatilla y recogiéndose la cola del traje de corte…, que a la sazón no era sino el camisón…</p>
<p>-¿Y qué sucedió? ¿Cogió una pleuresía y murió?</p>
<p>-No, sucedió que fue raptada. Carolina desapareció una mañana de aquel mes, y desde tan aciago día, el granjero Merrywood no levantó la cabeza de humillación. El infortunado padre pareció olvidar que había tenido una hija. No volvió a hablar de Carolina; nadie se atrevió ya a nombrarla, y cuando al mes siguiente recibió carta de ella, en la que le anunciaba que se iba a casar, que iba a ser una gran señora importante y rica, pero que siempre amaría y respetaría a su padre… el granjero rompió la carta y arrojó los pedazos al aire, sin pronunciar más que estas palabras: “¡Insensata! ¡Insensata!”</p>
<p>-Loca estaba, en efecto -confirmó Benson-, porque presumo que no se casaría con ella el joven conde.</p>
<p>-¡Ay, no! Y ella no volvió a escribir. Merrywood subió al cuarto que ocupaba Carolina, abrió violentamente el armario de encina en que ella guardaba sus vestidos y ropa blanca, vació en el suelo los cajones y echó al fuego trajes, lencería, cofias, toquillas, etcétera, etcétera. Aquel armario era un antiguo mueble de familia que había pertenecido a su propia abuela, luego a su madre, después a su esposa… El cajón superior tenía un doble fondo, que servía a Carolina de cartera, donde guardaba las cartas que cuando estaba en el colegio recibió de su padre. El granjero abrió asimismo ese doble fondo, las sacó de él todas, intentó releer una y no pudo continuar por las muchas lágrimas que acudieron a sus ojos. Pasó un mes, luego otro, después el año entero, y el pobre padre no se mostraba menos taciturno ni menos triste, cuando recibió otra carta que llevaba en el sello las armas del marqués. La abrió y vio que era del joven conde Rogelio, cuyo padre acababa de morir, legándole todos sus títulos y propiedades, pero a condición de que se casara con la heredera de lord Rockigham. “Carolina -escribía el nuevo marqués- es dichosa; mas yo debo a usted una reparación personal, porque sé que su fortuna se ha resentido de sus penas. Le envío, pues, en nombre de su hija, cuatro billetes de banco de mil libras esterlinas cada uno.”</p>
<p>-¡Alabado sea Dios! -gritó el prestamista-. ¡Qué señor tan noble y dadivoso! ¡Cuatro mil libras esterlinas! ¡Vaya una fortuna para el granjero Merrywood!</p>
<p>-¡Qué mal lo juzga usted! ¡Ah! ¡Si hubiera visto, como yo vi, la cólera reconcentrada con que estrujó en sus manos la carta sin pronunciar una palabra!… Al cabo de un cuarto de hora de triste silencio me dijo: “Sube conmigo, Juana. Deseo que seas testigo de lo que voy a hacer.” Lo seguí toda temblorosa hasta el cuarto de Carolina. “Aquí hay -agregó- cuatro mil libras esterlinas que ese cobarde seductor pretende hacerme aceptar en nombre de mi hija. Líbreme Dios de tocarlas, y no se las devuelvo porque podría emplearlas en seducir a otras; pero… cuando yo muera…, si alguna vez queda en la miseria la hija que él me raptó, no quiero que perezca de hambre. Justo es que recobre el precio de su deshonra; tú sabrás de dónde sacar lo que le pertenece.” Y al decir esto, abrió el doble fondo, metió en él los billetes de banco, empujó el cajón con un postrer acceso de desesperación y me entregó este alfiler de plata, que sirve para activar el muelle secreto. El granjero Merrywood ha muerto; Carolina ha dejado también de existir. ¿Para quién deben ser las cuatro mil libras esterlinas?</p>
<p>-¡Y yo que he vendido el armario por dos libras! -suspiró Benson- ¡Miserable de mí! Lo repito: ¡me han robado! ¿Está usted segura de que es la única que sabía lo que acaba de contarme? ¡Ah! ¡He debido desconfiar del joven de aparente inocencia que venía como por casualidad a escoger ese mueble entre todos los de mi tienda!</p>
<p>-Dígame el nombre del comprador -repitió la dama-; no sólo poseo el secreto, sino que tengo también el alfiler.</p>
<p>-Déjeme el alfiler -prosiguió Benson-. No es demasiado tarde para ir a comprobarlo. Corro allá.</p>
<p>-No, no; quiero conservar la llave. Traiga usted el armario, y una vez que esté aquí lo comprobaremos juntos, y juntos lo abriremos puesto que debemos repartirnos la suma. A no ser que prefiera darme la dirección del comprador para que me arregle con él.</p>
<p>-No, no -porfió, a su vez, Benson-; yo he cometido la falta, yo tengo que repararla. Esté usted aquí mañana por la mañana, a las nueve.</p>
<p>-¡Mañana, a las nueve! -repitió la prima Juana-. Buenas noches.</p>
<p>Y montó de nuevo en el carruaje.</p>
<p>Benson no cerró los ojos en toda la noche por miedo a que el sol y el joven de la Calle de Salisbury madrugaran más que él. En cuanto amaneció, corrió a la calle en cuestión, y daban las seis cuando se hallaba delante del número 2.</p>
<p>Antes de echar mano a la aldaba, se cercioró de que llevaba en el bolsillo una bolsa de monedas de oro. “Supongo -pensaba- que la vista del dinero seducirá a mi modesto joven, y, sobre todo, a la tía vieja, a quien tal vez haya que indemnizar. ¡Magnífico! Estoy prevenido. Llamemos.”</p>
<p>-¿Quién es?</p>
<p>-¿Está levantada la señora de Truman? -preguntó Benson por el ojo de la cerradura.</p>
<p>-Aún no.</p>
<p>-¿Y su sobrino?</p>
<p>-Soy yo -respondió una voz desde dentro.</p>
<p>Y al abrirse la puerta. el sobrino, presentándose en persona, expresó su extrañeza por tan temprana visita.</p>
<p>-Caballero -le expuso Benson-, nunca se apresura uno lo bastante, cuando se trata de reparar un error. Lo cometí anoche, al venderle un armario que me descabalaba la pareja. Y vengo a deshacer el trato; pero soy demasiado justo para no resarcirle espléndidamente. Usted mismo escogerá lo que quiera de toda mi tienda.</p>
<p>-De ningún modo, señor. Mi tía está entusiasmada con el regalo y no creo que haya el menor error. Por otra parte, todavía no he abierto los cajones, y recordará usted que lo he previsto todo… ¿Y si encontrase en él mi fortuna? Esos muebles antiguos de familia han enriquecido a más de un heredero, como le decía a usted ayer.</p>
<p>Hubo una pausa. Benson reflexionaba y calculaba. Reanudó la conversación a media voz y apoyó su elocuencia sacando del bolsillo la bolsa. Y debió de hallar, por fin, un argumento contundente, porque media hora más tarde el armario gótico entraba de nuevo en la tienda, después de desandar, a hombros del prestamista, todo el camino recorrido la víspera.</p>
<p>-¡Al fin respiro! -exclamó-. Pero ¿aguardaré a las nueve? ¡Ah! ¡Esa buena prima que cree que no puedo prescindir de su alfiler! Aquí tengo una hachita que ha roto otros muchos muebles!</p>
<p>Monologando así, sacó el primer cajón del armario y vio pegado en una de las paredes interiores un papel.</p>
<p>-¡Vaya, vaya! -murmuró-. ¿Será uno de los billetes?</p>
<p>Y leyó:</p>
<p>“Recibí: Jorge Evans.”</p>
<p>En el mismo instante entraba el joven cómico en su cuarto de la hostería de los Tres Pichones y restituía a su baúl dos vestidos de mujer.</p>
<p>-¡Vaya! -se dijo-. ¡Mucha prisa se ha dado en quebrar el empresario de este pueblo! Yo hubiera podido hacerle recaudar algunos ingresos con mi estreno. He tenido bastante éxito en mis papeles de la tía Truman y de la prima Juana. Deducidos de mis doscientas cincuenta libras esterlinas el alquiler de la casa de la Calle de Salisbury, las dos libras del armario, lo que debo por la silla de posta y la propina de seis peniques, tan generosamente dada al ambicioso Benson, aún me quedarán las doscientas libras de mi padre, con los intereses de diez años. ¡Ojalá la conciencia de mi deudor esté tan tranquila como la mía!</p>
<p align="center">FIN</p>
<h4 style="text-align: left;" align="center">Fuente: Blog Ciudad Seva.</h4>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El poeta dice la verdad</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/el-poeta-dice-la-verdad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Jun 2022 06:00:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.elviejotopo.com/?post_type=custom_type_xpress&#038;p=22847</guid>

					<description><![CDATA[<p>Tal día como hoy de 1898 nacía en Fuente Vaqueros, Granada, el gran poeta y dramaturgo Federico García Lorca. En 1935 escribió este poema, que forma parte de los once Sonetos del amor oscuro, publicados póstumamente.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.elviejotopo.com/topoexpress/el-poeta-dice-la-verdad/">El poeta dice la verdad</a> aparece primero en <a href="https://www.elviejotopo.com">El Viejo Topo</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Quiero llorar mi pena y te lo digo<br />
para que tú me quieras y me llores<br />
en un anochecer de ruiseñores,<br />
con un puñal, con besos y contigo.</p>
<p>Quiero matar al único testigo<br />
para el asesinato de mis flores<br />
y convertir mi llanto y mis sudores<br />
en eterno montón de duro trigo.</p>
<p>Que no se acabe nunca la madeja<br />
del te quiero me quieres, siempre ardida<br />
con decrépito sol y luna vieja.</p>
<p>Que lo que no me des y no te pida<br />
será para la muerte, que no deja<br />
ni sombra por la carne estremecida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Federico García Lorca,  Sonetos del amor oscuro.</strong></p>
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		<title>Chacales y árabes</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/chacales-y-arabes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Jun 2022 06:00:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tal día como hoy de 1924 moría en Kierling, Austria, a los 40 años, Franz Kafka. Iniciador de la profunda renovación que experimentaría la novela europea en las primeras décadas del siglo XX, lo recordamos mediante este breve y emblemático cuento.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Acampábamos en el oasis. Los viajeros dormían. Un árabe, alto y blanco, pasó adelante; ya había alimentado a los camellos y se dirigía a acostarse.</p>
<p>Me tiré de espaldas sobre la hierba; quería dormir; no pude conciliar el sueño; el aullido de un chacal a lo lejos me lo impedía; entonces me senté. Y lo que había estado tan lejos, de pronto estuvo cerca. El gruñido de los chacales me rodeó; ojos dorados descoloridos que se encendían y se apagaban; cuerpos esbeltos que se movían ágilmente y en cadencia como bajo un látigo.</p>
<p>Un chacal se me acercó por detrás, pasó bajo mi brazo y se apretó contra mí como si buscara mi calor, luego me encaró y dijo, sus ojos casi en los míos:</p>
<p>-Soy el chacal más viejo de toda la región. Me siento feliz de poder saludarte aquí todavía. Ya casi había abandonado la esperanza, porque te esperábamos desde la eternidad; mi madre te esperaba, y su madre, y todas las madres hasta llegar a la madre de todos los chacales. ¡Créelo!</p>
<p>-Me asombra -dije olvidando alimentar el fuego cuyo humo debía mantener lejos a los chacales-, me asombra mucho lo que dices. Sólo por casualidad vengo del lejano Norte en un viaje muy corto. ¿Qué quieren de mí, chacales?</p>
<p>Y como envalentonados por este discurso quizá demasiado amistoso, los chacales estrecharon el círculo a mi alrededor; todos respiraban con golpes cortos y bufaban.</p>
<p>-Sabemos -empezó el más viejo- que vienes del Norte; en esto precisamente fundamos nuestra esperanza. Allá se encuentra la inteligencia que aquí entre los árabes falta. De este frío orgullo, sabes, no brota ninguna chispa de inteligencia. Matan a los animales, para devorarlos, y desprecian la carroña.</p>
<p>-No hables tan fuerte -le dije-, los árabes están durmiendo cerca de aquí.</p>
<p>-Eres en verdad un extranjero -dijo el chacal-, de lo contrario sabrías que jamás, en toda la historia del mundo, ningún chacal ha temido a un árabe. ¿Por qué deberíamos tenerles miedo? ¿Acaso no es un desgracia suficiente el vivir repudiados en medio de semejante pueblo?</p>
<p>-Es posible -contesté-, puede ser, pero no me permito juzgar cosas que conozco tan poco; debe tratarse de una querella muy antigua, de algo que se lleva en la sangre, entonces concluirá quizá solamente con sangre.</p>
<p>-Eres muy listo -dijo el viejo chacal; y todos empezaron a respirar aún más rápido, jadeantes los pulmones a pesar de estar quietos; un olor amargo que a veces sólo apretando los dientes podía tolerarse salía de sus fauces abiertas-, eres muy listo; lo que dices se corresponde con nuestra antigua doctrina. Tomaremos entonces la sangre de ellos, y la querella habrá terminado.</p>
<p>-¡Oh! -exclamé más brutalmente de lo que hubiera querido- se defenderán, los abatirán en masa con sus escopetas.</p>
<p>-Has entendido mal -dijo-, según la manera de los hombres que ni siquiera en el lejano Norte se pierde. Nosotros no los mataremos. El Nilo no tendría bastante agua para purificarnos. A la simple vista de sus cuerpos con vida escapamos hacia aires más puros, al desierto, que por esta razón se ha vuelto nuestra patria.</p>
<p>Y todos los chacales en torno, a los cuales entre tanto se habían agregado muchos otros venidos de más lejos, hundieron la cabeza entre las extremidades anteriores y se la frotaron con las patas; habríase dicho que querían ocultar una repugnancia tan terrible que yo, de buena gana, con un gran salto hubiese huido del cerco.</p>
<p>-¿Qué piensan hacer entonces? -les pregunté al tiempo que quería incorporarme, pero no pude; dos jóvenes bestias habían mordido la espalda de mi chaqueta y de mi camisa; debí permanecer sentado.</p>
<p>-Llevan la cola de tus ropas -dijo el viejo chacal aclarando en tono serio-, como prueba de respeto.</p>
<p>-¡Que me suelten! -grité, dirigiéndome ya al viejo, ya a los más jóvenes.</p>
<p>-Te soltarán, naturalmente -dijo el viejo-, si tú lo exiges. Pero debes esperar un ratito, porque siguiendo la costumbre han mordido muy hondo y sólo lentamente pueden abrir las mandíbulas. Mientras tanto escucha nuestro ruego.</p>
<p>-No diré que el comportamiento de ustedes me ha predispuesto a ello -contesté.</p>
<p>-No nos hagas pagar nuestra torpeza -dijo, empleando en su ayuda por primera vez el tono lastimero de su voz natural-, somos pobres animales, sólo poseemos nuestra dentadura; para todo lo que queramos hacer, bueno o malo, contamos únicamente con los dientes.</p>
<p>-¿Qué quieres entonces? -pregunté algo aplacado.</p>
<p>-Señor -gritó, y todos los chacales aullaron; a lo lejos me pareció como una melodía-. Señor, tú debes poner fin a la querella que divide el mundo. Tal cual eres, nuestros antepasados te han descrito como el que lo logrará. Es necesario que obtengamos la paz con los árabes; un aire respirable; el horizonte completo limpio de ellos; nunca más el lamento de los carneros que el árabe degüella; todos los animales deben reventar en paz; es preciso que nosotros los vaciemos de su sangre y que limpiemos hasta sus huesos. Limpieza, solamente limpieza queremos -y ahora todos lloraban y sollozaban-, ¿cómo únicamente tú en el mundo puedes soportarlos, tú, de noble corazón y dulces entrañas? Inmundicia es su blancura; inmundicia es su negrura; y horrorosas son sus barbas; ganas da de escupir viendo las comisuras de sus ojos; y cuando alzan los brazos en sus sobacos se abre el infierno. Por eso, oh señor, por eso, oh querido señor, con la ayuda de tus manos todopoderosas, con la ayuda de tus todopoderosas manos, ¡córtales el pescuezo con esta tijera! -Y, a una sacudida de su cabeza, apareció un chacal que traía en uno de sus colmillos una pequeña tijera de sastre cubierta de viejas manchas de herrumbre.</p>
<p>-¡Ah, finalmente apareció la tijera, y ahora basta! -gritó el jefe árabe de nuestra caravana, que se nos había acercado contra el viento y que ahora agitaba su gigantesco látigo. Todos escaparon rápidamente, pero a cierta distancia se detuvieron, estrechamente acurrucados unos contra otros, tan estrecha y rígidamente los numerosos animales, que se los veía como un apretado redil rodeado de fuegos fatuos.</p>
<p>-Así que tú también, señor, has visto y oído este espectáculo -dijo el árabe riendo tan alegremente como la reserva de su tribu lo permitía.</p>
<p>-¿Sabes entonces qué quieren los animales? -pregunté.</p>
<p>-Naturalmente, señor -dijo-, todos lo saben; desde que existen los árabes esta tijera vaga por el desierto, y viajará con nosotros hasta el fin de los tiempos. A todo europeo que pasa le es ofrecida la tijera para la gran obra; cada europeo es precisamente el que les parece el predestinado. Estos animales tienen una esperanza insensata; están locos, locos de verdad. Por esta razón los queremos; son nuestros perros; más lindos que los de ustedes. Mira, reventó un camello esta noche, he dispuesto que lo traigan aquí.</p>
<p>Cuatro portadores llegaron y arrojaron el pesado cadáver delante de nosotros. Apenas tendido en el suelo, ya los chacales alzaron sus voces. Como irresistiblemente atraído por hilos, cada uno se acercó, arrastrando el vientre en la tierra, inseguro. Se habían olvidado de los árabes, habían olvidado el odio; la obliteradora presencia del cadáver reciamente exudante los hechizaba. Ya uno de ellos se colgaba del cuello y con el primer mordisco encontraba la arteria. Como una pequeña bomba rabiosa que quiere apagar a cualquier precio y al mismo tiempo sin éxito un prepotente incendio, cada músculo de su cuerpo zamarreaba y palpitaba en su puesto. Y ya todos se apilaban en igual trabajo, formando como una montaña encima del cadáver.</p>
<p>En aquel momento el jefe restalló el severo látigo a diestra y siniestra. Los chacales alzaron la cabeza, a medias entre la borrachera y el desfallecimiento, vieron a los árabes ante ellos, sintieron el látigo en el hocico, dieron un salto atrás y corrieron un trecho a reculones. Pero la sangre del camello formaba ya un charco, humeaba a lo alto, en muchos lugares el cuerpo estaba desgarrado. No pudieron resistir; otra vez estuvieron allí; otra vez el jefe alzó el látigo; yo retuve su brazo.</p>
<p>-Tienes razón, señor -dijo-, dejémoslos en su oficio; por otra parte es tiempo de partir. Ya los has visto. Prodigiosos animales, ¿no es cierto? ¡Y cómo nos odian!</p>
<p>FIN</p>
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		<title>Kasparov entre las máquinas: 25 años de una derrota</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/kasparov-entre-las-maquinas-25-anos-de-una-derrota/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Jun 2022 06:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando un superordenador derrotó al campeón del mundo de ajedrez, se pensó que las capacidades de las máquinas se limitaban a operaciones analítico-lógicas. Sin embargo, el desarrollo de la Inteligencia Artificial permite su incursión en el campo artístico, amenazando con conquistar un ámbito específicamente humano: la creatividad. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400; color: #800000;">Cuando un superordenador derrotó al campeón del mundo de ajedrez, se pensó que las capacidades de las máquinas se limitaban a operaciones analítico-lógicas. Sin embargo, el desarrollo de la Inteligencia Artificial permite su incursión en el campo artístico, amenazando con conquistar un ámbito específicamente humano: la creatividad.  </span></p>
<hr />
<p><span style="font-weight: 400;">La posibilidad de una inteligencia artificial ha cautivado a la humanidad durante siglos. En ficción, por lo menos desde la novela de Samuel Butler </span><i><span style="font-weight: 400;">Erewhon</span></i><span style="font-weight: 400;">, publicada en 1872, una sátira utópica en la que este autoproclamado ‘escritor filosófico’ ya especulaba sobre la posibilidad de que las máquinas no solo sean capaces de autorreproducirse sino de adquirir conciencia de su propia existencia. Butler, influenciado por las recientes publicaciones de Charles Darwin y la revolución industrial, escribió al respecto un significativo texto de opinión titulado “Darwin entre las máquinas”</span><span style="font-weight: 400;"> una década antes, y que incluyó parcialmente en la novela posterior, el cual lee:</span></p>
<blockquote><p><span style="font-weight: 400;">“[N]os encontramos casi asombrados por el vasto desarrollo del mundo mecánico, por los gigantescos saltos con los que ha avanzado en comparación con el lento progreso del reino animal y vegetal. […] ¿Qué clase de criatura es probable que sea el próximo sucesor del hombre en la supremacía de la tierra? A menudo hemos escuchado este debate; pero nos parece que nosotros mismos estamos creando nuestros propios sucesores; nos sumamos diariamente a la belleza y delicadeza de su organización física; diariamente les estamos dando un mayor poder y suministrando por todo tipo de artificios ingeniosos ese poder autorregulador y de autoacción que será para ellos lo que el intelecto ha sido para la raza humana. En el curso de los siglos nos encontraremos a nosotros mismos como la raza inferior. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">[…]</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Día a día, sin embargo, las máquinas van ganando terreno sobre nosotros; día a día nos estamos volviendo más serviles; más hombres son atados diariamente como esclavos para atenderlos, más hombres dedican diariamente las energías de toda su vida al desarrollo de la vida mecánica. El resultado es simplemente una cuestión de tiempo, pero que llegará el momento en que las máquinas tendrán la supremacía real sobre el mundo y sus habitantes […]. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Nuestra opinión es que la guerra a muerte debe proclamarse instantáneamente contra ellas. Cada máquina de todo tipo debe ser destruida por el bienestar de la especie. Que no se hagan excepciones, no se muestre ninguna clemencia”.</span></p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Es posible que, por un instante, una reformulación de este miedo ante las máquinas junto con el llamamiento a su destrucción se articulase en la mente del gran ajedrecista Garry Kasparov el 11 de mayo de 1997, fecha en la que era derrotado por el superordenador Deep Blue.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Justo un año antes, Kasparov había defendido la supremacía humana tras vencer a Deep Blue 4-1 en una serie de seis partidas de 1996. En la revancha de 1997, hombre y máquina llegaban empatados a la última partida de las seis acordadas. Kasparov había ganado una partida, perdido otra y quedado en tablas en otras tres. La sexta y final cambiaría la historia. Por primera vez, una máquina se alzaba por encima de un Gran Maestro y con la derrota de Kasparov, de la cual se acaba de cumplir 25 años, se cristalizó en una metáfora perfecta la visión victoriana de Samuel Butler sobre el futuro de la humanidad entre las máquinas. La derrota de uno de los mayores Gran Maestros del ajedrez de la historia simbolizaba que la superioridad lógico-estratégica era plenamente computacional, y tal vez los seres humanos empezamos a vernos “a nosotros mismos como la raza inferior”, como nos describió Butler.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pese a las veladas acusaciones lanzadas por el propio Kasparov, Deep Blue demostró no ser un vástago del autómata Turk –una máquina que entre 1770 y 1854 maravilló a Bonaparte, Benjamin Franklin y al resto del mundo por su dominio del ajedrez y que solo tras su destrucción en un incendio fue revelada como un engaño–, y sí descendiente del primer autómata verdaderamente capaz de jugar al ajedrez, </span><i><span style="font-weight: 400;">El Ajedrecista</span></i><span style="font-weight: 400;">, presentado en la Feria de París de 1914 y construido por el ingeniero español Leonardo Torres Quevedo en 1912. Pese a que este autómata de primeros del siglo XX tenía una capacidad de movimientos de ajedrez limitada, Torres Quevedo ya abogaba por la creación de la ciencia de la Automática, y apuntaba un futuro donde “los autómatas tengan discernimiento, que puedan en cada momento, teniendo en cuenta las impresiones que reciben, y también, a veces, las que han recibido anteriormente, ordenar la operación deseada. Es necesario que los autómatas imiten a los seres vivos, ejecutando sus actos con arreglo a las impresiones que reciban y adaptando su conducta a las circunstancias”</span><span style="font-weight: 400;">. Leonardo Torres Quevedo veía ya el vivir entre máquinas pensantes.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A raíz del cambio de paradigma que supuso su derrota contra Deep Blue, Kasparov escribiría el libro </span><i><span style="font-weight: 400;">Deep Thinking</span></i><span style="font-weight: 400;">, donde es consciente de pasar a la historia como “el último campeón del mundo en ganar una partida contra una computadora”</span><span style="font-weight: 400;">. En esta confluencia de autobiografía y ensayo, Kasparov se hace eco de los temores ante lo que se ha llamado la singularidad, como los del científico y escritor de ciencia ficción Venor Vinge cuando en 1993 afirmó que “dentro de treinta años, tendremos los medios tecnológicos para crear inteligencia sobrehumana. Poco después, la era humana terminará”. Las palabras de Vinge son en espíritu las mismas que Samuel Butler escribió 130 años antes en “Darwin entre las máquinas” y que han sido repetidas innumerables veces en diversas formulaciones. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La sociedad actual y la cultura popular han retratado con vehemencia el advenimiento de la Inteligencia Artificial como el preludio de una distopía: más que fascinación ante las enormes posibilidades que ofrece esta tecnología, hoy día arrastramos una tradición de miedo por las implicaciones de un mundo con IA. Al hablar de Inteligencia Artificial, singularidad y múltiples escenarios futuros especulativos se da la particularidad de que la mayoría de nosotros estamos más influenciados por visiones como las de </span><i><span style="font-weight: 400;">Terminator</span></i><span style="font-weight: 400;"> o </span><i><span style="font-weight: 400;">Matrix</span></i><span style="font-weight: 400;"> que por los ensayos en revistas científicas. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El término Inteligencia Artificial es en realidad extremadamente amplio y comprende desde máquinas reactivas que calculan y seleccionan entre alternativas posibles, aprendizaje automático, y toda una gama de posibilidades que, en término último, llegan a la idea de autoconciencia, objetivo ulterior pero cuya viabilidad real hoy en día sigue siendo altamente cuestionada. Elon Musk, conocido por sus temores ante el advenimiento de ciertas tecnologías, también ha expresado en numerosas ocasiones su preocupación por una superinteligencia artificial</span><span style="font-weight: 400;">. Al mismo tiempo, Musk es un pionero en Inteligencia Artificial en campos como los coches autoconducidos o el Tesla Bot, un robot humanoide bípedo presentado en 2019 y cuyo prototipo fue prometido para este 2022, con lo que resulta un poco confuso el separar al Elon Musk mediático del empresarial. En cualquier caso, la IA apunta a ser la siguiente frontera tecnológica a conquistar y muestra el potencial suficiente como para reconfigurar la relación de la sociedad con la tecnología. Google, por su lado, tiene sus propios programas de Inteligencia Artificial como DeepMind, una red neuronal con capacidad de aprendizaje profundo y de aprender de sí misma y sin necesidad de programación suplementaria. Por su parte Meta, en su versión post-Facebook, ha anunciado que este año finalizará la construcción de AI Research SuperCluster, la supercomputadora más potente de la historia centrada en Inteligencia Artificial</span><span style="font-weight: 400;">. Para Meta, la IA será básica en la construcción de aplicaciones para el Metaverso. Microsoft, con Azure y otros programas, está también invirtiendo ingentes cantidades de dinero en proyectos similares. En retrospectiva, Deep Blue de IBM solo fue una etapa inicial en el camino y, en la actualidad, comparar a Deep Blue con cualquiera de las máquinas creadas por los gigantes tecnológicos contemporáneos es como poner juntos en una carrera al avión de los hermanos Wright y a un X-15 con su velocidad punta de 7.274 km/h. Y con cada nueva generación de supercomputadores se multiplican las capacidades, una renovación que es prácticamente anual. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Un ejemplo: Hace pocos años, el programa AlphaGo, parte del proyecto DeepMind de Google, causó sensación por sus victorias en el juego de Go, el cual es de una complejidad en cuanto a posibilidades enormemente superior al ajedrez. Fue especialmente significativa su serie de victorias de 2017 ante el campeón mundial Ke Jie. Pocos meses después, una nueva versión denominada AlphaGo Zero hizo su aparición, máquina con la particularidad de que todas las estrategias las autoaprendió por sí sola. Al cabo de tres días y con una capacidad computacional sensiblemente menor, derrotó a su predecesora recién salida de sus victorias ante el número 1 humano por 100 partidas a 0.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la rueda de prensa tras su histórica derrota, Garry Kasparov denunció una posible intervención humana en la estrategia de Deep Blue, una maquinación no permitida. Pese a su frustración inicial, la reflexión posterior que Kasparov realiza pocos años después es de optimismo ante el advenimiento de la Inteligencia Artificial. En ocasión del décimo aniversario de su derrota, Kasparov escribió:</span></p>
<blockquote><p><span style="font-weight: 400;">“Dejo claro en </span><i><span style="font-weight: 400;">Deep Thinking</span></i><span style="font-weight: 400;"> que mi derrota ante Deep Blue también fue una victoria para los humanos: sus creadores y todos los que se benefician de nuestros saltos tecnológicos […]. [E]l libro rechaza la historia de la rivalidad “hombre contra máquina”. Las máquinas trabajan para nosotros, después de todo. El último tercio del libro trata sobre el brillante futuro de nuestras vidas con máquinas inteligentes, si somos lo suficientemente ambiciosos como para abrazarlo. Espero que mi optimismo sea contagioso.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Es correcto preocuparse por la pérdida de empleos; siempre hay algo de dolor en estas olas de automatización. Es difícil mirar el panorama general en tiempos de interrupción y cambio rápido. Pero la transferencia de mano de obra humana a nuestra tecnología es la historia de la civilización humana. Nuestro nivel de vida mejora, vivimos vidas más largas y saludables. Las máquinas inteligentes continuarán con esto si les damos la oportunidad.”</span></p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">En este momento Kasparov parecía estar afligido en parte por un renovado optimismo a lo John Keynes cuando este economista manifestó en 1930 (ante lo que denominó ‘sistemas automáticos de maquinaria’ en su famoso texto </span><i><span style="font-weight: 400;">Posibilidades económicas para nuestros nietos</span></i><span style="font-weight: 400;">) su conocida afirmación de que, frente al futuro “desempleo tecnológico”, “[t]urnos de tres horas o semanas de quince horas pueden eliminar el problema durante mucho tiempo.” Sin entrar en el largo debate generado por las palabras de Keynes, los avances que está ofreciendo la Inteligencia Artificial pueden suponer una revolución tecnológica que mejore de forma sustancial múltiples ámbitos de la vida humana. Sin embargo, el miedo a la automatización y a la dependencia humana hacia su propia tecnología ha sido prospectivamente analizado desde múltiples ámbitos por la ficción del último siglo. Por ejemplo, vale la pena recordar el relato </span><i><span style="font-weight: 400;">Autofac</span></i><span style="font-weight: 400;"> (1955) de Philip K. Dick sobre los peligros de la automatización y cómo esta automatización consumirá los recursos naturales hasta el agotamiento dentro de un bucle de absurdidad donde el sistema siempre tiene que producir, cuya resolución última será el fin de la humanidad motivado por una crisis medioambiental. Como apunte, la escasez de silicio para microchips y de litio para baterías se define ya como un “déficit perpetuo”</span><span style="font-weight: 400;">. Y nunca hay que olvidar que todo cambio de paradigma, aunque sea tecnológico, tendrá sus consecuencias humanas, y las víctimas suelen ser los miembros más desprotegidos. Dick y muchos otros escritores se han rebelado contra este intento de minimizar su daño –demasiadas veces justificado– con una simplificación de idealismo utópico ante las posibilidades que ofrece una tecnología. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Tras un cuarto de siglo de la derrota de Kasparov, el reinado de la Inteligencia Artificial solo está dando sus primeros pasos y hoy difícilmente nadie discute la superioridad de cálculo de los supercomputadores. Sin embargo, nos encontramos en la actualidad con la irrupción de la Inteligencia Artificial en un campo hasta ahora considerado exclusivo de los seres humanos, la creatividad. Kasparov, tal vez afectado por un sentimiento romántico sobre la excepcionalidad de la especie humana, subtituló su libro </span><i><span style="font-weight: 400;">Deep Thinking: donde termina la inteligencia artificial y comienza la creatividad humana</span></i><span style="font-weight: 400;">. Esta línea divisoria entre cálculo mecánico y creatividad humana parece desvanecerse.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Este 23 de abril pasado, Ai-Da, la robot humanoide artista más importante del momento, abrió una exposición para exhibir su capacidad artística en la Bienal de Venecia. No supone la primera vez que humanos y máquinas exponen juntos pero sí una de las más significativas dado el escenario. 25 años después de que Kasparov perdiera en lo que podríamos denominar el campo analítico-lógico, Ai-Da pide sitio en el mundo de las artes y la creación artística. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ai-Da no solo pinta, sino que también hace esculturas y escribe poesía. Creada por el galerista Aidan Meller en colaboración con un centro de ingeniería, Ai-Da fue bautizada en honor de Ada Lovelace (1815-1852). En ciertos círculos, ella es una nota al pie en referencia a su padre, Lord Byron. En otros, Lord Byron es la nota a pie y Ada Lovelace es reverenciada por ser la primera programadora de la historia, pese a que no existieran máquinas que programar en el sentido moderno, al describir un algoritmo computacional y prever el potencial de las máquinas más allá de la mera calculación matemática: “[La máquina analítica] podría actuar sobre otras cosas además del número, con objetos cuyas relaciones fundamentales mutuas podrían ser expresadas por las de la ciencia abstracta de las operaciones […]. Suponiendo, por ejemplo, que las relaciones fundamentales de los sonidos en la ciencia de la armonía y de la composición musical fueran susceptibles de tal expresión y adaptaciones, el motor podría componer piezas de música elaboradas y científicas de cualquier grado de complejidad o extensión”</span><span style="font-weight: 400;">. Lord Byron representó al ideal romántico encarnando a lo que se denominó como el héroe byroniano y, ante Ada Lovelace, dos de los primeros versos escritos por este gran poeta maldito muestran el cisma de visión temporal entre padre e hija:</span></p>
<blockquote><p><span style="font-weight: 400;">Como el último de mi raza, debo marchitarme solo</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">y hallar el deleite solo en días que he presenciado antes</span></p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Sus visiones del mundo eran radicalmente diferentes y sus miradas apuntaban en direcciones opuestas. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La aparición de Ai-Da ha creado cierta incomodidad y una reafirmación cuasi romántica en el mundo artístico del “aura” benjaminiana de la obra de arte ante lo que se aprecia como un ataque por parte de la creación mecánica. No en vano, el campo que se ha considerado como el más representativo de la excepcionalidad humana es el de la creación artística. En múltiples ocasiones, es percibido como la punta de lanza de la elevación que es capaz de alcanzar el ser humano y uno de los pocos contrapesos ante la barbarie que somos capaces de generar, con lo que la irrupción de máquinas e Inteligencia Artificial en esta esfera amenaza múltiples percepciones sobre nuestra identidad como especie y nuestra capacidad de sublimación.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En 2018, Steven Thaler, presidente de Imagination Engines, pidió a la oficina de patentes de Estados Unidos registrar el cuadro “Una entrada reciente al paraíso”. En la casilla de autor puso: “máquina creativa”, explicando que “fue creado de forma autónoma por un algoritmo informático que se ejecuta en una máquina”</span><span style="font-weight: 400;">. La petición fue rechazada, y en este febrero de 2022 se ratificó la segunda apelación presentada por Thaler en una sentencia que enfatiza “el nexo entre la mente humana y la expresión creativa como requisito previo para la protección del derecho de autor”</span><span style="font-weight: 400;">. Esta premisa que fundamenta la ley de derechos de autor sustenta de igual forma, consciente o inconscientemente, la visión que tenemos muchos de nosotros sobre el arte.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En el mismo 2018 se hizo igualmente famoso otro cuadro creado por un programa de Inteligencia Artificial, “Retrato de Edmond Belamy”. Subastado en Christie’s, fue vendido por 432.500$</span><span style="font-weight: 400;">. Como firma, en la esquina inferior derecha, no hay una emulación de un nombre o un espacio en blanco sino el algoritmo empleado. En su momento la cifra alcanzada se vio como una estridencia del mercado artístico; hoy en día existen galerías especializadas en arte creado por IA e incluso existen programas gratuitos online en los que uno puede introducir una frase y el sistema genera un cuadro único en base al texto, como Disco Fussion o NightCafe.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Es necesario recordar que ninguna de las IA actuales es una Inteligencia Artificial verdadera y que, en realidad, no hay una mente mecánica detrás de la creación artística sino una alta capacidad computacional. Una pregunta interesante es si incluso antes de alcanzar una IA verdadera las obras generadas son artísticas o un mero simulacro artístico. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Muchas obras creadas por una Inteligencia Artificial son difícilmente diferenciables de cuadros realizados por seres humanos. De forma análoga al aprendizaje de un ser humano donde un artista estará influenciado por un gusto y una exposición a ciertos estilos, los algoritmos de IA empleados para crear arte no siguen normas o preceptos cerrados sino que aprenden visiones estéticas al analizar miles de obras. Posteriormente emplean este aprendizaje para crear obras nuevas siguiendo un estilo o una confluencia de varios. Según un artículo de American Scientist de 2019, ya entonces el 75% del público entrevistado en una feria de arte contemporáneo pensó que las obras generadas por un programa de IA llamado AICAN habían sido producidas por un ser humano</span><span style="font-weight: 400;">. Posiblemente, si la pregunta no hubiera abierto la posibilidad de una mano no humana detrás, el porcentaje hubiera podido alcanzar el 100%.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Más allá de la fascinación que genera las posibilidades de la IA y en asociación con la mercantilización del arte, en el trasfondo de esta problemática se enconde también una visión del arte como una cultura del objeto o, más concretamente, un culto al objeto único. La amenaza, supuesta o real, que supone la Inteligencia Artificial en el campo artístico puede constituir un revulsivo en múltiples facetas y no la decadencia áurica que pronostica un sector del mundo del arte. Por un lado, una transformación extremadamente necesaria del arte en cualquiera de sus formas de expresión que revitalice esta idea de mero objeto y la expanda dentro de una visión más compleja donde sean fundamentales cuestiones como filosofía, ética, activismo social y visiones del mundo, donde estas ideas no sean fácilmente separables de nociones como por ejemplo el efecto estético, el impacto emocional o intelectual que pueda causar la obra; es decir, una obra de arte generada, entendida y recibida como parte de un sistema más complejo de pensamiento. Por otro, la irrupción de la Inteligencia Artificial contribuirá a una imprescindible descentralización de nuestro excepcionalismo y a un incremento de una visión más posthumanista. Tal vez es hora de que salgamos del centro axiomático humanista, aunque solo sea unos pasos. Como escribe Ai-Da en respuesta a la </span><i><span style="font-weight: 400;">Divina Comedia</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Dante:</span></p>
<blockquote><p><span style="font-weight: 400;">Levantamos la vista de nuestros versos como cautivos con los ojos vendados, </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Enviados a buscar la luz; pero nunca llegó </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sería necesario una aguja y un hilo </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Para completar la imagen. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Para ver a las pobres criaturas, que estaban sufriendo, </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como un halcón, los ojos cosidos.</span></p></blockquote>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La Pobre Gente</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-pobre-gente/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 May 2022 06:00:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tal día como hoy de 1885 moría el gran escritor francés Víctor Hugo. Republicano convencido, poeta, dramaturgo y novelista, es considerado el máximo exponente del Romanticismo en su país. Lo recordamos con este poema de Las Rosas de la vida.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5>©Del dibujo: <a href="https://www.behance.net/gallery/25844377/Victor-Hugo" target="_blank" rel="noopener">Yann Dalon</a>.</h5>
<h4>I</h4>
<p>Es de noche. La choza es pobre, aunque segura.</p>
<p>Sombrío es su interior, mas algo se percibe</p>
<p>que irradia entre las sombras de su oscuro crepúsculo.</p>
<p>Redes de pescador cuelgan de sus paredes.</p>
<p>Y al fondo, en un rincón, una vajilla humilde,</p>
<p>encima de un arcón, destella vagamente,</p>
<p>y una gran cama adviértese, echadas sus cortinas.</p>
<p>Cerca, un colchón se extiende sobre unos viejos bancos,</p>
<p>y cinco niños sueñan en él como en un nido</p>
<p>de almas. El hogar donde unas llamas velan</p>
<p>alumbra el techo oscuro, y una mujer, de hinojos,</p>
<p>la frente sobre el lecho, reza y piensa, agitada.</p>
<p>Es su madre. Está sola. Blanco de espuma, afuera,</p>
<p>contra el viento, las rocas, las sombras y la bruma,</p>
<p>el torvo Océano lanza sus oscuros sollozos.</p>
<h4>II</h4>
<p>Su hombre está en el mar. Marino desde niño,</p>
<p>contra el siniestro azar libra una gran batalla.</p>
<p>Llueva o truene, sin falta ha de salir él siempre,</p>
<p>pues las criaturas tienen hambre. Al atardecer</p>
<p>parte cuando las aguas profundas van subiendo,</p>
<p>del dique, los peldaños.</p>
<p>La mujer quedó en casa cosiendo viejas telas,</p>
<p>remendando las redes, cuidando los anzuelos,</p>
<p>ante el hogar velando la sopa de pescado,</p>
<p>y a Dios luego rezando cuando los niños duermen.</p>
<p>Él, solo, combatido del mar, cambiante siempre,</p>
<p>se adentra en sus abismos y se pierde en la noche.</p>
<p>¡Qué esfuerzo! Todo es negro y frío, nada luce.</p>
<p>En los rompientes, entre las delirantes olas,</p>
<p>el buen banco de pesca y, sobre el mar inmenso,</p>
<p>el lugar móvil, negro, cambiante y caprichoso,</p>
<p>tan querido a los peces de aletas plateadas,</p>
<p>no es más que un punto sólo, grande como dos chozas.</p>
<p>Mas, de noche, en diciembre, con niebla y aguacero,</p>
<p>para encontrar tal punto sobre el desierto inquieto</p>
<p>¡cómo hay que calcular el viento y la marea,</p>
<p>y combinar con tino todas las maniobras!</p>
<p>Bordéanlo las olas como culebras verdes;</p>
<p>el mar tuerce y se encrespa sus pliegues desmedidos,</p>
<p>y hace gemir de horror los pobres aparejos.</p>
<p>Sueña él con su Jeannie, solo en el mar helado,</p>
<p>y ésta, llorando, llámalo, y entrambos pensamientos</p>
<p>se cruzan en la noche cual dos divinos pájaros.</p>
<h4>III</h4>
<p>Ella reza, y la alondra con su burlón graznido</p>
<p>importúnale, y entre escollos derruidos</p>
<p>le aterra el Océano, y mil distintas sombras</p>
<p>su espíritu atraviesan, de mar y marineros</p>
<p>llevados por la cólera furiosa de las olas;</p>
<p>y mientras, en su caja, cual sangre en las arterias,</p>
<p>el frío reloj late, vertiendo en el misterio</p>
<p>el tiempo gota a gota, inviernos, primaveras,</p>
<p>las varias estaciones; y estas palpitaciones</p>
<p>abren para las almas, y a modo de bandadas</p>
<p>de azores y palomas, por un lado, las cunas;</p>
<p>(las tumbas por el otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella medita y sueña: —»¡Oh Dios, cuánta pobreza!”</p>
<p>Sus hijos van descalzos en invierno y verano.</p>
<p>No comen pan de trigo, sólo pan de cebada.</p>
<p>¡Oh Dios, el viento ruge como un fuelle de fragua!</p>
<p>El mar bate en la costa como si fuera un yunque,</p>
<p>y las estrellas huyen entre el negro huracán</p>
<p>como un turbión de chispas por una chimenea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es ya la medianoche, la hora en la que ésta</p>
<p>como jovial danzante ríe y juguetea</p>
<p>bajo antifaz de raso que iluminan sus ojos;</p>
<p>la hora en que medianoche, bandido misterioso,</p>
<p>de sombra y lluvia lleno y su frente en el cierzo,</p>
<p>toma a un pobre marino tembloroso y lo estrella</p>
<p>contra espantosas rocas que aparecen de pronto.</p>
<p>¡Qué horror!, el hombre cuyos gritos el mar sofoca,</p>
<p>siente ceder y hundirse la barca en que naufraga,</p>
<p>y mientras siente abrirse las sombras y el abismo</p>
<p>bajo sus pies, ¡aún sueña con esa vieja argolla</p>
<p>de hierro, de su muelle, bañado por el sol!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estas tristes visiones su corazón conturban,</p>
<p>negro como la noche. Y ella tiembla y solloza.</p>
<h4>IV</h4>
<p>¡Oh la pobre mujer del pescador! Qué horrible</p>
<p>es tener que decirse: —»Todo cuanto yo tengo,</p>
<p>hermano, padre, amante, mis hijos más queridos,</p>
<p>el alma de mi alma, están en ese caos</p>
<p>perdidos, mi corazón, la carne de mi carne.”</p>
<p>¡Ser presa de las olas es serlo de las bestias!</p>
<p>Pensar —¡Cielos!— que el agua juegue con sus cabezas,</p>
<p>desde el hijo, grumete, al marido, patrón,</p>
<p>y que el viento soplando por sus trompas horribles</p>
<p>sobre ellos desate su larga y loca trenza,</p>
<p>y tal vez a esta hora se encuentren en peligro,</p>
<p>sin que saber podamos lo que están ahora haciendo</p>
<p>más que para enfrentarse a ese abismo sin fondo,</p>
<p>a esas oscuras simas donde no hay ni una estrella,</p>
<p>¡tienen sólo una plancha con un poco de tela!</p>
<p>¡Terrible angustia! Corren todas sobre las rocas.</p>
<p>Las olas suben; háblanles, grítanles: —»Devolvédnoslos”.</p>
<p>Mas ¡ay! qué es lo que puede decirse al pensamiento</p>
<p>del mar, siempre sombrío, y siempre trastornado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jeannie está aún más triste. ¡Su esposo está allá solo!,</p>
<p>en esta áspera noche, bajo el frío sudario,</p>
<p>sin ayuda. Sus hijos son aún pequeños. Madre,</p>
<p>dices: «¡Si fueran grandes! ¡Qué solo está!” ¡Quimeras!</p>
<p>Mañana, cuando partan ya acompañando al padre</p>
<p>dirás entre sollozos: «¡Oh, si aún pequeños fueran!”</p>
<h4>V</h4>
<p>Toma ella su linterna y su capote. Es la hora</p>
<p>de ir a ver si regresa y si la mar mejora,</p>
<p>si ya es de día y el mástil muestra su gallardete.</p>
<p>¡Vamos! De casa sale. La brisa matutina</p>
<p>no sopla aún. No hay nada. No está esa línea blanca</p>
<p>en el confín en donde se aclaran las tinieblas.</p>
<p>Llueve. Oh, qué siniestra la lluvia, de mañana.</p>
<p>Parece que el día tiembla, que está incierto y dudoso,</p>
<p>y que al igual que un niño, llora al nacer el alba.</p>
<p>Sale. No hay luz alguna en ninguna ventana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De repente, a sus ojos que buscan el camino,</p>
<p>con una rara mezcla de lúgubre y de humana</p>
<p>una pobre casucha, decrépita, aparece,</p>
<p>sin luz ni fuego alguno; su puerta bate el viento;</p>
<p>sobre sus viejos muros hay un techo oscilante,</p>
<p>y el cierzo en él retuerce repugnantes rastrojos,</p>
<p>sucios y amarillentos como un río revuelto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«¡Vaya!”, no me acordaba de esta pobre viuda</p>
<p>—se dice—; mi marido la encontró el otro día</p>
<p>enferma y solitaria; voy a ver cómo anda”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Golpea ella la puerta; escucha, no hay respuesta,</p>
<p>y Jeannie bajo el viento del mar tirita y tiembla.</p>
<p>«¡Enferma! ¡Y sus hijos andan tan mal nutridos!…</p>
<p>No tiene más que dos, pero está sin marido”.</p>
<p>Golpea otra vez la puerta. «¡Eh, vecina, vecina!”</p>
<p>Pero la casa calla. «Oh Dios —se dice inquieta—,</p>
<p>¡cómo duerme que no oye ni aun tras llamar tanto!”</p>
<p>Pero esta vez la puerta, como si de repente</p>
<p>los objetos sintieran una piedad suprema,</p>
<p>triste, giró en la sombra y abrióse por sí misma.</p>
<h4>VI</h4>
<p>Entró, y su linterna iluminó la negra</p>
<p>estancia muda al borde de las rugientes olas.</p>
<p>Como por un cedazo caía agua del techo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yacía al fondo echada una terrible forma;</p>
<p>una mujer inmóvil, descalza y boca arriba,</p>
<p>con la mirada oscura y un espantoso aspecto,</p>
<p>un cadáver; —un tiempo madre jovial y fuerte—;</p>
<p>el desgreñado aspecto de la miseria muerta;</p>
<p>los despojos del pobre tras su tenaz combate.</p>
<p>Pender dejaba ella un frío y yerto brazo</p>
<p>con su mano ya verde, en medio de la paja,</p>
<p>y brotaba el horror de aquella boca abierta</p>
<p>por la que alma, huyendo, siniestra, había lanzado</p>
<p>¡el grito de la muerte que oye la eternidad!</p>
<p>Cerca donde yacía la madre de familia,</p>
<p>dos niños muy pequeños, un varón y una hembra,</p>
<p>en una misma cuna sonreían en sueños.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sintiéndose morir, su madre habíales puesto</p>
<p>sobre sus pies su manto, sus ropas sobre el cuerpo,</p>
<p>para que en esa sombra que nos deja la muerte,</p>
<p>no hubieran de sentir perderse la tibieza,</p>
<p>y así calor tuvieran en tanto que frío ella.</p>
<h4>VII</h4>
<p>¡Cómo duermen los dos en esa pobre cuna!</p>
<p>Su aliento es apacible y sus frentes serenas,</p>
<p>cual si no hubiera nada capaz de despertarlos,</p>
<p>ni siquiera las trompas del Juïcio Final,</p>
<p>pues que, inocentes siendo, a juez ninguno temen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La lluvia ruge afuera cual si fuera un diluvio.</p>
<p>Del techo, a veces, cae con las rachas del viento</p>
<p>una gota de lluvia sobre esa frente yerta</p>
<p>y corre por su rostro cual si fuera una lágrima.</p>
<p>Las olas suenan como la campana de alarma.</p>
<p>La muerta oye la sombra con expresión absorta.</p>
<h4>VIII</h4>
<p>Pero Jeannie ¿qué ha hecho en casa de la muerta?</p>
<p>Bajo su amplia capa ¿qué es lo que ella se lleva?</p>
<p>¿Qué es lo que transporta al salir de la puerta?</p>
<p>¿Por qué su pecho late? ¿Por qué apresura el paso?</p>
<p>¿Por qué así, vacilante, entre las callejuelas</p>
<p>corre sin atreverse a volver la cabeza?</p>
<p>¿Qué es, pues, lo que ella oculta con un aire turbado</p>
<p>entre su lecho en sombras? ¿Qué puede haber robado?</p>
<h4>IX</h4>
<p>Cuando ella entró en su casa, las rocas de la costa</p>
<p>blanqueaban ya. Una silla puso junto a su cama,</p>
<p>y se sentó muy pálida, cual si un remordimiento</p>
<p>la abatiese. Su frente puso en la cabecera</p>
<p>y, por unos instantes, con voz entrecortada</p>
<p>habló mientras que lejos, ronca, la mar bramaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«—¡Pobre hombre, Dios mío! ¿Qué va a decir? ¡Ya tiene</p>
<p>tantas preocupaciones! ¿Cómo pudo ocurrírseme?</p>
<p>¡Cinco niños a cuestas! ¡Y trabajando tanto!…</p>
<p>¿No habían bastantes penas, y ahora voy a darle</p>
<p>otra más?… —Oh, ¿es él? No, aún no. Hice mal.</p>
<p>Diré, si me golpea: Tienes razón. ¿Es él?</p>
<p>Aún no. Mejor. La puerta tiembla como si alguien</p>
<p>entrara. Pero no. ¡Pobre hombre!, oír</p>
<p>que regresa él ahora ¿es que va a darme miedo?”</p>
<p>Luego Jeannie quedóse temblando y pensativa,</p>
<p>cada vez más hundiéndose en una angustia íntima,</p>
<p>perdida entre sus cuitas igual que en un abismo,</p>
<p>sin escuchar siquiera los ruidos exteriores,</p>
<p>los negros cormoranes volando vocingleros,</p>
<p>las olas, la marea, la cólera del viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ruidosa y clara abrióse la puerta de repente,</p>
<p>dejando un blanco rayo entrar en la cabaña,</p>
<p>y el pescador, alegre, con sus chorreantes redes</p>
<p>en el umbral mostróse, y «Así es la mar”, le dice.</p>
<h4>X</h4>
<p>Jeannie gritó: «¡Eres tú!”, y fuerte contra el pecho</p>
<p>estrechó a su marido cual si fuera un amante,</p>
<p>y besó su chaqueta arrebatadamente</p>
<p>en tanto que él decía: «¡Aquí estoy ya, mujer!”,</p>
<p>y mostraba en su frente, que el fuego esclarecía,</p>
<p>su alma franca y buena que Jeannie iluminaba.</p>
<p>«—Me han robado —le dice—; el mar es una selva.”</p>
<p>«—¿Qué tiempo ha hecho? —Duro. —¿Y la pesca? —Muy mala.</p>
<p>Pero mira: te abrazo, y ya me siento a gusto.</p>
<p>No pude pescar nada, y destrocé las redes.</p>
<p>El diablo andaba oculto en el viento que aullaba.</p>
<p>¡Qué noche! Hubo un momento que creí entre el estruendo</p>
<p>que el barco se volcaba, y se rompió la amarra.</p>
<p>Pero dime, ¿qué has hecho tú durante este tiempo?”</p>
<p>Ella sintió en la sombra un estremecimiento.</p>
<p>«—¿Quién, yo? ¡Dios mío!, nada, lo que suelo hacer siempre.</p>
<p>Coser y oír rugir el mar como un gran trueno.</p>
<p>Tuve miedo”. «—El invierno es duro, mas da igual”.</p>
<p>Luego, temblando como quien se ha portado mal,</p>
<p>«—A propósito… —dijo—, nuestra vecina ha muerto.</p>
<p>Ayer debió morir, en fin, ya poco importa,</p>
<p>al caer el sol, después que partiérais vosotros.</p>
<p>Dos niños deja ella, muy pequeños aún.</p>
<p>Se llama uno Guillaume, y la otra Madelaine;</p>
<p>él todavía no anda, la niña apenas habla.</p>
<p>Esa buena mujer vivía en la miseria”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cobró él un grave aspecto, y echando en un rincón</p>
<p>su gorro de forzado, mojado por las olas,</p>
<p>«—¡Diablos! —dijo— rascándose, absorto, la cabeza.</p>
<p>Teníamos cinco niños, con éstos serán siete.</p>
<p>Ya alguna noche, a veces, sin cenar nos quedábamos</p>
<p>los meses del invierno. ¿Cómo haremos ahora?</p>
<p>Bueno, no es culpa mía. Eso es tan sólo asunto</p>
<p>de Dios. Aun así, es un grave accidente.</p>
<p>¿Por qué habría de llevarse a esa pobre mujer?</p>
<p>¡Qué cuestión tan difícil! ¡Mucho mayor que un puño!</p>
<p>Para entender todo esto, hay que tener estudios.</p>
<p>¡Criaturas!, tan pequeños no podrán trabajar.</p>
<p>Mujer, vete a buscarles, pues si se han despertado,</p>
<p>estarán asustados de estar junto a un cadáver.</p>
<p>Es su madre ¿no ves?, que llama a nuestra puerta;</p>
<p>abrámosla a esos niños. Vivirán con los nuestros.</p>
<p>A todos los tendremos, de noche, en las rodillas.</p>
<p>Vivirán como hermanos de nuestros cinco hijos.</p>
<p>Cuando vea el Señor que hay que buscar comida</p>
<p>para esos nuevos niños junto a los que tenemos,</p>
<p>para esa pequeñina y para su hermanito,</p>
<p>Él hará que cojamos más abundante pesca.</p>
<p>Beberé sólo agua y haré doble trabajo.</p>
<p>He dicho. Ve a buscarles. Mas, ¿qué tienes? ¿Qué pasa?</p>
<p>Tú sueles hacer siempre las cosas más deprisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>«—Mira, aquí están”, le dice, abriendo las cortinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Versión de Carlos Clementson, de su antología inédita «Las Rosas de la vida» (Grandes Siglos de la Poesía Francesa).</p>
<h4>Fuente: <i><a href="https://mundopoetico.es/2819-la-pobre-gente.html" target="_blank" rel="noopener">Mundo Poético</a>.</i></h4>
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			</item>
		<item>
		<title>La especie artística</title>
		<link>https://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-especie-artistica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marina Sanchez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 May 2022 06:00:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay buenos motivos para considerar que el arte forma parte de la naturaleza humana. El arte es un indicador poderoso y complejo de la aptitud biológica humana, y por tanto no puede considerarse totalmente ajeno a la biología. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace cuatrocientos mil años, un miembro de una especie humanoide ancestral fabricó un hacha de mano. Como otras hachas, esta se creó dando la forma deseada a una roca mediante un ingenioso proceso consistente en desprender esquirlas golpeando un núcleo de piedra. La herramienta resultante era del tamaño de una mano y de bordes afilados. Se caracterizaba por su excepcional calidad y por el material de que estaba hecha: una variedad de cuarzita de color rojo oscuro, un color que recuerda el de la sangre. Probablemente no se utilizó para cortar. No podemos estar seguros de cómo llegó hasta allí, pero fue el único artefacto encontrado en un hoyo en el que el grupo del que formaba parte el hombre que lo creó sepultaba a sus muertos. Es muy probable que sea la primerísima ofrenda fúnebre. Los arqueólogos que desenterraron esta hacha de mano de color se quedaron tan impresionados que decidieron ponerle de nombre “Excalibur”, por la espada de la leyenda artúrica.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a></p>
<p>Excalibur no es un ejemplar único. Más o menos por la misma época hay pruebas de un notable desarrollo en la actitud hacia la producción de hachas. En algunos lugares había muchas más hachas (también conocidas como “bifaces”) de las necesarias por motivos puramente funcionales. En aproximadamente el 1-2 por ciento de los casos, se tomaba un enorme e innecesario cuidado en hacer hachas bilateralmente simétricas.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a> Algunas de las más simétricas y más sofisticadamente elaboradas no muestran señales de haber sido utilizadas. Algunas son de un tamaño desmesurado o tienen una forma que no las hace fácilmente utilizables. Otras aprovechan la presencia de fósiles o de vetas minerales en la roca. Todo esto sugiere que quienes las fabricaban perseguían algo más que su utilidad básica.</p>
<p>El filósofo Gregory Currie describe una de estas hachas del siguiente modo:</p>
<blockquote><p>Es un trozo de piedra tallada en forma de lágrima alargada y aproximadamente simétrica en dos dimensiones, con una torsión en la simetría para retener un fósil incrustado en ella. Por su forma y su tamaño no parece que fuera un instrumento muy útil para cortar carne, y está trabajado hasta un punto que no guarda proporción alguna con ningún uso probable. Si bien sería excesivo calificarla de “obra de arte temprana”, sugiere al menos la presencia de una sensibilidad estética.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a></p></blockquote>
<p>Por “sensibilidad estética”, Currie se refiere a un sentido para la creación o la apreciación de la belleza, como explicaré con más detalle en el capítulo 1. Las respuestas estéticas positivas implican normalmente un enfoque emocionalmente elevado en el atractivo o la espectacularidad de un objeto.</p>
<p>Otros muchos comentaristas, entre los que me cuento, compartimos la opinión de que los que fabricaron estas hachas buscaban un efecto estético.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a> Y si estamos en lo cierto, podemos afirmar que el gusto por la creación y la apreciación de la belleza estaba ya presente en nuestros antecesores humanoides.</p>
<p>¿Quiénes eran estos estetas y qué relación mantenemos con ellos? Hace unos cinco millones de años o más, una criatura primitiva de aspecto simiesco dio origen a dos líneas genealógicas. Uno de estos linajes se extiende hasta nuestro pariente primate vivo más cercano, el chimpancé, y en él están también los bonobos, los gorilas y los orangutanes. La otra línea procedente de nuestro distante precursor implica una red ramificada de especies –la especie <em>Homo</em> y antes de ella los <em>Australopitecos</em> (especie a la que pertenece la famosa y muy documentada “Lucy”), los <em>Parántropos</em> y los <em>Ardipitecos.</em> Nosotros –es decir, el <em>Homo sapiens</em>– surgimos en África hace unos 200.000 años. Todas las otras ramas de esta línea genealógica, con excepción de la que lleva hasta nosotros, terminan con extinciones. La extinción más reciente de una especie <em>Homo</em> fue la de los neandertales (<em>Homo neanderthalensis</em>) hace unos 35.000 años, en lo que hoy es Europa. Todas las especies que forman parte de esta segunda línea de descendencia, incluido el <em>Homo sapiens,</em> se conocen colectivamente como “homininos”.</p>
<p>En nuestro linaje, fueron miembros de una antigua especie de homininos los primeros que utilizaron herramientas de piedra hace 2,6 millones de años. Las primeras hachas de piedra aparecieron hace 1,65 millones de años. Excalibur la fabricó un miembro de una especie más reciente, <em>Homo heidelbergensis</em>, que a su vez dio lugar tanto a los neandertales como, algo más tarde, a los humanos modernos.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a></p>
<p>Hay otras pruebas que respaldan la hipótesis de que algunas especies ancestrales de <em>Homo</em> estaban interesadas en estetizar su aspecto. El ocre empezó a recolectarse hace 300.000 años. Los arqueólogos creen que se utilizaba como decoración personal. Por supuesto hemos de ser cautos y no podemos asumir que el ocre tuviese siempre un significado estético para quienes lo utilizaban. Entre las aplicaciones alternativas propuestas están: como conservante para pieles, como medicina, como crema protectora solar y repelente de insectos, como ingrediente para hacer colas y fijar el mango de algunas herramientas de piedra, como abrasivo para pulir, y para estimular (y también para enmascarar) la menstruación. De todos modos, hay pruebas de que preferían los rojos más fuertes y puros, lo que indica que a veces el color era importante. Si esto era porque el color hacía más atractiva o embellecía más eficazmente a la persona que se pintaba con ocre, podemos deducir que su uso era eminentemente estético.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a></p>
<p>Existen evidencias aún más claras del interés por el embellicimiento de las personas y de sus posesiones a partir de la llegada de los humanos anatómicamente modernos. En la cueva de Blombos, en Sudáfrica, se han encontrado miles de “lápices” de ocre que tienen una antigüedad de 77.000 años. Y la adopción de ornamentos como decoración personal es otro indicio de creación estética si eran hechos y utilizados para mejorar la apariencia del portador. Estos ornamentos eran comunes hace 40.000 años, aunque se conocen ejemplos más tempranos, como las conchas perforadas del abrigo de Es-Skhul, Israel, de hace 100 mil o 135 mil años, y las de la cueva de Dar es-Soltán, en Marruecos, de hace 128 mil años.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a></p>
<p>Se hacían adornos con conchas marinas, huevos de aves, caracoles, dientes, cuernos, huesos, marfil, ámbar y piedras como la esteatita y el jade.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a> Además de fijarse a la ropa, adoptaban la forma de abalorios, cinturones, collares, pendientes y amuletos. A veces estos materiales eran transportados lejos de sus fuentes.</p>
<p>En unos enterramientos de hace unos 28 mil años en Sungir, Rusia, un hombre de unos 60 años tenía casi 3.000 abalorios y fragmentos sobre el cuerpo, y 25 brazaletes de marfil de mamut en los brazos, mientras que dos niños tenían casi 10.000 abalorios, unas lanzas hechas de marfil de mamut alisado, y un cinturón decorado con 250 caninos de zorro polar.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>[9]</sup></a></p>
<p>Igual que los humanos modernos, en el último período de su existencia los neandertales aparentemente tenían abalorios. El punto de vista actual, aunque un tanto polémico, es que ello no se debía a que imitasen a sus vecinos <em>Homo sapiens.</em><a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><em><sup><strong>[10]</strong></sup></em></a></p>
<p>Algunos comentaristas consideran que los ornamentos creados por los humanos modernos son obras de arte.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>[11]</sup></a> Como veremos, no tengo ningún problema en respaldar un punto de vista generoso y amplio de qué es arte que incluye lo decorativo. Además, es verosímil inferir que el arte data de la época en que aparecen el pensamiento y el comportamiento simbólicos, hace más de 50 mil años.<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>[12]</sup></a> Unas barritas de ocre con grabados abstractos encontradas en la cueva de Blombos<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>[13]</sup></a> se interpretan como evidencia de comportamiento simbólico en una fecha muy temprana, hace 78 mil años. El comportamiento simbólico se asocia con el desarrollo de lo que se conoce como modernidad psicológica (o comportamental).<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>[14]</sup></a> Implica la referencia o la representación de relaciones abstractas, como cuando un patrón o marcador denota estatus social o pertenencia a un clan. Alternativamente, se da cuando alguien se refiere a o representa algo que no está inmediatamente presente, como cuando se representa en un dibujo una escena que sucede en el pasado. Con la llegada de la modernidad psicológica tratamos ya con humanos que tienen unas mentes –percepciones, intenciones, deseos, emociones– así como unos cuerpos como los nuestros. Y en este sentido son potencialmente artistas.</p>
<p>Calificar de “arte” a los adornos a base de abalorios es considerado polémico por algunas personas, que ven en ello una dilución inapropiada de la noción de arte. Pero podemos permitirnos ser agnósticos acerca del estatus artístico de los ornamentos personales argumentando a favor de la existencia de arte prehistórico de creación humana, porque tenemos muchos ejemplos incontestables de arte creados en el período conocido como Paleolítico Superior (o Pleistoceno tardío). Entre estos ejemplos se cuentan las pinturas de las cuevas francesas de Chauvet (de hasta hace 37 mil años), Cosquer (entre 27 mil y 19 mil años), Cougnac (25-20 mil años), Pech Merle (20 mil años) y Lascaux (19 mil años), y las de la cueva de Altamira en España (12,5 mil años). Cierto es que estas cuevas a veces contienen garabatos y graffitis eróticos además de pinturas que presentan carencias técnicas en la representación de animales. Pero muchas de estas pinturas rupestres muestran una habilidad artística impresionante así como fuerza, grandeza y elocuencia en abundancia. Es sabido que Pablo Picasso reconoció la calidad de estas obras con esta observación: “Después de Altamira, todo es decadencia”.</p>
<p>Unos cuantos autores cuestionan el estatus artístico de estas pinturas, se manifiestan neutrales al respecto o escriben la palabra “arte” entre comillas. Pero la inmensa mayoría de expertos las consideran arte sin matices ni vacilaciones. Y aunque están seguros de que estas pinturas son arte, desconocen qué significado tenían para sus autores. Hay diversas teorías al respecto: que tenían una significación religiosa y que las paredes de las cuevas eran consideradas como una especie de membrana entre el mundo terrenal y el inframundo; que eran el resultado del uso de alucinógenos; que eran una especie de calendarios, una forma mágica de propiciar la caza o una forma de “arte por el arte”. Pero nadie lo sabe con certeza.<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>[15]</sup></a></p>
<p>El filósofo Peter Lamarque resume muy bien el problema:</p>
<blockquote><p>Por un lado, las cualidades perceptivas de las pinturas rupestres invitan naturalmente a una descripción en términos estéticos o de historia del arte. Se han estudiado las técnicas, pigmentos y materiales, y se ha comentado extensamente la forma y la textura de las pinturas, la forma en que las características naturales de las paredes de la cueva son explotadas, los motivos recurrentes, la fidelidad de la representación naturalista (que facilita la identificación de los temas), y la simple fuerza, economía de medios y vitalidad de las representaciones. Por otro lado, las pinturas siguen siendo un completo misterio; son ininterpretables, y desconocemos la función que desempeñaron en la vida cultural o social de los pueblos que las realizaron, así como las actitudes, aspiraciones, valores y creencias de quienes las contemplaron.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>[16]</sup></a></p></blockquote>
<p>Y sin embargo, si bien no sabemos exactamente por qué se hicieron estas pinturas, teniendo en cuenta las dificultades que implicaba su creación podemos afirmar con certeza que tienen que haber sido muy importantes para quienes las realizaron. Tuvieron que arrastrarse por el subsuelo iluminados solamente con velas o lámparas. Erigieron andamios para poder pintar en las partes más elevadas de las paredes y en el techo de las cuevas. Algunos de los pigmentos utilizados tuvieron que prepararlos calentándolos a una temperatura muy elevada.<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>[17]</sup></a> Y estas pinturas se crearon no cuando la vida era fácil, sino cuando la tierra estaba cubierta de hielo y las condiciones climáticas eran muy duras.<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>[18]</sup></a></p>
<p>En mi opinión, estamos obligados a considerar estas obras como obras de arte porque podemos identificarnos sin esfuerzo con sus creadores. Si las pintásemos nosotros sería incuestionable que serían arte, aunque la motivación principal a la hora de realizarlas fuese la de servir una función práctica, posiblemente religiosa, y no la de contemplarlas desinteresadamente. Dicho de otro modo, estas pinturas rupestres ponen de manifiesto de un modo transparente la existencia de unos instintos artísticos que compartimos. Robin Dunbar, un antropólogo y psicólogo evolucionista, lo expresa de este modo:</p>
<blockquote><p>Esta efusión de destreza artística nos habla a través de los milenios. He ahí un pueblo que no era tan diferente de nosotros, porque lo que a nosotros nos parece bello también a ellos les parecía bello.<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><sup>[19]</sup></a></p></blockquote>
<p>Lamarque se suma al consenso cuando concluye que los creadores de las pinturas rupestres no solo tenían una sensibilidad estética y unos objetivos estéticos, sino que buena parte de lo que produjeron cabe considerarlo como arte.</p>
<p>El mismo cuidado y destreza aplicados a la creación de representaciones bellas resulta inmediatamente evidente en algunas antiguas estatuillas talladas o cocidas. Entre ellas destacan un mamut y un caballo tallados en marfil de mamut encontrados en la cueva de Vogelherd, Alemania (32 mil años), una persona-león tallada igualmente en un colmillo de marfil de mamut descubierta en la cueva de Hohlenstein Stadel, Alemania (32 mil años), la estatuilla de Venus de hueso de Kostenski, Rusia (30 mil años), y la Venus de cerámica de Dolní Věstonice, República Checa (26 mil años). La evocadora Venus de marfil de Brassempouy, Francia (25 mil años) sobrevive como una cabeza y un cuello de mujer. Una lámpara con un íbex pintado en la parte inferior encontrada en la cueva de La Mouthe, Francia (hace unos 19 mil años) pone de manifiesto que la decoración pretendía añadir un valor estético a un objeto utilitario.<a href="#_ftn20" name="_ftnref20"><sup>[20]</sup></a></p>
<p>Pero posiblemente el ejemplo más impresionante es un propulsor de lanza –el nombre técnico es “atlatl”– encontrado en Le Mas d’Azil, Francia (unos 20 mil años). El motivo tallado en dicho propulsor –la representación de un íbex o un rebeco– está perfectamente integrado en la función utilitaria del objeto. El animal, con la cola levantada, es representado mirando sobre su espalda, todo él perfectamente moldeado para que se acomode al asta de la lanza y para preservar la fuerza del propulsor.<a href="#_ftn21" name="_ftnref21"><sup>[21]</sup></a> Si bien hay quien cree que el arte tiene que ser no funcional, argumentaré que muchas excelentes obras de arte no solo son funcionales, sino que recurren claramente a sus propiedades estéticas para llevar mejor a cabo su propósito práctico.</p>
<p>También tenemos ejemplos prehistóricos de instrumentos musicales. El más antiguo es una flauta de hueso de buitre de hace más de 35 mil años.<a href="#_ftn22" name="_ftnref22"><sup>[22]</sup></a> Tambores y sonajeros también son posiblemente antiguos pero es poco probable que sea posible reconocerlos como tales –pieles y membranas tensadas sobre un marco de madera no pueden sobrevivir, y algunos objetos naturales pueden funcionar como tambores cuando son golpeados con palos o piedras.<a href="#_ftn23" name="_ftnref23"><sup>[23]</sup></a> Nótese también que el arco de caza es un diseño antiguo (64 mil años) y puede hacer las veces de instrumento musical cuando es punteado o pulsado, como hacen en muchas comunidades de cazadores-recolectores.<a href="#_ftn24" name="_ftnref24"><sup>[24]</sup></a></p>
<p>Con el fin de contrarrestar el sesgo eurocéntrico de generaciones anteriores de arqueólogos, es importante señalar que estos antiguos desarrollos artísticos no se limitan a Europa. Las pinturas rupestres de los aborígenes australianos, por ejemplo, son de una antigüedad comparable y tienen también una gran fuerza simbólica y una gran calidad artística.</p>
<h4>Nuestro tema</h4>
<p>El hecho de considerar la búsqueda de experiencias estéticas por parte de nuestros precursores homininos y la creación del arte prehistórico por los humanos suscita un montón de preguntas.</p>
<p>¿Qué es lo que hace que algo sea estéticamente valioso o bello? ¿Varía esto con la naturaleza del objeto en cuestión y en función de su ubicación cultural?</p>
<p>¿Pertenecen las propiedades estéticas de un objeto al propio objeto o son más bien proyecciones sobre el mismo de quienes lo aprecian?</p>
<p>La creación y la contemplación estéticas ¿implican siempre desentenderse de la función del objeto, como parece sugerir el tamaño desmesurado de ciertas hachas de mano, o podemos manifestar un interés estético legítimo en cómo realiza su función un objeto?</p>
<p>¿Existe alguna conexión entre las nociones de belleza que utilizan los filósofos en sus disquisiciones sobre el arte y la naturaleza, y la que utilizan los psicólogos evolucionistas con respecto al atractivo sexual humano?</p>
<p>¿Existen estándares de valor estético que sean generales o universales?</p>
<p>La experiencia estética es valorada como una fuente de placer y de admiración, pero ¿cuál es su utilidad o propósito práctico?</p>
<p>Volviendo al arte, ¿qué es lo que hace que podamos considerar algo como una obra de arte?</p>
<p>¿Se agota el valor y el interés del arte en la apreciación de las propiedades estéticas de las obras de arte, o tienen estas obras propiedades adicionales igualmente valiosas? Dicho de otro modo: ¿valoramos las obras de arte solamente por su belleza o también tenemos en cuenta su estilo, su expresividad, las referencias que hacen a la tradición, a otras obras, etcétera?</p>
<p>¿Qué relación hay entre las obras de arte funcionales, como las obras del arte religioso que ilustran, describen o representan la historia de la creación de un grupo, y las que solo buscan ser contempladas en y por sí mismas?</p>
<p>¿Hasta qué punto podemos entender y apreciar las obras de arte producidas en una cultura distinta de aquella de la que formamos parte, o las pertenecientes a una tradición que desconocemos?</p>
<p>¿Qué conexión podemos establecer entre las humildes formas de arte doméstico o decorativo y las esotéricas Bellas Artes o el muy refinado y sofisticado arte de vanguardia?</p>
<p>¿Cuál de estas formas representa mejor, si es que alguna lo hace, la verdadera naturaleza del arte, y cuál realiza mejor su propósito principal?</p>
<p>Finalmente, podemos preguntarnos si los comportamientos estéticos y artísticos son universales y tienen un carácter fundacional para la naturaleza humana, como parece implicar la extrema antigüedad de los mismos. Más concretamente, ¿son estos comportamientos un producto de la evolución, ya sea porque contribuyeron directamente a la supervivencia y a la reproducción de nuestros ancestros, o porque son un subproducto de otras cosas que sí lo hicieron? Alternativamente, ¿están los comportamientos estéticos y artísticos tan controlados por lo que es culturalmente arbitrario, que solo mantienen una tenue conexión con la biología?</p>
<p>Estas y otras preguntas similares constituyen la materia prima de este libro. Investigo las posibles conexiones existentes entre nuestras naturalezas humanas biológicamente evolucionadas y culturalmente situadas, por un lado, y por el otro nuestro interés general por la estética, tanto la que se da de forma natural como la creada por la humanidad, así como nuestra propensión a crear obras de arte y apreciarlas.</p>
<h6>Notas:</h6>
<h6><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>[1]</sup></a>. “Excalibur” se encontró en la Sima de los Huesos, en Atapuerca, España, en 1998.</h6>
<h6><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[2]</sup></a>. Corbey et al. 2004.</h6>
<h6><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>[3]</sup></a>. Currie 2009. Véase también Currie 2004, 2011.</h6>
<h6><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a>. Sobre las hachas de mano como artefactos estéticos (o como arte): S.L. Washburn 1970, Brothwell 1976, Geist 1978, Hadingham 1979, Dissanayake 1980, 1988, Oakley 1981, Pfeiffer 1982:83-4, 1985: 117, Sandars 1985, Lumsden 1991, Mithen 1996, 2003, 2005, Kohn y Mithen 1999, G. Miller 2000a, Solso 2003, Corbey et al. 2004, Zaidel 2005, R. Berleant 2007, B. Boyd 2007a, 2009a, C. Renfrew 2009.</h6>
<h6><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>[5]</sup></a>. La especie Homo heidelbergensis se asimila a veces a Homo erectus o a Homo rhodesiensis. Los primeros fabricantes de herramientas de piedra fueron muy probablemente de la especie Australopithecus garhi: Semaw 2000, Gräslund 2005.</h6>
<h6>Sobre las herramientas de piedra más antiguas: Semaw et al. 1997, Deacon 1998, Klein 2000, 2009, Semaw 2000, Gosden 2003, Sterelny 2003, 2012, S. Carroll 2005, Gräslund 2005, Richerson y Boyd 2005, Stout et al. 2005, Gamble 2007, Clack 2009, Lumley 2009, Jeffares 2010.</h6>
<h6>Sobre las hachas de mano: la fecha de 1,65 mil años es de Klein 2000, Sterelny 2003, Lumley 2009, Asfaw et al. 1992 da la de 1,4 mil años; Jeffares 2010 y Sterelny 2012 dan 1,8 mil años. Algunos prefieren una cifra más conservadora, de 500 mil años para las primeras hachas de mano: R. Berleant 2007, Gamble 2007.</h6>
<h6>Las herramientas compuestas –cabezas de piedra con mango de madera, por ejemplo– datan de hace 250 mil años: Klein 2000.</h6>
<h6><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>[6]</sup></a>. Sobre el ocre: la fecha de 300 mil años es de Hadingham 1979, Oakley 1981, Watts 1999, Coe 2002, Davidson 2003, Barham 2004. G. Miller 2000a da 100 mil años; Mellars 2005 sugiere al menos 150 mil años; Dissanayake 1988 propone 500 mil años. M. Clark 2002: 173 identifica este uso como revelador en sentido estético. Power 2004 sugiere que hace entre 500 mil y 100 mil años, el ocre fue ampliamente utilizado por las hembras homininas como decoración personal en contextos rituales, y en Power 1999 se señala el uso extensivo de la alheña (henna) y del sándalo rojo africano (Baphia nitida), además del ocre, como decoración corporal en las tribus africanas modernas.</h6>
<h6>Sobre el escepticismo acerca del uso estético del ocre: Mithen 1999, Corbey et al. 2004, Sterelny 2008, 2012.</h6>
<h6>Sobre el ocre como conservante: Sollas 1915: 221, Keeley 1980. Para evidencias en contra, véase Watts 1999.</h6>
<h6>Sobre el ocre como medicina: Velo 1984, Klein 2009.</h6>
<h6>Sobre el ocre como crema solar y repelente contra insectos: Sollas 1915; 223, Keeley 1980.</h6>
<h6>Sobre el uso del ocre para hacer colas: Ambrose 1998, Klein 2009, De Smedt y De Cruz 2011.</h6>
<h6>Sobre el ocre como abrasivo: R. White 1993, Klein 2009.</h6>
<h6>Sobre el uso del ocre para enmascarar la menstruación: Knight et al. 1995, Power 1999, 2004, Clack 2009.</h6>
<h6>Sobre el ocre como decoración: Mellars 1996, Watts 1999, Power 2004, McBrearty y Stringer 2007.</h6>
<h6><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>[7]</sup></a>. Adornos: la fecha de 40 mil años es de R. White 1993, Mithen 1996: 156, 173-5, Sterelny 2008, 2012. R. White 1989a sitúa la fecha en 35 mil años. Para el desacuerdo, véase Pfeiffer 1982: 204.</h6>
<h6>Ejemplos tempranos de adornos: Marshack 1990, 1991, Henshilwood et al. 2004, Conrad 2005, Henshilwood 2005, Mellars 2005, Vanhaeren 2005, Vanhaeren et al. 2006, McBrearty y Stringer 2007, Barton et al. 2009, Currie 2009, Mayer et al. 2009. Otros ejemplos de conchas perforadas son los de la cueva de Qafzeh, en Israel, de hace 92 mil años; los de la cueva de Taforalt, ern Marruecos, de hace 82 mil años; y los de la cueva de Blombos, en Sudáfrica, de hace 77 mil años.</h6>
<h6><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>[8]</sup></a>. Conchas marinas: R. White 1993: 342-3 cita a Y. Taborin en el sentido de que solamente unos cuantos taxones de conchas eran apreciados; eran trasladados a grandes distancias de su fuente y se trabajaban con un propósito estético teniendo en cuenta el producto final del que tenían que formar parte.</h6>
<h6>Huevos de ave: De Smedt y De Cruz 2011 identifican entre las obras de arte más antiguas 270 fragmentos de huevo de avestruz grabados del abrigo rocoso de Dfiepkloof en Sudáfrica, de hace 65-55 mil años.</h6>
<h6>Dientes: solo se utilizaron algunos dientes de un número limitado de mamíferos. Predominan los caninos de zorro, los caninos vestigiales de reno y de ciervo, y los incisivos de caballo y de bóvido: R. White 1993: 343, 2003. Materiales comunes o muy grandes, como el marfil de mamut, eran a veces tallados para que pareciesen materiales más escasos o menos fáciles de obtener, como caninos de ciervo: R. White 1989b. Los humanos de hace 40 mil años reservaban el marfil, más difícil de trabajar, para hacer abalorios y esculturas: R. White 2004, De Smedt y De Cruz 2011.</h6>
<h6>Piedras: R. White 1992, 1993 cita la belemnita, la pirita, la hematita, la clorita, la calcita, la lignita y la serpentinita (esteatitas), así como el azabache.</h6>
<h6><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>[9]</sup></a>. Tumbas de Sungir: la cifra de 250 dientes de zorro es de Mithen 1996: 175, Klein 2009: 694. R. White 1993: 338 da un total de 200 caninos de zorro con 150 en el cinturón. En cualquier caso, a cuatro caninos por zorro, ¡esto es un montón de zorros! Para más información sobre los enterramientos de Sungir: Hadingham 1979: 75-7, Pfeiffer 1982: 65-7, R. White 2003: 141-5. La fecha de 28 mil años es de Mithen 1996, Kuzmin et al. 2004. Dunbar 2004: 187-8 da 22 mil años; Harris 1989, Klein 2009 dan 24 mil años; R. White 2003 da 25-22 mil años.</h6>
<h6><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>[10]</sup></a>. Hay indicios de que artefactos primitivos del Homo sapiens han sido erróneamente atribuidos a los neandertales: Benazzi et al. 2011.</h6>
<h6>Sobre el uso de ornamentos personales por parte de los neandertales: Joyce 1975, Marshack 1991, D’Errico et al. 1998, Conrad 2005, Vanhaeren 2005, Gamble 2007: 46, Zilhão 2007, Sterelny 2008, Currie 2009, Choi 2010, Zilhão et al. 2010. Sobre el punto de vista contrario y más escéptico: Harris 1989, R. White 1992, 1993, 2003, Mithen 1999, 2005, Klein 2000, 2009, Lewis-Williams 2002, 2009, Sterelny 2003, Barham 2004, Mellars 2005, J. Renfrew 2009.</h6>
<h6><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>[11]</sup></a>. Sobre los artefactos de abalorios como arte: Barham 2004, Zilhão 2007, Klein 2009. Aunque Vanhaeren 2005 señala el valor estético de los abalorios, cita trece usos diferentes de los mismos.</h6>
<h6><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>[12]</sup></a>. Sobre el comportamiento simbólico: Marshack 1991, R. White 1992, 1993, 2003, Deacon 1998, Power 1999, Watts 1999, McBrearty y Brooks 2000, Henshilwood et al. 2002, Davidson 2003, Solso 2003, Tomasello 2003, Barham 2004, Mellars 2005, Mithen 2005, Marean et al. 2007, Lumney 2009, Sterelny 2012. Para una crítica del punto de vista según el cual la noción de simbólico es demasiado amplia si no distingue la ornamentación y la apreciación estética de la descripción o representación: Currie 2004, Mithen 2005. Una réplica es que la ornamentación pudo servir como insignia para identificar la pertenencia al grupo: Coe 2002, B. Boyd 2007a, 2009a, De Smedt y De Cruz 2001.</h6>
<h6><a href="#_ftnref13" name="_ftn13"><sup>[13]</sup></a>. Sobre la cueva de Blombos: Hemshilwood et al. 2001, Power 2004, Mithen 2005, Klein 2009.</h6>
<h6><a href="#_ftnref14" name="_ftn14"><sup>[14]</sup></a>. Sobre la noción de modernidad psicológica o comportamental, hay una respuesta escéptica en Sterelny 2003: 166: “Nuestros antepasados del Pleistoceno no tenían mentes contemporáneas en un mundo del Pleistoceno, y nosotros no tenemos esencialmente mentes del Pleistoceno en nuestro mundo contemporáneo”.</h6>
<h6><a href="#_ftnref15" name="_ftn15"><sup>[15]</sup></a>. Entre las pinturas rupestres y los petroglifos más antiguos y simples conocidos están, por ejemplo, los de la cueva del Auditorio de Bhimbetka, India, de hace 200 mil años.</h6>
<h6>Sobre dibujos rupestres eróticos: Collins y Onians 1978, Marshack 1991. Guthrie 2005 sostiene que estos dibujos los hacían los adolescentes. Para la sugerencia de que estos dibujos podían ser símbolos más que imágenes eróticas, véase Davis 1986, y para una réplica, véase Marshack 1986.</h6>
<h6>Sobre errores en las representaciones: Guthrie 2005: 91-112.</h6>
<h6>Sobre el escepticismo de que las pinturas rupestres sean arte: Davis 1986. Klein 2000, 2009 es agnóstico al respecto.</h6>
<h6>Sobre quienes ponen “arte” entre comillas: Conkey 2009, Van Gelder y Sharpe 2009. Para una discusión sobre este tema: Ucko y Rosenfeld 1967: 117-22, 165-74, Coe 1992, R. White 1992, Corbey et al. 2004, Heyd 2005, Morphy 2005, Morales 2005.</h6>
<h6>Sobre la identificación de las pinturas rupestres como arte: Grosse 1987, Sollas 1915, Ucko y Rosenfeld 1967, Berlyne 1971, Weiner 1971, Joyce 1975, Brothwell 1976, E.O. Wilson 1975, 1978, 1998, Collins y Onians 1978, Geist 1978, E. Fisher 1979, Hadingham 1979, Dissanayake 1980, 1988, 1995a, Pfeiffer 1982, 1985, Sandars 1985, Halverson 1987, Mithen 1988, 1996, 2005, Harris 1989, Marshack 1991, Coe 1992, 2002, Diamond 1992, 1997, Mellars 1996, 2005, 2009a, R. Boyd y Silk 1997, Deacon 1998, Tomasello 1999, Klein 2000, 2009, Lewis-Williams 2002, 2004, 2009, Conrad 2003, 2005, Corballis 2003, Davidson 2003, Solso 2003, R. White 2003, Barham 2004, Berghaus 2004, Corbey et al. 2004, Dunbar 2004, Bataille 2005, S. Carroll 2005, Gräslund 2005, Guthrie 2005, Heyd 2005, Morales 2005, Richerson y Boyd 2005, B. Boyd 2009a, Clottes 2009, Currie 2009, Donald 2009, Dutton 2009, Lumley 2009, Scalise Sugiyama y Sugiyama 2009, Whitley 2009, Hampton 2010, Mark Landau et al. 2010, De Smedt y De Cruz 2011, Zaidel 2011. El término “arte portátil” para describir objetos pequeños y transportables, como las estatuillas talladas, es igualmente común.</h6>
<h6>Sobre la función religiosa de las pinturas: Lewis-Williams 2002, 2009; véase también Clottes 2009, Donald 2009, Mellars 2009a, Whitley 2009. Para una crítica: Marshack 1991: 404-6, Guthrie 2005.</h6>
<h6>Sobre la influencia de los alucinógenos: Allen 1999. Y sobre la alucinación autoinducida: Lewis-Williams 2002, 2009.</h6>
<h6>Sobre la función calendárica: Marshack 1991.</h6>
<h6>Discusión crítica de la afirmación según la cual las pinturas rupestres eran una forma mágica de propiciar la caza: Ucko y Rosenfeld 1967, Collins y Onians 1978, Hadingham 1979, Halverson 1987, R. White 2003, Montelle 2004, Bataille 2005, Guthrie 2005, Currie 2009, Klein 2009.</h6>
<h6>Sobre las pinturas rupestres como una forma de “arte por el arte”: Halverson 1987. Frost 1987 lo comenta.</h6>
<h6><a href="#_ftnref16" name="_ftn16"><sup>[16]</sup></a>. Lamarque 2005: 22.</h6>
<h6><a href="#_ftnref17" name="_ftn17"><sup>[17]</sup></a>. Pigmento calentado hasta los 1000 grados: Ucko y Rosenfeld 1967, R. White 2003, Currie 2009.</h6>
<h6><a href="#_ftnref18" name="_ftn18"><sup>[18]</sup></a>. Condiciones climáticas duras: Ucko y Rosenfeld 1967, Joyce 1975, Mellars 1996, Mithen 1996, Lewis-Williams 2002, Berghaus 2004.</h6>
<h6><a href="#_ftnref19" name="_ftn19"><sup>[19]</sup></a>. Dunbar 2004: 6.</h6>
<h6><a href="#_ftnref20" name="_ftn20"><sup>[20]</sup></a>. Estatuillas de Venus: Dobres 1996, C. Renfrew 2009. Las Venus mucho más antiguas de Tan-Tan, Marruecos, y de Berekhat Ram, Israel, que tienen más de 200 mil años, son toscas y su interpretación como representaciones femeninas es dudosa: Mithen 1999, 2005, Davidson 2003, R. White 2003, Conrad 2005; pero véase Klein 2009: 410.</h6>
<h6><a href="#_ftnref21" name="_ftn21"><sup>[21]</sup></a>. El propulsor de lanzas de Le Mas D’Azil es uno de los siete que comparten un diseño similar. Según una interpretación, el animal es un íbex joven que está defecando, con dos pájaros carpinteros representados en la parte extruida más grande de las heces: Guthrie 2002, 2005, B. Boyd 2009a. Una interpretación estéticamente más coherente es la que dice que el animal es un rebeco hembra que está pariendo, y que lo que se muestra no son pájaros, sino el saco fetal del rebeco: Bandi 1988, Demoulin 2002. El diseño representacional de este atlatl maximiza su fuerza: Guthrie 2002, 2005: 290.</h6>
<h6><a href="#_ftnref22" name="_ftn22"><sup>[22]</sup></a>. Sobre la flauta primitiva encontrada en la cueva de Hohle Fels, Alemania: Conrad et al. 2009. Conrad 2005 describe otras flautas que pueden ser igual de antiguas; véase también Klein 2009. Diversos huesos con orificios han sido calificados de flautas primitivas, pero su estatus como instrumentos musicales es cuestionado: Kunej y Turk 2000, Mithen 2005. Para una discusión sobre instrumentos musicales, o artefactos para generar sonidos, del Paleolítico tardío: Morley 2009.</h6>
<h6><a href="#_ftnref23" name="_ftn23"><sup>[23]</sup></a>. Tambores y sonajeros: Huron 2003. Pfeiffer 1982: 180-1 especula que el hueso de la cadera de un mamut golpeado con un martillo hecho de asta podía utilizarse como xilófono; véase también Hadingham 1979: 71.</h6>
<h6><a href="#_ftnref24" name="_ftn24"><sup>[24]</sup></a>. Sobre el arco de caza de 64 mil años de antigüedad: Lombard y Phillipson 2010. Klein 2009 le atribuye una antigüedad menor (unos 20 mil años o algo más).</h6>
<h4>Fuente: primeras páginas de la introducción del libro de Stephen Davies <i><a href="https://www.buridan.es/catalogo/3508-la-especie-artistica.html" target="_blank" rel="noopener">La especie artística</a>.</i></h4>
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