Túnez, situación previsible

Manifestación en Túnez
Las protestas masivas han regresado a Túnez, primero el 20 de enero en Kasserine, después en la capital, Túnez, y luego por todo el país. Como era previsible, la prosecución por parte del gobierno de una pretendida “unión nacional” (que va desde los islamistas de Nahda a la izquierda, pasando por los Burguibistas y los sobrevivientes del difunto régimen de Ben Ali) para una política neoliberal, no ha permitido ningún progreso social después de cinco años, e incluso ha conducido a que prosiguiera la degradación de las condiciones sociales. Los temerarios elogios prodigados a ese gobierno por “demócratas” occidentales de todos los pelajes han sido puestos en evidencia en su futilidad.
Los manifestantes gritan consignas durante una protesta frente a la oficina del gobierno local en Kasserine, Túnez 21 de enero de 2016. REUTERS / Amina Ben Aziza

Los manifestantes gritan consignas durante una protesta frente a la oficina del gobierno local en Kasserine, Túnez 21 de enero de 2016. 

En la mesa redonda que nosotros (FTM-FMA) organizamos en el Foro Social Mundial de Túnez en marzo de 2015 ya explicamos que el inicio de una respuesta a las justas reivindicaciones del pueblo tunecino exigía otra política económica, que rompiera con el neoliberalismo. El Secretario General de la UGTT, Hussein el Abassi, recordaba en su intervención, con potentes y convincentes argumentos, que “nada había sido solucionado todavía en Túnez, y que la democracia electoral sin la paralela puesta en marcha de nuevas y audaces políticas económicas y sociales, no conseguiría estabilizar el país”. No es la simple petición de recursos financieros a los países occidentales, a Francia en particular, lo que permitirá avanzar en la solución de los problemas tunecinos. El inicio de una solución pasa por la puesta en marcha de un plan soberano de desarrollo y la apertura de negociaciones con los socios susceptibles de apoyarlo, China, la vecina Argelia, los BRICS.

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Es el momento, ahora que el pueblo tunecino toma de nuevo la iniciativa, de que todos los demócratas del mundo comprendan al fin cuáles son los objetivos reales de la estrategia de las potencias imperialistas. De sus amigos locales (los islamistas de Nahda, los Burguibistas y los “sobrevivientes” del difunto régimen de Ben Ali), e incluso de un buen número de organizaciones comprometidas en combates democráticos en múltiples frentes. Las fuerzas reaccionarias dominantes persiguen un único objetivo: mantener a Túnez en su estatuto de país subordinado a las exigencias del despliegue de capitalismo imperialista de los monopolios financieros; simplemente eso. Los discursos sobre “la democracia”, las declaraciones falsamente ingenuas con respecto a la Nahda, calificada de “convertida a la causa democrática”, son como arenilla arrojada a los ojos para retardar la necesaria toma de conciencia política de las clases populares involucradas en la lucha. Proseguir la política impuesta por las potencias occidentales no puede más que alentar la implantación de redes “terroristas”. Los dirigentes del Occidente “democrático” lo saben muy bien; pero es lo quieren; su único temor es que los pueblos tomen en sus manos el manejo de sus asuntos.

La lucha continúa.

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