Ponerse de perfil con los temas internacionales

Evadir el debate internacional

Los dirigentes políticos y los medios de comunicación llevan de un tiempo acá permanentemente ensimismados en los avatares de la política nacional y sus mudanzas. Cualquier alusión a lo que acontece más allá de nuestras fronteras se resuelve en unos casos repitiendo el compromiso con el europeísmo made in Unión Europea y en otros casos obviando totalmente la cuestión en su discursos, análisis y propuestas varias. En ambos ejemplos un espléndido aislamiento, pero a lo suicida. Se ponen de perfil.

El presidente de EEUU, Donald Trump, está dejando muy claro que el llamado libre comercio, el mercado global, la Organización Mundial del Comercio (OMC) y las “bendiciones” del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) solamente son válidos mientras beneficien a las industrias nacionales propias.

Se vuelve a la cruel guerra de aranceles y también al protagonismo de los Estados-Nación, melifluamente dados por amortizados en cuanto a su capacidad de representar intereses nacionales. Todo un revés para todos aquellos ingenuos que en la década de los años noventa del siglo pasado creyeron que el Mercado Capitalista Globalizado sería la génesis de la unidad-mundo.

La Unión Europea no sabe ya qué es o para qué sirve en realidad. La falta de pulso y valentía en todo lo tocante a los Derechos Humanos (léanse multitud de inmigrantes en pateras) contrasta con la unanimidad o el silencio connivente en todo aquello que haga referencia a las política de austeridad decretadas por Alemania. ¿Ésta es la UE federal?

El Banco Central Europeo (BCE) acaba de anunciar que para finales del presente año pondrá fin a la compra de deuda emitida por los Estados (QE). A partir de entonces la financiación, vía deuda, se hará a través de los bancos privados. En los tres últimos años el BCE ha comprado 250.000 millones de euros de la deuda emitida solo por España. ¿Cuál será, a efectos de los Presupuestos Generales del Estado, el impacto de tal medida que nos conduce a nuevas vías de financiación? ¿Se abordará parlamentariamente el problema de la deuda, su difuso origen y su legitimidad?

El consenso de facto entre las fuerzas políticas nacionales para obviar totalmente estos temas en el debate público o para posponerlos por mor de los vaivenes políticos del día es al menos letal. No todo puede ser irnos cociendo a fuego lento en temas internos olvidando las cuestiones de carácter internacional que nos hipotecan el futuro.

Artículo publicado originalmente en El Economista

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