¡Gracias jefe!

¡Gracias jefe!

Con una vivacidad reivindicativa fresca y atrevida, François Ruffin de la revista francesa Fakir se involucra personalmente para tejer un plan que permita salvar a una familia en la ruina que conoce rodando el documental, una muestra de los trabajadores sin empleo a causa del magnate Bernard Arnault. La desigualdad de la lucha de clases aquí mostrada se vuelve el centro del combate, donde humor y emotividad se dan la mano con aire de desquite.

A mitad de película, François Ruffin, realizador e hilo conductor de “¡Gracias, jefe!”, habla con sus hijos sobre Robin Hood. Los pequeños tienen entre sus manos un libro infantil sobre el héroe del bosque de Sherwood y estos niños podrían crecer creyendo que los principios de Robin Hood son quimeras infantiles. Pero su padre se ha puesto en el papel del forajido inglés, dando también nombre y apellidos a los demás partícipes de la leyenda. El reino en el que transcurre esta tragicomedia es Francia, concretamente el condado del lujoso grupo empresarial LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy). Los pobres son la familia Klur, representantes de todo un conjunto de trabajadores despedidos por las descolocaciones de las empresas. Hay más de un sheriff de Nottingham, quienes se encargan de hacer el trabajo sucio del rey acaparador de riqueza, encarnado en este reino por el propietario de LVMH, Bernard Arnault, uno de los hombres más ricos del mundo.

¡Gracias jefe!

François Ruffin es redactor jefe y una de las cabezas más visibles de la revista francesa Fakir, una publicación de corte crítico y satírico que, con una línea editorial marcadamente a la izquierda, ha conseguido un éxito muy considerable. Apuesta por una completa independencia nacida de una concienciación social pero también promulga un espíritu un tanto gamberro. Quienes trabajan en ella son todos voluntarios, la mayoría de sus contenidos son de licencia libre y, en su Francia natal, Fakir es tan temida como popular. Gracias a sus miles de suscriptores y a la enorme tirada de esta revista con ilustraciones, Fakir cuenta con una capacidad de maniobra considerable y un poder de movilización nada despreciable. De hecho, uno de los sheriff de Nottingham a sueldo de LVMH no temía los efectos de una publicidad negativa en Le Monde o en el gobierno socialista, lo que más le asustaba era que Fakir decidiera intervenir.

“¡Gracias, jefe!” es un documental en cinco actos donde una exploración inicial sobre la devastación dejada por la avaricia del grupo LVMH, y su propietario, termina convirtiéndose en una especie de intriga obrera para hacer picar al pez más gordo del reino. Con mucha socarronería e ironía, François Ruffin se lanza a la misión de iniciar un diálogo entre la Francia de arriba y la de abajo, entre el salvador empresarial Bernard Arnault y algunos de los miles que perdieron su trabajo por culpa de su salvadora reestructuración del grupo. Ruffin sabe que el diálogo que él plantea no solo es una imposibilidad y completamente inútil, es plenamente consciente que es necesario ejercer cierto tipo de presión o de fuerza. Sus intentos iniciales fracasan pero, cuando conoce a la familia Klur, Ruffin decide no pasar de largo, no irse a la siguiente puerta.

¡Gracias jefe!

Los Klur aúnan honestidad, desesperación y a la vez entereza, son víctimas en el más puro de los sentidos cuya situación es demoledora. Con deudas, sin poder comer a veces, pagar la calefacción y sin poder encontrar trabajo, están a punto de perder su casa, lo último que les queda. Ruffin, siguiendo el espíritu de Fakir, logra intercalar en la emotiva y conmovedora realidad de los Klur un irónico sentido del humor y un desparpajo desenfadado, al mismo tiempo que acierta en el centro de la manzana, la cual muestra una realidad profundamente podrida.

Ruffin podría haber ido más allá, podría haberse adentrado en las políticas e interconexiones con las clases dirigentes, especialmente con el gobierno supuestamente socialista de Hollande. Podría haber examinado prácticas y secuelas similares dejadas por los protagonistas de la revista Forbes en otros países o haber visitado la realidad de los trabajadores en Polonia, Grecia o China a donde Bernard Arnault movió sus fábricas de artículos de lujo. Si lo hubiera hecho, seguramente hubiera ganado en discurso y profundad analítica, pero perdido en humanidad. Uno puede olvidar las cifras y los números, pero difícilmente puede olvidar los ojos de un hombre relatando su intención de quemar su hogar antes de que se lo quede el juzgado.

“¡Gracias, jefe!”, con su mínimo presupuesto y su espíritu reivindicativo, ha sido un éxito de público en Francia. Ciertamente la imagen pública de Bernard Arnault ya quedó muy dañada cuando solicitó la nacionalidad belga para simplemente ahorrarse impuestos en Francia, pero el documental no solo le apunta buscando exponer el resultado de sus acciones. “¡Gracias, jefe!” muestra la enorme distancia que hay entre el salón de un trabajador en paro y la sala de convenciones de una reunión de accionistas, y cuál es la silla donde se sienta la verdadera decencia. “¡Gracias, jefe!” es un pequeño desquite contra el paso destructivo del capitalismo corporativo y uno se puede preguntar en qué lugar han quedado los trabajadores que, encontrándose en la misma situación que la familia Klur, no cuentan con el respaldo directo del documental. “¡Gracias, jefe!” no puede salvar a todos ni solucionará la raíz del problema pero tampoco Robin Hood esperaba hacerlo y, sin embargo, el arquero ingles dio cuerpo a un ideal.

¡Gracias jefe!

Ficha técnica:

Dirección: François Ruffin.
Año: 2016.
Duración: 84 min.
Idioma original: Francés.
Título original: Merci patron!

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