El discurso circular de Quim Torra

Discurso Quim Torra
La conferencia del president vicario de la Generalitat no aportó novedades estratégicas, excepto la apelación a la movilización permanente de sus bases, y mostró que el movimiento independentista está atrapado en un bucle del que no sabe cómo salir.

En un clima de máxima expectación, Quim Torra, presidente vicario de la Generalitat, pronunció en el Teatre Nacional de Catalunya la conferencia anunciada como la formulación de la nueva hoja de ruta del movimiento independentista para la nueva etapa.

La esperada intervención estuvo condicionada por dos circunstancias. Por un lado, por el hecho de que no se pronunciase en el Parlament de Catalunya, cerrado hasta principios de octubre, donde reside la representación de la ciudadanía catalana, lo cual le hubiera obligado a un áspero debate con las fuerzas de la oposición. Por otro lado, por la filtración del borrador del discurso, pactado con Carles Puigdemont, en La Vanguardia, lo cual planteó la comparación entre éste y el discurso definitivo, donde se observa cómo Torra rebajó sus planteamientos iniciales maximalistas, sin duda para contentar a sus socios de ERC. De hecho, en la víspera de la conferencia Oriol Junqueras publicó un artículo en El Periódico de Catalunya donde entre líneas cuestionaba los planteamientos maximalistas de Torra y Puigdemont y abría una puerta a explorar las posibilidades de diálogo tanto en el seno de la sociedad catalana como con el gobierno del PSOE.

En realidad, el discurso de Torra estuvo dirigido a los potenciales asistentes a la manifestación de la Diada Nacional cuando existen serios temores que ésta no logre los niveles de participación de anteriores ediciones. El principal objetivo del discurso del president vicario de la Generalitat fue propiciar esta movilización y despejar las dudas sobre el vacío estratégico del movimiento secesionista tras el fracaso de la vía unilateral en un momento de gran división entre los partidos secesionistas.

El tono de su intervención mostró una acusada disonancia cognitiva al plantear la causa de la independencia como un movimiento democrático frente a un Estado opresor que vulnera derechos fundamentales como la libertad de expresión y ataca los derechos civiles de los catalanes. Torra comparó la situación de Catalunya con la del Rif y el Kurdistán, lo cual no se corresponde con la realidad, dado el amplio régimen de autogobierno del que disfruta Catalunya, frente a la situación de estas nacionalidades oprimidas por los Estados marroquí y turco. Aquí su discurso pareció más propio de los planteamientos de la Assemblea de Catalunya, al final de la dictadura franquista y principios de la Transición, y que tuvo su efectividad contra el gobierno de Mariano Rajoy, percibido como el heredero del franquismo. Sin embargo, es difícil de asumir contra el gobierno del PSOE, que multiplica los gestos de distensión y las apelaciones al diálogo.  En todo su discurso se apreció el reiterado intento de presentar como un movimiento democrático por la libertad lo que en la realidad es un movimiento nacionalista cuyo objetivo es la secesión.

Esta disonancia cognitiva volvió a ponerse de manifiesto cuando afirmó que la internacionalización de la causa catalana progresa adecuadamente y que cada vez son más los actores internacionales que apoyan la independencia de Catalunya. Para sostener esta tesis tuvo que recurrir a abiertas falsedades como, por ejemplo, confundir la admisión a trámite en el comité de derechos humanos de la ONU de la denuncia de Puigdemont contra el Estado español, con una resolución condenatoria. También esta huida de la realidad se puso de relieve cuando aseguró que el movimiento independentista es inclusivo, cuando funciona en base a la exclusión de más de la mitad de la ciudadanía de catalana, o cuando aseguró que es mayoritario en Catalunya cuando en ninguna de las elecciones celebradas bajo la égida de las opciones secesionistas ha superado el 50% de los votos.

Movilización permanente

En el terreno de las alternativas políticas, el discurso aportó bien pocas novedades y concreciones. Torra, en una versión reeditada del “referéndum o referéndum” de Puigdemont, volvió a plantear que la única opción de negociación con el gobierno español es un referéndum de autodeterminación pactado y vinculante, sabedor de que en las actuales circunstancias Pedro Sánchez no puede concederlo. Aquí incurrió en una palmaria contradicción, pues mientras por un lado aseguró que el pueblo catalán ya se había autodeterminado el 1 de octubre, por otro reclamó como requisito innegociable la celebración de otro referéndum.

También aseguró que solo aceptaría una sentencia absolutoria a los presos y líderes independentistas fugados. Ahora bien, en vez de reafirmarse en sus intenciones de sacarlos de las cárceles en caso de sentencia condenatoria, trasladó la decisión al Parlament de Catalunya. Un cambio de posición que debe analizarse como una concesión a la línea posibilista de ERC, pues una medida de este tipo podría desencadenar la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Del mismo modo, transfirió a la ciudadanía independentista las vías de acción para conseguir el Estado propio. Aquí radicó la única novedad de su discurso, al plantear una marcha por los derechos nacionales, sociales y políticos del pueblo catalán desde el 11 de septiembre hasta la sentencia del Tribunal Supremo. Una movilización permanente que habría de coordinarse con la acción de las instituciones representativas controladas por los partidos independentistas (Govern, Parlament, Diputaciones, Ayuntamientos….) pero que se vislumbra como difícilmente realizable sin provocar el desfondamiento y el agotamiento de sus bases sociales. Ninguna movilización puede mantenerse indefinidamente si, como mínimo, no se consiguen victorias parciales. Además, ello sería contradictorio con el objetivo de ampliar la base social del independentismo y lo reduciría a sus sectores más concienciados o, como se dice en Catalunya, hiperventilados.

También, planteó la creación de un foro cívico y social para redactar la Constitución catalana, lo cual tampoco es una novedad, pues ya figuraba en la anterior hoja de ruta. Esto debe interpretarse como una concesión a la CUP, sin la cual el Govern no dispone de mayoría en la cámara catalana.

De hecho, su discurso buscó contentar a todos los sectores del movimiento independentista, pero asumiendo el riesgo de no satisfacer a ninguno.

Vacío estratégico

La intervención, que estuvo teñida de victimismo y de un cierto populismo, no ofreció una salida al vacío estratégico del movimiento secesionista tras el fracaso de la vía unilateral. Así se reiteraron las propuestas sobre el referéndum pactado y la amenaza, ahora más velada, de recurrir a la vía unilateral si éste no se consigue. La única novedad residió en apelar a la movilización permanente de las bases del movimiento independentista. Una táctica que conducirá, de implementarse, a incrementar la fractura en la sociedad catalana, las discrepancias entre los partidos independentistas y al agotamiento de sus bases. En definitiva, el movimiento secesionista da la impresión de encontrarse encallado, de hallarse atrapado en un bucle del que no sabe cómo salir desde la proclamación unilateral de independencia del pasado 27 de octubre.

Desde el otro lado de la barrera, la inmediata respuesta de la portavoz del ejecutivo socialista, Isabel Celaá, contrastó con los silencios o declaraciones extemporáneas del gobierno de Rajoy. Celaá, que no ahorró críticas al discurso de Torra, mantuvo el tono conciliador y se esforzó en trasladar la impresión de que quien se niega al diálogo y mantiene posiciones maximalistas es el gobierno de la Generalitat. Una táctica que busca cargarse de razones en el supuesto de que éste emprenda la vía unilateral y se vuelva a aplicar el artículo 155 de la Constitución.

La apuesta de Torra por impulsar una movilización permanente del movimiento secesionista sin una perspectiva estratégica clara no parece que pueda conducir a ninguna parte; excepto a mantener el clima de tensión y el enfrentamiento en el interior de la sociedad catalana y con el gobierno del España. De hecho, el título de la conferencia, El nostre moment, indicó que las expectativas del independentismo radican en que una imprevisible e improbable constelación de circunstancias le permitan alcanzar sus objetivos.

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