Cataluña, España, Austria, Europa… la deriva

Muere Samir Amin

1- El caos que se expresa en Cataluña a través de la opinión –divida por mitades– entre “independentistas” y “unionistas” desafía la razón, pues cada uno de esos campos se dividió a su vez entre unas derechas neoliberales reaccionarias y unas izquierdas en principio sensibles ante las deplorables condiciones que se ofrecen a los trabajadores. Algunos partidos de esa izquierda han cedido ante el liberalismo (lo cual constituye una contradicción en sí mismos), pero otros son potencialmente anticapitalistas, incluso si comparten la ilusión –mayoritaria en Europa– de que es posible “reformar las instituciones de la Unión Europea”, instituciones que han sido construidas como bloques de hormigón para que ello no sea posible.

Sin embargo, a pesar de estas diferencias, unos y otros están dando prioridad al aspecto “nacional” (o mejor, “nacionalitario”). Incluso están dispuestos a gobernar conjuntamente en una heterogénea coalición, ya sea “independentista” o “unionista”. Solo he escuchado a un participante catalán en los debates –el representante de Podemos– atreverse a decir claramente que no iba a dar su apoyo a cualquier  coalición dirigida por la derecha.

La ideología dominante ha conseguido sus objetivos: sustituir la prioridad de una conciencia social (la lucha de clases) para dar la primacía a otras identidades, en el tema nacional. Se trata de una deriva trágica.

 

2- El drama catalán es el de España. Tras la muerte de Franco parecía posible que los que habían defendido a la República en la guerra civil, si bien no iban a proceder a una revancha con violencia, sí iban a desarraigar el franquismo de la sociedad. Pero Europa, en esta ocasión, mostró su verdadero rostro reaccionario: era necesario salvar al franquismo de la debacle. Europa ha impuesto al rey franquista, la adhesión de España a la OTAN, incluso la prohibición de invocar los crímenes del fascismo. Es cierto que por convicción en algunos y por oportunismo en los demás casi todas las fuerzas políticas españolas han aceptado estas vergonzosas condiciones.

De modo que el franquismo está bien vivo, y preside una derecha que continúa compartiendo con él su rechazo a otorgar un lugar a la diversidad de los componentes nacionales de la sociedad. ¡Rajoy ha dado una clara muestra de ello! Durante la guerra civil la mayor parte de los catalanes apoyaron resueltamente a la República. No estuvieron solos; el Madrid republicano da testimonio de ello.

 

3- No se ha pasado la página del fascismo, ni en España ni más allá, en Europa. Pues no estamos aquí ante “un error de juicio” de los europeos”. La derecha que domina las instituciones de la Unión y que la ha construido en hormigón armado para que su monopolio no pudiera ser puesto en cuestión, demuestra todos los días y en todas partes “que prefiere el fascismo al frente popular”. La demoledora entrada de los fascistas en puestos clave del gobierno de Austria, al lado de un pobre imbécil de derecha elegido para ese propósito, es un buen ejemplo. No es el único. Europa apoya a los fascistas en Ucrania y los estados bálticos. Marine Le Pen se ha convertido en un personaje familiar, etc.

El poder en los monopolios del capitalismo contemporáneo ha devenido totalitario. Apoyado en la deriva liberal de las izquierdas históricas mayoritarias este totalitarismo se manifiesta por la emergencia de un partido de hecho único (el de los monopolios) que usa diferentes máscaras y ejerce su poder de dominación total y exclusivo en todos los campos: la gestión económica, la de los medios y de la política. Este totalitarismo, todavía “soft” está decidido a endurecerse si las luchas populares logran cuestionar su monopolio.

Esta deriva de la sociedad en toda Europa debería preocuparnos, una deriva que interpela a todos aquellos que son conscientes de lo que sucede, y que no presagia nada bueno.

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