La ignominiosa batalla por Hodeidah

Batalla por Hodeidah en Yemen
Es el sexto día del injustificado asalto a Hodeidah y la información es escasa y confusa. Lo único seguro es que los Emiratos, que lideran a la coalición en la batalla, estaban equivocados cuando auguraron una victoria, fácil, rápida y limpia.

La confusión que existe sobre lo que está pasando sobre el terreno es tan grande que ni siquiera se sabe quién controla el aeropuerto situado al sur de la ciudad. El viernes, dos días después de iniciarse la ofensiva terrestre apoyada por constantes bombardeos aéreos, los saudíes anuciaron que lo habían tomado, pero el sábado circuló por la red un vídeo filmado en el edificio de llegadas del aeropuerto en el que un comandante de la resistencia huzie llamaba a seguir defendiéndolo.

En una situación tan dinámica es difícil predecir cuál sera el desenlace, pero el sufrimiento para la población ya ha comenzado. El ministerio de salud en Sanaa ha denunciado un bombardeo contra la sala de coordinación de socorro del hospital de Al-Thawrah. Todavía no se han reportado combates en el núcleo urbano, pero las personas que quieren huir del infierno han quedado atrapadas. Salieron decenas de miles de personas antes del asalto, muchos de ellos a campos de desplazados. Desde el sábado la principal carretera de salida que va a Sanaa está cortada por los combates para controlar las rutas de avituallamiento; algo que parece decisivo en esta batalla por Hodeidah.

Hodeidah es el principal puerto yemení en el mar Rojo, donde viven 600 mil personas. Es una ciudad con un calor agobiante, con mucho movimiento comercial, un puerto burbujeante y una gran vida en sus calles. Por Hodeidah entran el 90% de las importaciones y el 80% de la enorme ayuda humanitaria (comida, medicinas, fuel) que requiere un país devastado por tres años de guerra. Lo que está ocurriendo es un asalto ignomioso a un vulnerable centro urbano densamente poblado; un ataque que además tiene nefastas implicaciones para la vida de millones de personas que lo han perdido todo por la guerra y ahora viven gracias a la ayuda humanitaria que entra por el puerto.

Lisa Grande, la Coordinadora humanitaria de Naciones Unidas para Yemen, advirtió cuando el asalto era inminente “que en el peor caso, un asalto prolongado, tememos que al menos 250 mil personas puedan perderlo todo, incluso sus vidas” . No hay que olvidar que Yemen sufre la peor crisis humanitaria actual en el planeta, con millones de personas hambrientas. Conociendo esto es inconcebible, pero no extraño, que el Consejo de Seguridad encabezado por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia haya rechazado una resolución de Suecia llamando a un alto el fuego mientras se encontraba una solución negociada a la crisis.

Batalla por Hodeidah en YemenEl Comité Internacional de la Cruz Roja ha acumulado comida, medicinas, sistemas para purificar agua, pero el problema, si la batalla se intensifica, será distribuirlos. El desatre será proporcional al tiempo que dure la batalla, y puede ser largo si no se encuentra una salida negociada. Al final la superioridad aérea puede que prevalezca, pero el control de Moja, un pequeño puerto al sur de Hodeidah, llevó a que la coalición tardara meses en consolidar su poder.

El ejército de Emiratos Unidos lidera el asalto. Parce que la coalición ha dividido las tareas y Emiratos se ha hecho cargo de ocupar la costa. El primer día del asalto misiles huzíes dañaron severamente un navío de guerra emiratí matando a cuatro de sus oficiales. Los saudíes están a cargo de los constantes bombardeos aéreos. Solo el domingo se reportaron cinco olas de ellos sobre el aeropuerto. El lunes, helicópteros Apache atacaron el barrio de Manzar, al este del aeropuerto. Un barrio donde hay civiles atrapados.

Antes de iniciar la ofensiva dijeron que el asalto terrestre seía liderado por Tarek Saleh, un sobrino del presidente que, furioso por el asesinato de su tío por los huzíes, se habría cambiado de bando con parte de sus soldados. Al final no era más que propaganda para esconder el hecho de que la guerra de Yemen es cada vez más una guerra de agresión y menos una guerra civil. Puede que Tarek Saleh esté participando en la ofensiva, odia a los huzíes, pero no ha reconocido a los emiratís como sus jefes. De cualquier forma, por la información que se tiene, el ejército del gobierno de Hadi, el gobierno que la comunidad internacional sigue reconociendo como el gobierno del Yemen, es inexistente. La ofensiva está liderada por 1.500 militares de Emiratos empotrados como oficiales en milicias de combatientes yemeníes pagados –se calcula su número en cinco mil–, y al menos siete mil soldados sudaneses. No se sabe cuántos soldados tiene desplegados el gobierno de facto de Sanaa en la batalla, pero se calcula que los huzíes tienen alrededor de cien mil combatientes en todo el país. El gobierno de facto distingue entre el ejército y las milicias huzíes a la manera del Líbano, donde coexisten Hezbolah y el ejercito libanés.

Los emiratos sabían desde el principio que necesitaban ayuda para el asalto. Pero Estados Unidos y Gran Bretaña, sus grandes aliados en esta guerra de agresión, se negaron a proporcionarla, temerosos del desastre humanitario que puede ocasionar; aún así dieron luz verde al asalto mientras no se interrumpiera la entrega de ayuda humanitaria desde el puerto. El Pentágono está en una situación incómoda, porque la resistencia política en el Congreso de Estados Unidos a la guerra de Yemen está creciendo. Bob Corker, el senador republicano que preside el Comité de Relaciones Exteriores, ha mandado una carta a Mike Pompeo, el Secretario de Estado, expresando su “grave alarma por el ataque”. Los senadores no encuentran que los huzíes sean una amenaza a la seguridad de Estados Unidos o hayan organizado ataques terroristas contra sus ciudadanos o intereses.

Francia –un reserva en la guerra, pero fiel vendedor de armas a saudíes y emiratís– parece que vio su oportunidad de mostrarse como un campeón neocolonial y ha mandado tropas especiales para ayudar a los Emiratos. No con buenos resultados, si se confirma el apresamiento por los huzíes de uno de sus barcos, incluida su tripulación, en aguas de Hodeidah.

La toma del puerto tiene un valor militar relativo en el avance hacia Sanaa. Hodeidah está a solo 140 kilómetros de la capital, pero les separan dos mil metros de altura, con pasos de no fácil acceso. Puede que los agresores necesiten una victoria simbólica después de tres años de estar atrapados en una pesadila. Pero de cualquier manera el asalto tiene una importancia estratégica dentro de la concepción tribal que los saudíes tienen de la guerra. Una estrategia que busca derrotar a los yemeníes usando como arma el hambre y el sufrimiento de su población. En tres años de bombadeos han destrozado todas las infraestructuras del país, incluidos centros de abastecimiento, hospitales, depuradoras… La mayoría de sus ataques aéreos han tenido objetivos civiles, no militares.

En agosto de 2015 sus aviones destrozaron cuatro grúas gigantes móviles del puerto de Hodeidah para dificultar la ayuda humanitaria (reparadas en enero de 2018). Después, empezaron un bloqueo a los barcos que se aproximaban con comida, medicinas o combustible, hasta el punto de reducir la llegada al puerto de ayuda humanitaria al mínimo. Parece que no es suficiente –el pretexto dado es que los barcos traen armas y misiles de Irán ocultos; las organizaciones humanitarias que los contrataban lo han negado– y han acabado organizando el asalto. La negativa del Consejo de Seguridad a escuchar a Suecia es todavía más llamativa porque el 24 de mayo el mismo consejo aprobó la resolución 2417 condenando la práctica de hacer pasar hambre a civiles como método de guerra. Es la política practicada por los saudíes en Yemen. Un crimen de guerra que no puede ser ignorado.

Las negociaciones para parar el asalto a Hodeida han comenzado, pero las posibilidades de éxito son muy pocas, porque los saudíes ni tan siquiera reconocen a los huzíes como un actor politico. El enviado especial de la ONU, Martin Griffiths, llegó a Sanaa el fin de semana pasado y tiene previsto informar al Consejo de Seguridad esta semana. Mientras tanto los muertos siguen aumentando. A fecha de este último domingo había más de 300, incluidos civiles. Jim Mattis, el secretario de defensa de los Estados Unidos, había advertido a sus aliados árabes cuando fueron a pedirle ayuda directa de que el asalto podía convertirse en una pesadilla. Lo ignoraron. Pero parece que por una vez Mattis puede tener razón.

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