A vueltas con la Transición desde perspectiva libertaria

A vueltas con la Transición desde perspectiva libertaria
El movimiento libertario a finales de los años 60 estaba desarticulado. Había fracasado la lucha armada del DI. Había fracasado el intento de utilizar el sindicato vertical franquista para superar a CCOO en las elecciones sindicales (el cincopuntismo). Los sectores del exilio seguían peleados y cada vez eran menos puesto que las nuevas generaciones los rechazaban. Además se había desautorizado a quienes estaban dentro de CCOO y por tanto iban a título individual, sin estrategia de conjunto.

Al llegar la década de los 70 los movimiento de oposición más importantes (CCOO y el movimiento vasco) estaban controlados por otras fuerzas bien distintas a lo libertario. Pero justamente en aquel año se activó un ciclo de luchas que duró hasta aproximadamente el año 1976-77. Se trató de una larga oleada de huelgas parciales, sectoriales y de algunos territorios (Sabadell, Baix Llobregat) que logró arrancar del régimen unas mejoras laborales que incluso permitían mantener los conflictos, o incluso quedarse con la empresa si ésta quebraba. Aquella oleada de huelgas fue la que convirtió CCOO en la fuerza sindical hegemónica e impidió la continuidad del sindicato vertical en 1976.

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Manifestación del 1 de mayo. Madrid. 1976

En tanto el anarquismo, éste era residual, muy enfocado en la juventud (estudiantes, trabajadores jóvenes, gente con contactos en el exilio) y en la generación que vivió la Guerra y que o bien estaba en su casa o bien estaba en el sindicato vertical (no porque se hubieran vendido, sino porque era un sitio donde se podía hacer sindicalismo de forma legal, sin buscarse problemas).

En CCOO existieron sectores de Oposición. Pero debido a la inexistencia de un anarquismo o anarcosindicalismo organizado cada cual iba a su aire y generalmente fueron capitalizados por distintas corrientes del marxismo (que ya de por sí era una «galaxia» difícil de seguir).

Durante la Transición el sindicato CNT se constituyó agrupando a muchos de estos grupos autónomos (de barrio, de polígono, de universidad o instituto) con asambleas obreras y con gente libertaria que hasta entonces estaba desconectada. Enseguida llegó la gente del exilio que ayudó a darle al movimiento una estructura. Se podría decir que CNT se creaba como una oposición por la izquierda de CCOO. Pero como mucha gente que lo vivió reconoce, tenía mucha gente «demasiado joven y demasiado vieja», es decir que le faltaba la generación entre 30 y 50 años que generalmente suele ser la columna vertebral de cualquier movimiento. Esta generación estaba en CCOO.

Por tanto CNT se movió muchas veces por instinto y otras veces por tradición. Esto lo ejemplifican las Jornadas Libertarias y el Mítin de Montjuïc respectivamente. Aún con las carencias que se pueden observar el movimiento libertario consiguió crecer enormemente y CNT se convirtió en el segundo sindicato del estado tras CCOO. La UGT no crecería hasta que un sector mayoritario de la USO no se pasara a ése sindicato. Si CNT había logrado atraer a la mayor parte del movimiento obrero asambleario y autónomo de Catalunya y el País Valenciano (e importantes núcleos de ese movimiento en Madrid, Andalucía, Euskadi y Asturias) el anarquismo logró confluir con la contracultura y atraer a buena parte de la juventud. Estos dos procesos corrían en paralelo y a veces se confundían en la misma organización.

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Federica Montseny en el mitin de Montjuic, 1977.

Entonces llegó el reflujo. La crisis económica impuso su realidad con el cierre de miles de empresas y el aumento del paro. Se fue dando poco a poco un enfriamiento del ambiente político del momento. La represión era más cruda. Las cárceles se llenaban de rebeldes. Aparecía la droga en las calles y en las prisiones. Y luego estaban los Pactos de la Moncloa, que certificaban el «Compromiso Histórico» entre el reformismo del Régimen y la oposición democrática.

Pero aún así muchos sectores de la extrema izquierda aún pensaban que se encontraban en un momento prerrevolucionario. Los baños de multitudes del 77 así lo parecían atestiguar. No tenían en cuenta que el enemigo también jugaba. Ahí estaba el llamado «franquismo sociológico». No en vano 1 millón de personas se habían «despedido» de Franco delante de su féretro. No en vano había 200.000 falangistas con licencia de armas, un ejército basado en la guerra interna o la guardia civil tan reaccionaria y facha. Los tiempos no estaban para revoluciones.

Entonces estalló la crisis interna. Diversos sectores dentro de CNT se comenzaron a pelear. Fue una pelea por la dirección del movimiento, por el poder. Estas luchas intestinas echaron al traste con la democracia interna y la transparencia que debe tener todo movimiento transformador. Se dieron incluso peleas físicas y asaltos de locales. Además los infiltrados policiales abundaban, herencia de la situación del exilio. En esto llegó el Caso Scala y la represión se hizo mediática también. Dicen que la huelga de gasolineras del año anterior asustó mucho a las altas instancias del gobierno. Habían tocado un sector estratégico, la energía.

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Plenario del V Congreso de la CNT, Madrid, diciembre de 1979

A mi entender un movimiento sano no debería haber sufrido el colapso que sufrió CNT. Si en la primavera del 78 decían tener 250.000 afiliados, en diciembre del 79 fueron representados en el 5º Congreso unas 30.000 personas. Si nos movemos un poco en el tiempo en el congreso de Barcelona del 83 CNT aún decía tener 41.000 afiliados (posiblemente exageraba) y la CNT-Congreso de Valencia tenía unos cuantos miles de militantes más. En definitiva, unos 40-50.000 afiliados entre las dos, que ha sido una cifra mantenida durante décadas a través de CGT y CNT. Podemos deducir que aquellos 30.000 afiliados del 5º Congreso eran personas ideologizadas que pasase lo que pasase ya no se iban a ir (en realidad miento, puesto que muchos se fueron luego, pero otros tantos entraron a sustituirlos. Los que entraron son los mismos que los que se fueron. Esto es lo que vale para el razonamiento).

Si los que se quedaron eran los militantes más ideologizados en lo libertario, el resto que se fue a su casa era muy posiblemente la mayoría de aquel movimiento autónomo que confluyó en CNT. La debacle de la izquierda fue muy generalizada. CCOO cayó hasta 400.000 afiliados. Muchos partidos marxistas desaparecieron. Desaparecieron también centrales sindicales enteras. Y el anarcosindicalismo resistió «de aquella manera».

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Jornadas Anarquistas Internacionales Barcelona 1977

Pero había un movimiento contemporáneo que pudo resistir. Era el movimiento popular vasco. En Euskadi y Nafarroa también existió un potente movimiento asambleario en las fábricas y en los barrios y pueblos obreros. Existía una juventud combativa. Y todo aquello fue confluyendo en el movimiento abertzale que para finales de los 70 ya era bastante hegemónico en la izquierda vasca. Además aquel movimiento padeció la represión: la guardia civil tomando los pueblos, los GAL, la heroina desde Intxaurrondo, etc. Pero resistieron. Era un movimiento que supo esquivar todos los intentos de destruirlo por parte del estado y ha llegado hasta nuestros días.

A vueltas con la Transición desde perspectiva libertariaEn Catalunya, en Valencia o en Madrid la influencia del anarquismo y del anarcosindicalismo fue barrida de la sociedad. Solamente pudo renacer entre finales de los 80 y comienzos de los 90 a través de la contracultura punk y la autonomía: en la okupación, en los movimientos sociales, en la reinvidicación del neozapatismo, en la antiglobalización etc.

La enseñanza que quiero sacar es la necesidad de tener un análisis realista y actualizado de la realidad. Como vemos no lo tuvieron, sino que se dejaron llevar por las sensaciones y lo emocional. Actos multitudinarios de decenas de miles de personas nublaban la vista y no dejaban entender lo alejado que se estaba a escala general de cualquier revolución social. No por que hubiera mucha gente en CNT o en la extrema izquierda dejaba de ganar las elecciones Adolfo Suárez.

Luego está la necesidad de tener una visión abierta y no cerrarse en un solo foco. La obsesión de entonces era el sindicalismo (la lucha de clases) sin quererlo relegaba a otros movimientos como podría ser el estudiantil o el vecinal. Éstos fueron vehiculados por organizaciones vinculadas al comunismo. A pesar de ello los libertarios también tenían presencia aquí. Pero al no ser determinantes, por ejemplo, perdieron la oportunidad de entrar en las juntas de las asociaciones y posteriormente crearon una instancia nueva, los ateneos libertarios. Éstos se entendían como parte del movimiento de los barrios y no tanto de la contracultura. Eran la oposición libertaria de las asociaciones vecinales. También el feminismo o los incipientes movimientos ecologista y antimilitarista contaban con presencia libertaria. En definitiva a nivel territorial o a nivel sectorial el movimiento libertario no logró tener predominio en ninguna parte. Esto nos daría a entender la necesidad de todo movimiento a ser transversal y a tender puentes con otros movimientos sociales, ser multisectorial, moverse en distintos niveles y ámbitos.

Resulta que el anarcosindicalismo en tanto a movimiento se considera a sí mismo como un modelo social en donde los sindicatos serán el centro de la sociedad socialista postrevolucionaria. Por tanto todas las luchas presentes se vehiculan a través de ellos. Esta es la teoría. Pero la realidad ya en los 70 daba a entender que muchas luchas sociales eran autónomas de los sindicatos. Por tanto la acción de los anarquistas debía de ser política en ellos. Y la acción política del anarquismo faltaba en todos los ámbitos excepto en CNT, donde había demasiada. La falta de posicionamiento o de línea política (táctica y estrategia) te hacer ir en desventaja con quien la tiene. La militancia se mueve por instinto, siguiendo sus principios personales (libertarios) y no por una táctica o estrategia colectiva del movimiento. En fin, de todas formas la crisis de CNT afectó todo lo demás. No era muy probable que fuesen capaces de resistirla otros anarquismos.

En resumen, durante la Transición era improbable que el país se dirigiera hacia un proceso revolucionario. Pero también hubo una muy mala gestión de las fuerzas propias por parte el movimiento libertario. Decir esto a toro pasado puede ser injusto. Se hizo lo que se pudo. Pero es necesario analizar las cosas de forma desapasionada para entenderlas y mejorar nuestra acción del presente. A mi entender lo que sí se podría haber logrado – de haber conseguido esquivar la crisis interna (¿cómo? esa sería la cuestión) – es un movimiento sindical rival de CCOO y UGT con capacidad de convocatoria a nivel local. Se podrían haber realizado algunas huelgas locales y comarcales y también en algunos pocos sectores. Lo otro que era factible era lograr una implantación territorial del anarquismo en cada barrio y en cada pueblo. Este es el paso previo necesario para iniciar cualquier nuevo ciclo de luchas sociales.

Artículo publicado originalmente en el blog alasbarricadas.org

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